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5 min
Recuerdos de Asia VII
Históricos |
20.11.10
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Sinopsis

Amanecía en altamar, con una aurora que nacía espléndida y pacífica. Quien estuviera acostumbrado a vivir en la noche de una ciudad, como Tokio, la travesía en el Ville de France, sería como un sopor de tranquilidad y el amanecer, una fiesta de luz y de calma. Además, tratándose de una persona que ansiaba pasar desapercibida, no había suscitado curiosidad alguna ni la atención de casi nadie. El buque, un gran ataúd silencioso por la noche, vibraba de actividad a la llegada del día: Canciones de marineros, risas, juramentos y mucha actividad. A través de la portilla, Victoria, divisaba un espacio de cielo de oro y a lo largo del casco, unas majestuosas aguas en calma.

Anhelante para estar más a solas con su angustia, cerró la portilla, pero el calor le obligaba a abrirla de nuevo. El camarote estaba lleno de cosas viejas, conocidas, y otras nuevas. Pensó en todo el tiempo que estuvo entre las cuatro paredes de esa barraca llamada La Catedral y en el momento en que iba allí como una joven inquieta. Observó y deslizó entre los dedos un vestido desconocido para ella. Delante suya estaba el traje que la destinaba en su nuevo destino. Extendido sobre una butaca de madera dorada y terciopelo, al pie de la cama, había un tcharchaf, un traje negro de esclavina de las mujeres turcas. Ya sabía lo que pretendía de ella, no haría falta ni siquiera adivinarlo, pero, pronto se interrogaba inquieta. ¿Cuál sería el desenlace de esa aventura?

- Deberás llevarlo puesto, cuando lleguemos. Será parte de tu indumentaria en donde vamos.

Victoria no hacía el viaje sola, le acompañaba un hombre, Sepharian, amigo de Sanhei, su compañera en La Catedral. Él velaría por ella, pero también le introduciría en el ambiente que iba a conocer. Victoria le miraba fijamente. Éste, metió la mano en un bolsillo y cogió un estuche de ante, del que sacó un revólver. Durante un segundo, vio brillar el espejado acero del arma. Llevaba una browning, no era que tuviera intención de usarla, pero su contacto frío le daba una cierta confianza.

- Sabemos que nuestro hombre va a ser huésped del sultán Amman y yo soy conocido en su círculo, le hago un servicio… - se detuvo, un instante para fijarse en el arma.- Le consigo mujeres para su harén. Y allí, sirvo de eunuco.
- Entonces, ¿eres turco?
- Lo he sido y ya no lo soy, quizás vuelva a serlo algún día. Soy…- echó vaho sobre el revólver, para dejarlo reluciente- hombre de mundo. Ayer, en Tokio y hoy en Turquía. Quién sabe dónde acabaré en el futuro.
- La verdad, es un poco como mi vida. – Reconoció ella.- Tampoco sabría decir de dónde soy yo.

Victoria se echó a reír y él, la miró con una sonrisa.

- Bueno, yo me voy, volveré más tarde. – Terminó diciendo aquel hombre antes de marcharse.

Cuando se quedó sola, cerró la puerta con cuidado y se fijó en un espejo. Se arregló el vestido y el cabello, y sacó una caja de música que le había acompañado todo ese tiempo. Admiró -en silencio- su melodía y acabaron sus codos en las rodillas, y su cara, entre las manos, sollozando. No pasó mucho rato cuando quiso salir de allí y dar una vuelta por cubierta, Sepharian lo había desaprobado –de hecho, lo había prohibido- pero de nuevo se sentía prisionera, como un pajarillo en su jaula y como éste deseaba la libertad.

A fuera sintió la brisa del mar, golpeando su rostro, y el ajetreo de un barco en plena ebullición; también a aquel extranjero por quien inició ese viaje. Ese tal Phillipe Farrere, de buena facha, pasaba las horas en cubierta charlando amistosamente con el capitán. Ese espíritu dialogante suyo, como diplomático, convertía a Francia, sus colonias e incluso, el mundo entero, en tema de conversación. E incluso, sintió la admiración de un muchacho, un grumete, que se estaba fijando en ella todo el tiempo. A Victoria, le divertía ser objeto de observación, sobre todo si se hacía desde la inocencia.

Desde entonces, lo único que le interesaba era saber cuándo iban a llegar a su destino. A los pocos días, todo estuvo dispuesto para que una embarcación fuese a recogerlos. Alrededor de ese desembarco tan irregular, se habría creado una algaraza entre los pasajeros, apretujados en el puente. Seguían expectantes por descubrir qué insignificante viajero se disponía a dejar el barco sin tener la necesidad si quiera de llegar a puerto. Diez minutos después dejaba el Ville de France. Victoria fue descendiendo la escala, seguido de Sepharian, hasta llegar a la embarcación, un caique de doce remeros, decorado con gualdrapas de terciopelo. Apenas tuvieron tiempo para sentarse, el caique volaba sobre las aguas. Y a punto estaba de rayar el mediodía, cuando llegaron a la orilla, a una playa de arena blanquecina.

- Hemos llegado – dijo Sepharian- ¿estás fatigada? Nos espera una calesa para llevarnos al vonak.

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  • Bueno, nos quedamos con la nueva trayectoria de la protagonista y del alarmante bodyguard Sepharian, mientras se van ordenando (misteriosamente) presuntos datos de lo que puede depararle el futuro a Victoria. Me encantó el primer párrafo, y su estupenda ambientación. Me he quedado con la duda del "vonak", ya que no sé con exactitud qué es: busqué y, aparte de "buque de gran tonelaje", no encontré nada más. Quizás se trate de un prostíbulo de juego ¿?. Bueno, compañero, me lo he pasado bien leyéndote. Y seguiré a la espera de tus próximos "Recuerdos de Asia". ¡Hasta pronto, abrazotes y a dormir!- Gracias por tu comentario a "Prometeo"
  • ¿Quién es el cazador y quién, la presa?

    Un escritor, acostumbrado a lidiar con el terror en la literatura, conocerá la sensación del miedo; aunque todo sea un McGuffin.

    Viajamos a Turquía de finales del XIX para acompañar a nuestros personajes por este pequeño periplo.

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    Esta pequeña entrega es un imprevisto, se aparta de la historia, para hacer tiempo y dedicarme a revisar la rigurosidad histórica del resto. Se lo dedico, por tanto, a Lázaro y espero que -como esta bagatela- sepa tomárselo con humor. Una forma de observar el optimismo y la autoestima, que en los tiempos que corren seguro que sigue teniendo su vigencia. Un saludo a todos.

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