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7 min
"Relativity"; MC Escher.
Amor |
31.10.13
  • 4
  • 17
  • 4921
Sinopsis

Un homenaje de los butroneros neoyorquinos a su artista y su cuadro más celebrados.

“Ladies and gentlemen, and now the Dexter Gordon’s boisterous piece ‘Hanky Panky’ played by ‘The Contingent Jazz Band’!” (“¡Damas y caballeros, y a continuación la bulliciosa pieza de Dexter-Gordon ‘Hanky Panky’, interpretada por ‘The Contingent Jazz Band’!”), se desgañitaba el animador saltando sobre la plataforma emplazada ante la puerta de acceso al Madison Square Park, frente a la confluencia de Broadway con la Quinta Avenida y la Calle 23. En la mañana soleada y gélida del jueves veintiocho de noviembre de dos mil trece los carritos de perritos calientes encienden el aire de aromas tentadores entre una riada de gente festiva que fluye desde norte de Manhattan inundando de ociosos paseantes las célebres avenidas hoy cerradas al tráfico, después de concluir el multitudinario desfile del Día de Acción de Gracias organizado por Almacenes Macy’s. Los potentes altavoces del escenario logran desplazar los sones del saxo hasta el interior de la parda alcantarilla donde, ajeno a la humanidad, el butronero Dédalo lanzaba la maza al ritmo de han-ky-pan-ky y remataba un butrón en el suelo del sótano del Flatiron Building, en cuya fachada a Broadway destella el escaparate de la joyería “Infinity Diamond”.

Mientras limpiaba de escombros el butrón, Dédalo recordaba el día en que Jonás apareció en el poblado después de salir caminando desde lo profundo de la cloaca Súper Sewer, una gigantesca alcantarilla colectora de paredes mohosas que afloraba frente a la bahía de Long Island, oculta entre el fragoroso robledal de la isla del Cazador, en Bronx; el poblado se estrechaba alrededor de la boca abovedada, detrás de la playa pedregosa y junto a los árboles que lindaban con el océano; algunas de sus casas, construcciones sin terminar o desvencijadas caravanas sin dueño, daban al lugar un irremediable aire casual y se ocupaban y vaciaban por gente de paso; el gigantón moreno de figura espantable vagó por las calles y el bosque aledaño y luego descansó junto al rescoldo de una hoguera mal apagada; algunos vecinos le ofrecieron alimentos que él aceptó agradecido, con lo que su rostro fiero se atemperó; a los pocos días doña Mariángeles se lo llevó a su roulotte y se amancebaron. Del interior de la Súper Sewer, donde cabía un buen barco, fluía un tufillo viciado que impregnaba todo el poblado, corría un riachuelo de agua mansa y arribaban decenas de tuberías arracimadas que se sumergían en las frías y turbias aguas del Atlántico.

Doña Mariángeles, una cubana de Matanzas de armas tomar, mujer agotadora de edad indecible, era santera y adivinaba el pasado y el futuro leyendo los caracoles, decía oraciones a los angelitos, pintaba figuras de vudú, desinflaba vientres, fabricaba un licor muy bueno para pinchar a frígidas y lánguidos que también servía de crece pelo, extraía agua de aroma de enamorados y destilaba un aceite de ceiba rejuvenecedor, y aunque hacía tiempo que no se lo pedían también cosía virgos. Doña Mariángeles recibía a la clientela detrás de una mesita a la puerta de su roulotte, cubierta con unas cortinas azules que preservaban la confidencialidad. Se había juntado con Jonás, un negrazo de músculos interminables con brillo de obsidiana, y no hacía ascos a mujeres, infantes, ancianos, blancos, mulatos o amarillos porque su vitalidad era insaciable.

