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8 min
¿Quién eras? Capítulo 1.
Suspense |
19.05.21
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Sinopsis

La familia de Mai es normal, bueno, todo lo normal que puede ser una familia. Nunca había tenido una relación lo que se dice cercana con ningún miembro de la misma, salvo con uno, pero ya no estaba. Leo, su tío, había perdido la vida cuando ella tenía solo cinco años, un accidente de coche le había robado la posibilidad de conocerlo mejor. Lo echaba de menos cada día, pero era una pérdida con la que tendría que aprender a vivir, al fin y al cabo todo había sido un golpe de mala suerte... ¿no?

Aquella mañana de junio el ambiente estaba más cargado de lo normal, o quizás era yo que tenía la cabeza embotada por los nervios. Aquel era el día más importante de mi vida, en unas horas alcanzaría dos objetivos estrechamente relacionados: Me graduaría en la Escuela Nacional de Policía y gracias a ello podría empezar por fin la investigación sobre la muerte de mi tío.

      El despertar de aquel día había estado marcado por el constante recuerdo del momento en que decidí dar un giro a mi vida y perseguir mis nuevas metas. Fue hace dos años, el quince de octubre, las imágenes todavía se mantienen nítidas en mi cabeza...

     15/10/2018

      El mal humor se estaba apoderando de mí, lo notaba, sentía como cada fibra de mi ser se enervaba con el simple aleteo de una mosca, iba a ser un día horrible. Todavía no había abierto los ojos, pero ya escuchaba a mi madre trastear con la aspiradora en el salón, a pesar de ser domingo se había levantado temprano para dejar la casa impoluta. Mi padre no estaba en casa, no le gustaba estar sin hacer nada, y mucho menos arriesgarse a molestar a mamá y ser el foco de su ira, así que había salido a dar una vuelta.

     Me levanté despacio intentando aprovechar al máximo aquellos últimos momentos bajo las mantas, comenzaba a sentirse ya el duro frío del invierno en Ávila, las sábanas nórdicas y los dos edredones de mi cama daban fe de aquello.

     — ¡Mai en una hora salimos para casa de los primos, date prisa en arreglarte o al final vamos a llegar tarde!

      Mi madre había apagado la aspiradora y ahora estaba enfrascada en guardar los utensilios de limpieza, hoy teníamos una comida familiar en casa de unos primos de mi madre así que debíamos estar listos a una determinada hora para poder llegar con tiempo. Por lo que a mí respecta me había quedado dormida, de hecho, si pudiese elegir hoy ni saldría de la cama, sabía que día era y sabía que ese era el detonante de mi mal humor. Comencé a vestirme sin ganas, lo que menos me apetecía era pasar el día con un par de niños pequeños escuchando como el resto se dedica a compartir cotilleos de la familia, yo solo quería meter la cabeza debajo de la almohada y evitar pensar que hoy se cumplía otro año más de su ausencia, otro año más desde que mi tío perdió la vida en un accidente de tráfico.

       Ya arreglada y en el coche de camino a la reunión, no podía evitar que mi mente viajase hacia el recuerdo de Leo. Los pequeños fragmentos que había conseguido mantener intactos en mi memoria me dejaban saber que había sido un hombre risueño, familiar y extremadamente inocente. Entre esos pequeños flashbacks guardo también la visión de un tatuaje que tenía en un brazo, algo que siempre me había llamado la atención y, en el fondo, había inconscientemente propiciado mi fascinación por este tipo de arte corporal. Aunque yo mantenía aquellos pequeños restos de su memoria, la mayoría de información que tenía sobre él había sido fruto de las preguntas que había hecho a miembros de la familia a lo largo de los años. Por mucho tiempo que pasase yo nunca cejaba en mi interrogatorio, siempre se me ocurría alguna pregunta nueva, alguna duda sobre su personalidad, sus gustos... y por supuesto su accidente.

      Lo sabía todo, o por lo menos todo lo que se suponía que se podía saber, dónde fue, en qué momento del día, de qué manera... muchas veces intentaba crear la escena en mi mente, entonces me atacaban los "qué habría pasado si" y me perdía en mis pensamientos.

