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8 min
Querido compañero de habitación. No estaba durmiendo
Reales |
30.04.13
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Sinopsis

Esto es lo que tienen las habitaciones compartidas de estudiantes... tu, entraras, al mediodía con mi compañera de clase, aquella que te presente, aquella risueña a la que se le pone la nariz roja cuando hace frío y que siempre lleva camisas finas que resaltan sus pechos. 

Pensarás que estoy dormido, ahí de espaldas, y vosotros dos, con el calentón, me dejareis de lado. Decidís hacer el amor, intentando no hacer ruido, lo que a ella le da morbo, casi tanto como gemir quedándose sin oxigeno, arqueando la espalda y elevando la cabeza para que el cuello quede recto y alineado con los pulmones, le faltará el aire. 

Os desnudareis y os tumbareis sobre tu cama sin hacer. Las persianas están bajadas, pero el sol de las cuatro, entra por las rendijas, proyectando su sombra igual sobre vuestros cuerpos.  Ella, se pone frente a ti tras traerte hasta nuestro cuarto. Se pone frente a ti cuando quedáis al lado de la cama y te mira, elevando un poco la cabeza, porque eres más alto que ella. Te sonríe de una manera extraña. Su sonrisa es desmesurada, pero sincera. Esta de ahora no. Entrecierra los ojos y te sonríe sin llegar a abrir los labios, dejando apenas una obertura por donde pase el aire. Se te acerca y pone sus labios sobre tu cuello, como susurrándole a tu sangre misterios o magias ocultas que de golpe hacen que te falte el aire. 

El cuarto se pone oscuro a tus ojos y te ensordece el ruido que haces tu mismo al buscar ese aire que te falta. Abre la boca, ahí, sostenida sobre tu cuello, y la punta de su lengua te eriza hasta el corazón. Te flaquean un poco las piernas, pero lo disimulas bien bajando la cadera en un intento de que no se note como te tiemblan las rodillas y la agarras con una mano de la cintura y con la otra de media espalda y la oprimes contra ti, haciendo que sienta como te va el corazón, como un tren desbocado y como esta tu verga, doliéndote entre las piernas.

Ella, tras ese arrebato tuyo, para de recitar sus conjuros con su saliva, como de vínculos herméticos estruendosos en silencio, entonces, levanta un poco más la boca y te sisea a la oreja delicadamente -shhh. Yo - Es concisa. Quizás no sepas enteramente lo que te quiere decir, pero tranquilo, enseguida te lo demuestra. Te besa los labios, arqueados, como oprimiendo tu comisura derecha con la izquierda y besa delicadamente por última vez el otro lado del cuello, el cual aun no te ha dejado rojo.

¿Pensabas que tu ibas a llevar la voz cantante? Mientras te besaba como con seda humeda, te ha desabrochado el cinturón con extrema maestría y cierto asombro e indignación por tu parte; ni tan siquiera lo has notado mientras te besaba. Resoplas y lo dejas estar. 

Ella, se aleja un poco de ti, te da la espalda y da un par de pasos cortos hasta la cama mientras se quita su finísima camisa de color vainilla que marca tantísimo sus pechos firmes. Pone una rodilla sobre la cama, con una lentitud que podría ser capaz de parar el tiempo de quererlo ella. Su culo queda ante ti, como una silueta que te que eriza más si se puede los pelos del cuello, de los brazos y todo cuanto queda bajo tu control, que es poco y será menos. 

Oyes como desabrocha su cinturoncito y poco después sus pantalones se empiezan a deslizar por sus piernas, y antes de que caigan más allá de la cintura, sales de tu ensoñación,embobado y aun a tus espaldas, pones una mano, delicadisímamente, con una delicadeza que no sabías tuya, sobre su pecho izquierdo, la otra, va a los pantalones.

Ella levanta la rodilla y se pone en pie a tus espaldas, dejando que la ayudes amablemente a que sus pantalones caigan rápidos como cataratas hasta el suelo. A ella ya le va faltando el aire. Lentamente su piel coge otro tono más vivo y fogoso.

