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12 min
Qué asco da todo
Drama |
06.02.14
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Sinopsis

¿Somos producto de nuestras circunstancias?, ¿El esfuerzo garantiza seguridad?, o ¿es todo una cuestión de suerte? Quizás una mezcla de todo un poco.

¿Sabes esos días en los que no empiezas bien y acabas peor?

Pues verás, creo que hay días regulares, como esos lunes en los que te levantas hastiado de la rutina sabiendo que por delante tienes una semana interminable, aguantando a babosos de mierda durante ocho horas al día. Luego están esos días que acaban siendo una putada, algo como, esperaba sacar un aprobado en este examen y para mi jodida sorpresa (no tanto para la de tus compañeros de biblioteca que te han visto pasar las horas en el bar jugando a las cartas), suspendes con una nota horrible y te vas a la cama con una de esas caras de «¿qué coño?», como si fingieses no entender nada pero en el fondo sabes que te lo tienes bien merecido por pasar mas tiempo delante de una birra que de un libro, y luego están esos días que son una puta hecatombe, un sin sentido doloroso que te rasga la consciencia como un gato deslizándose con sus uñas por una vieja sabana. Bueno, no me refiero a ese tipo de cosas de estar solo en casa, encender la tele y enterarte de que toda tu jodida familia a muerto en accidente de avión y sepas en ese instante que estás solo en este miserable mundo y que encima tuviste los cojones y la suerte de no formar parte de la tragedia por un «no me da la puta gana» o algo así a modo de despedida irónica, que te sirvió para ingeniártelas para no ir, por querer hacer cualquier chorrada estúpida en tu casa.

No, eso ya es una putada muy grande, y ya sabes, no me estoy refiriendo a eso.


 

Creo que mi día empezó arrastrándome entre las sabanas a eso de las cinco de la tarde, hora a la que me suelo levantar porque durante la noche no duermo una mierda, y darme cuenta del jodido dolor de cabeza que tenía.

Supongo que en ese momento debería haber ido derecho a la nevera para comer algo y reponerme de esa especie de letargo que me acompañaba, pero no sé por que, tuve la genial idea de encenderme un cigarrillo.

(Créeme cuando te digo que eso no te va a ayudar con tu dolor de cabeza, que pasadas unas horas, se ha convertido en una jaqueca enorme)


 

Entonces es ahí cuando decido llamar a mi novia, esa chica que me adora incondicionalmente, con la que voy a pasar el resto de mi vida, y que va a ser la madre de mis hijos, o al menos eso pone el guión de una vida feliz. Trabajo, mujer ,hijos, y coche en una crisálida de felicidad, que según parece debe ir unida a los casi siete mil millones de personas que pululan por el mundo. Una plaga de autodestrucción que tarde o temprano mandará este planeta a tomar por culo, cosa que ya está pasando.

(De todo lo que mencioné, solo tengo una cosa)


 

Desde mi punto de vista, una vida así, trabajo, mujer, hijos, coche... parece jodidamente difícil, algo que te venden para que compres cosas que no necesitas, a veces me fijo en los anuncios televisivos y el dentista que te recomienda junto a ocho de sus colegas que compres una determinada pasta de dientes, quince anuncios mas tarde está diciéndote que uses unas plantillas para los pies que hacen no sé qué , que están testadas médicamente y que no vas a poder andar sin eso, ¿te hacen volar o que coño?, y aparte, ¿ese tío no era odontólogo?

Me hace gracia ese en el que una tía buena te dice, ¿que por qué uso hot meeting?, porque ahora, en mi vida privada, lo que quiero es estabilidad emocional con la mejor pareja que pueda encontrar. ¡Pero imbécil! Eres una puta modelo, que no necesita mas que chasquear los dedos para tener a quinientos pagafantas y amantes de la ciencia ficción y cualquier tío que piensa que puede follarte, disponibles hasta en la cola de un váter público. ¡Bah!


 

La voz de mi novia suena al otro lado del teléfono. Ahí es cuando me animo algo. Quizás el día no «empiece» tan mal después de todo. (Pienso que el día hace mucho tiempo que empezó sin mí, y a nadie parece importarle) .

Su voz me produce una sensación reconfortante, esperanzadora, y me agarro a ella como si no hubiera nada más en el mundo. Pero yo sé que no estamos bien, y lo peor de todo es que ella también sabe que no estamos bien.

Hablamos hasta un punto en el que la conversación se tuerce y mi dolor de cabeza es insoportable.

Ella es mi día bueno o mi destrucción total, y me irrita pensar que dependo de ella en esos momentos, canalizo mi mente para que sea mi bálsamo y pueda irme con una sonrisa agridulce a la cama.

Pero algo va mal hace mucho tiempo, la conversación acaba en una delirante discusión, y sin darme cuenta ahora ya no tengo tampoco novia.


 

Adiós a parte de mi futuro, y en serio no quería que eso pasase, pero al parecer ella no se rige por la misma escala de valores, sentimentalismos y carantoñas.

Estoy destrozado, hundido, me fumo otro cigarro sentado en la cama mirando a ninguna parte y me pongo a llorar. Todo duele, y mucho.

