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10 min
rapsodia griega.
Drama |
09.02.20
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Sinopsis

Writing Prompt: La vida y la muerte son vecinos pero sus horas libres muestran su verdadero lado: los muebles de la muerte son coloridos y delicados mientras que la vida tiene una imagen gótica, capaz de conducir hacia el lado oscuro. La muerte tiene un gato suave y sedoso, mientras que la vida tiene un animal esquelético y malhumorado de algún modo. Además son mejores amigos desde la infancia.

 

La vida y la muerte se conocen desde los orígenes de la Tierra, del universo incluso. Muchas leyes contradicen su relación, y no es para menos, pues son dos incógnitas incompatibles e imposibles de imaginar en una mismas esencia.
Pues bien, esta es la historia de cómo coexisten y aman, a pesar de las consecuencias.
Actualmente conocemos a la vida como "Vida" y nada más y a la muerte como "Muerte" y no nos atrevemos a cambiar el nombre, pero en su cotidianidad ambos se llamaban por sus nombres reales: Zoí para "Vida", Thánato para "Muerte". Estos nombres tienen su origen en el nacimiento de ambas partes, en griego, por Zeus.
Zeus era el dios de los dioses, el que hacía posible lo que era inconcebible, la vida de algo muerto y la resurrección de algo inmóvil; por ello una de sus funciones era gestionar vida y muerte en la Tierra, pero no destinos, pues de eso se encargaba la Naturaleza.
Zeus creó a Zoí y a Thánato, al ángel y al demonio, de modo que no hubiese excesos en los humanos.
En un principio ambos estaban separados y no había planes de encontrarse, a pesar de vivir uno al lado del otro.
Supongo que tenía suceder.
— ¿Saliste anoche? — preguntó Thánato.
— ¿A qué? ¿A danzar los planetas?
— O con Apolo.
Zoí y Apolo tenían una relación digna de mencionar, una conexión que no debía desperdiciarse, según Apolo.
Según Zoí era algo digno de evitar, la conexión no estaba creada, nunca había existido.
— No entiendo el interés de Zeus por hacer que eso ocurra. — dijo Zoí, resoplando.
— Porque Apolo aporta los valores que tú haces posibles: grandeza, belleza, fuerza... ¿No es eso lo que otorgas?
— ¿Y necesito a Apolo para eso? Es decir, los mortales no van a abandonar su moral si rechazo a Apolo. 
— Al menos Zeus está interesado en tu bienestar amoroso, seguro que pide ayuda a Afrodita de vez en cuando. En cambio se olvida de mí.
— La muerte no puede amar.
— ¿Estás segura de eso?
— ¿No es lo que debemos pensar? Yo aporto esperanza y me corresponde un dios qué aporta brillo al mundo y tú quitas oportunidades y te corresponde la soledad.
Thánato miró a su alrededor, al templo que Zoí poseía.
Ambos vivían en templos, un poco alejados del Olimpo y a un par de centímetros el uno del otro.
Vivían en el mismo plano pero en diferentes ecosistemas: un templo era blanco y puro, rodeado de partículas blanquecinas que se iluminaban con el sol mientras que el otro era negro y oscuro y estaba rodeado de partículas grises y espesas, podías sentir la transición.
— Sé que después de lo que ocurrió es fácil caer en el escepticismo pero del modo en el que mantienes el templo y a tu mascota pareces mejor muerte que yo. — dijo Thánatos.
Zoí y Thánatos tenían mascotas, Zeus pensó que cuidar de algo tan inofensivo como una criatura más inocente que cualquier deseo podría darles un sentido de la responsabilidad, tanto cuando debían dar vida como quitarla.
Zoí poseía un gato casi egipcio, esquelético y con ojos misteriosos, negros como su templo y su vestido; mientras, Thánatos tenía un gato fuerte y peludo, blanco como su templo y su túnica.
Nada era lo que parecía.
— ¿La vida no puede vestir de negro?
— La vida no puede pensar de luto.
— ¿Acaso importa?
— Creas nuevas historias y les das un significado,  claro que es importante.
— Pero tú las destruyes o la Naturaleza obra a su forma.
— ¿Y qué puedo hacer? Sabes que nacimos para esto.
— ¿Sabes por qué visto de negro? Porque no soy capaz de ver en color, estoy cansada de escuchar que he "nacido para esto." Cada vez que creo algo nuevo y pienso que la Tierra está a mis pies la Naturaleza cambia el rumbo de aquello que he hecho posible. El destino cambia, Afrodita arranca su flecha y le deja desangrado de amor, Atenea comienza batallas que ponen en duda la coherencia de cualquier acción.
— Pero no puedes detener el motor de tu existencia.
— ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Se conocieron a los pocos días de ser creados, cuando comenzaron a ejercer sus poderes. Una niña debía nacer y morir el mismo día, así que Zoí bajó con la intención de ofrecer un comienzo y Thánatos con la intención de poner un final.
Cuando llegó el momento se miraron y sintieron repulsión por eliminar algo que debía existir y por permitir algo que debería no haber nacido, pero después de hacer el trabajo sucio no encontraron hostilidad en sus ojos, sino refugio.
Entendieron que aquellas serían sus funciones para siempre y que no había forma de forzar el candado; no se hacían daño queriendo herir, la Naturaleza era egoísta y ellos solo unos críos.
— "La Naturaleza es un amante caprichoso", es lo que dijiste poco después del incidente.
