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11 min
Relatos de muertos con vida (2)
Terror |
26.02.16
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Sinopsis

La primera parte, aqui en mi apartado: http://www.tusrelatos.com/relatos/relatos-de-muertos-con-vida Aunque todo es igual de malo... si lo escribo yo...no esperéis nada mejor.

El resguardo que daba el grosor de la puerta, apenas era válido para contener los lamentos de aquellos muertos con vida. Las paredes crujían, atestadas de manos deformes y huesudas, que, desde el exterior, intentaban deshacerlas.

                La familia se acogía junto al fulgor de los rescoldos de la hoguera. Una amalgama de llantos, respiraciones agitadas y palabras de consuelo.

Ethan se levantó apresurado. Corrió hacia una de las ventanas, deslizó la cortina y escudriñó el exterior. Algunos de aquellos seres se encontraban con el rostro adherido al vidrio. Otros, olieron su olor, o simplemente se percataron de la poca luz que se derramó, y como si estuviesen furiosos, se lanzaron contra la cristalera. La fuerza que ejercían hizo desquebrajar el cristal, dibujando una pequeña línea negra que cruzó parte de la anchura. Aguantó la posición unos instantes más, le hubiese gustado salir huyendo de allí, pero sus pies no le siguieron. Observó entre hueco y hueco de cabezas peladas, buscó el cadáver de su padre, que por la poca visibilidad que pudo obtener, o por otro motivo, no lo vio.

                Cerró los portillos aplicando los refuerzos de madera que tenían. Se dirigió nuevamente con su familia, que permanecían divagando entre lamentos.

La sombra que vertió sobre ellos les llamó la atención. Las lágrimas corrían por su rostro, lágrimas de miedo y de perdida. La pérdida que ocasiona el miedo, y un miedo de más y más perdida.

                Ethan tenía que crecer. Alguien tenía que ser el hombre de la casa, y mirando a su alrededor, él era el único candidato. Nunca se había sentido como un niño cualquiera. Siempre se percibía como una persona mayor atrapada en un cuerpo de niño. Aquel era el momento de demostrarlo.

Intentó contener las lágrimas y evitó, con una tentativa de carraspeo, dejar apartado el temor que viajaba por su cuerpo.

  • Será mejor que busquemos la manera de salir de aquí. – Peregrinó con la mirada por toda la sala, sujetándola ante ellas, y que, tras un instante, recayó nuevamente sobre la ventana. – No podemos permanecer mucho más tiempo. No tiene pinta de aguantar mucho.
  • Pero, tu padre podría estar ahí afuera. Deberíamos esperar por si viene. – Nuria alzó la mirada por encima de la cabeza de la pequeña. –
  • No voy a esperar a que entre ese monstruo que tengo por padre, y menos convertido en mas monstruo aún. – Reflejó su enfado ante aquel comentario. –
  • ¡Ante todo es tu padre! – Gritó. – No deberías hablar así de él.
  • Ese no es mi padre. No quiero como padre a un maltratador. No quiero a mi lado una persona que manipula. – Algunas lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas. - ¿Cómo pudiste aguantar tanto tiempo? No he descansado desde el día que comprendí lo que era. Siempre temiendo por ti y por nosotros. – Hubo un silencio que solo se veía interrumpido por los muertos con vida desde el exterior. – Sabes las veces que he querido que muera. – Las lágrimas ya no tenían cabida en su interior y se derramaron. – No quiero que vuelva. Quiero marcharme de aquí.

Nuria no pudo aguantar la sensatez de Ethan, y como dos gotas de agua, se lanzaron entre lágrimas. Todos se fundieron en un abrazo que parecía protegerlos de todo.

                Pero los golpes le recordaron la situación en la que estaban.

Ethan se incorporó rápido. Se dirigió a la mirilla de la puerta y miró por ella. Los muertos con vida parecían auténticos personajes de ciencia ficción visto a ojo de pez. Sus cuerpos ovalados, las deformaciones prolongadas. Intentaban rasgar la puerta, sabían que en su interior se escondían ellos, y parecían no querer dejarlos escapar. El material de la puerta crujía con cada golpe.