Le besas el cuello a su espalda mientras la abrazas y recorres con tus manos más sencillas su cuerpo en busca de un asidero quizás, antes de caer al suelo. Sus costillas, débilmente marcadas, su carne, comprimiéndose a tu más ligero contacto, su cintura marcada...

Se gira y te pone un dedo entre los labios. ¿No ves que no será así? Con la otra mano, ya te ha desabrochado los botones del pantalón y ya ha caído al suelo, junto al suyo. Idiota, sigues sin darte cuenta. 

Sube a la cama, esta vez acompañado por ti, que ya no la vas a dejar ir ni un segundo. Como si fuerais uno. Con la misma respiración; el aire que sueltes lo tendrá ella, su calor es el tuyo, vuestras manos se camuflan en intrincados juegos hasta perderse en el recuerdo su visión, como si trabajaran por cuenta propia, independientes de vosotros mismos.

Os dejáis mutuamente los labios rojos, una dialéctica, una batalla sin bandos donde solo puede haber conjuros de pasión innata, desenfrenada donde quedareis derrotados.

Os dejáis los cuellos rojos, mutuamente tus manos en sus costillas van pasando a su espalda, agarrándola, abrazándola cada vez más fuerte. Las suyas, se clavan con sus uñas en lo alto de tu espalda, sin dejarte ir, ancladas.

Tu sobre ella, levantas un instante la cintura y el pecho, un segundo, y el condón está puesto. 

Con tu polla erecta, entrarás en ella, como desgarrando gritos de orgasmo profundos capaces de quebrar cada segundo de su existencia.

Y empiezas, lento, y te clava sus uñas cada vez más hondo, y a ella le falta cada vez más espacio donde clavarlas y aceleras lentamente.

Lo dije, arquea la espalda de una manera inaudita casi es de contorsionista, la cabeza atrás en busca de aire que le falta. No lo conseguís, ni tu ni ella. Decidís que el silencio es algo que a estas alturas da igual. Tienes tus canciones en busca de aire, tu también. 

Un gran OOOOOH antes de que reacciones y la hundas en busca de otro gran OOOOOOOH aun mayor que retumba por las paredes dejándolas con este recuerdo para siempre. Luego ella yergue su espalda y se agarra a ti como puede, como si fuera a perderse entre furias y mareas.

Sin que te des cuenta, en un arrebato a lanzado su cadera hacia un lado y como arte de magia ahora esta ella encima, y de ahí, ya no va a parar de mover la cadera, deslizándola sobre tu cadera, y ahí levantada, con los brazos como puntales sobre tus pectorales, tu agarrándola de la cintura, ayudando.

Levantas la espalda, muerdes su cuello. Una nube de alientos entrecortados por falta de aire y gemidos se forma a vuestro alrededor, la ventana se empieza a empañar. Ella vuelve a levantar el cuello. Y pasa sus piernas detrás tuyo, agarrándote con ellas, sin dejarte posibilidad de escapar.

Tras unos instantes, ahora ejecutas tu el mismo movimiento de cadera y la lanzas contra la el colchón. Un OOOOOH DIOOOOS inmenso. Ella sigue sin soltarte. 

Tu respiración que cada vez a ido a más, ya no tiene freno. A ella le falta también el aire. Puedo oír vuestros latidos, imparables sobre la yugular, como un sonido de fondo tras tu respiración y sus gemidos.

Arremetes. Los instantes finales. Si ella pudiera, te mordería el cuello como antes, pero tiene demasiada faena intentando agarrarse a ti como sea. Te clava las uñas muy fuerte, pero no lo notas, menos ahora.

La nube de vaho es inmensa. Aflojáis mutuamente los músculos, y dejas caer tu cabeza sudorosa como nunca al lado de su cabeza de cabellos morenos enmarañados. Te besa el cuello delicadamente y allí os quedáis una eternidad, sin mover un músculo más. Os quedáis dormidos.

Y yo me levanto, disimuladamente, haciendo menos ruido que vosotros. -Bravo.- es lo único que puedo pensar. 

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