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19 min
RECORDANDO A MARÍA
Drama |
29.12.16
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Sinopsis

En algunos momentos, cuando tu corazón ya no se abre a la ternura, un ser muy especial, viene con una sonrisa y lo abre a tu pesar, y ya no puedes volverle a cerrar las puertas,

Hoy se cumplen dos años, desde que nos dejó María. Hoy cumpliría sus ansiados dieciocho años, quería ya ser mayor de edad, para poder votar, ir al cine y a las fiestas donde te piden ser mayor de edad para entrar. No lo consiguió, sus sueños e ilusiones ya no se cumplirán. No hay un solo día que no la recuerde, y un nudo me sube a la garganta con solo recordarla. En casa, a veces cuando estamos comiendo mi esposa y yo, oímos un ruido en el pasillo, y nos miramos, sin decir nada, y los alimentos se vuelven amargos, y es que nos recuerda a esa niña, verdadero torbellino que corría por el pasillo como un potrillo alegre y desbocado.

Anoche durante la cena me dijo mi esposa.  -¿Sabes qué día es mañana? -  Yo asistí con un movimiento de cabeza, y ella añadió.  - Acuérdate de las flores. - Y yo volví a asistir, sin decir palabra.

Esta mañana, he salido temprano y he recorrido varias floristerías, en busca de sus flores preferidas, ¡Las Margaritas!  No se imagina uno lo difícil que es encontrar en una floristería Margaritas, tienen de todo, Claveles, Rosas, Orquídeas, Gladiolos, y mil flores más. Pero las Margaritas no son muy frecuentes, me dijeron que la gente busca flores más refinadas, de más lujo, pero María hasta en eso era sencilla y espontánea.

Finalmente he hallado unas margaritas espléndidas, grandes como girasoles, y un amarillo intenso, creo que a María le gustarán. 

Tras recoger a mi esposa con el coche, hemos ido al cementerio, y nada más entrar se encuentra la tumba de María. Hemos depositado las flores junto a las que han dejado sus padres, y rezado un momento delante de su lápida, con una figura de un ángel esculpida sobre el frio mármol, con la inscripción tantas veces leída que ya me sé de memoria. Cuando las lágrimas comenzaban a brotar, mi esposa me dijo, <>  Me despedí murmurando un.. Feliz cumpleaños María, descansa en paz.-

Carlos, o Carlitos, pues para mi esposa siempre nuestro hijo seguía siendo Carlitos, tuviese los años que tuviese, también estaba enterrado en ese mismo cementerio, dos calles más allá de María, y ya había fallecido ocho años atrás. Al terminar sus estudios de experto en telecomunicaciones, y debido a las dificultades laborales, se presentó para ingresar en la Guardia Civil, en transmisiones. Esto no le agradó ni su madre ni a mí, pues considerábamos que podría haber riesgos en esa profesión, y le aconsejamos que esperase, que ya encontraría un trabajo relacionado con su profesión. Pero como estaba novio, y se quería independizar, le corría prisa tener unos ingresos fijos para poder casarse. Superado el curso en la academia de la guardia civil de Baeza (Jaén), estuvo destinado en el centro de telecomunicaciones en Madrid. Pero al poco tiempo nos informó que se había presentado voluntario para ir a Irak, con los especialistas de la Guardia civil, para enseñar a los soldados nativos el uso y manejo de los equipos de transmisiones.

Esta noticia cayó sobre nosotros como un jarro de agua helada. Por más que intentamos disuadirlo, el argumentaba que ese país era presa fácil para los Señores de la guerra, y que maltrataban a su propio pueblo, ejecutando a quien no les obedeciese, y torturando y mutilando a las mujeres que se atrevían a estudiar. Y que ya había firmado por seis meses.

