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10 min
¿Quién eras? Capítulo 4
Suspense |
24.05.21
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Sinopsis

(Solucionados problemas de estructura y separación de párrafos)

A pesar de que su respuesta solo confirmaba lo que todos sospechábamos no había podido impedir que algo me oprimiese el pecho. Aunque aquella información no ratificase que la muerte de mi tío no había sido un accidente, significaba un pequeño empujón que me motivaba con más fuerza a llegar al fondo de todo aquel asunto. Lo que sí acababa de quedar claro era que allí había estado pasando algo extraño, la naturaleza de las salidas supuestamente laborales de Leo seguía siendo un misterio para mí, pero definitivamente no por mucho tiempo.   

       Luego de un par de preguntas más sobre si recordaba haber visto a alguien extraño o de actitud sospechosa con él, que no tuvieron respuestas muy halagüeñas me dirigí a entrevistar al hombre que Matías había señalado como el antiguo compañero de confianza de mi tío: Toni Lersa. Según me había dicho su jefe, éste se encontraba organizando materiales en el almacén de la parte trasera del negocio. Abandoné la oficina y caminé a paso ligero hacía el lugar que me acababan de indicar, pero mi cabeza estaba siendo bombardeada por cientos de teorías sobre el verdadero motivo de aquellas escapadas, razón por la cual no me percaté de la llamada que se estaba realizando en el lugar donde hace unos minutos me encontraba.     

      Pese al leve traqueteo que producían los pequeños tacones de mis botas a medida que avanzaba, Toni no se enteró de mi llegada, parecía totalmente ensimismado clasificando botes de distintos tonos de pintura. Desde donde me encontraba podía distinguir perfectamente que se trataba de un hombre bastante alto y para nada corpulento, a simple vista parecía ser más o menos de la edad de mi tío, es decir, tendría que tener unos cuarenta y pico. Después de esa fugaz revisión decidí acercarme para poder llamar su atención, quería, no, necesitaba algo, algún dato, alguna pista, algún pequeño hilo del que tirar, me negaba a pensar que había luchado estos últimos años para finalmente encontrarme en un callejón sin salida.   

      Cuando estaba a punto de llegar a su altura se percató de mi presencia, inmediatamente giró su cabeza hacia mi, pudiendo ver así un rostro tostado por el sol. El paso de los años y las duras condiciones de su trabajo le habían pasado factura, pero a pesar de eso conseguía conservarse bien.

   — ¿En qué puedo ayudarla? – Preguntó enarcando levemente una de sus cejas mientras me miraba de arriba abajo. 

   — Verá, soy de la policía, me gustaría hacerle algunas preguntas sobre un antiguo compañero suyo de trabajo, uno que falleció hace unos dieciséis años: Leo Vargas Costa, no sé si lo recuerda. – Cuando terminé de pronunciar aquellas palabras su expresión cambió abruptamente, de repente una mueca de infinita tristeza y tormento sustituyó el gesto interrogativo que había manifestado al descubrirme allí parada a su lado. 

    — Sí claro, lo recuerdo, éramos muy cercanos en aquella época, nos tocaba trabajar juntos aproximadamente cuatro de cada cinco días de la semana, pasaba casi más tiempo con él que con mi mujer. –dijo con un ligero matiz de sorna en su voz. 

    — Bien, eso es justo lo que necesitaba oír. Ya que compartían tanto tiempo, ¿No recordará usted alguna época en que su comportamiento fuese extraño o fuera de lo común? También me gustaría saber si presenció algún tipo de llamada sospechosa o algún mensaje que provocase en el nerviosismo o un cambio brusco de humor.     

     Se mantuvo en silencio, parecía que estaba meditando profundamente lo que le había preguntado, aunque una pequeña parte de mí no podía evitar pensar que también existía la posibilidad de que solo estuviese maquinando una mentira que sonase creíble. Al cabo de lo que me pareció una eternidad contestó: 

     — Pues ahora que lo dice, la verdad es que los últimos meses antes de su muerte, estaba muy distraído e irascible, no tenía nada que ver con su carácter gracioso y amigable que lo caracterizaba. A pesar de que yo intentaba que hablase conmigo, que confiase en mí, siempre cambiaba de tema, simplemente se levantaba y se iba a hacer otra tarea diferente, alejándose.  Resultaba totalmente incomprensible para mí, ¿Tan bueno había sido mi tío ocultando sus actividades a personas que compartían la mayor parte de los días con él? En algún momento tendría que tener un desliz, alguien tenía que haber visto u oído algo, y tenía la sensación de que Toni era la persona a la que buscaba. Con ese pensamiento en mente decidí presionar un poco más, si sabía algo iba a tener que contármelo. 

     — ¿Está usted seguro de que nunca llegó a escuchar o a ver siquiera un resquicio de alguna llamada o mensaje que le llamase la atención? Cualquier detalle, aunque le parezca insignificante puede contribuir con mi investigación. 

