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3 min
quiero ser tú.
Poesía |
24.04.19
  • 4
  • 2
  • 433
Sinopsis

¿Por qué quieres ser como una chica con una cardiopatía congénita?

"Quiero ser tú"
dijiste, impasivo,
ante el desconcierto
de mis ojos,
nunca había sido
tan sencillo transformar
mis pupilas en signos
de interrogación,
escritas en negrita
y cursiva,
tan inclinadas
cómo mi pulso
al escribir 
estas líneas.
¿De qué me sirve,
cariño,
preguntar por qué
si esnifas la poesía?
Pensé quizás
que la tinta
te haría temblar,
observar como corre
por la aguja
y se desmaya en el papel
mientras el agujero
de mi brazo llora
por perder litros
de existencia.
¿De qué me sirvió,
mas para verte beber
cada palabra y
emborracharte 
con los grados
perfectos de cada "o"
escrita?
"Quiero ser tú",
la saliva empleada
para escupir cada palabra
quemaba mi piel
cómo agua bendita,
mi pacto con el diablo
estaba hecho hacía
veinte pecados atrás
y no le gustaba
escuchar que su maldición
tenía más de una cara.
"Quiero ser tú",
la canción resonaba en mi cabeza,
provocaba dolores 
y migrañas,
mi paciencia estaba seca,
era árida y espesa,
no le gustaba
estar callada,
era el gritó que el cielo
necesitaba.
Posé sobre las sábanas
mi granada,
los circuitos azules transportaba
la gasolina que le hacía latir.
Desvirgó todos 
los rincones de la cama
virtiendo la sangre como
si fuese agua, 
bailando tan arrítmicamente
que asustaba al colchón.
Su voz llena de ánimas
y leyendas tan oscuras
que absorberían la luz del sol
fue lo que cortó 
las cuerdas de tu guitarra.
"No quiero ser tú", balbuceaba
mi corazón, 
cada frase se hacía eco 
en la habitación.
Mis labios susurraron perdón
tantas veces que la luna se gastó,
no quería lastimar a tu sentido común
pero,
"¿por qué quieres ser yo?",
me aventuré a preguntar.
Estoy prohibida,
soy la ley más estricta
y el juez más antiguo.
El castigo más injusto
y el castigado más desgraciado.
Mis muros están vetados,
¿por qué quieres ser yo?
Mis alas están cortadas,
no puedo mudarme de planeta
o visitar otras galaxias,
tocar las puntas de las estrellas
porque su altitud es tan lejana
qué mi granada explotaría.
Mis días son horas y horarios,
alarmas tan sordas
y mudas
qué se quedaron sin voz
de repetir tanto la misma historia;
puedes tachar cada número
en el calendario
y guardarlos en los botes
de pastillas
qué hacen funcionar
mis engranajes un día más.
Mi cuerpo no es un lienzo,
Van Gogh no podrá pintar
su "Noche Estrellada" 
en mis lunares
ni perforar mi piel
más allá del anillo
qué mi ventrículo izquierdo
y mi dedo meñique comparten.
"¿Por qué quieres ser yo?",
pregunté, impaciente 
por saber si quería
limitar su felicidad
con una fecha de caducidad.
Seis meses no son suficientes
para calmar a los dioses
y esconder los miedos
en el armario.
"¿Por qué quieres ser yo?",
volví a preguntar con lágrimas
evaporándose en el fuego de mis mejillas.
"¿Y por qué no?" respondiste,
"quiero ser sin motivo."
El corazón comenzó
a arder, no de belleza,
no de pasión,
pero sí de furia.
"No quiero ser tú" gritó,
tan alto,
que las paredes
juraron abrazarse.
No valía preguntar 
por qué
a una cuestión cuya repuesta
se había independizado
o estaba 
perdida.
No servía convencerte
de qué no todo
es tan sencillo
cuando tú creías
qué la vida 
no era solo un suspiro.
El corazón palidecía
tan deprisa
que las agujas del reloj
se detenían por inercia.
Mis manos lo abrazó
mientras gritaba como un niño
recién nacido,
quería ganar la guerra
y quitarse su anillo
para explotar 
y grabar en las paredes
el mensaje que tanto predicaba.
"No quiere ser tú" me dijo,
desafiante.
Y por un momento
me pareció 
egoísta y
superficial.
Mi cuerpo es su hogar,
es un templo de marfil
y oro que intenta quemar
y matar para sentirse
la reina 
del mundo.
"Puede que un día
consigas vencerme,
pero recuerda:
si caigo, tú
caerás conmigo." le contesté.
Y en mitad de ese mar rojo,
con el corazón en un puño
y una cicatriz abierta
en mitad de mi pecho
volviste a decir
"quiero ser tú"
y yo respondí
"¿y por qué no?"

 

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