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10 min
Recuperando el tesoro familiar.
Fantasía |
19.01.21
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Sinopsis

Una semielfa y sus primos humanos contratan a un guía semiorco y su mujer semitroll para desenterrar un tesoro familiar... es un inicio de aventura.

Capítulo 1. Contratando al guía.

 

Los hermanos Gendel y Fogar habían llegado con su tía Vispa a la ciudad portuaria de Kel Daras y por encargo de ella habían ido a la taberna a buscar un guía para adentrarse en territorio orco.

 

En la taberna hablaron con el propietario que señaló a un enorme cliente que estaba en una de las mesas del fondo bebiendo un enorme vaso de cerveza tibia.

 

Ambos se acercaron despacio hasta la mesa y preguntaron si podían sentarse, Grobor inclinó la cabeza dandoles a entender que podían hacerlo.

 

El tabernero nos ha dicho que podrías guiarnos hasta las afueras de la antigua ciudad de Vraal.

 

Grobor tras dar un sorbo y finalizar la bebida habló, si, yo mismo participé en la toma de la ciudad hace sesenta y cinco años, era uno de los oficiales del rey Korgut el aniquilador... valiente botarate.

 

No preguntaré para que queréis ir allí, pero barato no va a resultar, dijo Grobor el semiorco.

 

Fogar, que era el mayor, preguntó cual sería la cifra que estimaba oportunada para llevar a tres personasa hasta allí.

 

Grobor miró atentamente a los muchachos, por las armaduras de cuero de buena calidad, el calzado de buena confección y las vainas de alta calidad que llevarían buenas espadas, pensó que ese sería su día de suerte, así que dijo alegremente la cifra de treinta monedas de oro.

 

Fogar todavía estaba digiriendo lo que acaba de escuchar, treinta monedas, reaccionó tarde y mal diciendo "¿acaso estas loco?.

 

Grobor enseñó los colmillos...

 

Gendel, que era el más listo de los dos, reaccionó a tiempo, dió un empujón a su hermano y habló:

¿Qué le parecerían al gran Grobor quince monedas?.

 

El semiorco miró a Gendel, sonrió y dijo, quizá si me invitas a una cerveza pueda pensar en ello.

 

Gendel miró al tabernero e hizo señas para que se acercara.

 

Un par de cervezas y un zumo de frutas para mi buen hombre.

 

Fogar bebía su cerveza en silencio mientras Grobor hablaba de la invasión, de como habían capturado Vraal a una alianza de humanos y sucios elfos y finalmente de como Korgut quiso, a pesar de su recomendación de dejarles ir, perseguir a los que huían.

 

Entre los que huían quedaban unos cuantos arqueros elfos y Korgut murió inutilmente, paralizando la horda que detuvo las conquistas para entrar en disputas por el control de las tropas.

 

Grobor habló de varias peleas más hasta que un orco se hizo con el control de lo que quedaba de la horda, pero era apenas una sombra de lo que fue.

 

Así que el se fue con su mujer a territorio humano para ver si encontraba algún trabajo que le reportase beneficios.

 

Gendel escuchaba atentamente y hacía algún elegio a algún hecho puntual del charlatán Grobor, le invitó a otra cerveza y finalmente cerraron el trato en dieciséis monedas de oro, cinco a la partida y otras once cuando llegaran a destino.

 

Todos se levantaron de la mesa, Grobar, que con sus dos metros sacaba veinte centímetros a los hermanos, estrechó la mano de Gendel y acordaron verse a la mañana siguiente en la puerta sur de Kel Daras.

 

 

Capítulo 2. Encuentro sorpresivo.

 

Grobar acudió a la cita equipado con su armadura pesada, casco metálico, espada y escudo.

 

Allí aparecieron los hermanos y su tía, y eso puso de mala cara a Grobor y a Vispa, ya que ambos se habían olido mutuamente en la distancia.

 

La semielfa gruño a sus sobrinos humanos. "¿cómo no me dijisteis que el guía es un semiorco?"

 

Yo te lo quise decir tía, replicó Fogar, pero Gendel dijo que no lo hiciese o no hubieses venido.

 

Gendel sonrió a su tía y se adelantó para hablar con Grobar. Buenos días buen hombre, aquí tengo las cinco monedas si te siguen interesando, dijo mientras guiñaba un ojo, disculpe a mi tía, no está acostumbrada a tratar con los de tu clase, pero no se lo tengas en cuenta, su mitad elfa es algo especialita.

 

Grobar, tras manosear las monedas, ver que eran auténticas y metérselas en un bolsillo, emprendió la marcha junto a Gendel mientras el resto les seguían a varios pasos de distancia.

 

El semiorco estaba hablando de la ruta más seguro para llegar hasta Vraal, que había otras más rápidas pero si no había prisa tomarían esa, Gendel contestó que no había prisa, la más segura estaría bien.

 

Tras caminar cuatro horas hicieron una parada en el camino para que los humanos descansasen y comiesen.

 

Al reanudar la marcha avanzaron un par de horas más hasta que el guía dijo que había que salir del camino para ir a por su mujer.

 

Todos fueron con el, no fuese a irse con el dinero sin llevarles a donde querían, y tras andar durante media hora por terreno agreste llegaron a un río, Grobar se detuvo y pegó un grito.

 

Cinco minutos más tarde apareció su mujer de dos metros veinte con un garrote de metal en la mano y observó a su marido y acompañantes.

