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166 min
Resurrección
Ciencia Ficción |
23.09.16
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Sinopsis

Dt 32: 35

Quiero agradecer con todo mi corazón a aquellas personas que creyeron que lo que hacía era una pérdida de tiempo. Agradezco a esas personas que pensaron que este sueño nunca se haría realidad. A ellos les digo gracias, porque debido a ustedes hoy he logrado lo que tanto había soñado.                                                                                                                                         

 

 

 

“Los sentimientos ganan terreno, mucho cuando te aferras a algo que es intenso, a algo que te gusta, te aferras fuerte y no te dejas soltar, porque te gusta pero te hiere, de alguna manera te lastima, y es prohibido, lo es por lo que soy. Esto es una miseria, es una maldición, ¿pero qué demonios pude haber hecho?”

 

                                                                                         Súcubo

 

 

 

“PueS, dado que la Muerte es mediante un hombre, la resurrección de los muertos también es mediante un hombre”

                                              I Co 15:21

 

 

Se abría paso a un enorme mar, había una tormenta, el viento furioso movía las olas de un lado a otro,  hacía frio; el Oriente nunca había sido así. La lluvia que fuertemente caía no mojaba su sotana, sólo sus plumas. Caminó por el agua y en seco se detuvo. Extendió las alas, sus alas negras fuertes y hermosas. Miró el cielo negro; recordó a sus ángeles, uno por uno, a todos, se sentía elogiado, ellos se hincaban ante él, le trataban bien, era el mayor de todos, todos le temían; recordó sonriendo de medio lado a Yeialel. Su hermosa sotana  plateada, sus ojillos brillosos, su rostro pálido y avergonzado.

 — ¿He hecho mal, mi querido Azrael? — Preguntó Yeialel cuando por equivocación no pudo ocultarle el secreto de un arcángel.

—Has hecho bien, Yeialel, no lo volváis a hacer—Onam era un buen arcángel, pero como todo arcángel, su poder precede sobre los ángeles como superior. Onam le contó a Yeialel que un día había descendido del Cielo a la Tierra, tenía curiosidad y además él era un superior, nadie lo cuestionaría por bajar a la Tierra. Había pisado el verde pasto de un sembrío de maíz. Sorprendido levantó la mano y tocó una tuza. El olor era elegante y algo rasposo para su nariz. Miró de lejos una choza que parecía caerse al suelo. Levantó la mirada al sol  de medio día. Frunció su entrecejo poniendo la mano  en su frente. << ¡Mirad, estrella de Dios!>> Sonrió sorprendido, sus ojos empezaron a llorar por el resplandor del sol. Nunca había salido de las puertas del Cielo, pero un superior quería explorar las bellezas de su jefe. Algo travieso empezó a dirigirse hacia un lado. << No debo tener contacto con los Adán>> Las hojas tocaban su rostro ligeramente. << Ando un rato y luego subo, nadie lo sabrá y nadie me verá. >> Miró una tuza en el suelo y se detuvo a levantarla. Cuando la tenía en la mano escuchó una vocecilla pequeña que dijo.

—Todavía no es Halloween—Onam quitó la mirada de la tuza en su mano y vio a un niño frente a él: rubio, pecoso, ojos celestes, un poco serio, frunciendo el ceño, con un balde de agua en la mano. Onam dejó caer la tuza y dio unos pasos atrás. << ¡Dios santo!>> Pensó agrandando los ojos. El niño miró la tuza en el suelo y dejó de fruncir el ceño, el sol era la causa al levantar para ver a ese extraño hombre.

— ¿Te gusta el maíz? ¿No piensas robar, verdad? Papi me dijo que si veía a alguien robar lo llamara—Miró a Onam frunciendo el ceño por el sol y continuó —Tiene una escopeta—Se encogió de hombros y prosiguió —Dijo que si veía a alguien dijera sobre la escopeta. A las personas les da miedo esa arma.

 Onam no salía de su asombro. No podía ni dar otro paso atrás. El niño sonrió con el ceño fruncido. Dijo.

—Tal vez tengas sed. Esta agua es para el maíz, pero si tienes sed puedes beber.

El niño levantó el balde todavía sonriendo. Onam asomó la cabeza y vio el sol reflejado en el líquido del balde.

—Otro sol—Dijo Onam asombrado. El niño frunció el ceño mirando el agua. Miró al extraño hombre y dijo incrédulo.

—Un reflejo. ¿Quieres agua o qué es lo que quieres?

—Yo…sólo vine a visitar la tierra…—El niño agrandó los ojos preguntando.

— ¡¿Eres un extraterrestre?!

— No, no lo soy —El niño miró la tuza de nuevo y se dio la vuelta.

— ¿A dónde vais? ¿Llamarais a vuestro padre? —El niño se dio la vuelta y lo miró a los pies porque ya le dolían sus ojos.

—No. —Empezó a avanzar cuando Onam dijo.

—Matías…Os contaré algo, si no decís nada a vuestro padre o cualquier otro, ¿lo prometéis? —El niño se dio vuelta un poco confundido.

— ¿Cómo sabes mi nombre? —Onam se agachó y extendiendo la mano, lo incitó a acercarse. Matías se acercó.

—Soy un arcángel, Matías. Vengo del Cielo a visitar la tierra. Es un maravilloso hogar en el que vivís. Cuidadlo que es de vosotros. —Matías levantó las cejas. Onam temerosamente acercó sus dedos al rostro de Matías. Algo asustado le tocó la mejilla y quitó de inmediato la mano. Inclinó la cabeza hacia atrás y se levantó. <<No puede ser>> Empezó a temblar. Dijo.

— ¿Pero qué os sucede pequeño Matías? ¿Por qué pensáis en eso? — Onam miró sus pensamientos: llantos, sangre, dolor, lamentos, poder, ruegos, orgías, animales podridos, aguas sucias, un hueco, cadenas…<<Cadenas rompiéndose>> Matías dejó caer el balde con agua. Sonrió.

—Onam, ¿qué habéis venido a hacer donde yo gobierno? — La voz del niño cambió. Onam dio otro paso atrás. <<Esa voz>>

—Lárgate, ángel caído. — El niño empezó a reír. Onam sintió que su alma era halada. Sacó sus alas blancas y las batió alzando vuelo. Una de ellas se fracturó. Onam bajó el vuelo precipitadamente; su ala empezó a sangrar, la sangre caía al suelo y desaparecía. << ¡Perdóname Dios!>> Pensó mirando el sol. Cuando subía al Cielo, las puertas no fueron abiertas. Estuvo varios días vagando la tierra. Demonios lo perseguían, fue tentado teniendo mala suerte, hasta que un día siendo media noche, Onam cayó de rodillas, ya no poseía sus alas. Se iban cayendo a causa de las tentaciones. << ¿Un maravilloso hogar?>> Fueron los últimos pensamientos de Onam. Y cuando sus alas desaparecieron, un hombre de entre las sombras se le acercó y tocándole el hombro le dijo.

—Bienvenido— El traje manchado de Onam arrastraba el suelo. Se levantó y un poco lánguido caminó con Satanás a las sombras.

—Gracias Yeialel—Los rumores viajaron desde el Infierno hasta el Cielo. Un arcángel caído, un superior caído. Alguien que nadie esperaba le sucediera. Entonces todo eso llegó a ser casi prohibido en el Cielo y así ninguno lo decía y algunos ángeles no sabían y los pocos que sabían callaban. En cambio, el Infierno parecía una fiesta: cada rincón alababa el nombre de Onam. Al principio él se sentía solo, abandonado, pero cada vez que avanzaba con el Diablo eso desaparecía.

— ¿Lo holeéis Onam? Esto es lo que se siente odiar a  Dios. — Sonrió.

 

Azrael  le dio unos golpecitos en su capucha a Yeialel y le sonrió. Azrael era un poco orgulloso, Onam era muy buen amigo, un muy  buen arcángel, y se sentía un poco humillado. << ¡¿Onam?! ¡Jamás!>> Pensó. Entonces esa vergüenza que sentía por su amigo lo hizo tomar una decisión, varios días después.

—Oh lindo Onam, ¿qué ha sucedido con vosotros? — Onam lo miraba con ojos de odio. Él no contestó.

—Yo he bajado a la tierra, he ido hasta el Infierno, ¿veis algo diferente en mí?

—Fóllate un cabro, imbécil— Azrael le pegó en la mejilla. Se perturbó.

— ¡No me habléis así Onam! ¡Por el amor de Dios! —Onam gimió.

— ¿Qué mierda queréis? — Preguntó.

—Quiero que os arrepintáis de lo que habéis dicho y hecho.

—Nunca—Azrael negó la cabeza muy triste.

—Me avergonzáis—Azrael sacó su pergamino. Onam miró la pluma y se le lanzó encima. Azrael tiró el pergamino, Onam le mordió la mano: era suave pero dura a la vez. Azrael hizo un gesto de horror, lo apartó y lo lanzó al suelo con el golpe de una de sus manos, al instante que abrió las alas. Azrael se levantó y puso su pie descalzo sobre el pecho de Onam.

— ¡Erais un hermoso arcángel! Teníais a muchos ángeles que velaban por vosotros, erais idolatrado por vuestros amigos, ¿qué os ha sucedido? Yo os quiero, aún os quiero amigo; arrepentiros ahora que podéis. —Onam se rió sintiendo el fuerte pie de Azrael. Con la sonrisa de par en par le dijo.

— ¿Escuchasteis lo que acabáis de decir?: ‘Idolatrar’ ¿No te habéis dado cuenta Azrael? Todos esos ángeles os temen, os sentís el mejor, casi que hasta superaríais a Dios. —Se rió. Azrael se sobresaltó y sacó el otro pergamino, lo abrió mientras Onam gemía y trataba de zafarse.

— ¡¡Todos ahora te alaban, Azrael!! ¡Te vais a convertir en el siguiente Dios y matareis a todos los que te avergüencen, aquí como a mí! —Los ojos de Azrael brillaron, parecía alegría. Disturbio.

— ¿Escuchasteis lo que os dije…Dios? —Azrael escribió el nombre, encerrando en negro y dejando caer el pergamino le dijo.

—Tal vez— Onam agrandó los ojos. El pie de Azrael pisó el suelo bruscamente cuando Onam se hizo ceniza. Azrael se sentía afligido. Su mirada lo decía todo.

 

 

Las alas de Azrael se mojaban mientras tronaba. Había recibido  un mensaje de Zafiel por parte de Dios. Un ‘tal vez’ cambió todo. Una chispa de avaricia. Y entonces escuchó su voz, era delicada y sólo lo escuchaba en sus pensamientos.

<<El ángel de la Muerte, ¿hace cuánto que hacéis esto?>>

<<Desde que tengo memoria, mi Señor>>

<<Hoy siento una decepción por ti, Azrael>> Azrael bajó la mirada. Se sonrojó.

<<No podéis ocultarme ese rojo de vuestras mejillas>>

<<Todo lo veis, mi Dios>>

<<Ahora querido Azrael, os pondré una misión>>

<<Lo que ordenéis, mi Señor>>

<<Seréis reemplazado>> Azrael subió la mirada. Se sonrojó más pero sintiendo un poco de rabia. Sus orejas se pusieron calientes.

<< ¿Reemplazarme?>>Preguntó en tono impaciente.

<<Azrael…No os enojéis>>Azrael enojado aún más pensó:

<<Lo veis todo…mi Dios>>

<<Entonces tengo razón>>Azrael miró el mar, como se mecía con la fuerza del viento.

<<Sí, mi Dios. Es una decisión  un poco…>>

<< ¿Repentina?...Lo es. Vosotros lo creareis>>Azrael sintió un golpe en su alma. ¿Reemplazado y ahora humillado? No lo podía pensar ni un instante. Asintió.

