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2 min
Reflexiones de un asesino.
Terror |
13.12.17
  • 4
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  • 1936
Sinopsis

Otro micro relato más, espero que os guste.

Cuando escuché los gritos de ¡asesino!, ¡asesino! No podía creérmelo…

¡Hasta donde podía llegar la hipocresía de la gente!. Toda esa gente que me increpaba, era la que decía que un tipo así no merecía vivir. Les tengo escuchado miles de veces, pedir a Dios su muerte. ¡Como si Dios no tuviese cosas más importantes! Decían que el maltratador era el diablo en persona. En verdad, tampoco esperaba vítores ante la vileza de mis actos. Pero tampoco tal hipocresía e incomprensión, no podía imaginármela. Todos esos que me llamaban asesino, y pedían mi cabeza en una bandeja de plata, como si yo fuese Juan bautista, habían visto las marcas de los golpes sufridos, el hedor que despendía la pus, de los cortes que me produjo cuando defendí a mis hermanos de sus abusos, los insultos, las vejaciones y humillaciones verbales, que su boca desbarraba sin compasión. Todos ellos deseaban su muerte, o eso decían…

Pero a la hora de la verdad, para ellos solo soy un asesino. ¡Qué hipócritas! Creo que en realidad lo que les gusta, sin importarles quien produzca el sufrimiento, es el olor de la sangre caliente recién derramada,  y ver como el líquido elemento, tiñe el suelo o la piel de una persona.

Mientras camino hacía el coche patrulla me asaltan las dudas…

Después de estrangularlo con mis propias manos, ¿debí quemar su cuerpo y esparcir las cenizas a los cuatro vientos?, o hice bien, en cortarlo en pedacitos y dárselo de comer a sus propios perros. Él siempre decía que eran sus mejores amigos. Antes de entregarme a la “justicia” coloqué su cabeza cercenada encima de mis piernas, para que a sí,  los dos, pudiésemos ver como sus mascotas se deleitaban con su carne. Ahora me toca sufrir la justicia humana y quizás después la divina. Quien sabe…

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