Cuando por fin me calmo es casi la hora de cenar, así que me hago algo rápido, una pizza, agua, tele, soledad...

La comida se atasca en mi garganta, tanto como mis penas, que forman telarañas de nudos entorno a mi ser.


 

Cuando acabo enciendo mi viejo portátil, y me doy cuenta, que mi búsqueda de empleo va tan bien como mi relación sentimental.

Supongo que podría ser peor, podría estar en la puta calle, no sé, de algún modo podría ser peor, intento convencerme una y otra y otra vez. Pero ella está ahí, y yo estoy muy jodido, decido que no quiero pensar en ella, así que pongo música mientras trato de mantenerme firme y reajusto mi vida en las redes sociales. No sé como, entre ese repertorio musical se coló una canción nuestra, suya y mía, algo que nos pertenecía a los dos, y las lágrimas vuelven a brotar de forma estridente en mi rostro. Creo que el vecino me ha escuchado, pero que se joda, me da igual lo que piense. Solo puedo estar allí, con ella, en nuestro viaje a Amsterdam cuando todo estaba bien, en aquella noche entre sus piernas, en aquel... ella.


 

Después de una hora y algo de lloros, me calmo de nuevo. Mi cabeza es como uno de esos viejos altavoces que vibran hasta resquebrajarse al ritmo de los graves.

Quizás hablar con alguien me ayude, pero no tengo a nadie a quién llamar. La familia... ¡no!, no es que no les quiera y eso, es que no tengo fuerzas para explicarles que ha pasado, de hecho yo no estoy seguro ni de que ha pasado, ni como ha pasado. ¡Vaya mierda!

Así que, no sé por que, decido que es buena idea entrar en un chat, distraerme, quizás haya alguien al otro lado a quién pueda contarle algo, un poco de calor humano... un poco de esperanza, como en aquel teléfono al que llamabas y alguien a quien no le importas tres cojones te dice que todo va a salir bien. ¡Bah!


 

Me meto en una de esas salas, ni tan siquiera me fijo en cuál, sé que está repleta de gente, así que malo a de ser que no encuentre a nadie con quién hablar.

Lo malo es que no me percato de la ambigüedad de mi nick.


 

-Hola XD

-¡Ey! Hola

-Que haces a estas horas por aquí?

-Es una larga historia, pero si quieres te cuento algo...

(El tiempo pasa)

¿Sigues ahí?

-Como son tus tetas cariño?

-(¡Plof!)


 

-Cierro una ventana tras otra, pero ahora tengo la imagen mental de unas tetas en mi dolorida cabeza. Se supone que debería estar tan jodidamente deprimido, que el sexo se haya esfumado para los próximos cinco años, pero no puedo evitar abrir una de estas páginas eróticas, porno, hentai como coño quiera que se diga y ver como esta el percal.

Sé que todo es un montaje, y que es ridículamente absurdo ver a una mujer gimiendo al contacto de una polla en su cara, dios... eso me resulta hasta cómico.

Pero decido seguir adelante, quizás hasta se me quite el puto dolor de cabeza que no para de acosarme. Elijo algo que me estimule, algo que medianamente pueda engañar a mi imaginación y me lo pueda creer mientras me hago una paja.


 

Amateur, selfie... solo la chica... si eso me vale. Hace tiempo que cuando veo porno, no me gusta ver en escena a ningún otro tío. Prefiero chicas, sólo chicas, una masturbándose me gusta, a veces más de una... pero nada de hombres, no quiero correrme viendo uno de esos hermosos culos femeninos y que en el instante del orgasmo me cambien el plano y le hagan un zoom a la polla de uno de esos actores vigoréxicos y me jodan el momento. Me pasó una vez, así que en mi dieta erótica solo hay mujeres. Mujeres naturales, cuanto más corrientes mejor, nada artificial, así es mas probable repetir la escena en la vida real conmigo como protagonista, pero la verdad es que es una mera cuestión de gusto personal.


 

Me concentro en la escena, en el cuerpo de la chica, sus movimientos, como gesticula, su cuerpo, lo recorro centímetro a centímetro con la mirada, me voy a lo que me interesa y exploto.

Mi semen lacera mi torso desnudo y parece que parte del dolor de cabeza desaparece, pero un flash la atraviesa y recuerdo los momentos íntimos al lado de mi chica. Mi cuerpo es invadido por un montón de sentimientos, y en mi mente la mujer de la pantalla se transforma en el amor de mi vida, ella de nuevo, como rodeada de un halo blanco, una mezcla de perfección y pureza sentimental. De nuevo Amsterdam, de nuevo las noches a su lado, y mientras me limpio las lágrimas brotan de nuevo.