Doña Mariángeles arregló a Jonás con Dédalo y por un tiempo abrieron juntos algunos butrones; ella administraba la ganancia y atendía los gastos y antes de cada incursión al submundo le entregaba a Jonás un papelito con una oración para el ángel Eleguá y se la recitaba con mucho dramatismo: “Dueño de las cuatro esquinas y portero del camino que abre y cierra las puertas, padre mío Eleguá, llévate lo malo para poder caminar liberado, y que no haya pérdida ni revolución ni muerte, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo”; ella siempre procuraba la felicidad de todos y sin verlo el negro se beneficiaba a Dédalo, al que le encandilaba el miembro y cometía proezas jamás soñadas, saliendo ufano y reafirmado. 

Jonás jugaba a los dados y la santera le regaló uno mágico con una cara más pesada; Dédalo y los otros de la partida le dejaron jugar con él mientras le desplumaban, y cuando quedó limpio Jonás lo ofreció como prenda, pero los otros estaban muy alterados, le acusaron de tramposo, le apalearon hasta la inconsciencia y le arrojaron al estuario donde pudo morir; Jonás no salió más con Dédalo, que intentó justificarse ante doña Mariángeles, “tenía un dado trucado”, “se lo di yo para favorecerte a ti”, “¿a mí, señora?”, “ven aquí mi guapetón que te voy a enseñar cositas que no sabes.”

Irritado con todo el mundo y sin recoger el papel con la oración de Eleguá, Jonás se fue solitario para abrir un butrón en el Flatiron Building, un bonito rascacielos de Manhattan con forma de flecha, y ya no volvió al poblado ni nadie supo de él; el tiempo pasó, Dédalo se instaló en la roulotte de la santera, hasta que un día presa de los nervios prorrumpió en sollozos exclamando que Jonás se le aparecía caminando bocabajo por el techo de la roulotte con el petate a la espalda. Herida de remordimientos por su suerte rogó a Dédalo que fuera a buscarle al Flatirón donde había quedado atrapado porque Eleguá no le abrió la salida. Dédalo imaginaba que Jonás habría terminado en el océano comido por los peces, pero la santera estaba insoportable y esa torre lucía una bonita joyería.

Dédalo asomó la cabeza al otro lado del butrón y se vio en mitad de un aseo de caballeros espacioso y rectangular con la alta techumbre y las cuatro paredes completamente revestidas de espejos; lavabos y urinarios de líneas elegantes se alineaban respectivamente en cada pared larga, y en las dos cortas se abría una entrada vana de la que arrancaba una escalera que subía y bajaba y doblaba según el reflejo que en cada instante cautivara al ojo, porque las escaleras proliferaban por los tabiques espejados, ascendentes, descendentes y reptantes, contrahechas, rotas y grotescamente empalmadas, retorcidas en los rincones; los grandes espejos confrontados multiplicaban entre sí y al infinito su propia lámina y lo que en ellos cayera; las bruñidas cerámicas se mecían flotantes en un laberinto de planos intersecados y se anclaban en lugares inconcebibles; el cuadro, iluminado con la pálida luz lunar de tubos fluorescentes, mostraba un espacio recargado por el juego especular que lo ampliaba y lo constreñía al tiempo; sin embargo, el caos traslucía una rara armonía que cantaba “nadaesloqueparece”.

Dédalo se asustó al descubrir a un hombre cosido a un urinario; pronto comprendió que era Jonás.

-¿Pero qué coño…?

-Jonás, soy yo, Dédalo; joder, me has asustado… -le contemplaba atónito, con las manos olvidadas en la entrepierna. -Doña Mariángeles me manda traerte de vuelta -le miró fosco, se abrochó la bragueta, se echó el petate a la espalda. -A doña Mariángeles y a ti…-se desvió al vano más próximo y encadenó escalones; Dédalo le veía ascender por una escalera, alejarse reptando por otra, desaparecer de súbito, asomar la cabeza en aquella y aproximar los pasos en esotra- …que os folle un pez.  