Uno de los cristales de la ventana, que se encontraba cerca del recibidor, restalló. Un estruendo dio a entender cristales rotos. La contraventana protegió la caída del vidrio y la entrada de los muertos con vida. Pero, quizás, no por mucho tiempo. La puertaventana se agitaba con furia, algunas pequeñas astillas comenzaron a rasgarse.

                Ethan corrió en dirección contraria, concretamente hacia la cocina. Con todo el sigilo de un ninja, deslizó el pestillo de la ventana y abrió el postigo con sumo cuidado. La bisagra hizo la réplica del chillido de una rata y dejó ver el exterior.

Al asomarse, la noche lo asustó. La luna reinaba desde su cúspide, parecía reírse de él y de su mala suerte. Aunque para Ethan, las cosas empezaban a ir bien. La muerte de su padre, suponiendo que hubiera muerto, era lo mejor que le había ocurrido.

                Su idea consistía en huir de aquella casa, que había sido su hogar toda su corta vida. Para ello tenía que comprobar la viabilidad de la escapatoria. El poco viento movió algunas hojas sueltas. Todo parecía estar despejado. Un pequeño camino partía desde allí hasta la casa vecina. No es que su plan fuera salir de una casa para meterse en otra. En la finca vecina, transitaba un pequeño camino asfaltado con grava. Su propósito era, una vez allí, tener otra idea mejor.

Afianzó la escapatoria. Nada extraño, salvo algunas ramas que se movían, unos grillos con su recitar y un muerto con vida alimentándose de un cadáver. Uno de aquellos seres, precisamente el que había terminado con la vida de la mujer que era invitada, se encontraba concentrado en el festín. Hasta que el grito de Nuria le hizo prestarle toda la atención del mundo.

                Nuria había ido en busca de Ethan. Con ella iba la pequeña cogida de la mano, tenía los ojos enrojecidos y unas velas que les colgaban de los orificios nasales.

Ethan se llevó el índice a los labios en un gesto de silencio. Nuria intentó distraer a la pequeña para que no viera el cadáver.

  • No nos podemos arriesgar a ser atacados. – Ethan no se reconocía. Su voz expresaba seriedad no muy acorde con su edad. – Quizás si me acercase…
  • Ni hablar. – Su madre fue tajante. Apenas le dio opción a terminar la frase. – No pienso dejarte ir solo.

Un estruendo se oyó detrás. La puerta de la cocina estalló en dos mitades. Una melé de muertos con vida se atestó contra la puerta. Unos diez se quedaron atrapados contra los alfeizares. Otros intentaban entrar a toda costa. Se empujaban los unos a los otros, hasta que, como si fuesen expulsados por la onda expansiva de una bomba, se esturreaban en el suelo.

Nuevamente aquel olor a podredumbre. Algunos de los seres se encaminaban, deslizándose laboriosamente por el suelo de la cocina, hacia ellos. Sin dejar de emitir en ningún momento aquellos horripilantes lamentos.

                La familia seguía junta. Algo que no era precisamente bueno en ese momento. Y eso lo dedujo Ethan al ver aquellos seres cada vez más cerca.

                La trama volvió a dar un giro inesperado, cuando, repentinamente se abalanzó uno de esos engendros sobre el cuello de Nuria. Ambos describieron abruptos movimientos en el espacio. Ella con fines de liberarse de un estrujón mortal, mientras, el muerto con vida buscaba aferrarse más a ella.

El demoniaco difunto con vida, que instantes antes devoraba el cadáver de aquella pobre chica, había escuchado el fragor que se había montado en la cocina. Y como un gordo ante la llamada del camión de los helados, el indeseado fue a formar parte de la fiesta, entrando por la puerta trasera que había en la cocina.

                Unos podridos dientes se clavaron en el antebrazo de Nuria, que, sin dejar un instante de luchar, vio huir despavorida a la pequeña. Entre todo el jaleo, que no era otra cosa que el sonido del infierno, Katy, asustada; corrió en un intento de desaparecer de una pesadilla. Aquello hizo ocultar sus ojos en una cortina de agua.