      Ladeó ligeramente la cabeza y su mirada volvió a tornarse pensativa, no había pasado por alto su manera de dirigirse a mí, esos leves matices sarcásticos ni tampoco sus esfuerzos intentando no enarcar una ceja cada vez que retomaba mis preguntas. Era evidente que en el fondo no me tomaba enserio, solo me estaba siguiendo el juego, lo notaba y eso hacía que me hirviese la sangre. El movimiento de su brazo llamó mi atención haciéndome salir bruscamente de mis pensamientos, había levantado la mano apretarse ligeramente el puente de la nariz en lo que supongo que era un tic nervioso. En ese momento mis ojos se fijaron en algo que llevaba tatuado cerca de la muñeca, eran tres puntos suspensivos. No, no era nada extraordinario en el siglo en el que estábamos pero simplemente no me lo esperaba, no parecía ser de los que pasaban por la aguja por pura diversión, al contrario, si me lo hubiesen preguntado habría apostado a que seguramente tenía pánico a todo lo relacionado con los pinchazos. Por eso nunca voy al casino. 

       Pareció percatarse de mi reciente interés en su mano, entonces habló: 

      — Han pasado muchos años y tengo una memoria pésima, mi mujer podría confirmárselo encantada, no recuerdo ninguna conversación o mensaje en concreto, aunque si realmente es tan importante lo que había en su móvil usted tiene fácil acceso a él ¿no es así?  Se supone que esas cosas las entregan a la familia o las guarda la policía como pruebas, ¿no? Por mi parte no tengo más información que pueda serle de ayuda, así que si no necesita nada más me gustaría seguir con mi trabajo, esta pintura no se va a clasificar sola. 

      Dicho esto, me dio la espalda dándome a entender que no iba a obtener de él ni una palabra más, me iba a tocar irme con las manos vacías, pero algo de lo que había dicho sí me había resultado útil, el móvil podía seguir clasificado en la unidad de pruebas. No era como si no hubiese contemplado esa vía de investigación con anterioridad solo que no quería abordarla hasta que no fuera estrictamente necesario, ya que no es legal registrar pruebas de casos antiguos sin una buena justificación, pero en aquellas circunstancias no me quedaba otro remedio si quería seguir avanzando. Por otro lado, me apunté mentalmente la tarea de no perder de vista a Toni, tenía pinta de saber más de lo que estaba dispuesto a contar.   

        En el momento en que cruzaba la puerta de salida, la melodía “Hotel California” comenzó a sonar, anunciando que estaba recibiendo una llamada, probablemente de mi compañero de trabajo para verificar que toda la entrevista se hubiese desarrollado sin ningún contratiempo. Metí la mano en el bolsillo para coger el teléfono y responder cuando mis ojos se fijaron en el nombre que aparecía en la pantalla, era mi jefe, y nunca eran buenas noticias cuando llamaba mi jefe. 

     — Agente Fieri – Contesté con voz calmada. 

     — Mai, ven al cuartel ya, tenemos que hablar de algo importante.  Aún no me había dado tiempo a responder cuando de improviso colgó el teléfono, no era algo raro en él, siempre había sido una persona de pocas palabras, sus mensajes y llamadas eran cortos y concisos.       

       Me subí al coche envuelta en un mar de curiosidad e intriga fruto de la conversación que acababa de tener, probablemente sería algún nuevo caso en el que querría que colaborase, lo cual no me venía para nada bien, estaba metida hasta el cuello en el entramado de la muerte de mi tío, aunque eso claramente no lo sabía mi jefe. Durante el trayecto hacia comisaría tecleé en el manos libres el número de Nando, iba a necesitar a una persona de confianza para que accediese sin ser detectado al registro de pruebas del cuartel, y quién mejor que un amigo de la infancia, experto en informática y hacker freelance. Nadie podía sospechar que estaba trabajando en un caso cerrado desde hacía años y menos con el que tenía relación personal, así que iba a tener que tomar ciertos atajos no del todo legales.     

      Como imaginaba, Nando no tuvo ningún problema en hacerme aquel pequeño favor, así que con aquello arreglado, solo me quedaba pensar de que manera iba a entrar sin ser vista a buscar el móvil al departamento de pruebas, en caso de que este siguiese allí. Como miembro del cuerpo tenía acceso a casi todas las zonas del recinto policial, el hecho de ser considerada novata todavía, conllevaba que en algunos lugares mi entrada estuviese restringida, si a eso le sumaba que para acceder a una sala había que escanear un pase personal que dejaba registrada la hora de entrada y salida, la cosa no pintaba fácil, para nada. 

       Fue entonces, cruzando la puerta de entrada de la comisaría cuando llegué a la conclusión de que iba a tener que pedir muchos favores y al final todos tienen un precio, la pregunta era: ¿Estaba segura de poder pagarlo?                     

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