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4 min
Prólogo hacia la nueva raza.
Ciencia Ficción |
01.01.16
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Sinopsis

Mirando por la ventana comencé a escuchar el sonido de la campana del centro, futuro y creciente, como si mi cabeza me avisara de que en poco iba a sonar. El profesor estaba finalizando sus explicaciones mientras anotaba datos en la pizarra. El ruido que hacían los alumnos al recoger inundaba la sala como de costumbre. El barullo comenzó a notarse, plagando el ambiente de frases que se mezclaban unas con otras y se hacían indescifrables.

-De aquí no se va a mover nadie hasta que no suene la sinera-Gritó con un tono burlesco el profesor Méndez.

Pobre iluso. Si hubiese sabido que nunca más oiría aquella sirena que con tanto esmero esperaba todos los días, y el porqué de ello, no hubiese desperdiciado su última frase para llamarnos la atención

Al escuchar un golpe seco, una chispa de ilusión creció entre nosotros, que fue apagada de un soplido al instante siguiente, al descubrir que no era la sirena del instituto. Una alarma comenzó a retumbar por todos lados. Mirando por la ventana, intentando averiguar el foco de esta, observé como el sonido, cíclico ,creciente y decreciente, grave como la sirena de un barco, provenía de todos lados. Quizás si en ese momento hubiese sabido que sería la última vez que alguien vería el exterior en unos 90 años, hubiera puesto más atención en el paisaje y me hubiese despedido de él.

Con la sirena todavía resonante, una patada derribó la puerta de la clase, y siete hombres armados y vestidos con ropas negras entraron y fueron forzando uno a uno a salir.

Y así, arrastrados uno a uno por aquellos hombres ,mientras veía como sucedía lo mismo en otras clases, observé el que sería el primer asesinato de cientos ,el asesinato que me arrancó el niño de dentro y me preparó para el lugar al que estábamos destinados .No digo que en ese momento perdiese el miedo y me volviese un héroe, ya que estuve en shock todo el camino hacia Tersub.

Con las ventanas tintadas y opacas ,nos trasladaron en furgones de ocho en ocho, un viaje de dos horas en los que ,debido a las molestias en los oídos, pude suponer que el lugar al que íbamos estaría bajo tierra. Poco a poco comenzaba a recuperar la noción y comencé a pensar en lo que había visto.

Y esque mientras era arrastrado, vi como mi profesor de matemáticas se desplomaba delante de mí, con una mancha roja en la parte derecha de la frente. No sería el único en morir,ya que ,según supe tiempo después ,mataron a todos los profesores ,jefes de estudio ,orientadores y a la directora aquel mismo día ,en los 2 minutos que duró el asalto.

Por fin se paraba la furgoneta. Con un haz de luz deslumbrante comencé a ver lo que sería mi hogar para el resto de mi vida. Había tantas cosas en las que no había pensado entonces ,y en las cuales pensaría toda mi vida. Mi familia, mi futuro ,mis amigos, mi pasión por el arte…ninguna de aquellas cosas volverían a resultarme cotidianas.

Pude observar con claridad tras bajar del furgón el aspecto de Tersub. Estábamos en una especie de balcón desde el cual se veía toda la ciudad. Una extensión de edificios kilométrica se expandía enfrente de nosotros bajo una bóveda completamente negra y opaca. Estábamos a cuatro mil metros por debajo del nivel del mar. Intenté buscar alguna cara conocida, pero eran miles los que bajaban de los furgones, que venían y se iban. Con el corazón bloqueado ,me vi solo ante un mundo de soledad.

-Pero eso ya ha pasado abuelo, ahora nos tienes a nosotros.-Dijo Marcos al ver que se me llenaban los ojos de lágrimas.

-Supongo que sí,pero aunque hayan pasado 87 años ,esa sensación continúa estancada en mí, y remite en los momentos más inoportunos.- Miré, por última vez, a través de la ventana ,observando todo ese bullicio que provocaba la ciudad. Miré ,por última vez ,a mis hijos y nietos ,todos reunidos alrededor de mí ,observándome exhalar los últimos alientos en la camilla del hospital. Miré, por última vez ,a mi pasado, y maldije con toda mi alma a aquellos trajes negros que habían destruido a las personas y las habían sustituido por sacos con corazones remotos.

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