 

Me tumbo en la cama e intento dormir. Pienso en cuanto dinero tengo en mi cuenta, trabajé hasta que todo se acabó, y de ese dinero pago el alquiler de mi piso, gastos... cuando eso acabe tendré que regresar de nuevo a la habitación donde pasé mi infancia en la casa de mis padres. Doy vueltas en la cama, una y otra vez, y un sudor frío recorre mi cuerpo. Pienso en si hay un Dios, no sé, si eso fuera así necesito que me eche un cable, una señal al menos, necesito ese cambio en mi vida. Me tomo dos pastillas de lorazepam a ver si caigo rendido en la cama. Me doy cuenta, de que de un tiempo a esta parte, tomo esas jodidas pastillas como si fueran caramelos, y sé que son adictivas. Hoy duermo tomando una, ¡bien! quizás en unos años necesite más. Estaré mas jodido ¿verdad? Lanzo la pregunta al barullo de mi mente, mientras aprieto los ojos y susurro...¡Está bien Javier! Todo estará bien en unos meses, solo duerme...


 

En otro universo paralelo, Javier se levanta de la cama, parece que va a ser un día de esos, sí como el lunes pasado, o aquel viernes, un buen trabajo, un buen sueldo, unos compañeros cojonudos, una mujer a su lado, y un bonito coche.

Se esforzó desde pequeño quemándose los codos estudiando, y luego trabajando duro en diferentes sitios hasta que encontró su lugar.

Su novia es maravillosa, hace poco tuvieron un romántico viaje, a Amsterdam, y siempre que están de humor, hacen el amor en el dormitorio del primer piso de su fantástica casa.

Los fines de semana después de lavar el coche, van a algún pueblo o ciudad a hacer un poco de turismo.

Una noche hablando con ella, es consciente de que su vida está bien y que, con esfuerzo y un poco de suerte, las cosas van como tienen que ir. Casi como si fuera un anuncio.

Su novia le dice:

-Has planificado bien tu vida Javi, estoy orgullosa de ti, ¿te imaginas como sería tu vida, si no te hubieras esforzado? Imagínate un día de tu vida, si no hubieras tomado tu las riendas. Solo imagínatelo.


 

En el otro universo paralelo, Javi en la soledad de su cama, se dice a si mismo que no entiende lo que ha pasado, él , se esforzó todo lo que pudo.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Quiero matizar que el relato me parece realmente muy bueno pero que algo por la parte central me deja un poco frío. Te invito a que me sigas leyendo al igual que yo a tí. Buenas noches.
    Cómo relato, por estructura y estilo, es de diez. Sin embargo, creo que empiezas con mucha fuerza y que a la mitad pierde fuelle. Eso sí, final muy bueno. Quédate con mi comentario y no con mi exageradamente negativa valoración.
    Muy bueno, Lore. Desmigajas con sutileza la realidad del protagonista y queda un poso de regusto amargo tras leer la historia. Como bien dice Boy, ni un lado no el otro resultan reconfortantes. En el "casi como si fuera un anuncio" ya se nos anticipa antes lo engañosos que son. Ya lo anuncia el título del relato, el otro rostro de la historia, el que ocupa su mayor parte, tampoco parece mejor. Genial este retrato de un dia aciago.
    Me ha gustado mucho. La lobreguez del desastre instalado en un lado, y en el otro la artificiosa perfección de locura, el regusto a mentira, porque solo estando ciego se puede ser tan feliz en ese otro universo. El otro lado del espejo del reino de cefalea no es mejor. El relato se lee todo seguido, el lector se sumerge bajo la piel del protagonista y siente lo que él refiere, y sufre con él el paso de aquél día para olvidar. Saludos.
  • Esto podría pasar perfectamente, ¿o no?

    ¿Somos producto de nuestras circunstancias?, ¿El esfuerzo garantiza seguridad?, o ¿es todo una cuestión de suerte? Quizás una mezcla de todo un poco.

    Los hombres somos capaces de amar intensamente, hasta la muerte y con locura , pasional e irracionalmente, las mujeres igual pero sabes que esa chispa se apagará en ella cuando se cansen, o pueden decepcionarse, poner límites, y apagar la pasión, pero el sol del deseo, es un poderoso y cruel estigma que todo hombre tiene. Pues no hay dios mas poderoso que el que se encuentra entre las piernas de una mujer.

    No es un término muy psiquiátrico, pero básicamente viene a decir lo mismo. Tener un problema serio es una similitud muy acertada con el título de este relato. Dedicado a los que lo puedan entender, sin duda, de ellos es, porque a veces la locura no es locura, es el amor que no tiene cura.

    No hay Sinopsis de lo que no debe haberla.

    Pequeñas cosas muy de continuo acaban desgastándonos... la vida con sus golpes y giros de tuerca a veces puede vencer a tu estado anímico, pero... así es la vida, con lo bueno y con la lucha del día a día. Hay qué intentar no perder nuestra identidad.

    Una poesía dedicada a todas esas mujeres (y a la figura de la mujer) que están a nuestro lado cuidándonos desinteresadamente, porque simplemente nos quieren. A todas esas madres, hijas, esposas, tias, abuelas y amigas, gracias, sobre todo por las veces en las que nos olvidamos de decirlo.

    Un texto en prosa poética dedicado a esos momentos de la vida en los que nos rompemos. No hablo de la muerte como tal, sino de los momentos que representa.

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