<<Vosotros mismo le pondréis un nombre y vosotros mismo lo educareis para que sea el nuevo ángel de la Muerte>>

<< ¿Y qué pasará conmigo, mi Señor?>>

<<Ya lo sabréis>>El sonido de la lluvia y los truenos aumentaron en su oído. El Señor dejó sus pensamientos. Azrael respiró profundo, miró alrededor, se sentía presionado. Tensó sus  alas y con un puño cerrado gritó lo más fuerte que pudo. Alzó vuelo desapareciendo en la oscura noche.

 

 

y Jehová Dios procedió a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida y el hombre vino a ser alma viviente”

                                                                                                                                    Génesis 2:7

 

 

El calor del desierto de Lut no le hacía sentir dolor en sus pies. Nada le dolía. Llegó a un punto del desierto y miró la arena. Se agachó y tomó un poco en su mano. Cerró los ojos. La lanzó al viento; miró un rato el lugar; recordó a Rosier antes de haber caído. El ángel de la belleza.

 

Era hermosa, angelical como todos los ángeles de Dios. Rosier sólo era un ángel de muchos que paseaban por el Cielo, sonriendo y dando luz al camino de hermosas candelas. Pisando las hojas caídas del árbol de Dios. A ella le gustaba caminar bajo ese enorme árbol. Su olor era agradable y le gustaba mucho porque casi siempre le caían las hojas ya fuesen verdes o secas sobre su rostro. Ella era perfecta hasta un día que supuestamente uno de sus amigos ángeles le pidió un favor: bajar a la Tierra.

Cuando bajó se dio cuenta de que era un engaño.

—Rosier— Dijo una voz que se ocultaba entre los árboles. Rosier se dio la vuelta pero no vio nada.

—Nehuén, ¿eres tú?

—No— Rosier miró alrededor. Estaba en una montaña al lado de piedras grandes y pequeñas, árboles enormes. Escuchaba las aves cantar; el viento susurrar. Empezó a sentir miedo.

— ¿Quién es? Mejor me voy— Cuando se proponía a volver, un hombre de negro se puso frente a ella. Rosier agrandó los ojos. Miró a ese hombre: tenía los ojos vidriosos y totalmente negros. Rosier dio un paso atrás. El hombre la tomó de la mano. Ella se estremeció, se soltó y salió corriendo por el bosque. Debía llegar al lugar donde había venido para volver. De repente el hombre le halaba el vestido blanco, se lo rasgó y quedó un tirón de la seda guindando. Rosier trataba de gritar, pero no podía. Miró atrás y no vio nada. Cuando giró todavía corriendo, chocó contra él. Cayó al suelo. Sus delgadas piernas temblaban. Trataba de taparse pero no lo lograba.

—No te cubráis Rosier— Rosier iba a ponerse de pie cuando el hombre se le lanzó encima. La capucha negra se levantó y cayó encima suyo.  Un cuerpo pesado. El hombre empezó a oler su cuello. Rosier parecía inmóvil, las piedras picaban como alfileres en su espalda.

—Sí… aquí te haré mía—Rosier gritó. El hombre con una mano desgarro el vestido por el cuello. Le descubrió los senos, Rosier se arrastraba gritando hacia atrás. Se movió hacia un lado y pudo zafársele de encima. Se arrastró desnuda por las piedras puntiagudas. Empezó a sangrar de las rodillas. Cuando se iba a poner de pie para seguir corriendo, el hombre se le lanzó encima. Una piedra se le insertó en un costado del estómago. Gritó. Ella escuchó otro desgarre, pero de la sotana del hombre, sintió piel fresca sobre sus muslos y algo duro rosar sus nalgas.

—Estoy excitado, Rosier, y tú luchando por resistiros, ¡vamos, será delicioso! — Rosier empezó a gritar sintiendo el falo del hombre. Le dolía. Gritaba y aruñaba las piedras. El hombre presionaba más sobre ella. Le dolía más.

— Siéntelo duro y jugoso, Rosier.

— ¡¡Dios, Dios mio!! — Gritaba aruñando más y sangrando de sus uñas.

— ¡Dios no te escuchará Rosier! — El hombre empujaba más y más gimiendo. Ella lloraba golpeando las piedras. De repente, el peso del hombre desapareció. El viento soplaba su espalda. Temblaba. Lentamente miró hacia atrás. Nada. Miró a los lados y luego al frente: su hermoso vestido de seda enroscado en una piedra. Con dolor se arrastró hacia él. Cuando tocó el borde, este se convirtió en harapos viejos y mal olientes. Ya no era digna. Gritó.

— No…no, Dios, Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué cuando lo hacía bien? —Puso su cabeza en su brazo extendido. La voz del hombre dijo.

—Yo os vestiré, vendréis conmigo Rosier—Ella se dio la vuelta y miró al hombre de negro que sostenía en su mano un vestido rojo de seda, pero desgarrado. Rosier se levantó todavía temblando. Sus tobillos se doblaban cuando se  acercaba a él. Extendió la mano y tomó el vestido. El hombre le dijo.

—Rosier, tentación, pruébatelo. — Ella miró las crestas de los árboles. <<Dios>> se puso el vestido: formaba su lindo cuerpo, los senos eran cubiertos por una delgada tira que moldeaba su cintura, vestido del cual colgaban pedazos, su sexo era cubierto por una tira delgada; ella miró al hombre. Su quijada temblaba. El hombre le tocó la mejilla diciendo.

—Bienvenida Rosier— Rosier cerró los ojos derramando una lágrima.

 

 

Azrael recordó que ese acontecimiento se dispersó por cada esquina de ambos lados: Cielo e Infierno. Esperó. Iba a hacer lo mismo como le había pasado con Onam. Pero el destino hizo unir su Coro y allí con la ayuda de la Santa Muerte, ella pereció. <<Fui tentado, eso me contó la Santa Muerte>>

 

 

 Alzó la mirada al sol que se elevaba al centro. Vio una pequeña duna y se acercó. Sacó su pergamino y en él escribió: Kadosch. Lo encerró en luz, miró la duna y dejó caer el pergamino. El viento sopló sobre la duna. Un brazo blanco y fuerte emergió de la arena, como si hubiese estado enterrado mucho tiempo. El viento dejó en descubierto el cuerpo de un hombre.

—Polvo eres y polvo serás—Dijo Azrael levantándose. Continuó. —Vuestro nombre será Kadosch, llevaréis la marca de este en vuestra nuca— Inmediatamente la marca se le hizo. Era como una ‘T’ mayúscula alargándose al lado derecho.

                                                          

 

 

Kadosch miró los pies de Azrael. Una imagen corrió por su mente: un bosque, lluvia. Con dificultad se levantó. Estaba desnudo. Miró a Azrael a los ojos. Dio unos pasos hacia atrás asustado, como si aquel Azrael le fuese a hacer algo.  Sus pies estaban débiles, así que al dar los pasos hacia atrás, cayó a la arena.  Azrael se le acercó y sonriendo extendió su mano. Un recuerdo: el sonido de un pergamino romperse y una pregunta: ‘Dime linda, ¿cuál es vuestro nombre?’. Kadosch miró la mano de Azrael y lo miró a los ojos, tomó su mano levantándose. Intentó hablar pero no le salía la voz. Azrael miró el cuello de Kadosch y dándole un golpe leve, le hizo aparecer la manzana de Adán. Quebrantando para Kadosch la ley de Dios. Pensó que no debería ser igual que un ángel, sino igual a un humano. Kadosch tosió escupiendo y llevando la mano a su garganta. Kadosch miró a Azrael algo enojado. Azrael lo notó.

—Soy vuestro superior, todavía no os diré de qué se trata esto, ¿sabéis cómo pasó? —Kadosch miró alrededor. Nombres pasaron por su mente, imagines, escuchó un soplido, agua en su garganta, un pergamino romperse y una voz conocida decir: ‘Polvo eres y polvo serás’. Kadosch cerró los ojos y los abrió de inmediato. Agrandó los ojos mirando a Azrael. Dio un paso hacia atrás.

— ¿Qué hago aquí?

—Una misión de vuestro Dios— Kadosch miró sus manos y su pecho. Miró su sexo y gritó.

— ¡¿Qué es eso?! —Lo señaló. Azrael dio un vistazo al sexo de Kadosch y luego a sus ojos. No debió haberlo dotado de órganos sexuales ya que se trataba de un arcángel y no un humano, rompiendo así la regla de Dios.

—Vuestro sexo.

— ¿Qué? ¡No! ¿Por qué yo…?— Se detuvo. Miró a Azrael y comenzó a verse las manos, las piernas, sus dedos, su pecho desnudo y blanco. <<Soy… ¿un hombre?>> Kadosch miró a Azrael y le preguntó.

— ¿Sabéis quién soy?

—Vuestro nombre es Kadosch.

— ¿Kadosch? —Seguía viendo a Azrael.

­— ¿Quién soy? —Preguntó.

—Kadosch— Repitió Azrael.

— ¿Quién fui? — Azrael miró el suelo, frunció los ojos e hizo un ligero movimiento a su izquierda y preguntó.

— ¿Quién fuisteis? Os he creado hoy, Kadosch, sois único. No fuisteis nadie.

— ¿Seguro?

—Lo estoy, Kadosch— Kadosch sonrió. <<Imbécil>>

—Vestidme— Azrael frunció el ceño y miró la arena.

—Se suponía que no debíais sentir pena estando desnudo, Kadosch— Kadosch se sonrojó. Azrael lo notó. Levantó las manos y dijo.

— ¡Está bien, creo que algo sucedió! —Azrael sacó su pluma y haciendo movimientos con él al viento, miró cómo del polvo se formaba un traje negro. Pero Kadosch notó que este traje era igual que el de Azrael, pero este era sucio y desgarrado. La sotana cayó al suelo. Kadosch frunció el ceño viendo su vestimenta.

—Eso os daré— Dijo Azrael dándose la vuelta abriendo sus alas. Kadosch hizo el rostro hacia atrás. Azrael se dio cuenta de que Kadosch no se arrodilló. Y con la punta de su ala lo golpeó lanzándolo al suelo. La arena se levantó desapareciendo con el viento.

— ¡Debéis arrodillarte ante mis alas!

— ¡Demo…!— Calló poniendo la mano en su boca.

— ¿Qué habéis dicho? — Kadosch quitó la mano y se arrodilló diciendo.

—Disculpa mi Azrael— Giró los ojos hacia un lado.

—Levantaros, vestiros y venid conmigo— Kadosch cogió su vestimenta y se la puso. Sentía arena dentro de esta. En la espalda, la sotana tenía dos agujeros; miró sobre su hombro. No sentía calor. Azrael batió sus alas y Kadosch miró cómo los pies de Azrael se levantaron.

— ¿Cómo se supone que os seguiré? — Preguntó Kadosch. Azrael giró su cabeza y dijo sobre sus hombros.

—Por algo tenéis esos hoyos en vuestra sotana—Azrael empezó a alejarse.

— ¿Y cómo diablos las saco? — Dijo susurrando entre dientes. Movió su espalda. Nada. Miró a Azrael casi desaparecer.  << ¡Eres un maldito imbécil!>> Kadosch frunció el ceño. Sintió un jalón,  como si le estuvieran halando la piel con tenazas. No le dolía pero se sentía raro. De repente aparecieron dos enormes alas negras pero sucias, unas plumas sueltas y otras las vio caer, parecía un pichón recién nacido. << ¿Qué mierda…?>> Miró sus alas. Observó un punto negro y empezó a caminar. Las alas no se movían.

— ¡¿Y ahora cómo las muevo?! — Gritó desesperado. Empezó a correr. Tratando de impulsarse. Brincó y sus alas eran tan pesadas que cayó al suelo. Se golpeó el rostro.