 

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  • Un críptico retrato del submundo de una gran metrópoli, la jungla de cristal con pies de barro y una ciudad subterránea que bulle de misteriosa vitalidad. Unos personajes bien construidos, a destacar la mulata ninfómana, y unos seres que viven al límite y en el límite de la realidad atrapadas en la ilusión de los espejos. Hay algunos pequeños fallos. Revísalo. Saludos.
    Bien, amigo J. Manuel, para tu tranquilidad y la mía, ¡hemos logrado salvar del sacrificio a la galguita DIVINA! Ha sido acogida por GALGOS DEL SOL, un centro de protección, y allí permanecerá hasta que pueda ser adoptada. Las donaciones (¡mil gracias por la tuya, buen amigo!) han sido importantes para conseguirlo. Continuaremos luchando por los galgos y todas las especies maltratadas en este mundo de "perros humanos" que se dedican a la barbarie más feroz contra estos maravillosos animales (todos sabemos que el hombre es el único capaz de romper el equilibrio de la naturaleza, destruyendo su flora, y diezmando no ya únicamente a las fabulosas criaturas que pueblan este planeta, sino, como ha sido siempre y siempre continuará siendo, empleando su barbarie desnaturalizada contra sus semejantes). En fin, no vale la pena insistir sobre ello, pero sí hacerlo en lo que se refiere a la búsqueda constante de la bondad no menos inherente también en los millones de seres humanos que lo poblamos. De no ser así, ¡esta Tierra sería un caos de horrores! (y ya hay demasiados, pese a todo). Gracias por haberte solidarizado y por visitar también ese "ciruelo" (en mi caso, era tan sólo un simple almendro) donde reposan los recuerdos de aquellos seres maravillosos que una vez acompañaron nuestra infancia y parte de nuestra juventud... De tu texto, poco puedo decirte que no te hayan dicho ya: tu narrativa sigue siendo excepcional y con un toque, esta vez, mágico caribeño muy especial en el retrato de sus personajes. De todas formas, jeje, he de reconocer que yo no entiendo mucho de "butrones" y que el único que se me viene a la cabeza (suponiendo que vaya por ahí el hilo) es el pedazo de butrón que organizan en la inenarrable "Rififí", film grandioso de Jules Dassin, cine negro puro, y que habré degustado como 50 veces, sin cansarme nunca. UN GRAN ABRAZO y hasta... bueno... no sé cuando. Mi asiduidad en TR ha llegado a su fin, aunque no por ello dejaré de echar un vistazo de tarde en tarde.
    Relato a la altura de un rascacielos. Poseedor de la estructura y la complejidad de una gran obra. Complejo, sin embargo todo está donde debe estar y en su justa medida. Personajes sólidos tremendamente reales. La descripción del edificio donde está atrapado irremediablemente Jonás, es un punto culminante. Un abrazo
    Has conseguido meterme de lleno en el relato
    Nunca se me hubiese ocurrido mezclar los butrones con la santería. Como Tangil no acabo de ver la relación del cuadro con el relato, es más no conocía el cuadro, pero he disfrutado del relato como un niño saboreando su caramelo favorito.
    Seguro que es mi supina ignorancia la que me impide captar cual es la relación entre Relativiy y los butroneros - quizá sólo existe en el magín del autor, mejor entonces-. En cualquier caso, allá va este singular narrador haciendo galopar su prosa; galope que, en su desboque, se salta algremente algún que otro punto y más de una coma, sin lograr con ello incomodar a este lector- por el contrario, haciéndolo gozar- Y qué personaje, Mariangeles, tan soberbio y jugoso. Y qué otros dos: Dédalo y Jonás, que relaciones tan esquinadas mantienen los tres, tan esquinadas como en un cuadro de Escher. Jazz en New York, Cuba y Mariangeles, butroneros y Escher... ¿Quién sino Boy gobernaría esta nave?
    Logras un buen ambiente, casi mágico y el perfíl de los personajes, sobre todo el de Jonas, son magníficos. El final me hizo reír...Soberbia respuesta.
  • Son animales de otro mundo.

    Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS (Bestiario, 1951); Julio Cortázar.

    Es cierto, no me hago caso, pero el relato me salió solo, yo ahora me desconecto hasta la próxima semana y no sabía qué hacer con él (en fin, excusatio non petita...). Después del primero (stavros) y el segundo (zenon), aquí os ofrezco el tercer capítulo de la serie. Un saludo cordial.

    ¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea!/ Desplumada, con su ala que sangra y que negrea/ en los cristales, de oro y aromas abrasados,/ en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados,/ cayó, sobre la lámpara angélica, la aurora./ Cuando de la reliquia se ha hecho portadora/ para el padre que adversas sonrisas ha ensayado,/ la soledad azul y estéril ha temblado./ ¡Ay, acoge la cuna, con tu hija y la inocencia/ de vuestros pies helados, una horrible nacencia!/ ¿Con tu voz clavicordios y viola imitarás,/ y con marchita mano el seno apretarás/ donde la mujer se ha hecho sibilina blancura/ para labios que de aire azul quieren hartura?/ DON DEL POEMA; Stéphane Mallarmé.

    “Código de error” es una expresión del ámbito de la informática. Aparece en los lenguajes de programación más populares cuando surge un fallo de hardware, software, o una entrada de datos incorrecta del usuario, que pueden dar lugar al colapso del sistema. Habitualmente se manifiesta sobre una pantalla de color azul o negro, en la que tras un texto de cifras y letras se descubre la expresión “CÓDIGO DE ERROR” (o “STOP”), seguido de letras mayúsculas, guiones y números, que son las que se corresponden con el concreto mensaje de error en una aplicación específica; aunque no suelen identificar exactamente el fallo en cada supuesto, sí orientan sobre la parte de la estructura donde debe buscarse para dar con él. Lógicamente, el concepto de código de error es extensible a cualquier sistema de lenguaje que pretenda proporcionar satisfacción al usuario, y que contenga, al menos, un codificador, un emisor, y un receptor. En cada sistema de lenguaje el código de error se expresará, cuando aparezca, no con series de números y letras, sino con los elementos propios de su naturaleza y conforme a sus previsiones. El texto del Requerimiento, que era leído a los indios por las tropas españolas poco antes del inicio de cada enfrentamiento, ha sido transcrito en cursiva en el presente relato, y está tomado de las notas complementarias (concretamente la número 31-111) redactadas por José Miguel Martínez Torrejón a la obra de Fray Bartolomé de las Casas, “Brevísima relación de la destruición de las Indias”, publicada en la edición del año dos mil trece de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española de la Lengua, junto con la Editorial Galaxia-Gutenberg, SL, y Círculo de Lectores, SA.

    El título es elocuente, así que aprovecho para felicitar el año próximo a ellas y ellos, deseándoos muchos relatos afortunados (y yo que los lea). Saludos.

    Un homenaje de los butroneros neoyorquinos a su artista y su cuadro más celebrados.

    El amor todo lo puede, a su manera.

    Excusas gloriosas para ocultar pecados horribles; y a veces no nos gusta cómo salimos retratados.

    porque humanos hermanos, y aunque Caín le mató, Abel le acompaña en el infierno y abrazados lamentan su suerte; trata de cómo, en un momento de flaqueza hija de la frustración, los hombres trastornan su vida y fugaces asomos de sensatez no bastan para revertir la tragedia que se abalanza sobre ellos; y enseña también que quien comete una injusticia contra otro aflige a su hermano y deja ver la podredumbre de su alma insolidaria, aviesa y fratricida; pero no vacilen y adéntrense, apresten todos sus cinco sentidos y disfruten de esta obrita que les ofrezco para su complacencia, y acomódense porque la función va a comenzar…¡ya!

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