Ni que decir que todos estábamos temerosos de que tuviese un mal encuentro, le disparasen o mil cosas más. Ya no había sosiego en casa, y un día nos llamaron para darnos la trágica noticia. ¡Había muerto! No por un atentado, ni por el enemigo, sino por un accidente. Estaba enseñando a varios soldados nativos, como se instalaban las antenas parabólicas, para conectarse con el centro de mando, vía satélite. Como los tejados de los barracones son de chapa de zinc, y están cubiertos de una capa de arena del desierto, esto los hace muy resbaladizos, y cayó de espaldas, golpeándose la nuca y muriendo en el acto.

Como no había muerto a consecuencias de un ataque, no se consideró una víctima de guerra, sino un accidente laboral, y ni tuvo repercusión, ni salió en los medios. Cosa que agradecimos, ya que lo que menos nos apetecía era montar un espectáculo con autoridades que no les importa nada, y vienen a “Cumplir” y a hacerse la foto oficial. Pues un ser querido muerto, sea o no en acción de guerra duele lo mismo, y la bandera que cubre su féretro, es solo un símbolo que en nada mitiga el sufrimiento de unos padres.

Tres años después, Ángela, su novia a quien apreciamos mucho, nos dijo que había conocido a un chico, y que querían casarse. Le aconsejamos que así lo hiciese, y con un abrazo le deseamos suerte. Y la tuvo, el chico es una buena persona, tienen un niño precioso, al que le han puesto Alejandro, mi nombre.. ella me dijo que si hubiese tenido un niño con mi hijo, que tenían pensado ponerle mi nombre.. No me pude contener las lágrimas, y le quedo eternamente agradecido, y al chiquitín lo adoro, como un “abuelo suplente” .

He dejado a mi esposa en casa y como ahora ya estoy pre-jubilado, he salido a pasear. Sin darme cuenta, mis pasos me han llevado delante del colegio de María, y me he sentado al sol, en el mismo banco en que tantas veces lo había hecho esperando su salida. Como tantas veces, he vuelto a leer la placa que pone:  “Colegio especial para niños con SÍNDROME DE DOWN” y sin darme cuenta mi mente ha retrocedido al día en que conocí a María.

De regreso del trabajo, entré en el ascensor y cuando las puertas se iban cerrando, oí una vocecita que decía no cierres, mientras que una pequeña mano entraba por la ranura que se estaba cerrando. Rápidamente, pulsé el botón de detener la puerta y al abrirse vi una carita con gafas, que me decía, - menos mal – y una niña con uniforme azul marino entró, arrastrando una pequeña mochila con ruedas, la acompañaba una mujer joven, con un niño en brazos. Mientras el ascensor subía, la niña me miraba sonriente, y dijo: -Yo sé cómo te llamas.. Alejandro, y tu... ¿sabes cómo me llamo? -  Yo no tenía ni idea, pues no recordaba haberla visto, y le contesté.. Pues no.. no lo sé – Ella dijo: Me llamo María, bueno.. María del Pilar, pero me gusta más María solamente. – Yo le sonreí casi forzado, y la señora que la acompañaba dijo:  Discúlpela, es muy revoltosa, y me ha estado estos días acribillando, sobre su nombre y donde trabaja, pues desde su colegio le ha visto pasar varias mañanas, cuando va usted a trabajar. – Yo me quedé un poco turbado, y pregunté: ¿Viven ustedes aquí? - ¡Si, en su mismo rellano, en la puerta frente a la suya, en el piso que se quedó libre el mes pasado! Entonces la niña dijo.. ¡Somos vecinos!  y soltó una alegre carcajada. Bajamos del ascensor y mientras abría mi puerta, María me dijo..  ¡Hasta mañana Alejandro!