 

Trala querida, partimos hacia Vraal, preparate para salir dijo mientras lanzaba la bolsa con cinco monedas de oro a su mujer.

 

La semitroll volvió por donde había venido y esperaron allí mientras volvía.

 

Fogar habló para decir que no sabía que existieran semitrolls, ¿cómo es eso posible?.

 

Grobar les contó la historia del brujo que creó a los semitrolls mientras esperaban, no dió muchos detalles, pero todo quedó bien explicado.

 

Trala al llegar a la cueva entregó el dinero al hijo de la pareja, que era muy pequeño para acompañarles, y le dijo que esperase allí que había comida de sobra y que si no volvían y se quedaba sin comida fuese a ver a la vecina bruja que vivía a tres kilómetros, que le diese la mitad del dinero que había en la casa y que ella se encargaría de cuidarle.

 

Se puso su armadura pesada encima de la ropa y cogió comida, cuerdas y otras cosas necesarias para el viaje, las metió en una enorme mochila que cargó a su espalda y salió de la casa para unirse al gupo.

 

Cuando la vieron llegar impresionaba equipada con su armadura pesada, era mucho más ancha que su marido, que ya era bastante grandote por su mezcla de orco.

 

Grobar señaló a Gendel y dijo su nombre, lo mismo con Fogar y finalmente señaló a la semielfa, esa es Vispa, la pagadora y la tía de los otros.

 

La semitroll dijo que era Trala, encantada de conoceros añadió, y se puso junto a su marido mientras volvían todos al camino.

 

El matrimonio hablaba de cómo evitar que los orcos oliesen a la elfa, el hedor la delataría a muchos kilómetros de distancia.

 

Vispa al escuchar como hablaban de su "hedor" se estaba indignando pero no dijo nada, a ella también le olían mal la extraña pareja, pero les necesitaba para llegar a la antigua granja de su familia a las afueras de Vraal.

 

Lo siguiente que estaba escuchando con sus orejas de elfa no la estaba gustando nada de nada, Grobar estaba hablando de cuando fuesen a cagar, untar luego su mierda en la ropa de sus sobrinos y la de su mujer en la suya.

 

La cara de Vispa estaba haciendo gestos de asco, por fortuna los hermanos no oían tan bien como ella y todavía no estaban al corriente de lo que les esperaba.

 

Finalmente Grobar habló, viajaremos de día y dormiremos de noche en lugares donde no puedan oler nuestra presencia, que ya hemos pensado como camuflarla un poco, tenemos pensados unos cuantos sitios distribuidos por la ruta que queremos tomar, esperemos que no haya ningún problema.

 

Vispa tras pensarlo, y a pesar del asco que le daba el camuflaje, dijo que estaba de acuerdo con el planteamiento, mejor avanzar seguros, no tenía prisa por llegar a destino, lo que querían encontrar estaría allí o no estaría, pero llegar antes o después no cambiaría el hecho.

 

A Gendel no le gustó la idea de ocultar su presencia, pero Fogar tuvo la osadía de preguntar, entonces su tía habló y dijo que era mejor que de momento no lo supiese.

 

El semiorco planteó entonces como cruzar la frontera, quedaba una ciudad controlada por los humanos, Perejat, en la que había una guarnición de seiscientos soldados, y dentro de la ciudad un puente que cruzaba el río, el único puente en cien kilómetros a la redonda, y al otro lado un sistema defensivo de triple muralla con varias saeteras para poder lanzar flechas o virotes a los orcos que quisiesen acercarse al puente.

 

Quiza podamos alejarnos del camino a Perejat río abajo y construir una balsa en algún bosquecillo que encontremos.

 

La semielfa miró a su guía, la idea no era mala pero no le interesaba, sacó de su bolsillo una carta y explicó que tenía un salvoconducto para cruzar la frontera.

 

Ah, dijo el semiorco, eso facilita las cosas, pero tendremos que andarnos con cautela en cuanto crucemos, puede haber espías orcos, aunque lo dudo.

 

 

Capítulo 3. Llegando a la ciudad de Perejat.

Quizá ciudad sonase excesivo para Perejat ya que apenas estaba habitado por dos mil campesinos que eran manejados por un conde, que sacaba la mayor parte de sus ingresos de la venta de comida a los soldados del rey.

 

Sus veinte soldados apenas servían para hacer labores de contención del crimen y para proteger al noble pobre.

 

El muro de siete metros de madera, de buen roble viejo, servía perfectamente para resisir sin problemas contra el ataque de una banda mal organizada de orcos.

 

Los vigías de la puerta se sorprendieron al ver llegar al grupo, uno les dió el alto, miró de arriba a abajo a los tres individuos que pasaban de los dos metros, la semitroll, el semiorco y la semielfa.

 

¿Qué os trae por aquestos lares? Preguntó el vigía más viejo.

 

Hablar con el capitán Rasiompe para que nos de las monturas que necesitamos para continuar viaje y que fueron traídas tiempo ha.

 

El vigía dijo que podían pasar mientras señalaba a un imberbe vigía, acompañales hasta el campamento para que hablen con el capitán.

 

La semitroll pensó que no habría monturas indicadas para ella y su marido, que por eso no habían usado ninguan todo esta parte del viaje, pero en breve saldría de su error.

 

Su marido Grobar pensó que el hecho de ir montados alteraba completamente el plan inicial y, aunque no dijo nada, pensó que podían haberle informado.

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