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6 min
REENCUENTRO CAP VII (Relato y cómic)
Amor |
15.09.19
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Sinopsis

Ana y Jim, muy serios y silenciosos, están sentados en el exterior de la cabaña. Ya es noche cerrada. Llega Roser.

 

J

hola Ross.

 

R

¿Qué habéis hecho en mi ausencia?

 

A

hemos hablado de los viejos tiempos, ¿No Jim?

 

R

pues debía de haber mucho de que hablar porque han pasado muchas horas.

 

A

y aun han quedado cosas por decir.

 

J

siempre quedan cosas por decir.

 

R

bueno, pues ya me las contareis algún día. ¿O son secretos inconfesables?

 

A

Ross, todos los secretos lo son.

 

R

oíd, os propongo una cosa: Hace una noche estupenda, y luna llena. ¿Porqué no nos vamos al mar?

 

A

me parece una buena idea, pero desnudos no?

 

R

por mí de acuerdo.

 

A

ok, vamos.

 

Los tres  se dirigen a la playa cercana. Mientras Jim enciende una hoguera, las dos chicas se meten en el mar. Jugando jugando, entre aguadillas y roces se calientan como perras en celo. A pesar de la luna,  la oscuridad las protege, aunque ambas empiezan a pasar de Jim. Los besos apasionados, los dedos en sus rendijas, los mordiscos en los pechos se suceden. Ana, más cerebral dice basta. Sale primero Roser, después Ana. Se tumban en la arena junto al fuego.

 

R

qué buena idea has tenido Ana, qué noche tan fantástica y el agua tibia, mmmm.... No os parece que este ambiente invita a la sinceridad?

 

J

¿A qué te refieres?

 

R

a que podemos jugar al juego de la verdad.

 

J

y en qué consiste?

 

R

a responder a las preguntas que nos hagamos los tres sobre nosotros, y decirlo sin tapujos ni autocensura.

 

J

no se donde llevará esto, pero vale.

 

A

Por mí de acuerdo. Empieza Ross, ya que has tenido la idea.

 

R

ok... Ana ¿Has sido infiel a Francesca?

 

A

sí, lo sabes muy bien.

 

J

ah, sí ¿Y porqué lo sabes Ross?

 

R

Jim, porque Ana y yo lo hicimos ayer en las rocas. Querías saber si jugaba limpio no

 

A

sí.

 

Roser experimenta un gran alivio al soltar lastre. No sabe muy bien porqué se ha lanzado a ese brutal arranque de sinceridad, pero sin duda se alegra de haberlo hecho. Ve a Jim tan sorprendido que no puede esbozar una sonrisa.

 

J

¿y lo dices así, sin más?

 

R

sí Jim. Hay que decir la verdad y eso fue lo que ocurrió.

 

J

ya veo. Y esas marcas?

 

Jim no había visto hasta ese momento que su mujer tenía el vientre cruzado por cardenales. Una clara señal de que no se fijaba mucho en ella, pensó Roser. Y no le faltaba razón, aunque en defensa de Jim hay que decir que dormir con pijama y ausencia de sexo no invitan precisamente a la contemplación de su figura. Ana atajó la pregunta.

 

A

luego te lo explico. Ahora te pregunto yo. Roser, ¿dime porqué crees que no puedes darle a Jim lo que yo le daba?

 

R

porque es así. El cerebro es vuestro órgano sexual. Yo soy muy simple. No soy capaz de estar a tu altura, pero Jim sí. Por eso le sugerí a Ana acostarnos juntos. Yo tenía mucha curiosidad por veros a los dos.

 

J

para aprender? No me digas.

 

A

y yo lo impedí.