                Ethan buscó, hecho un manojo de nervios, algún instrumento para aporrear aquellos seres que comenzaban a aglomerarse sobre el cuerpo de su madre.

Los gritos de agonía se elevaron por encima de los gruñidos. Un último esfuerzo, reflejado en una especie de aullido, se ahogó en un mar de sangre.

                Un aquelarre de sangre que hipnotizo a Ethan. Cayó de rodillas y acompañó a su madre en su último grito de pavor. Al menos, la mitad de los muertos con vida lo miraron, como si sintieran el sufrimiento que habían provocado; y con una especie de titubear, que no era otra cosa que un estúpido intento de incorporarse, se dirigieron hacia él.

A su izquierda encontró el estoque con el que su madre atizaba la hoguera. Con lágrimas en los ojos, y algunas más en las manos, se aferró al hierro. Uno de los muertos, que iba aventajado en aquel contrarreloj, recibió el primer golpe en el cuello. Como si se hubiese convertido en un producto de los chinos, el cuello se desgarró. Un grupo de lo que parecía ser músculos, huesos y tendones ofreció su cara más repugnante. La cabeza se inclinó en un ángulo de casi noventa grados, un punto de vista distinto.

Por culpa de la nueva posición de cabeza, el muerto con vida vio desviada su trayectoria, comenzando a dar vueltas en un círculo vicioso.

                La entrada de más cosas de aquellas puso en alerta de Ethan, que, sin dudarlo un instante, cruzó la distancia que lo separaban de la puerta trasera. Desvaneciéndose de aquel lugar.

                Fuera, la noche seguía su curso. Como si nada de lo que estaba ocurriendo fuese con ella. El viento soplaba con fragmentos de olor a podredumbre.

Una soga sirvió para atar la manivela a un pequeño cercado que delimitaba especies de cocina. En un principio solo iba a dejar la puerta cerrada. Todos sabemos lo torpes que son los Zombies, pero por si acaso había alguno que destacara por encima del resto y sabia usar manillas, prefirió impedir su apertura.

                En aquel instante, que parecía dadle un tiempo de tregua, recordó a Katy. Agudizó la vista. Se alejó unos pasos de la casa e intentó escudriñar el paisaje. Hubo una tentativa de llamarla a voces, pero enseguida se desvaneció, cuando un grupo de lamentos y golpes se hicieron presentes en el interior de la casa. <Gritar llamaría demasiado la atención> se dijo a si mismo Ethan.

                Un ruido se descubrió detrás de la pequeña caseta donde guardaban los utensilios del mantenimiento de la cosecha. Ethan, quizás sin demostrar su temor, no le quedó más remedio que ir. Podría ser Katy escondida. Sus pasos lo delataron al pisar un contrachapado que ocultaba la llave de paso del regadío. Se detuvo ante el sonido. Y de improviso se lanzó en busca de la procedencia. Corrió veloz, y arremetiendo por el lado opuesto, intentó avasallar al encubierto personaje.

Pero su sorpresa fue la nada. Jadeante por la emoción, por el desconcierto y todo ese conjunto de sensaciones; reposó contra el material de la caseta. Perdió la vista en el mar que era el cielo. Las cosas volvieron a suceder en su cabeza, en un doloroso recuerdo de lo que había ocurrido minutos atrás. Los ojos se le nublaron de pena. Le hubiese gustado que todo hubiera sido de otra manera. No haber nacido, eso estaría bien, se hubiese evitado muchas de esas vivencias. En sí, todas. En su interior se removió la duda, su mente le pedía volver a la casa, salvar el cuerpo de su madre. ¿Pero para qué? ¿Para asegurarse una muerte ingrata? ¿Para enloquecerse más el corazón?

                Una mano se estrelló contra su pecho, pegándolo con fuerza a la pared. Otra se fue con energía a la boca y le calló cualquier clamor. Las piernas cedieron por fin a la noche. Se derrumbó y cerró los ojos, sin poder expulsar una lagrima más, sin saber cuándo seria el principio o si aquello era el fin. 

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