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3 min
Reconocimiento tardío
Reales |
29.04.07
  • 4
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  • 2130
Sinopsis

A Pilar García Cabezón, prima lejana y compañía en mis veraneos en Murillo de Río Leza (La Rioja)

Tenías tres años más que yo pero casi te doblaba en estatura y constitución. Larguilucha, frágil y aniñada, casi invisible y hasta etérea, oscilabas entre el silencio más crudo y la exaltación de un infante que vive ilusionado por los detalles más nimios. Al igual que tú, era débil, por causas distintas, pero mi porte norteño y esa calma aparente en mi alma me hacían destacar lo suficiente para ser respetada dentro del grupo: todo lo contrario que a ti te sucedía. No era algo que aprobara realmente, sin embargo, nunca me atreví a denunciar ciertas injusticias que se cometieron contigo. En este caso fue cierto eso de: “El que calla, otorga.” Ni siquiera me dio valor el saber tardíamente que eras sangre de mi sangre, a pesar de que esta noticia consiguió unirnos lo suficiente para empezar a conocernos de verdad.

Quizás nunca me perdone todas esas tardes sin tocar a tu puerta, sin una llamada, sin una visita a esa cárcel religiosa a la que te enviaron. Para consolarme y mermar la culpa que me consume, me alivia reconocerme el mérito de saberme más cercana a ti que ninguna de las otras, ofreciéndote momentos de compañía de calidad, mostrando un verdadero interés por escucharte aunque a veces no lograra comprender muy bien los entresijos secretos de tu mente. Eras una criatura extraña, marcada por el dolor mudo de una responsabilidad impuesta amargamente desde la cuna. Eras diferente, te negabas admitir ciertas pautas, especialmente en el vestir y a la hora de comunicarte, pero no te avergonzabas. Yo también me sentía extraña en mi interior pero me resultaba más fácil a corto plazo seguir al rebaño para no sentirme sola, porque era algo que temía más que a nada en este mundo. Sé que comprendes bien este sentimiento, que por eso y por esos momentos de cariño, ya me has perdonado, aunque ya no puedas recordarme.

De manera cruel, viniste para sufrir a este mundo. Sin duda, la selección natural se cebó contigo. Por ello, en vida, representabas para mí el olvido y la desconsideración humana. Curiosamente, en tu muerte, te conviertes en un signo de rebeldía, de una lucha constante y tímida de cara a la consecución de sueños imposibles, a menudo frustrados. De ahí que quiera conservarte en mi memoria como aquella chica risueña que se esforzaba en sus estudios de peluquería, que reconstruía pieza a pieza su materia marchita, dejando de lado el rencor y la oscuridad de la hipocresía que giraba a su alrededor como un fantasma insistente y despiadado. Es más, no me conformo con eso. Lejos de intentar remendar superficialmente mi error, recojo tu verdadera esencia para aquellos que jamás te conocieron ni tendrán el gusto de hacerlo en el futuro. Hoy rompo para ti las cadenas de un destino maldito que pretendía arrojarte al pozo del olvido. En este amargo día de primavera me confieso, te recuerdo y te inmortalizo en este escrito.

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  • Nunca olvidamos aquello que queremos o que quisimos. La narración desprender un perfume embriagador de principio a fin. Desnudas tus sentimientos de forma exquisita. A la persona que va dirigida seguro que le ha llegado, pues al recordarlos los hacemos presentes.
    Sólo es tarde para ella, pero no para tí ni para nosotros. Estupendo.
    Como narración es exquisita, y como declaración de intenciones no tiene precio, lástima que la persona a la que va dirigido no tenga la oportunidad de leerlo... es precioso.
    Un precioso homenaje sin duda, muy bien narrado de principio a fin y con una carga de sinceridad profunda tremenda. Me ha encantado. Por cierto, gracias por tus valoraciones, aprendo mucho de ellas y, desde luego, que alguien con tu arte para escribir me valore tan bien me llena de orgullo y motivación. Un gran abrazo.
    No sólo por el contenido, muy bien escrito, de verdad.
    El Olvido. La maldición de este mundo. Peor incluso que la muerte, pues te puede atrapar mientras aún tu vida late. Yo lo sé bien. Nosotros, que escribimos, debemos combatirlo hasta el último aliento. Estoy contigo, Eli.
    Muchísimas personas pasamos por la vida así. Pero siempre se ha muerto todo el mundo. Los aparentes y los que no lo son.
    precioso .... y triste .... tal como es la vida.

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