     — ¿La princesa va a salir del coche o le tenemos que abrir la puerta? — dijo mi padre con sorna.

     Tan absorta estaba que no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a casa de mis primos.

     La comida transcurría de manera normal, mis primos pequeños no dejaban de importunar a mi prima, su madre, que se esforzaba en mantener controlada la situación, instándoles a que se comportasen mientras sacaba con una mano la bandeja de pollo del horno. Los dos comían concentrados como si no hubiesen probado bocado desde el día anterior, a pesar de que aquel era el segundo plato (habíamos comido antes una sopa riquísima de verduras). Yo nunca había sido una persona muy comedora así que prácticamente estaba llena al terminar la sopa, aun así, no pude negarme a probar aquel pollo que olía como los dioses.

      La atmósfera era asfixiante, o por lo menos la mía, en los momentos en que no tenían la boca ocupada masticando grandes cantidades de carne, mis primos se esforzaban por contar sus anécdotas escolares sin esperar a que el resto de personas en la mesa terminasen las conversaciones que estaban manteniendo. El resultado era un conjunto de voces, cada una más elevada que la anterior intentando vencer en una lucha desesperada por atraer la atención de los comensales. Mi cabeza dolía, mucho, sentía que hasta el batir de mis pestañas provocaba un ruido ensordecedor, por esas cosas no me gustaban los encuentros familiares.

       Cuando llegó el momento del postre, la calma había vuelto a la mesa, los niños se habían ido a jugar a la habitación, algo que a mis padres y a mí nos tomó por sorpresa, aunque cuando Lara, su madre, nos dijo que el bizcocho era sin azúcar, todo tuvo sentido. Mientras repartía trozos iguales de pastel, Lara comentaba los últimos cotilleos sobre varios hermanos de mi madre, era algo común, mi familia materna era grande así que siempre había una buena cantidad de novedades que debatir. Usualmente yo no prestaba mucha atención a este tipo de conversaciones e intentaba no intervenir, tenía mis propias opiniones sobre cada uno de mis parientes y prefería guardármelas para mí.

      Estaba concentrada leyendo una noticia en mi móvil cuando el marido de mi prima dijo algo que atrajo mi atención:

     — Hoy hace ya trece años de la muerte de Leo, es increíble cómo pasa el tiempo, lo recuerdo como si fuese ayer. Todos estos años y todavía no sabemos qué fue lo que pasó realmente.

     Mis padres se miraron y rápidamente le lanzaron una mirada de advertencia, Lara lo miró también con una mueca de enfado en su rostro, mientras tanto yo los observaba detenidamente a todos de manera interrogativa, no entendía qué estaba pasando, qué era lo que no sabían de la muerte de mi tío si todos los datos estaban claros, o eso me habían contado infinitas veces mis padres.

      Esta situación duró menos de diez segundos hasta que mi padre miro profundamente a mi madre y dijo:

    — Cariño, Mai tiene ya dieciocho años, creo que merece conocer toda la información que tenemos sobre aquello.

    Mi madre asintió en silencio, entonces fue ella, quién con voz calmada empezó a hablar:

    — Verás Mai, como sabes, tu tío Leo sufrió un accidente de tráfico al volver de hacer un trabajo fuera de la ciudad, momento en el cual por lo que parece se quedó dormido perdiendo el control del coche, ¿no? — dijo mirándome a los ojos.

     —Sí, además como vosotros decís, le gustaba ir rápido en el coche así que es probable que, al quedarse dormido a esa velocidad, el coche se saliese de la carretera, chocando con la casa que había al lado del arcén. —contesté, segura de aquella hipótesis.

      — Exacto, esa es la información que tienen la familia y sus conocidos, la que oficialmente dio tu tía luego de hablar con la policía, pero nosotros pensamos, por no decir que lo sabemos, que eso no fue todo lo que sucedió aquel día.

     Mi mente se había quedado en blanco al escuchar aquellas palabras, la pausa que había hecho mi madre antes de continuar había sido de apenas un segundo, pero a mí me habían parecido siglos.

     —Los que teníamos contacto estrecho con tus tíos y los conocíamos bien creemos que aquella noche Leo no se durmió, sino que alguien le ayudó a salirse de la carretera. 

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