— ¿El "incidente"? ¿Es así como lo llamamos ahora? ¿También fue un "incidente" lo que ocurrió entre nosotros?
Estuvieron enamorados. Estaban enamorados pero no podían admitirlo en voz alta.
Zeus negó la posibilidad de que ambos se conociesen, de que incluso se hiciesen amigos, aunque la Naturaleza lo quisiese así. Recapacitó, pues él estaba sujeto a las leyes del Destino, como bien pudo y tras la excusa de que muerte y vida debían convivir en un mismo plano existencial, pues una no es posible sin la otra.
Aunque nadie contempló la idea de que podrían enamorarse.
— Eso no es justo, Zoí. ¿Sabes por qué visto de blanco? Porque quizá, si lo hago, vea un punto de luz en todo lo que hago. Tú confeccionas y yo descoso todo lo que bordas; es cierto que muchas vidas merecen un final pero la mayoría del tiempo son personas que no han experimentado lo suficiente o que han tenido demasiadas experiencias y no podían con una más. Tuvieron una sobredosis de la realidad.
— Entonces estás de acuerdo conmigo en qué nosotros no somos el problema. Es más, tú los eliminas.
— Yo no elimino los problemas, simplemente los corto de raíz, pero no evito su propagación. Soy como un jardinero, corto las malas hierbas e intento que no vuelvan a salir pero no tengo control total sobre el césped.
— ¿Y si tuviésemos el control? Estamos marcados, Thánatos. Lo llevamos tatuado en la piel,  el "punto y coma" y el "punto y final".
Ambos tenían unos únicos lunares en la piel: ella tenía un punto y coma, sinónimo de continuación, de una pausa muy corta para dar comienzo a algo nuevo; él tenía un punto y final, sinónimo de expiración y fecha de caducidad. Dependiendo de la persona elegida esta recibe la primera señal de vida o la última de muerte.
— ¿Dónde ves que podamos tomar el control? ¿Esperas que nos rebelemos contra la Naturaleza?
— ¡Porque somos lo único que la Naturaleza necesita para obrar! Si nos negamos su poder se verá debilitado. Yo comienzo todo y tú acabas con ello. Somos el peligro que la Naturaleza no espera.
— Zoí, piensa por un momento lo que estás diciendo, no podemos...
Thánatos se vio interrumpido por Zoí.
— Me quieres, lo sé. Yo te quiero y lo sabes. Que no pueda estar con Apolo quizá lo demuestra, ¿no crees que merecemos algo más que obedecer órdenes de algo que no tiene consciencia, que es simplemente fuerza?
— ¿Y por creerlo va a cambiar algo? Tú lo has dicho, es una fuerza y es imparable. Esto no puede ser, Zoí. Ya lo intentamos y puede que tengas razón, puede que la muerte tenga que estar en soledad.
— Eso no lo dije en serio, es algo que quieren que pensemos. — Zoí suspiró. — ¿En serio crees que todo lo que ocurrió fue nuestra responsabilidad?
— Cada vez que nos tocábamos ocurría algo: Pandora abrió su caja, las catástrofes naturales comenzaron su ruta y el mundo perdió la cordura. ¿Que será lo próximo? Puede que acabemos con el mundo.
— Que Pandora fuese poco prudente y sin autocontrol no es nuestra culpa; que las catástrofes comenzasen o que el mundo haya perdido el sentido no es nuestra culpa, sucede porque la Naturaleza es caprichosa; puede que, incluso, sean efectos secundarios de la caja de Pandora.
— No podemos arriesgarnos.
— ¿Por qué no? ¿Que importa si acabamos el mundo? Todos los errores dejarían de existirá y podríamos pintar en un lienzo completamente nuevo, sin supervisión de la Naturaleza.
— ¿Y si nos rompemos nosotros?
— Nos reconstruimos, como piezas de puzle... No sé si te acuerdas del día que bajé a la Tierra para recibir a un pintor; el no sabía que sería pintor y por mucho que yo supiese que iba a cambiar la visión del arte no podía decirlo, tenía que descubrirlo por sí solo.
Me sentí muy orgullosa de poder crear algo tan significativo para el mundo, alguien capaz de pintar noches poco estrelladas o zapatos sin camino ni contexto y habitaciones solitarias. Me inspiró a querer hacer algo mayor a mí, algo que no hiciese por obligación. Su muerte me afectó más de lo que esperaba y aunque nunca conseguí mi meta siempre pude soñar despierta sobre el día de mi liberación, sobre este día. 
Puede que esta sea mi oportunidad de hacer arte y poder estar contigo, sin convicciones.
Thánatos se aproximó a su rostro, lentamente y con dulzura, y la besó con la cara entre sus manos. No necesitaba más explicaciones ni descripción, era mágico simplemente hacerlo. Llevaba pensando en ella siglos y milenios y ver su imagen más humana y emocional, más feliz e inocente, le hizo pensar en la niña que era y conoció; en lo risueña que era cuando la conoció y lo poco que eso duró poco después del incidente. Lo importante era ser feliz, es algo que los dioses y la Naturaleza le habían enseñado, la única diferencia es que él no necesitaba sacrificios para saberlo.
Las grietas comenzaron a brotar de los brazos de Zoí, dejando escapar su luz, y de los brazos de Thánatos, dejando escapar rayos de oscuridad.
— Tienes las olas del mar grabadas en la piel y aún crees que no eres arte. — dijo Thánatos atendiendo a las grietas.
Y entonces nada volvió a ser como antes.
Todo era diferente,
sin convicciones
ni condiciones.

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