— ¡¡Maldita sea!! —Con esfuerzo se levantó. Giró y frente a él estaba Azrael que le preguntó.

— ¿Qué es lo que habéis dicho?

— ¡Cielo santo! —Proclamó un poco descontrolado.

—Tenéis que calmaros, Kadosch— Kadosch muy sofocado e intranquilo respiró.

—Tengo calor.

—No es cierto. No podemos sentir nada. — Era cierto, su mente quería sentir calor pero no sudaba.

—Ahora, relajaros. —Dijo Azrael sosteniendo una mirada fría. Kadosch se estresó. <<Pero tengo calor>> Miró el suelo y preguntó.

— ¿Por qué me disteis estas alas?

—Relajaros, os he dicho. — Se enojó. Kadosch cerró los ojos. <<Maldito cerdo, púdrete. No habéis cambiado en nada. >>

—Divisad una montaña alta, neblina, parecen nubes…hay luz, camináis por un sendero iluminado. — Kadosch ordenada sus pensamientos. Julie, George, Taylor, Sofy, Lucas, David. Kadosch frunció el ceño. Más nombres: Judah, Magdalena, Abel…Derek. Sus alas de repente se alzaron y empezaron a moverse. Abrió los ojos confundido mientras miraba a Azrael.

— ¡Muy bien! — Kadosch se sentía angustiado. Eran suyas, las movía como si un niño moviera sus propias manos tratando de volar. Él miró sus alas y vio a Azrael darse la vuelta y alzar vuelo. << ¿Derek?>> Alzó vuelo siguiendo a Azrael.

 

 

 

 “Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, este es semejante al hombre que mira su rostro natural en un espejo”

 

                                                                          Snt 1: 23

 

 

Hacía calor pero Kadosch Y Azrael no lo notaban. Azrael tocó el suelo frente a una casa en las montañas. Kadosch pisó el suelo torciéndose el tobillo. Cayó poniendo las manos en las piedras. Azrael ocultó sus alas, miró a Kadosch y se acercó a levantarlo.

—Dejadme, tengo que intentar—Exclamó Kadosch. Azrael ocultó su mano que se iba a extender. Kadosch se levantó moviendo sus alas y elevándose.

— ¿Qué hacéis, Kadosch?

— ¡No puedo controlar esto! — Azrael se le acercó y haló sus pies lanzándolo al suelo. Se puso detrás de él y tomando sus dos alas y poniendo su pie en medio de estas empezó a meterlas. Kadosch sentía que le destripaban la espalda. Pero no dolía.

—Poco a poco aprenderéis, pero en este momento no tengo tiempo—Las alas de Kadosch desaparecieron por su espalda. Azrael se sacudió las manos quitando su pie. Caminó a la casa. Kadosch miró un montón de plumas en el suelo. << ¿Qué le sucede a este idiota?>> Azrael lanzó la puerta al suelo, la madera estaba podrida. Olía a mojado, a heces y a orina. Kadosch se levantó y se puso al lado de Azrael. Un soplido. Una lanza hecha de madera salió disparada de adentro  de la casa. Le traspasó la cabeza a Kadosch; él cayó inmediatamente al suelo. Azrael se dio la vuelta mirando la lanza que seguía girando por las piedras. Kadosch se tocó la cabeza poniéndose de pie. Miró a Azrael diciendo.

—No me dolió —Estaba asustado. Se escuchó unos gemidos del interior y unos chillidos.

—Kadosch, os mostraré parte de mi trabajo.

— ¿Por qué? —Los chillidos empezaban a aumentar. Kadosch miró el interior, vio unos ojos diabólicos. Azrael entró viendo oscuridad. Un cuerpo se movía de un lado a otro.

— ¡Dejadme, dejadme! —Decía el hombre queriendo irse.

—Hola Gaab, príncipe infernal, habéis poseído un cuerpo, ¿y qué harás con él?

—Ssh, Ssh…—Susurraba poniendo su dedo en su boca. Azrael miró de reojo a Kadosch que seguía tocándose la frente.

—Acaba de poseer el cuerpo de ese hombre, todavía no tiene manipulación y la tendrá si consigue ocupar espacio en el alma del poseído.

— ¿Y qué harás? —Azrael miró a Gaab y frunciendo sus ojos dijo.

—Poned atención, mucha atención—Azrael sacó su pergamino y rompió el sello. Kadosch miró el pergamino. Azrael lo extendió. Kadosch cerró los ojos: una luna en medio del cielo, luna llena, no habían estrellas. Se sentía en el cuerpo de alguien. Miró a un lado: Azrael, un hombre desconocido y la Santa Muerte, al frente una cabaña. Kadosch abrió los ojos. Azrael movió la pluma del lado negro y puso la punta de esta en el pergamino. Decía algo pero Kadosch no escuchaba. Mantenía los ojos abiertos, como si estuviera viendo algo: Recuerdos: Las voces de personas:

<<—Debéis distraer a los Hiisi mientras yo escribo su nombre en mi pergamino. Son cuatro, tened cui…

Si ella muere…la reencarnación seguirá siendo un misterio, no para mí, ya que lo sé todo.

¿Qué hacéis? No os permitiré. Mataré vuestro secreto.

Sólo hay un nombre para esto que acaba de suceder…

Lo lamento querida Kasey, yo lo lamento >> Kadosch frunció el ceño. Miró el cuerpo de aquel hombre caer al suelo. Azrael seguía hablando, movía sus labios pero Kadosch no escuchaba. Lo que escuchaba eran voces, muchas voces.

<<— ¡¿Pero por qué no lo habéis hecho más rápido?!

Estoy harto.

Mata a quien sea, si sólo supieras como es con los demás ángeles, como amenaza a su Coro…

¿De verdad me ama?

— ¿Dónde está Azrael?

Mirándose al espejo.

Habéis usado mi pluma y mi pergamino.

Este mundo ya no necesita a la Santa Muerte cuando tienen al Ángel de la Muerte.

Te quitaré el don. Vuestro don es ahora mío>> Kadosch respiró profundo mientras Azrael le hablaba mostrándole su pluma. <<Te quitaré el don>> Kadosch miró a Azrael y empezó a sentirse mal, imágenes pasaban frente a sus ojos, malos, sólo malos recuerdos. Muerte, penas, dolor. Precipitadamente todos los  pensamientos, voces e imágenes desaparecieron.

—…Os diré cómo se hace eso, os contaré cuando yo lleve a…—Kadosch agrandó los ojos y miró a Azrael. Le dolía el estómago. Se dio cuenta de algo que al principio dudaba.

<<He resurreccido>>

— ¿Estáis bien, Kadosch? ¿Me habéis escuchado? —Kadosch miró sus manos y dijo.

—Soy…—Sonrió mirando a Azrael. Pero al verlo frunció los ojos. <<—No os preocupéis Kasey querida, te enviaré al Cielo, allá, para que descanséis junto a Dios>> <<Descanséis, mi alma seguía allí… Neutro. >>

<<Soy Kasey Turner>> Kadosch salió corriendo hacia el bosque y Azrael frunció el ceño diciendo.

— ¿A dónde vais? —Kadosch visualizó un precipicio. Un ala salió de su espalda. Se fue hacia un lado, puso su mano en el suelo todavía corriendo, para no caer. El ala pesaba.

— ¡Kadosch! —Gritó Azrael. Kadosch escuchó plumas; Azrael sacó sus alas. << ¡Abre la otra maldita ala, Kasey!>> Kadosch cerró los ojos, su cuerpo seguía inclinado hacia un lado. Abrió los ojos mirando el barranco. Paró en seco, pero no pudo evitar caer por el despeñadero. Gritó. Azrael se detuvo viéndolo desaparecer. Kadosch iba cayendo de costado por el peso de su ala. Trataba de moverse según él para abrir la otra ala.

— ¡¿Qué pasa?! —Con el rabo de ojo miró las rocas y arbustos acercarse.

— ¡¡No!! —Cerró los ojos poniendo su mano en su rostro. Sintió un enorme jirón en la espalda y su cuerpo se volvió al frente. Miró las rocas a centímetros y se alzó. Una roca raspó su rodilla. Nada de dolor. Miró atrás, veía el barranco pero no a Azrael, veía también como sus plumas se zafaban de sus alas, dejando rastro por doquier. Kadosch sonrió cerrando los ojos. <<Ni un minuto más con él, ni uno>>

Azrael pisó una piedra plana y extendió su pergamino, pasó del lado negro al de luz y cuando se proponía a escribir el nombre de Kadosch, una voz intervino.

— ¿Qué hacéis? —Azrael se detuvo y giró. Era Zafiel, el espía de Dios. Azrael frunció el ceño y cerró el rollo ocultando la pluma.

— ¿Qué queréis, Zafiel? —Zafiel caminó hacia él. Dijo.

— ¿Qué es lo que os sucede? Me pregunta Dios—Azrael frunció ahora sus ojos.

—No sucede nada.

— ¿Ibais a destruir lo que creasteis? Me pregunta mi Dios.

—No.

— ¡No mintáis Azrael! —Dijo poniendo un rostro enojado y luego volvió a su rostro normal diciendo—Dice Dios—Azrael miró el precipicio diciendo.

—Kadosch se fue, no entiendo el porqué.

—Ya no podéis mandar sobre él ahora que está lejos de vosotros, dice mi Dios. Así que dejadlo, él quiere experimentar. Dice mi Dios

— ¿Experimentar? ¿Y si por causa de ello cae? Crear un ángel que me va a sustituir para luego verlo caer en las garras de Lucifer. ¡Es inmoral con sólo pensarlo! ¡Pasará eso como sucedió con todos vuestros ángeles caídos! —Zafiel alzó su mano y le pegó a Azrael, sacó su espada y con el mango de esta golpeó en su estómago y con su hoja lo apaleó en la espalda y mirando a Azrael en el suelo exclamó.

—Fui yo, pero Dios me dio permiso para que lo sintierais— Azrael lo miró y cerró los ojos sonriendo. Se levantó.

—Arrepiéntete de lo que habéis dicho, Azrael. —Azrael lo seguía viendo mientras sentía un dolor desconocido.

— ¿Y no es verdad? — Zafiel sacó su espada y Azrael de inmediato dijo.

—Lo siento, mi Dios. No sabía en qué pensaba— Zafiel giró su cabeza a un lado y ocultó su espada.

—Ve al Seol, haced vuestro trabajo de saber quién se arrepiente de sus pecados y subidlos, no quiero que vengáis a la Tierra hasta que yo os permita. Dice mi Dios. ¿Entendisteis, Azrael? Pregunta mi Dios. —Azrael asintió. Zafiel sonrió y viendo el horizonte dijo.

— ¿Y qué esperáis para irte? —Azrael frunció el ceño mientras Zafiel continuó. —Pregunta mi Dios.

 

 

“Tú crees que hay un solo Dios, ¿verdad? Haces bastante bien. Y sin embargo los demonios creen y se estremecen”

 Snt 2: 19

 

Kadosch veía las llanuras, sólo arena. Miraba hacia atrás para ver si no aparecía Azrael. De repente una de sus alas empezó a adentrarse. Se inclinó hacia la izquierda cayendo en picada. Trató de batir el ala pero pesaba mucho. Miró el suelo y luego el pasto. Golpeó su ala contra el suelo y pudo escuchar una fractura o una roca romperse. No sintió nada. Empezó a rodar hasta que una duna lo detuvo. Miró el cielo. El ala se movía involuntariamente por la fractura. Kadosch sacudió la cabeza y se levantó. El ala lo halaba a la izquierda. Esta empezó a adentrarse, sintió unos calambres, que se sentían horribles, jalones, calambres, pero no dolor. El hueso del ala rota sonó al entrar a su espalda. Dejó de inclinarse a la izquierda. Arqueó su espalda y luego se inclinó poniendo sus manos en sus rodillas. <<No se siente bien, nada bien>> Miró el horizonte. <<Un desierto, maldita sea>> Miró alrededor. Respiró y trató de sacar sus alas. No querían salir.

