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8 min
Que hace una chica como tú en un sitio como este
Humor |
06.07.12
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Sinopsis

Mujer fatal.......siempre con problemas.

 

 Sí, ahora vivo con Sara, quien lo iba a decir. Asiento calmosamente cuando me habla de la oferta del detergente o de lo que hablo con su mamá. A mi no se me ocurre contarle lo que me pasó en el super cuando fui a realizar la compra ni nada por el estilo. Pero ella me lo cuenta todo y yo escucho mientras diluyo las frases en nubes de humo hasta que la conversación entra en derroteros que me parecen interesantes, como la exposición de ese amigo suyo pintor que fue a ver el otro día, de la impresión que le hizo. El tipo pinta cuadros interesantes. Pero ella habla de todo y tuve que aceptar el paquete entero cuando empezamos a vivir juntos. Eso si, mis sonrisas son sinceras, hable de lo que hable siempre me agrada contemplarla.

Ya, que quien me ha visto y quien me ve. Y no es un tema de edad, sino de experiencia, que es la madre de la sabiduría. Y a un hecho en concreto me refiero. Cuando crucé aquella puerta........

 

Le di la vuelta al cuerpo utilizando el pie, no quería huellas incriminatorias. Inmediatamente me apresuré a borrar las que había dejado en el picaporte. Era un tipo corriente, vestido con un chándal azul y gris, entre cuarenta y cincuenta, de pelo rubio y rizado, el poco que le quedaba. Con un enorme cuchillo clavado en el cuello y una expresión de sorpresa en sus ojos azules. ¿O era dolor lo que reflejaban? Estuve a punto de hurgar entre su ropa, para saber de quien se trataba, pero lo pensé mejor y desistí. Nada de huellas. En realidad yo allí no pintaba nada. Ni siquiera pensaba avisar a la policía. Bueno, eso si, pero desde una cabina telefónica. Mi presencia allí era absolutamente circunstancial, y aquella muerte ni me iba ni me venía, solo podía acarrearme un montón de problemas. Así que salí de allí pitando. Avisé anonimamente y después me fui al Mesón los Torreznos, allá por Bilbao, y me pedí un bocadillo de gallinejas y un platillo de torreznos con un tercio del Mahou. Sentado en una mesa del rincón me dediqué a darle vueltas al asunto.

Todo había sido cosa de Silvia, la morenita que conocí en el Jardín Botánico. Venían unos amigos de Valencia a pasar el fin de semana y arreglé unos asuntos de mi padre antes de lo previsto, así que estaba en los alrededores de la estación un par de horas antes de que llegaran. Para pasar el rato decidí meterme en el Jardín Botánico, pero unos nubarrones oscuros decidieron aguar mi visita. Al principio las gotas se quedaban entre las hojas de los árboles y hasta resultaba romántico, pero cuando unos gruesos goterones comenzaron a mojarme decidí que era mejor buscar cobijo y me refugié entre las cristaleras del invernadero tropical. Y allí la encontré, con un vestido negro de falda corta, medias negras, a medio camino entre gótica y romántica, aunque sin maquillaje en la cara, a no ser sus inmensos ojos negros seduciendo todo lo que miraban. También buscaba refugio de la lluvia. Preciosa como una orquídea entre el ambiente denso y húmedo del trópico simulado. Sonreí a modo de saludo, y no tenía intención de iniciar conversación alguna, pero ella se lanzó después, creo, de sopesarme. Para que voy a negarlo, aunque mi rostro no lo demostró mi ser interior babeó mansamente con la caricia de sus palabras, y mis ojos se encandilaron en su mirada. Cuando cesó de llover paseamos juntos por los senderos del jardín. Yo apenas le dije mi nombre, que era comercial de maquinaria de hostelería, y que esperaba la llegada de unos amigos. Ella casi me cuenta su vida. Se ganaba el pan como bibliotecaria en plaza ganada por oposición, aunque lo suyo era el arte, y venía de visitar la exposición de Murillo que daban en el Prado. Acababa de salir de una relación sentimental, compartía piso con dos amigas y era aficionada al ala delta y al parapente, a los viajes por lugares remotos y al cine. Y una de dos, o estudiaba todo lo relacionado con el séptimo arte o tenía una de esas memorias fotográficas, porque parecía una enciclopedia del cine. El caso es que nos caímos bien, o eso pensé yo. Tengo que reconocer que siempre me habían perdido las chicas bonitas y difíciles, esas que aportan a mi vida un cuerpo delicioso y una inteligencia provocadora. Me atraían como la miel a las moscas. Y no se me daban mal, todo sea dicho. Nunca estuve de acuerdo con la canción de Burning, tiene mucho mas aliciente que te cuenten un problema, o lo que ellas ven como un problema, a que te aburran obvias cotidianeidades: - ¿Qué tal?.......—Bien, estuve en casa mi madre y me lavé la cabeza. Luego fuimos a comprar un no se que….. Porque casi nunca van a comprar lencería negra de encaje o unos billetes para la Fiesta de la Luna en Thailandia. Que va, compran cortinas, detergente y cosas así. Las mujeres fatales no, eran un baúl de sorpresas perpetuo, cada día te daba un vuelco el corazón al escucharlas, eran divertidamente imaginativas y tremendamente excitantes. Solo tenían un defecto, a mi modesto entender. A la hora de la verdad, en la cama, eran más bien sosas. Se les iba mucho el entusiasmo por la boca y en los envoltorios, y aunque eran cumplidoras, solían adolecer de esa pasión animal, dicho sin ánimo peyorativo, que tanto nos gusta a los hombres, al menos a mí. Pero nadie es perfecto, que se le va a hacer, y como compañeras de camino resultaban ideales, siempre rompiendo la monotonía, que es la lacra de la sociedad del bienestar, indudable origen de fracturas, depresiones y suicidio.