Entré en casa y tras saludar a mi esposa, le dije un poco en voz baja. – ¿Sabes que hay nuevos inquilinos en el piso de enfrente?-  Ella contestó, -Si, ya llevan más de una semana-  Haaa… no lo sabía, y tienen una hija que es… que tiene… bueno que es diferente. – Si, tiene el síndrome de Down – Su madre es muy agradable me estuvo contando que vivían en un pueblo cercano, pero allí no hay colegios especializados en esta enfermedad, y por eso se han venido aquí. Su marido trabaja de conductor de autobuses en líneas internacionales, y está mucho fuera de España, y aunque le han ofrecido un puesto para conducir autobuses urbanos, no quiere dejar su actual empleo ya que gana más y pueden pagar el colegio especializado que es muy caro. También tienen otro niño de ocho meses. Por eso la madre no puede trabajar. Yo me he ofrecido para que en caso de urgencia, me deje al niño un rato, mientras que resuelve sus cosas.

Al día siguiente, tras desayunar, ya me estaba preparando para salir al trabajo, cuando sonó el timbre de la puerta. Abrí y me encontré con la niña, que decía – ¡Vamos ya Alejandro, que llegamos tarde!-  La madre me dijo.. – Le ruego que la disculpe, pero lleva ya cinco minutos en el pasillo y se niega a irse hasta que usted no venga con nosotras, pues como sabe que para ir a su trabajo pasa por delante del colegio.

Yo le dije que no se preocupase, que ya me iba, y salimos la madre con su hijo pequeño en un carrito, María con su mochila de ruedas y yo, llegados al colegio, me despedí y María me dijo.. ¡Hasta la noche.. Trabaja mucho!  Y me marché al trabajo que estaba tres calles más allá, con una leve sonrisa, al recordar la desenvoltura de esa niña y sus gafitas.

Esta situación se repitió día tras día, y mi esposa bromeaba diciéndome cada mañana, date prisa, que estás haciendo esperar a la pequeña, pues era más puntual que un reloj suizo.

Unos tres meses más tarde, no escuché ruido alguno en el pasillo, y cuando salí no estaba ni la niña ni la madre. Me fui preocupado al trabajo, y en cuanto regresé a casa le pregunté a mi esposa si sabía algo. Ella me dijo que sí, que había hablado con la madre y que estaba bastante acatarrada, y temían pudiera derivar en bronquitis. Me volví a poner el abrigo y salí a la calle, entré n una juguetería cercana y compré una preciosa muñeca, y la embalaron con un lindo papel. Luego fui a la pastelería y compré media docena de pasteles. Con todo ello, regresé a casa y llamé a la puerta de María. La madre me abrió, y me dijo - ¡Que contenta se va a poner María!, ya ha preguntado cinco o seis veces por la hora, y le ha extrañado que no venga usted a visitarla. -   Me hizo pasar a un pequeño pero precioso dormitorio, y allí en su cama, estaba ella, sin sus gafitas, y al verme se dio la vuelta con una mueca de enfado, y haciendo “pucheros” me dijo.. ¿Por qué no has venido antes a verme?  - Yo le dije, es que no sabía que estabas malita, y cuando lo he sabido, he ido a comprarte una sorpresa, pero si no la quieres.. se la puedo dar a otra niña. – Estas palabras fueron mágicas, y sentándose en la cama dijo…  ¡Siiiii, si la quiero!... ¿Qué es? -  Cuando vio la caja con tan lindo papel, lo deshizo cuidadosamente, y al aparecer la muñeca, su carita se le transformó como la noche al día, durante dos o tres segundos, no supo lo que hacer, y de golpe, sacó la muñeca, tomo sus gafitas de la mesita de noche y exploró cada centímetro de la muñeca, su cara era un jardín de alegría, y entre gritos, y alborotos, se puso de pie en la cama, con su pijama de florecitas, y sin soltar la muñeca vino y me rodeó el cuello, y alternaba los besos uno para mí y otro para la muñeca, otro para mí y otro para la muñeca… y entonces comprendí que esa pequeñaja, me había ganado el corazón. Luego la madre hizo un Cola Cao para todos, y nos comimos los pasteles, dejando uno para su padre que regresaba esa noche.