— ¡¿Qué sucede?! —Gritó de desesperación.

—Mmm—Escuchó Kadosch. Giró de inmediato. Vio un caballero montado en un caballo, tenía la barba blanca y larga, llevaba en su mano un agudo dardo. Kadosch miró el dardo.

— ¿Quién sois? ¿Qué queréis? —Preguntó Kadosch mirando al caballo que parecía congelado.

—Nunca os he visto—Contestó él. Kadosch se dio cuenta de que si ese hombre lo atacaba, no podría reaccionar y no sabía cómo reaccionarían sus alas. La voz del hombre era cortante.

— ¿Quién sois? Yo sólo estoy perdido. Tengo que irme.

—No, no. Vosotros sois nuevo. Quiero saber quién sois—Kadosch miró al caballo de nuevo, parecía estático, no relinchaba, no movía los ojos ni la cola.

—Os diré quién soy si decís quién sois.

—Furcas—Dijo solamente. Kadosch entonces sintió como si un rayo de imágenes recorriera su mente: pecados, asesinatos, sombras, un caballo relinchando y alzando sus patas. Un demonio. Era como si sólo con el nombre supiera todo de su vida. Kadosch miró el caballo nuevamente y retrocedió. Furcas frunció el ceño.

—Ya sé mucho sobre vosotros, Furcas.

— ¿Ah, sí? Contadme, desconocido—Furcas se sentía extraño. Kadosch dijo.

—Vuestro caballo parece estatua, pero dudo que vuestras víctimas supieran de él—Furcas entonces sintió como si le hubiera contado sobre su caballo.

— ¿Qué sabéis, desconocido? —Kadosch dio otro paso atrás. Furcas seguía en la misma posición.

—Todo—Kadosch se dio la vuelta y empezó a correr. Furcas frunció el ceño. Kadosch escuchó un horrible chillido. <<El dardo>> Luego un relinche. << ¡Corre!>>

— ¡Ábranse, por favor! —Se dijo moviendo su espalda, miró atrás. Se detuvo en seco. Abrió la boca mirando hacia arriba: el caballo levantó sus patas haciéndose gigante, parecía haberse convertido. Miró a Furcas encima de él: riendo. << ¿Qué diablos…? Aunque saque las alas no lograré alejarme de ese animal>> Entonces levantó las manos y gritó.

— ¡¡Furcas, está bien, os diré quién soy!! — Furcas lo miró y sonrió. El caballo bajó las patas haciéndose del tamaño natural. Kadosch se impresionó. Furcas seguía sonriendo.

—Pues entonces desconocido, dime. ¿Quién sois?

—Mi nombre es Kadosch—Furcas subió las cejas y levantó una mano moviéndola para que él continuara. Kadosch miró a los lados y alzó los hombros diciendo.

—Ya no sé nada más, sólo sé que así me llamo—Furcas frunció el ceño y se bajó del caballo. Kadosch se impresionó. <<Él nunca se baja de su caballo>> Furcas se acercó a Kadosch manteniendo una mano en la cara del caballo que estaba paralizado.

— ¿Sabéis que sucede si las personas huyen de mí? —Kadosch asintió. Furcas continuó— ¿Sabéis qué sucede si dejo de tocar a mi caballo? —Kadosch asintió. Furcas un poco preocupado siguió. — ¿Sabéis cómo desaparecer a mi caballo? —Kadosch no lo podía evitar, lo sabía todo. Asustado lo afirmó. Furcas estaba sorprendido e hizo la última la pregunta. — ¿Entonces sabéis cómo destruirme? —Kadosch miró al caballo y a la mano de Furcas. Temerosamente lo ratificó. Furcas se acercó a su caballo y se montó: tenía mirada de miedo.

—No puede ser—Dijo Furcas. Miró alrededor y tratando de quitar el miedo expresó. — ¡Sólo tres personas en el mundo saben sobre esas preguntas que os hice! —Kadosch miró el suelo. Furcas entonces prosiguió. —Dios, Satanás y Azrael—Kadosch levantó la mirada viendo la barba de Furcas. Indicó.

— ¡Azrael! Él me creó—Furcas frunció los ojos y mirando su caballo comentó.

—Bueno Kadosch, será mejor para mí sí me alejo de vosotros—El caballo de pronto se movió dando la vuelta. Kadosch miró a Furcas desaparecer a la distancia.

 

 

Azrael miraba una pared roja, las paredes del Infierno donde podía ver los rostros de los atormentados. Levantó la mano pasándola cerca de la pared sin tocarla. Se detuvo en un punto y tocó. Unos ojos se abrieron y pestañearon.

— ¡¿Quién sois?! —Gritó la cara de un hombre.

—Soy Azrael, querido Joseph.

— ¿Qué? —Preguntó sin entender el porqué de ese nombre.

—Así te llamáis, así te llamabais cuando vivíais en la tierra, en Austria para ser exactos. —Joseph miraba frunciendo el ceño. Azrael sonrió.

—Quiero que hablemos de vuestro destino, Joseph—Azrael recordó a Azazel, un ángel. <<Destino>> Azazel fue un ángel de su Coro, pero el deseo que sentía por los humanos fue terrible. Apenas era el tiempo en que Azrael buscaba a su Coro. Azazel fue su primero, él era hermoso, muy bello; Azrael de verdad lo admiraba, siempre sonreía, con su hermosa sotana color salmón. Azrael se sentía realmente orgulloso, pero no le duró nada. Azazel bajó a la tierra, las mujeres les era interesante. <<Parecen ángeles>>  Un día vio a una mujer, era hermosa. Tímidamente se acercó.

— ¿Qué hace un ángel de Dios aquí? —Creía que era un ángel por lo hermosa que era, prosiguió— ¿Cuál es vuestro nombre? —La chica sonrió mirándolo: ojos azules, labios rosados, cabello negro y largo. Ella habló.

—Gracias. Me llamo Stephanie—Ella sonrió. Azazel levantó las cejas y dijo.

—Nunca te había visto.

—Yo tampoco a ti, mucho gusto—Stephanie extendió la mano para estrechar la de Azazel. Él miró la mano y no hizo nada. Stephanie sonrió bajándola.

— ¿Y tú cómo te llamas?

—Azazel, soy el subjefe del Coro de Azrael—Stephanie hizo una risilla y se encogió de hombros. Preguntó.

— ¿Eso es una empresa?

— ¿Empresa?

—Sí, ¿instrumentos musicales?

— ¿Instrumentos? ¿De qué habláis, Stephanie?

— ¿Entonces qué es?

—El Coro de Azrael, es eso.                

— ¿Cuál Coro?

— ¿Os sucede algo? —Preguntó Azazel un poco confundido. Stephanie sonrió y dijo.

—No importa…Az… ¿Cuál era tu nombre?

—Azazel—Stephanie alzó las cejas. Luego de un rato se dio cuenta de que Azazel era hermoso, muy atractivo. Entonces preguntó.

— ¿Tienes pareja? —Azazel frunció el ceño y preguntó.

— ¿De qué habláis?

—Pregunto si tienes esposa o novia. —Azazel tuvo que procesar esas dos palabras por varios segundos. Luego miró a Stephanie y contestó.

—Imagino que no sé—Stephanie se rió y dijo.

— ¿Tienes o no?

—Creo que no, ¿es malo?

—Para nada, es bueno. Yo tampoco tengo—Azazel no quiso preguntar qué significaba, así que mejor calló.

— ¿Dónde vives, Azazel?

—En el Cielo—Stephanie se sorprendió riéndose. Azazel arrugó el entrecejo viéndola.

— ¿El Cielo? ¿Eso es un pueblo? —Azazel se daba cuenta de que Stephanie no era lo que él esperaba.

—El Cielo es el Cielo, Stephanie. —Ella se puso seria. Empezó a darse la idea. Entonces preguntó.

—Azazel, ¿eres un ángel?

—Correcto—Stephanie quería reír. Siguió.

— ¿Y cómo es por allá?

—Hermoso.

—Sí… Pero ¿cómo luce? —Ella pensaba que era loco. <<Tal vez escapó del manicomio>>

—Hay un árbol, Stephanie. Al lado de ese hermoso árbol está el trono de Dios—Stephanie se burló de Azazel. Él se irritó.

—Vuestro nombre está escrito en una de esas hojas, Stephanie. —Ella dejó de reír. Y Azazel continuó hablando mientras Stephanie empezaba a asustarse.

—El Coro de Azrael sirve para completar 3 importantes funciones y una de ellas es llevar a las almas de los que han muerto al Cielo o Infierno. El Cielo es un lugar muy hermoso, ángeles  y almas, nos llevamos bien; allá ellos son sagrados, tienen todos el mismo rostro, la misma sonrisa, mismo cuerpo, misma alma. El Infierno es sofocante, un poco de calor, allí están los rostros, muchos rostros de diferentes almas, color, edad, de todo. Siempre escuchareis lamentos, y siempre llantos y gritos. Satanás casi nunca pasea los túneles, Él siempre está por aquí—Dijo señalando a la nada—Buscando nueve gente, aquellos fornicadores, mentirosos, ladrones, violadores, farsantes, asesinos, y aquellos que han perdido la fe—Miró a Stephanie que se veía asustada. Azazel frunció el ceño y continuó—En el Infierno hablan muy mal de los humanos; los demonios hablan mal de ustedes, los que están en el Seol no saben nada. Son indiferentes. Y no entiendo Stephanie, ¿Por qué si vosotros sabéis sobre lo malo del Infierno seguís pecando? Los del Infierno sólo esperan a Azrael, porque a veces hay almas que todavía son buenas, y a esas almas Azrael las toma y los guía al Cielo, donde sus rostros cambian pero las cosas buenas siguen siendo iguales. Porque junto a Dios, vuestra alma está en paz. —Azazel no sonrió. Seguía pensando en lo malo de los humanos. Stephanie no dijo nada. <<Está loco>> Miró alrededor. Algo nerviosa expuso.

— ¿Eras sacerdote? —Azazel arrugó el ceño.

— ¿Todavía no creéis, Stephanie? —Azazel la miró a los ojos. Stephanie se alejó un poco de él.

— ¿Qué os sucede, Stephanie?

— ¿Eres un depravado sexual, un asesino? ¡Lárgate! —Stephanie se dio la vuelta. Azazel sintió una presencia. Miró a Stephanie alejarse. Percibió a alguien respirar detrás de él, se volteó y miró de lejos a un hombre de negro. <<Satanás>>

— ¿Qué queréis, Lucifer? —El Diablo se rió disipándose. Azazel subió al Cielo. Estando en el Cielo, Azazel empezó a sentir ira contra los humanos, tanto que deseaba sus muertes y tanto que un día decidió bajar y hacerles pagar por sus pecados. Pero él sabía que de esa manera no se podía juzgar. Entonces Azrael lo sacó del Coro. Azazel sintió cólera. Entonces bajó a la tierra a desquitarse con los humanos. Recibió una transformación que lo dejaría así hasta ser juzgado: 7 cabezas de serpiente, 14 caras y 12 alas. Entonces Azazel se convertiría en el Jefe de los siguientes 200 ángeles caídos.

Azrael todavía recuerda cuando Stephanie murió: la llevaba hacia un túnel. La miró diciendo y señalando dos caminos.

— ¿Cuál creéis es el camino tuyo? —Stephanie no podía escoger. Ambos le parecían iguales.

—No lo sé—Azrael entonces se dio cuenta de que Stephanie regresaría al Infierno. Azrael miró dos nombres que marcaban los caminos. ‘Cielo’ a la derecha, ‘Seol’ a la izquierda. Azrael le sonrió.