 

Aquí procede una mirada atrás. El lector puede perderse sin una somera reseña de como se conocieron nuestros personajes. Ana y Jim llevaban saliendo casi dos años. Eran jóvenes, guapos y perversos. Inteligentes y creativos en el sexo. Roser era una estudiante veinteañera del mismo curso que Ana, una muchacha tímida y risueña. Por casualidad coincidieron y la simpatía entre ambas fue mutua. Su relación fue en aumento. Del plano académico pronto pasó al personal. Su presencia entre Jim y Ana fue en aumento. Él no era especialmente celoso, pero eso le fue incomodando cada vez más, hasta que lo inevitable ocurrió. Una tarde Ana, en presencia de una cabizbaja Roser, se lo confesó a Jim: además de estudiar follaban. No le pillaba por sorpresa pero pidió explicaciones. Ana se las dio: quería estar con ambos. Y así fue que Jim tuvo que aceptar la situación. En el plano personal formaron un trío inseparable, excepto en la cama, donde compartirían a Ana, pero por separado

 

R

Porqué lo hiciste?

 

A

porque te quería para mi sola.

 

R

pero te acostabas también con Jim.

 

A

sí, y facilitar a que él lo hiciera contigo me daba pavor. Sabía que estabais predestinados el uno para el otro.

 

J

y sin embargo crees que de haber accedido, ahora Roser y yo no estaríamos juntos.

 

R

¿De veras crees eso Ana?

 

A

yo sí ¿Y tú?

 

R

no lo sé. Nunca se sabe.

 

A

Roser, amor significa posesión, pero también admiración, magia, curiosidad. ¿Estabas enamorada de Jim de cuando me sugeriste la idea de encamarnos los tres?

 

R

creo que empezaba a sentir algo por él... Sí.

 

A

en cambio nunca estuviste enamorada de mi. A nosotras solo nos unía el sexo. Ahora dime la verdad, ¿Qué habrías pensado de él si hubieras sabido entonces que también me propuso sexo con las dos?

 

R

me hubiera llevado una gran alegría.

 

A

¿Porque?

 

R

lo sabes muy bien Ana. Jim pensaba con razón que mi presencia os había separado como pareja. Como tu bien recuerdas, él me trataba con una cierta indiferencia, cuando no con desdén. En una situación tan extraña donde ambos te compartíamos sexualmente, el que él te pidiera que yo participara significaba que me deseaba. Sentirme así era algo que ni por asomo podía esperar.

 

J

Y porqué crees entonces que no estaríamos juntos ahora? - dijo Jim

 

R

he dicho que no lo sé Jim. ¿Como hubieras reaccionado al compararnos? No puedo ser como ella. Somos muy distintas. Sexualmente soy muy sosa, y tú eres demasiado imaginativo para mí, pero no para Ana ¿Me equivoco? Yo no puedo satisfacerte y ella si.

 

J

¿y no has pensado que hay cosas que tú me das y ella jamás podría darme?

 

A

veo que soy tema de conversación entre vosotros.

 

R

no Ana te equivocas. Más bien eres un tema tabú.

 

A

¿por eso te sentó mal que Jim no te contara que veníamos aquí a follar? ¿Tanto como para engañarlo conmigo?

 

R

Jim nunca me cuenta nada de su relación contigo.

 

J

nosotros nunca contamos nada de lo que hicimos antes de estar juntos. No te gusta hacerlo, aun sabiendo que me excita que lo hagamos. ¿Porqué ahora esas excusas? ¿cuando me has contado algo de tu vida sexual, cuando? 

 

R

Esto es distinto Jim. Me siento en inferioridad respecto a ella y eso me hace ser muy vulnerable. No es excusa, lo sé, pero es la única que tengo.

 

A

Roser, no estás diciendo toda la verdad.

 

R

no sé a qué te refieres Ana

 

A

si lo sabes. Lo malo es que creo que Jim no lo sabe.

 

Roser cambia de cara. Está demudada. Su silencio la delata. ¿Qué secreto ha ocultado a su marido y que Ana parece conocer?

 

Continuará...

 

Enlace para el cómic.-

https://gabrielledeld.files.wordpress.com/2019/08/reencuentro-cap-vii.pdf

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