Tras su recuperación, volvimos a la rutina, y un domingo su madre vino a casa y le dijo a mi esposa.. – Quisiera pedirles el favor de que María se quede hoy con ustedes, pues mi marido libra y queremos ir al pueblo a traernos algunas cosa que dejamos en casa de mis suegros, si ustedes creen que no les molesta demasiado. -  Le dijimos que no había inconveniente, y María entró contentísima a nuestra casa, le hicimos un buen desayuno donde se puso hasta arriba de croissants con mermelada, estuvimos viendo en la televisión una película de dibujos animados,¡ Bambi!   En qué hora se me ocurrió poner esa película, María lloraba como una magdalena cuando mataron a la madre de Bambi. No había forma de consolarla, y nos inundaba con preguntas de difícil respuesta para una niña. ¿Porqué la han matado, porqué el hombre es tan malo, porqué no viene la policía a detenerlo, porqué no la llevan al médico, porqué no se juntan todos los animales del bosque y le pegan al malo, porqué no estaba allí el papá de Bambi, etc, etc?

Menos mal que se le ocurrió a mi esposa hacerle su comida favorita (nos lo había dicho su madre) Tallarines a la carbonara.  La vista de ese exquisito plato, fue un bálsamo milagroso para ella, y mientras los degustábamos, volvieron las risas y la alegría.

Tras acordarlo con mi esposa, le propusimos a su madre que si no quería tener que levantar al pequeño, para llevar a María al colegio, yo la podría dejar dentro cada día, y luego recogerla por la tarde, total yo tenía que pasar por delante, no me suponía ninguna molestia, aunque yo salía a la misma hora que ella, tardaba cuatro o cinco minutos en llegar, pero si no me entretenía, se quedaban en unos 3 minutos. La madre nos dio las gracias, ya que así se ahorraba levantar y vestir al hijo pequeño, solo para llevar a María, y en eso quedamos.  Por las mañanas, me cogía mi mano con su mano pequeñita, y nos dirigíamos al colegio. Los primeros días me echó una bronca, porque en el primer semáforo, en cuanto que vi que el muñeco se ponía en verde, yo comenzaba a cruzar. Ella me retuvo y me dijo.. ¡Eso no se hace!   - Yo contesté.. ¿Porqué?..  Si he cruzado cuando el muñeco está en verde. -   ¡Si, pero no es suficiente.. hay que contar hasta tres, y mirar a la izquierda y a la derecha por si viene algún coche embalado y no para! –

Entre enfadado y abochornado, pues ella tenía razón, tomé la decisión de no caer más en esa falta..  pero reincidí dos o tres veces más, sometiéndome a las merecidas  reprimendas de mi implacable acompañante.

Cierto día festivo, en que la acompañé a jugar al parque, observé que ella se acercaba al grupo de niños y niñas, pero no jugaba con ellos. Extrañado, le pregunté el motivo, y ella se puso seria y casi llorando me dijo, - Estos niños no me dejan jugar con ellos porque dicen que soy una.. “Mongola”  y yo no sé qué es eso. -   El corazón se me encogió, la tomé de la mano y fuimos al kiosco a comprar “Chuches”.- De regreso a casa se lo comenté a mi esposa, y esta dijo.. – Ya sabes que los niños en su desconocimiento son a veces crueles. – Esa noche no pude dormir, tuve pesadillas y no paraba de buscar una solución.. ¡Y la encontré, vaya si la encontré!.. y la puse en marcha una semana después.