 

 

Joseph había sido un agricultor: cultivaba su propia comida pero maltrataba y violaba a su esposa e hijas. Pero él en ese momento no lo sabía. Azrael se llevó a Joseph a un túnel negro. Entonces de repente hubo mucha luz, los ojos se le nublaron a Joseph, por un instante y extrañamente sintió alivio en su alma, sintió amor y un miedo irracional. Joseph entonces empezó a llorar. Sonrió. Divisó dos caminos, Azrael indagó.

— ¿Cuál creéis es vuestro camino? —Joseph miró a Azrael y sonriendo con enormes lágrimas brotándole de sus ojos contestó.

— ¿Y sería muy imprudente, señor, si yo decidiera escoger este camino? —Señaló el de la derecha.

— ¿Creéis merecer este camino, Joseph?

— ¿Joseph? —Dijo sonriendo—Así me llamo. —Azrael sonrió. Joseph continuó— Oh Dios…—Joseph sintió el peso de todos sus pecados— Dios por favor, perdóname por el mal que he hecho, me arrepiento de todo corazón—Sus lágrimas no cesaban en salir—Quiero que me tomes entre tus brazos y me regocijes, rezaré por siempre por mi familia, y espero con ansias verlas allí junto a ti. Quiero… quiero, yo…— No sabía qué decir. Rió y dijo.

— ¡Tengo miedo! ¡Dios, tengo miedo de entrar por tus puertas, ¿Debería temer?!

—Ve a la derecha, Joseph. Dios te esperará a las puertas del Cielo, y sigue temiendo, porque el que lo hace, merece la gracia de Dios— Sonrió dejando partir a Joseph con el rostro cubierto de lágrimas.

 

 

Kadosch no tuvo otro remedio que caminar viendo solo arena. Miraba a los lados tratando de visualizar alguna carretera que lo llevara a lugares habitados. Entonces fue cuando miró atrás. Se detuvo. Lo venían siguiendo: un perro negro que lo miraba de lejos. El perro retrocedió. <<Tranquila Kasey… Vosotros ya lo conocéis sabéis como tratar con él>>

—Lucifer—El perro ladró de rabia, luego habló.

— ¿Cómo me conocéis?

—Vosotros tomáis esa forma, os conozco… ¿Vosotros no me conocéis? —<<Genial, no sabe quién soy>>

—No. Pero he escuchado que sois un sucesor.

— ¿Sucesor, de qué o quién? —El perro se acercó lentamente a Kadosch, movía la cola. Comentó.

—De Azrael—<< ¡¿Azrael?!>> Kadosch miró el perro que lo observaba desde abajo. Negó la cabeza. << ¡Esto no puede ser verdad! ¿Yo, sucesora de Azrael?>> Sonrió en el interior.   << El ángel de la Muerte>> Preguntó.

— ¿Sucesor de Azrael? ¿Por qué? —El perro se alejó e indicó.

—Aún no lo sé— Kadosch miraba cómo el perro se alejaba.

— ¡Satanás! —Desapareció. Kadosch miró por todos lados. Sus manos empezaron a temblar. << ¿Ahora tengo sus poderes?>> Frunció el ceño.   << ¿Entonces tendré una pluma y un pergamino?... Las alas, el traje igual que el suyo, ¿enseñarme su trabajo? Dios mío…>> Sonrió entre dientes.

— ¿Pero entonces qué me falta?

—Instrucciones—Dijo Lucifer. Kadosch se dio la vuelta: el perro negro.

— ¿Instrucciones? —El perro caminó a un lado convirtiéndose en un hombre de negro con la cara cubierta por una capucha.

—Así como lo escuchasteis.

— ¿Qué instrucciones? —Lucifer sonrió.

—Os enseñaré, ¿os parece? —<<Satanás… ¿tratáis de enseñarme a ser mala? Conmigo eso no funciona>> Kadosch sonrió.

—Os conozco muy bien, Satanás. No formaré parte de vuestro camino. —Satanás no dijo nada. Seguía de pie.

— ¿Entonces qué haréis? Me imagino que buscáis a alguien. Yo os ayudaré. ¿Queréis vengarte? Yo os auxiliaré.

—Sois gentil, Lucifer. Pero eso se debe a que sabéis quién soy. ¿Sabéis cuál es mi nombre? —Lucifer negó la cabeza.

—Me llamo Ka…—<< ¿El verdadero?>> —Kadosch.

—Kadosch… El nuevo ángel de la Muerte, ¿a quién habéis llevado ya?

—Nadie. No tengo lo que se debe para hacerlo.

—Mmm—Movió su cabeza un lado. Se acercó a él y se detuvo. El corazón de Kadosch palpitaba con fuerza. <<Oh Lucifer>>  Se quitó la capucha. Por alguna razón le atraía. <<Soy hombre, pero soy mujer. Sigues siendo hermoso, atractivo. ¡Líbrame!>> Kadosch trataba de mantener los ojos en los ojos de Satanás y no en sus labios. Entonces un impulso extraño hizo fruncir el entrecejo a Satanás. La mano de Kadosch apretó con fuerza el brazo de Lucifer y apretaba más. Satanás se puso la capucha haciéndose hacia  atrás. Una sonrisa se ocultó bajo la capucha. << ¿Me descubrió, lo hizo?>>

—Muy curioso—Argumentó Satanás.

— ¿Qué? —Preguntó Kadosch algo preocupado. Lucifer movió su dedo y dijo.

—Eso que habéis hecho, tomarme por el brazo, y abrir vuestros labios, ¿acaso sois algo así como los humanos lo llaman: homosexual? —           << ¡Mierda!>> Kadosch frunció el ceño.

— ¿Y por qué lo pensáis? ¿Sólo por qué os toqué el brazo? —Satanás miró de arriba a abajo a Kadosch. <<Algo oculta este arcángel>> Entonces giró la cabeza a un lado y apareció un demonio: un caballero cornudo con cabeza de león. Montaba un caballo con patas de dragón: Agalariept.  

—Este es Agalariept, tiene el poder de descubrir secretos—El caballo relinchó golpeando la arena y haciendo temblar el suelo. << ¿Secretos?>> Kadosch entonces miró miles de imágenes de las cosas que el demonio había hecho y en unas de esas representaciones vio cómo deshacerse de él. Se asustó. Agalariept gimió mostrando sus colmillos. Satanás miró a Agalariept y le preguntó.

— ¿Tiene secretos este hombre que veis al frente? —Señaló a Kadosch. Agalariept gruñó y con voz muy potente contestó.

—No es hombre, es arcángel—Kadosch sintió que se le iba a salir el corazón.

— ¿Qué más?

— ¿Por qué hacéis esto? —Preguntó Kadosch muriéndose de los nervios.

—Tengo curiosidad… Agalariept, continuad.

—No es un arcángel en realidad… Mmm…— Calló por un momento. En ese instante recordó cómo alejarlo. Una hierba. Hizo su mano hacia atrás y ésta apareció. << ¿Qué diablos fue eso?>>

—Agalariept, si decís algo más sobre mí… —Mostró la hierba. El caballo relinchó haciéndose bruscamente hacia atrás.

— ¡¿Cómo la conseguisteis?! —Satanás se confundió.

— ¿Y qué es? Es sólo pasto.

—No es pasto, es Fapicia—Kadosch sonrió. La Fapicia es la hierba para ahuyentar a los demonios.

— ¡Me largo! —Gritó Agalariept. Satanás entonces miró la hierba en la mano de Kadosch y ésta empezó a arder. Kadosch la lanzó a la arena. Miró a Lucifer sonreír.

— ¡Agalariept! Continuad con lo que ibais a decir.

— ¿No sacará otra?

—No—Contestó lanzándole a Kadosch una mirada punzante.

—Os diré y luego me iré. No es hombre, es una mujer. No se llama Kadosch, bueno sí, ese fue el nombre que Azrael le puso…— <<¡¡No puede ser, lo sabe todo, estoy muerta!!>> Agalariept se quedó callado. Satanás alzó la mirada a Agalariept y frunciendo el ceño preguntó.

— ¿Qué sucede? ¡Continuad maldita sea!

—Se llama Ka… —Kadosch empezó a correr antes de que dijera el nombre. No lo dijo. << ¡Las alas!>> Sintió un jalón. << ¡Sí!>> El ala derecha se abrió y se fue a un lado, sonrió cuando el ala izquierda apareció. Sus pies se alzaron, se tambaleó y antes de haber creído que se iría sintió cómo una mano tomó su pie. 

— ¿Y adónde vais? —Preguntó Satanás.

— ¡Soltadme! — Satanás lo haló lanzándolo al suelo. Se golpeó el rostro y Lucifer se montó encima. Le haló un ala y se le acercó a la oreja.

— ¿Por qué huis? ¿Hicisteis algo malo? ¡Agalariept! Seguid hablando… Quiero saber quién es este arcángel sucesor de Azrael.

—No habéis cambiado, Lucifer— Dijo Kadosch y continuó—Parece que no sois más que un ángel caído que da órdenes y no puede hacer nada más, ¿por qué a costa de los demás? —El polvo le rosaba los labios. Prosiguió— ¿Ya no me recordáis, nada de nada? —Cuando Agalariept iba a decir el nombre, Satanás alzó la mano deteniéndolo. Frunció los ojos. Kadosch se rió.

 —Pasábamos tiempos juntos, hasta un día, aquel día en que desaparecí—Kadosch trató de mirar a Satanás que dijo.

— ¿Abel? ¿Hexamerón? ¿Quién demonios sois?

—Soy algo peor que ellos, amigo—Lucifer sujetó el cabello corto y negro de Kadosch y haló su cabeza hacia atrás. Kadosch se rió más.

— ¡¿Quién sois?!

— ¿Y será que tenéis que besarme para saber? —Lucifer frunció el ceño. Kadosch continuó— ¿Amargo, tal vez dulce? —Lucifer lo soltó y se quitó de encima. Kadosch seguía riendo mientras se levantaba. Sacudió las alas dejando caer un montón de plumas a la arena.

—Lo que oculta el Lut, ¿no? —Kadosch se dio la vuelta y vio a Satanás con los puños cerrados. Agalariept dijo.

—Creo que ya sabéis, así que me retiro—Agalariept se esfumó con la arena. Kadosch sonrió levantando un poco sus manos.

— ¿Y no diréis nada? —De repente Lucifer apareció frente a él, muy cerca, sentía su respiración caliente. Abrió los labios y arriesgándose preguntó.

— ¿Kasey? —Kadosch se puso serio. Lo miró a los ojos. Sonrió y con su mano derecha tomó a Satanás por el cuello y con toda la fuerza que tenía lo lanzó al suelo y exclamó.

— ¡Sí, maldito imbécil! —Satanás pataleó en la arena riendo.

— ¡Uuuuh! —Kadosch apretaba más a su garganta— ¡Estáis de regreso, querida, pero ya no eres atractiva, aún así puedo follarte! —Kadosch se incomodó.

— ¿Y qué tratáis de hacer con cerrar más vuestra mano a mi cuello? ¿Ahorcarme? —Su humor desapareció. Kadosch lo soltó y dio tres pasos atrás. Lucifer se levantó, se sacudió su sotana y dijo.

—Es bueno verte, Kasey—Kadosch se volvió. Cerró los ojos.

—No me llaméis así.

— ¿Por qué no? Mira qué casualidad. Ese imbécil de Azrael te resucitó. ¿Raro, no es así?

—Mi alma todavía busca cuerpo.

—Y mirad donde aparecisteis… En el cuerpo del siguiente ángel de la Muerte—Kadosch cerró los puños.

—No puedo hacer nada—Lucifer puso su mano en su hombro diciendo.

—Querida, podéis hacer lo que se te pegue la gana, sólo debéis esperar el momento para escribir en ese pedazo de papel— Lucifer tocó la mano de Kadosch. << ¡¿Qué mier…?!>> Miró su mano; sostenía el pergamino con fuerza.