Con Silvia no fue diferente. Muy divertido el viaje hasta la cama, pero ya desnudos me tocaba currarme la mayor parte del asunto. Como soy promiscuo y tenía amantes ocasionales para otros menesteres no me importó. Salimos, me contó muchas más cosas de su vida, y que poco preguntaba de la mía. Conocí su casa y su habitación, consolé el desasosiego que su anterior pareja había dejado en su espíritu, y como no, en su piel, e intente compartir con ella un trozo de felicidad. También cogí aquella llave y acudí a aquella dirección a recoger aquel paquete para ella. Que fue donde me encontré al muerto con el cuchillo clavado en el cuello.

A pesar de mis precauciones una pareja de la secreta fue buscarme a la puerta de mi casa a los dos días. Resulta que había una cámara oculta que grabó mi visita al inmueble, mira tu que gracia. Pues si yo estoy el asesino también, me dije. Pero por lo visto el había sido mas hábil y se escabulló de la cámara. Así que el chivo expiatorio fui yo. Todos los datos que les proporcioné de Silvia resultaron falsos, ni vivía en el piso a donde me llevó ni era bibliotecaria ni ninguna parte de su historia tuvo nada de cierto, todo humo diluyéndose en agua de borrajas. Y yo el perfecto gilipollas que estaba en la comisaría con todas las papeletas para comerme el marrón. A saber que tenía que ver el puto muerto con la puta Silvia.

Menos mal que tengo un ramalazo hedonista y grabé sin que ella lo supiera algunos de nuestros encuentros íntimos. La poli recriminó mi conducta, pero identificó el cadáver y encontró el nexo que le unía con Silvia. Era su reciente “ex”. Al parecer, el rencor hacia él lo hizo extensivo hacía todo el género masculino y no le importó incriminarme para llevar a cabo su crimen con impunidad. Las coartadas de cada uno el día del óbito y la hora del fallecimiento fueron determinantes. Pude escaparme de un cruel destino carcelario por los pelos.

En resumen, que cambié el chip. He descubierto que la inteligencia provocadora no es patente de las mujeres fatales. También encontré otros alicientes en las cotidianidades, como sacarle partida al movimiento de la  lavadora, a la mesa de la cocina o a un fregado de platos. O a ciertas viandas del frigorífico. Y en la cama curra tanto o más que yo. Así que cuando me habla de detergentes o de ofertas del Carrefur....acepto gustosamente pulpo como animal de compañía.

 

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  • Bueno, gran amigo José Luis (y pensar que una vez casi dejamos de serlo por un absurdo "quítame allá esas pajas"-lo de mis prontos, jeje, aunque ahora ya me voy curando, porque tan absurdo fue aquel rifirrafe como los ya olvidados "arrebatos stavricos") cuando me inundas como hoy de valoraciones, tu generosidad como lector hace que me sienta como un privilegiado en esta web, y no lo digo por vanidad, tienes mi palabra -conste que aún no he olvidado que tú fuiste el primero en leerme allá por el 2008 y creo que fue una prosa poética de "esas mías tan pelmas que no entiende casi nadie, tan sólo tú, Zenon, la inolvidable Io, y alguno más, seamos justos, pero pare usted de contar. Peccata minuta- ¡Venga ya, que me pongo "ñaño" como dicen por las Américas, y no me gusta!... ¿Qué hacía esa chica en tal lugar? ¡Juer como dices tú, qué cachondeo! Con tu rigurosa y extraordinaria "mecánica narrativa" conviertes este relato en "vodevil" (sin ser teatro) en el que todas las situaciones (gags diría yo) son un plato tan suculento del que uno estaría relamiéndose sin llegar a cansarse nunca. Me reí, tío, me reí muchísimo. 6 minutos de risoterapia sin necesidad de asisitir a ningún centro de rehabilitación. Oye, José Luis, TR sin ti, ya sabes lo coja que se queda. No vuelvas a desaparecer amigo. Seguir leyéndote es uno de los grandes alicientes de asomarse por aquí- El abrazote de siempre - Pablo
    Tu ramalazo hedonista consérvalo, tu talento para escribir también. Me encantas socarrón. jajaja.
    Escribe tus comentarios... Divertido.Saludos
    Gustóme, si señor. Solo la falta de glamour del personaje me hace restarte una estrella. Ir a Bilbao y comer gallineja y torreznos... Hombre, el recurso al Bacalao al pilpil hubiera sido facilón, (aunque delicioso), pero no se... una tapita de txipiriones en su tinta, o una ración de magurios. Jaja, es broma, claro. Un saludo
    Explendida !
    curioso!!... vaya que me sorprendio... me gusto mucho... bastante... no se... novelesco... si.. eso... con una manera de narrar muy "sensual (como acertadamente dicen aqui abajo)"... me ha encantado!!... aun cuando en el principio me perdi un poco, muy bien!
    Grande, sensual, macabro por momentos... te imbuye irremediablemente. Muy grande Ender!!!
    Gran relato, me ha gustado mucho como van pasando las cosas sin aspavientos y convirtiéndose en un relato la mar de ameno e interesante.
    Relato sencillo pero que va calando poco a poco como las gotas de lluvia en el ¿fortuito? encuentro. Bonita imagen la de la lavadora. Gracias por tus comentarios y como madrileño y aficionado a la pintura, te invito a la exposición de Hopper, fuente de inspiración del escenario de LA2019
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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