El domingo le dije.. – ¿María, me voy a pasear al parque te quieres venir?, ella contestó que si, .. bien, te llamo dentro de un cuarto de hora. -   Volvía a casa y pregunté a mi esposa.  ¿Marta, donde guardas los uniformes de Carlitos?  - En su armario, en su habitación, ¿pero para que preguntas? – Es que voy con María al parque, y le quiero dar una sorpresa, sácame el reglamentario y su tricornio. -  Me vestí con el uniforme de mi hijo, y me puse encima una gabardina larga abrochada, de forma que no se veía el uniforme, y en una bolsa metí el tricornio, mientras lo hacía mi esposa se reía y me decía que estaba loco.-  Llamé a María, y cogidos de la mano, fuimos al parque, justo donde estaban todos los niños y niñas jugando. María los miraba con envidia, y yo aproveché para quitarme la gabardina y ponerme el tricornio, cuando María se giró y me vio vestido de Guardia Civil, se quedó helada… y solo se le escapó un.. -¡Andaaaa, eres policía también! – La tomé de la mano y nos acercamos al grupo de niños, y los llamé, vinieron al instante y yo con la cara muy seria y la voz grave le dije… ¡Esta es María, y me ha dicho que no queréis jugar con ella, eso es muy grave, puedo llevaros y encerraros en la cárcel, con las Ratas y las cucarachas, y teneros sin comer un año y sin ver a vuestros padres. Así que como yo me entere de que no jugáis con ella o que la volvéis a llamar Mongola, vamos toda la policía a vuestras casas y os metemos en la cárcel y a vuestros padres también! -  Reconozco que fui duro con los niños, pero el resultado fue “Mano de Santo” y nunca más volvieron a llamar Mongola a María, e incluso algunos llegaron a ser grades amigos años mas tarde. –

De regreso a casa, le conté las peripecias a la madre de María y a mi esposa, y se destornillaban de risa. Y durante un tiempo mi esposa me decía constantemente.. Señor guardia, ya está la cena, o señor guardia civil, ha detenido usted a muchos hoy, y otras cosas por el estilo.

Pasaron los años, María ya iba a cumplir sus 16 años, y estábamos pensando que regalo hacerle. Pues ya pasó la época de las muñecas, había crecido, y convertido en una muchachita muy guapa, pues hay que decir que a ella apenas se le notaba que tenía el síndrome de Down, ni en la cara ni en el cuerpo, y ya comenzaba a salir en pandillas con amigas y amigos. Pese a su inconveniente, o quizá debido a ello, era muy metódica, ordenada y constante, sacando magníficas notas, que nos llenaban de orgullo a sus padres y a nosotros. Ya hacía dos años que no necesitaba que la llevase y trajese del colegio, ella lo hacía sola pues era muy precavida y responsable, pero más de una vez me la encontraba en el pasillo esperándome y me decía.. Vamos Alejandro, que llegamos tarde, otras veces se escondía detrás de un árbol cerca del colegio, y al pasar me tapaba los ojos y decía, .. -¡A que no sabes quien soy!  Jajajajajaja. Y me tomaba la mano como cuando era niña y regresábamos a casa, mientras me contaba su jornada de estudios.

Pero un día, no me esperó, se vino sola, y llegando al semáforo cerca de casa, hizo lo que rutinariamente hacía delante de todos los semáforos, se esperó a que el muñeco se pusiera verde, contó hasta tres, miró a derechas  e  izquierdas, y cruzó… Pero cuando llevaba dos metros recorridos, vino un borracho que triplicaba la tasa de alcohol, a toda velocidad y no frenó. Atropelló a dos personas, y una era María, murió antes de llegar al hospital. Sus sueños y proyectos fueron segados de raíz, por la imprudencia de un loco borracho, que no quiso esperar en un semáforo, matando a una joven inocente que toda su vida esperó escrupulosamente.

Hoy hubiese cumplido dieciocho años, hoy es su aniversario, y reposa a pocos metros de mi hijo Carlos, Carlitos para sus seres queridos.

En la vida casi todo es sufrimiento, menos mal que a veces tenemos la suerte de conocer a personas que nos reconcilian con ella.  -Adiós queridos hijos, descansad en Paz. -

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