 

 

“Feliz es el hombre que sigue aguantando la prueba, porque al llegar a ser aprobado recibirá la corona de la vida, que Jehová prometa los que continúan amándolo. Al estar bajo prueba, que nadie diga: “Dios me somete a prueba”. Porque con cosas malas Dios no puede ser sometido á prueba, no somete a prueba él mismo a nadie. Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo.”

SNt 1: 12, 13, 14

 

 

A duras penas, Azrael pudo subir al Cielo, nadie podía pronunciar su nombre allá. Antes de que le abrieran las puertas, miraba a las almas que siempre rondaban las puertas queriendo entrar. Y una de esas almas era la de su antigua compañera del Coro, que sólo por haberle revelado a Salomón que volvería a su gloria en el Cielo en 1200 años fue expulsada y todavía sigue esperando que alguien la tome en cuenta. <<Pobre Amy>> Las puertas se abrieron durando varios minutos. << Que vergüenza, tantos ángeles que han caído>> Antes de que se acercara al trono, Zafiel se le apareció al frente diciendo.

—No entréis, os doy permiso para que bajéis a la Tierra; buscad a Kadosch. Dice el Señor. Parece que Lucifer anda con él. Dice Dios—Azrael miró a Zafiel. No parecía tener una personalidad propia. Dios hablando a través de él. El espía de Dios. Azrael no dijo nada, se dio la vuelta y se marchó.

 

 

 

Kadosch impresionado miró su mano y la levantó mirando el pergamino que no se arrugaba a pesar de sostenerlo con fuerza. Levantó su otra mano. <<Impresionante>> Tenía una pluma negra, hermosa. La giró y se tornó de luz.

—No puede ser cierto—Lanzó una risa ahogada. Lucifer se le acercó más y llevó su mano al pergamino.

—Pero podéis sentir—Kadosch empezó a perder la escucha, se sentía diferente. Nada recorría sus pensamientos. Frunció el ceño viendo a Satanás que decía algo. <<No… Me estoy volviendo como Azrael… ¡Como un tonto!>>

— ¿De qué habláis? —Preguntó Kadosch. Lucifer dijo.

—Pues de lo que podemos hacer. ¿Acaso no entendisteis? —La pregunta fue como un grito en el oído a media noche mientras se duerme. Se sobresaltó cerrando los ojos.

— ¡Lo hice! —Contestó. Miró a Lucifer moviendo los labios.   << ¡Qué problema!>> Mientras veía cómo Satanás movía los labios, observó un búho volar en el cielo. Escuchó la voz de una mujer que le dijo.

—Kadosch, necesito vuestra ayuda—Kadosch miró alrededor. El medio día empezó a oscurecerse. Satanás lo miró y seguía diciendo algo mientras sonreía.

— ¿De qué estáis hablando? —Satanás asintió y se desvaneció. La tarde se volvía oscura, parecía que iba a llover. Las nubes empezaron a cubrir el sol. << ¿Qué sucede?>>

— ¿Quién sois? —Preguntó Kadosch a la voz de la chica. Y cuando giró a un lado miró a una persona de pie. << ¿La Muerte?>> Tenía una sotana larga y negra, muy hermosa. Sostenía una guadaña negra y había sobre esta un cuervo que danzaba de la punta al otro extremo, en su cabeza tenía una corona de espinas. No olía a nada, sólo a tierra mojada que el viento traía de lejos. Tenía la cabeza agachada.

— ¿Quién sois? —Preguntó Kadosch. Movió la guadaña hacia su otra mano y levantó su rostro. Kadosch se sorprendió.  << ¡¿Quién es este hombre?!>>

—Me llamo Eurinomio, soy el príncipe de la Muerte.  << ¿Príncipe de la Muerte estando vivo?>>

— ¿Cómo?

— ¿Cómo lo podría explicar? —Se alteró de nuevo al grito de la pregunta. Tenía rostro humano, era elegante, ojos normales color negro, el cabello parecía corto.

—No puede ser, pero tenéis piel—Eurinomio tocó con su dedo su mejilla y dijo algo. Kadosch no escuchó.

— ¿Qué decís? ¿Por qué no puedo escuchar?

—No podéis porque no tenéis un Coro todavía.

— ¿Un Coro? —Cerró los puños y continuó—Entonces puedo llamar a 12 ángeles para que lo sean ahora.

—No—Contestó Eurinomio, y seguía moviendo los labios pero Kadosch no oía. <<Me estoy desesperando>> Entonces mientras veía cómo Eurinomio movía los labios levantó su pergamino y rompió el sello. Eurinomio dejó de hablar.

— ¿Qué hacéis? — Kadosch cerró los ojos. <<Parecen gritos>> Él contestó.

— ¡No puedo continuar con esto! No escucho lo que decís. Escribiré el nombre de Azrael para que aparezca— Y movió la pluma negra a la de luz y cuando iba a escribir, sintió una mano detener la suya por detrás. Se dio la vuelta.

—Azrael—Dijo Kadosch, Azrael dijo.

—Todavía no Kadosch, no para eso, ese pergamino no sirve para lo que creéis es.

— ¿Por qué no puedo escuchar a los demás? Devolvedme la escucha—Azrael vio a Eurinomio.

—Está bien, os devolveré la escucha pero tenéis que venir conmigo. —Kadosch lo pensó unos segundos y contestó.

—Está bien. —Azrael miró a Eurinomio y le sonrió preguntando.

— ¿Venís con nosotros, Eurinomio?

— ¿Y vosotros que creéis? —Azrael sonrió. <<Siempre un metiche oliéndole el trasero a otro>>  Pensó Kadosch. Entonces Azrael botó el pergamino de Kadosch al suelo. Sacó uno suyo y escribió un lugar. Lo encerró en luz y desaparecieron los tres.

 

 

Llegaron a una carretera en medio del mismo desierto. << ¿Y si huyo de estos imbéciles?>> Pensó Kadosch.

— ¿Qué hacemos aquí? —Preguntó él.

—Utilizaréis vuestro pergamino y pluma.

— ¿Para qué?

—Es hora de que sepáis el porqué de vuestra existencia.

—Dejádmelo saber.

—Bueno Kadosch, vosotros vais a ser yo. No yo, desde luego, si no que haréis lo que el Ángel de la Muerte hace. —Kadosch miró la carretera. <<Era cierto>>

— ¿Por qué?

—Porque así Dios lo pidió.

— ¿Y vosotros?

— ¿Yo? — Miró al horizonte y sin algún gesto en el rostro prosiguió—No lo sé aún.

—No entiendo.

—Dejad eso para luego. Hoy necesitaréis ser lo que seréis y vuestro primer trabajo es llevarte a Hécate. — Imágenes corrieron por su mente al escuchar su nombre. << ¿Una antorcha, una serpiente y una llave?>>

— ¿Y qué hace por aquí este demonio?

—Ronda.

— ¿Qué ronda? —Azrael frunció los ojos y pensó. <<Qué raro, esas preguntas me recuerdan a…>>

—Allí está. —Señaló Eurinomio con su guadaña mientras el cuervo que bailaba en él se acomodaba. Había una perra negra en media carretera, caminaba despacio en zigzag.

— ¿Es ella?

—Sí.

— ¿Tengo que escribir su nombre?

—Correcto—Kadosch miró hacia adelante. La perra ya no estaba. Miró a su lado y Azrael y Eurinomio no estaban. Miró alrededor y en intentos por buscarlos miró a una mujer de espaldas con una perra negra a su lado. La miró y entonces empezó a sudar frio. <<Debe ser fácil>> Kadosch miró su mano vacía. << ¡¿Y el pergamino?!>> Miró su otra mano, no tenía la pluma. Observó de nuevo alrededor buscando a Azrael.

— ¿Y el pergamino? —Preguntó desesperado. Hécate movió su cabeza ligeramente. Echó un vistazo a Hécate de nuevo.  << ¿Por qué demonios me sucede esto a mí?>> Cerró los puños  y dio un paso al frente.

—Hola, ¿Hécate? — Hécate no se movía. La perra se dio la vuelta. Seguía oscuro, parecía llover. Kadosch no perdió la vista a la cabeza de Hécate que se movía hacia un lado hablando.

— ¿Qué es lo que queréis?

—Yo…— Hécate se dio la vuelta. Era encantadora: rubia, blanca…           <<  Ángeles caídos>> Ella se inquietó viéndolo.

— ¿Quién sois?

—Kadosch.

— ¿Kadosch? —Sonrió y siguió hablando— ¿Acaso sois nuevo? Nunca os había visto.

—Sí, algo así.

— ¿Y qué queréis? —Kadosch miró su mano y no había pergamino ni pluma. << ¿Dónde diablos está Azrael?>>

<<Pensáis mucho, Kadosch>> Escuchó en sus pensamientos.

<<— ¿Azrael? ¿Qué es esto? ¿Dónde estáis?>>

<<—En vuestros pensamientos estoy >>

<<— ¿Y el pergamino, la pluma?>>

¿Qué es lo que queréis?Repitió Hécate.

Aún no lo sé, Hécate.

¡¿Aún no lo sabéis?! ¡¿Y por qué mejor no te vais y me dejáis sola?!

<< — ¡Azrael! ¿Cómo saco la pluma y el pergamino?>>

<<—Dejad de pensar tantas tonteras, concentraros en vuestro objetivo>> Kadosch cerró los puños. Vio a Hécate enojada.

¿Quién os envió? —De repente dos Hécate aparecieron como réplicas al lado de la original. La de la izquierda poseía una antorcha encendida y apuntando hacia abajo, la de la derecha una serpiente, y la original, la del centro una enorme llave de hierro, gastada, herrumbrada.

—Largaros de aquí— Kadosch miró a las tres mujeres. <<Su antorcha, la serpiente y la llave, si la provoco ella me mostrará…>> Azrael interrumpió sus pensamientos.

<<—Ni lo penséis Kadosch, tenéis que escribir su nombre antes de abrir las cadenas>>

<< ¿Y es qué no te dais cuenta de que no tengo el pergamino y la pluma?>>

<< ¡Intentad!>>

—Os mataré, Hécate.

— ¿Qué? —Preguntaron las tres.

—Escribiré vuestro nombre en mi…— De repente el escenario cambió: era un maizal seco. Kadosch sorprendido miró alrededor. El maizal era alto, no alcanzaba a ver más allá. Entonces trató de sacar sus alas, pero no lo lograba; escuchó una voz.

—Soy antorcha, y yo represento la Muerte. Deberéis apagar todo fuego que sea encendido antes de que este os consuma—En ese momento Kadosch escuchó una llamarada. Giró su cabeza a donde la escuchó empezar. Una de sus alas salió. Estaba tan concentrado en el fuego que no se inclinó a la derecha donde su ala había salido. La movía tratando de alzarse. Sentía el calor de las llamas arder muy rápido por el maizal seco. En ese instante surgió la otra ala. Levantó vuelo y cuando iba a salir sintió un látigo tomar su pie. Miró abajo y se dio cuenta de que una cuerda de fuego lo sujetaba y lo jalaba.

— ¡Soltadme! —Sacudía las alas haciendo que las plumas se desprendieran a montón. El látigo lo haló con mucha fuerza lanzándolo al suelo. El látigo no lo lastimó. Se levantó viendo que las llamas ahora consumían su entorno. Creía sentir calor. << ¿Apagar todo fuego? ¿Cómo?>> Entonces movió sus alas y las llamas se movieron pero no se extinguieron. <<Debo moverlas más fuerte>>  Empezó a agitar  con fuerza. Las plumas se despegaban y se quemaban. Las llamaradas danzaban. Mientras apagaba el fuego escuchó gritos de hombres y mujeres. Frunció el ceño al verlos quemándose. Corrían y trataban de apagar el fuego lanzándose al suelo. Kadosch dejó de mover sus alas. El fuego inmediatamente aumentó. La gente seguía corriendo, gritando y llorando. Los veía caer ya muertos. Sintió miedo.

— ¿Qué es esto? —Preguntó mientras seguía escuchando gritos. Movió de nuevo las alas ahora con más fuerza. Las llamas disminuían y todo se iba poniendo en humo. Sólo se escuchaba gemidos. Luego sólo quedaron ramas quemadas. Caminó pisando las brasas del maizal. Se detuvo viendo a una mujer todavía viva, tenía los ojos cerrados y lloraba. Kadosch se acercó temerosamente, la piel se veía en carne viva. Sintió más terror. Se agachó para poder verla y/o hablar con ella. Ella sintió una presencia y abrió los ojos mirando el cielo oscuro. Trató de hablar pero no podía.

—No habléis porque será doloroso. —La mujer empezó a llorar y quería hablar. Kadosch miró alrededor. << ¿Y si me la llevo?>> Entonces se acercó a ella y la tomó de la cintura, cuando ella lo vio a los ojos y luego a sus alas se hizo ceniza inminentemente. Kadosch gritó haciéndose hacia atrás y cuando se proponía a caer al suelo cayó a un río. Sus alas se batían y se le enredaban entre los matorrales del río. Trataba de poner el pie en la arena pero nada. De pronto subió a la superficie. El agua le llegaba a la cintura. Miró alrededor. Era un bosque al parecer.

—Soy la serpiente, y conmigo viene la tentación. Tendréis que cambiar la muerte de Adrián. —Pocas imágenes corrieron por su mente con ese nombre: una iglesia, un traje eclesiástico con sotana y  un alzacuello. Miró el agua y salió. Kadosch se detuvo y en varios intentos metió sus alas. Parecía normal. <<Normal, como era antes cuando podía estar con las personas… cuando era carne y hueso humano>> Todavía seguía llevando los harapos que Azrael le había dado. << ¿Quién es Adrián? Al parecer es un padre… ¿Un padre? ¿Debo lidiar con un padre? Pero por dentro sigo siendo Kasey>> Mientras pensaba miró una cabaña. Parecía abandonada, de repente un hombre abrió la puerta, vestía normal: pantalón negro, camisa verde oscuro, parecía tener unos 40 años, tenía un balde en la mano. Se detuvo frente a unas masetas y regó las flores con agua. Se dio la vuelta. Kadosch se ocultó en unas ramas para que aquel hombre no lo viera. Adrián entró cerrando la puerta. Kadosch lentamente caminó hacia la cabaña yendo hacia la parte de atrás. Revisó que no hubieran indicios de plumas o tal vez si le pergamino  había aparecido. Miró sus manos: nada. Atrás había un huerto: habían 5 diferentes cosechas: papa, zanahoria, sandía, manzanilla y malanga. Era lo único que lo alimentaba y si un día dejase de cosechar moriría en días. Sus únicos alimentos. La puerta trasera estaba cerrada, había una pila color roja para la ropa y al lado el tendedero donde guindaban los pantalones, camisas, medias y su  ropa interior. Kadosch tuvo un recuerdo cuando dándole la espalda a la puerta tocó la pila: su casa. <<Mi casa, la que parecía que se iba a caer con el viento y la lluvia de invierno>> Cerró los ojos. Adrián se dio cuenta de que un extraño estaba frente al lavadero. Un vagabundo, dado que su ropa era un andrajo. Abrió espaciosamente la puerta y levantando su escopeta ya cargada para que el extraño no se diera cuenta le apuntó. Dio unos pasos y le puso el cañón en la nuca. Kadosch sintió el frio. Se dilataron sus ojos.

—Arriba las manos—Dijo Adrián. Kadosch miró de re ojo y cerró los ojos frunciendo la nariz. Levantó las manos. Luego escuchó.

— ¿Qué es lo que tiene ahí? ¿A qué vino? —Kadosch miró sus manos en alto. Agrandó los ojos. << ¡El maldito pergamino y la pluma!>> Kadosch no contestó.

—Conteste—Kadosch se sobresaltó respondiendo.

—Es un diario, escribo cuando puedo.

— ¿Y qué es lo que quiere?

—Yo sólo estoy un poco perdido y encontré esta cabaña.

— ¿Se quería robar lo que siembro?

—No, señor, no—Kadosch se sabía su nombre, pero sería raro si lo dijera antes de que él lo mencionara.

— ¿Qué le pasó?

— ¿Mi ropa?

—Sí—Kadosch no supo qué decir.

—No lo sé— <<No sé qué decirle… ¿Me atacaron? ¿Esta es mi vestimenta? ¿Azrael me la dio? ¡Piensa!>>

— ¿No lo sabe?

—No lo recuerdo—Adrián presionaba con más fuerza su arma contra el cuello de Kadosch. << ¿Y si dispara? Se dará cuenta de que no me lastimará, esto es grave>>

—Mejor lárguese de aquí—Kadosch pensó. << ¿Y por qué tengo que proteger a un padre con escopeta? No tiene sentido>>

—No puedo.

— ¿Por qué? —Presionó más.

—Tengo que protegerlo.

— ¿Qué? ¿A mí? —Adrián frunció el ceño. Kadosch no tenía nada más qué decir. Sólo asintió. Hubo un poco de silencio, lentamente, Adrián bajó el arma. Kadosch se alivió, Adrián dijo.

— ¿Te ha enviado el padre Bryan? —Unas imágenes transitaron por su mente: un padre muy enojado, hablando con Adrián, lo mandó aquí, no pecados, sólo regaños. Kadosch miró a un lado y contestó.

—Sí— Adrián lanzó un soplido y entró a la cabaña. Kadosch giró y miró la puerta y escuchó desde adentro.

—Pues entra, no le tengo rencor a los espías—Kadosch miró su pergamino entrando. Olía a hierbas, a té. Era estrecho, casi que todo estaba en una misma sala: la cocina, el cuarto y a excepción el baño. Miró a Adrián en la mesa, sirviendo té.

—Siéntate y conversemos—Adrián se sentó. Kadosch lo contempló. <<Que guapo que está>> Parpadeó y se fue a sentar. Era una mesa pequeña de sólo dos sillas, frente a frente. Kadosch ocultó el pergamino bajo la mesa mirándolo a los ojos: verdes. Tenía marcas de vejez pero se veía muy bien. Sus labios eran delgados, sus gestos eran serios pero Adrián era muy gentil, Kadosch lo sabía. Era delgado y alto. Parecía que había desarrollado músculos por las cosechas y las corridas que se daba en las madrugadas y noches para alejarse un poco del mundo y hablar con Dios. Adrián bebió de su té y le preguntó.

— ¿Qué es lo que Bryan quiere ahora? —Kadosch lo miraba a los ojos. Contestó.

—Siente un poco de flexión en cuanto a lo que él os dijo—Adrián frunció el ceño no a lo que Bryan pensaba si no al término ‘Os’ ¿Voceo?

—Mmm—Bebió de nuevo. Miró alzando una ceja a la mesa y dijo— ¿Qué dice ese rollo que traes? ¿Es un mensaje de Bryan? ¿Puedo leerlo? —El corazón de Kadosch empezó a latir con fuerza. Giró la pluma y alzó el pergamino. Lo puso en la mesa. Lo tuvo un instante pegado a la mano, no era que no se quería zafar es que él no quería zafarlo. Lo soltó. Adrián lo tomó: era árido y suave a la vez. Lo giró viendo un sello rojo, traía inscrito una palabra en grande, en otro idioma: מות, hebreo. Y alrededor de la palabra venía una inscripción en italiano. Adrián frunció ligeramente el ceño mirando a Kadosch.

— ¿Cómo te llamas? — Kadosch se quedó paralizado. << ¿Cómo me llamo? ¡¿Y qué le contesto?!>>

—Derek—Respiró. << ¿Derek? Imbécil>>

— ¿Derek, qué?

—Derek McCarthy.

— ¿De dónde eres, Derek?

—Crecí en América, pero nací en Irán. Mi madre era americana y mi padre irlandés. Viajaban frecuentemente.

—Curioso—Dijo bebiendo de nuevo. Continuó— ¿No beberá té? —Kadosch miró el vaso… << ¿Té?>> Le parecía conocido pero su mente no lo procesaba.

—No—Contestó.

— ¿Bryan envió este rollo? —Kadosch no podía seguir mintiendo tanto.

—No. Es mío.

— ¿Suyo? —Volvió a ver el rollo y preguntó

— ¿Y para qué sirve?

—Para escribir—Adrián lo miró y sonrió un poco irritado.

—Es obvio—Comentó con una sonrisa y prosiguió—Pero, ¿por qué lo tienes? ¿Es para un fin en específico? — Era como si cada pregunta fueran dosis del suero de la verdad.

—Es mío… Sí, es para un fin en específico.

— ¿Cuál? —Kadosch cerró los puños y apretó fuerte su mandíbula.

—Es para… escribir…—Cerró más fuerte sus puños.

— ¿Se encuentra bien?

—Sí—Contestó de inmediato.

—No se preocupe—Sonrió bebiendo té— ¿Puedo abrirlo?

—Está bien—Adrián bajó la taza y se dispuso a abrirlo. Miró una vez más el inscrito en el sello rojo. Y lo leyó en pregunta.

— ¿ מות? —Lo giró para leer lo demás—Possessorem donum scribere. In alia manu mortale. Homo non potest scribere. (Poseedor del don de la escritura. Por otra parte, mortal. El hombre no puede escribir.) ¿Por qué dice eso? ¿Latín?  

—Es una advertencia.

— ¿De qué, por qué? —Miró a Kadosch a sus ojos negros.

—Ahí lo dice, ya lo leyó. —Rompió el sello. El sonido invadió su casa. Lo estiró. Era un poco extenso. Estaba vacío, lo giró y también en blanco.

—No tiene nada—Indicó algo decepcionado.

—No.

— ¿Por qué?        

—Porque nadie ha escrito en él.

— ¿Y qué es lo que se escribe? —Kadosch se sentía sofocado. Cambió el tema preguntando.

— ¿Por qué es que cada vez que encendéis el televisor y veis las noticias perdéis vuestra fe? —Adrián lo miró y frunció el ceño.

— ¿De qué habla?

—Fue por eso que el padre Bryan me envió aquí. —Adrián se incomodó. Puso el pergamino en la mesa.

—Me doy cuenta de que Bryan le contó mucho, ¿qué es lo que Bryan quiere exactamente?

Yo lo quiero proteger.

— ¿De qué?

—De la serpiente.

— ¿Qué…? ¿Cuál serpiente? —Kadosch miró el pergamino enroscado en dos. Sacó su mano por debajo de la mesa y cogió el pergamino. Adrián lo miraba a los ojos. Kadosch dejó caer el pergamino y este desapareció.

— ¿Y qué cree que signifique la serpiente?

—Sé qué significa… ¿Seré tentado? ¿Con eso se refiere a protegerme?

—Sí—Adrián se rió bebiendo té — ¿Y qué se cree el padre Bryan?

—Bryan no me ha enviado y nunca he hablado con él. —Adrián se puso serio—Alguien más me ha enviado.

— ¿Quién?

—Adrián… Vuestra fe decae, ¿por qué? ¿Por qué le creéis más a la televisión que a la Biblia? ¿Más que a la muchedumbre y menos a la Iglesia? Vuestra fe es muy importante. Y que no vuelva a pasar por vuestra mente que habéis sido abandonado. Dios sí escucha vuestras oraciones—Adrián quedó estupefacto con el vaso en la mano. Un frio corrió por su nuca. Se erizó poniendo con prudencia la jarra en la mesa.

— ¿Quién es usted?

—No me llamo Derek, mi nombre es Kadosch, soy…—Adrián escuchaba atento. Kadosch alzó su mano donde tenía la pluma y la puso en la mesa. Era brillante. Kadosch alzó la otra mano: la tenía vacía. Adrián miró la mano.

— ¿Y el rollo? —Preguntó mirando la mesa. Kadosch sintió algo áspero y el pergamino cayó a la mesa.

— ¿Magia?

—No. Es parte del trabajo que hago.

— ¿Y qué es lo que hace? —Kadosch miró los ojos de Adrián llenos de curiosidad y de miedo.

—Escribir nombres.

— ¿Nombres para qué? ¿Acaso eres asesino? ¡¿Quién eres?! —Golpeó la mesa tambaleando el vaso de té de Kadosch y derramando por la orilla su líquido. Kadosch miró la pluma y pensó. << ¿Qué me sucede? Parece como si ya no manejara lo que digo, pero soy yo>> Giró de nuevo. Se puso oscura. Adrián con el ceño fruncido y el puño cerrado no lo notaba.

—Contésteme—Kadosch seguía girando la pluma. Luz, oscuro, luz, oscuro. Se detuvo y miró a Adrián.

— ¿No notáis la luz de la oscuridad y la oscuridad de la luz? —Kadosch guió su mirada a la pluma y giró, una ilusión impresionante. Adrián miraba mientras Kadosch seguía moviendo la pluma.

— ¿Quién eres y cómo haces eso?

—Soy el siguiente Ángel de la Muerte, sucesor de Azrael y este movimiento es fácil, sólo giráis la pluma—Giró de nuevo. Adrián movió su silla hacia atrás dejando caer su vaso y esparciendo el té al suelo. Se santiguó y cerró los ojos juntando las manos.

—Padre nuestro que estás en el Cielo…

—No os lastimaré, estoy aquí para protegeros.

—Vete de mi humilde casa demonio, vete y déjame porque Dios mi salvador me protege de alimañas como tú—Kadosch lanzó un suspiro y se levantó saliendo por la puerta mientras Adrián seguía rezando. Dejó la puerta medio abierta. Adrián abrió los ojos sudando y temblando. <<Primera vez que me pasa esto>> Miró la puerta dando gracias a Dios. Un poco turbado corrió a la puerta para cerrarla cuando un pie descalzo se interpuso.

—Sigo aquí—Dijo Kadosch. Adrián se hizo hacia atrás y asaltado preguntó.

— ¡¿Qué quiere?! — Kadosch abrió la puerta y le contestó.

—Protegeros. Tendréis seis duras pruebas que la serpiente os hará.

— ¡¿Seis?! ¡¿El número de Satanás?! —Kadosch giró los ojos y le dijo.

—Números, números… Tendréis que superarlas.

— ¡No, lárguense de mi casa, demonios de Satanás! ¡¿Qué les he hecho?! —Kadosch puso su dedo entre su nariz y labios y lo movió tres veces, pensando. Entonces mientras Adrián seguía rezando, Kadosch escuchó una voz en su cabeza que le dijo.

<<—Kasey… Sé que estáis allí, ¿Qué ha sucedido?>> Kadosch agrandó los ojos, le empezó a doler la cabeza.

<<—Soy yo, vuestro Dios>> Kadosch se sobresaltó, tembló y se erizó.

<<—Dejadme ayudaros con Adrián. Enviaré a Gabriel y él le dirá lo que puede suceder si Adrián pasa las seis pruebas>>

<< ¿Por qué estoy en este cuerpo?>> Fue lo único que se le ocurrió preguntar. Se sentía triste.

<<— ¿Y aún no lo sabéis?>> Dios dejó sus pensamientos. Kadosch derramó una lágrima. Quitó su lágrima de inmediato. Escuchó una voz de un hombre pero no en sus pensamientos decir.

—Hola Adrián. —Adrián cayó de rodillas. Kadosch giró viendo a Gabriel frente a Adrián. Tenía una enorme sotana blanca y sus pies no tocaban el piso. Estaba de espaldas a Kadosch. Continuó. —Soy el Ángel Gabriel—Sonrió. Adrián empezó a llorar. —Os veo muy afligido y mi amigo al Ángel de la Muerte tiene razón —Señaló a Kadosch. Adrián  lo miró. Gabriel continuó—Vuestra fe declina, y el Ángel de la Muerte viene para salvaros de las seis pruebas que la serpiente os hará. Adrián, Jehová, vuestro Dios confía plenamente en vosotros, y me ha dicho que si alcanzáis soportar las seis pruebas seréis llevado a una divina revelación del Infierno y del Cielo donde allí te quedaréis. —Sonrió elevándose en luz. Kadosch lo seguía viendo. Gabriel se giró y puso su mano en el hombro de Kadosch y sonriéndole le mencionó.

—No le mostréis vuestras alas aún, Ángel de la Muerte, porque le causaríais la muerte en el instante en que te vea y así para cualquier otro ser humano—Kadosch miró la mano de Gabriel y sorprendido dijo.

—El gobernador de Dios: Gabriel—Gabriel sonrió disipándose en luz. Kadosch miró a Adrián todavía de rodillas y con los ojos cerrados. Se le acercó y le preguntó.

—Bueno… ¿Estáis bien? —Adrián asintió bajando la cabeza. Abrió los ojos poniéndose en pie.

—Estoy listo—Dicho eso, aparecieron en un desierto. Uno distinto. El hambre le llegó a Adrián, pero se extrañó porque antes se sentía lleno. Hacía mucho calor, ya sentía sed y mucha, demasiada hambre. Era como si no hubiera comido por semanas. Se sintió débil y cayó al suelo. Kadosch lo miró y se asustó.

— ¿Qué os sucede? —Adrián miró sus manos y se nublaba la vista. Levantó con dificultad la cabeza y dijo.

—Ya empezó—Adrián escuchó una risa espantosa y unos pasos acercase. Movió su cabeza a la izquierda y vio a un hombre de negro a no muy lejos de él. Adrián sintió un enorme miedo. Sus pulsaciones empezaron a aumentar. Su corazón empezó a latir muy rápido. << ¡Mi Dios!>> Adrián cerró los ojos y comenzó a rezar en la mente, pero una voz le interrumpió los pensamientos.

<<— ¡Qué se pudra vuestro Dios!>> Se rió. Adrián cerró más fuerte los ojos. Kadosch se le acercó y se agachó.

—Adrián, dejadme levantaros.

—Tenéis que ayudarme, Ángel—Dijo empezando a llorar y continuó— No puedo soportarlo, siento que moriré—Kadosch le miró el rostro, parecía como si de verdad lo hubiesen tenido cautivo por varios días sin agua ni comida.

—Confía en vuestro Dios.

— ¡Ayúdame, por favor, Lucifer está aquí, tengo miedo! —Kadosch frunció el ceño y con la mano que sostenía la pluma tomó el rostro de Adrián cubierto de lágrimas y le dijo.

—Al único a que le tenéis que temer es a ¡Dios! —Gritó. Lo soltó. Se levantó mirándolo en el suelo. Adrián miró a Lucifer acercarse, agacharse y parecía que le respiraba un toro. <<Yo os daré tranquilidad, sólo dejad vuestra fe y venid conmigo, os daré agua y comida>> Escuchó en su mente. Sus manos flaqueaban de miedo. Satanás habló estando a centímetros de su oído.

—Adrián—Adrián gritó sintiendo su boca seca.

— ¡No, no, por favor! —Rogaba. Kadosch podía ver a Satanás pero no podía intervenir porque era lo que Adrián debía hacer.

—Os daré algo, no soy malo, sólo soy algo diferente.

—Déjame, déjame. —Lloraba como niño.

—Os daré alimento—Y diciendo eso una mano suya se extendió haciéndole aparecer un banquete con miles de comidas, vinos, agua y frutas. Adrián miró como si fuese un espejismo. Kadosch se perturbó. << ¿Y si come?>> Adrián sonrió poniéndose en pie. Su estómago rugía, lo incitaba a comer. Empezó a caminar hacia el banquete sin dudarlo. Kadosch lo miró y entonces exclamó.

— ¡Juan capítulo 3, versículo 16! —Adrián se detuvo y frunció el ceño. Miró a un lado y escuchó a Satanás decir.

—No le pongáis atención. La comida os llama—El olor a cerdo frito llegó más a el olfato de Adrián. Él siguió caminando. Kadosch miró a Satanás diciendo.

— ¡Juan, capítulo 3, versículo 16, decidlo! —Adrián empezó a llorar más viendo el banquete desaparecer. El olor aumentar.

— ¡¡Decidlo!! —Gritó estérico Kadosch. Y sintiendo que la voz no le salía por lo seco de su garganta lo dijo.

—“Porque tanto amó Dios…—Bajó la cabeza llevando su mano a sus ojos llorosos—… ¡Dios!... —Aumentó el llanto y prosiguió— “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, si no que tenga vida eterna” —Cayó al suelo mirando el cielo. El olor a carne desapareció. Adrián seguía llorando y golpeando la arena. Una sombra le cubrió el rostro. Kadosch lo miró casi muerto y vio como un oasis una tinaja dorada aparecer justo arriba de la cabeza de Adrián. Frunció el ceño mirando alrededor. Satanás ya no estaba. Kadosch sentía que debía tomar la tinaja la cual le rebosaba una clara agua. Se agachó y tomó la tinaja. Adrián dejó de llorar, parecía que sólo respiraba. Kadosch agarró la espalda de Adrián y lo enderezó sentándolo. La cabeza de Adrián se inclinó hacia adelante. Kadosch puso la tinaja en la arena; metió su mano: era fría. Tomó poco de ella en la mano y la acercó a la boca de Adrián. Adrián abrió los ojos y miró la mano de Kadosch y en ella algo brillante: agua. Bebió con desesperación, pero al sentir lo amargo del agua la botó escupiéndola.

— ¡Vinagre! —Exclamó. Kadosch tomó en su mano más agua y le dijo.

—Pero en vuestro estómago dará un delicioso gusto, bebe. —Adrián cerró los ojos bebiendo de nuevo. Hizo un gesto de amargura y tragó: era rasposo y muy agrio, pero al llegar al estómago era como si esa agua lo llenara por completo. El color de su piel volvió a la normalidad, no sentía ni sed ni hambre.

—Es el agua de Dios—Kadosch quitó su mano de la espalda y Adrián se acostó en la arena y sonriendo expresó.

—Bendito seas, mi Dios. —Kadosch se agachó y lo tomó entre sus brazos.

 

Adrián abrió los ojos viendo el techo de su casa. Miró a los lados y vio a Kadosch sentado en una silla frente a él. Sintió alivio. Kadosch dijo.

—Sé que te sabéis los textos bíblicos.

—Gracias—Cerró los ojos y cuando los abrió miró un tapizado diferente. Estaba en otra cama. Se enderezó viendo una puerta y miró alrededor hasta toparse con Kadosch.

— ¿Continua? —Preguntó Adrián un poco asustado.

—Así parece—Adrián se iba a poner en pie cuando se percató de que estaba desnudo. Se volvió a sentar cubriéndose.

— ¿Por qué estoy desnudo? —Kadosch lo miró y no supo qué contestar. La puerta se abrió y entraron dos mujeres desnudas, muy hermosas, una pelirroja y una rubia, siendo la pelirroja Satanás. Ambas sonrieron, labios rojos y maquilladas, tenían tacones negros. Una era más alta que la otra. La más alta dijo.

—Quiero que me folles duro—Se rió: esa era Satanás. Las dos se le acercaron y se le montaron encima, tratando de quitarle la cobija. Adrián temblaba, parecía como si su alma ya no fuera la de un padre.

—Ayúdame—Dijo perdiendo el control. Kadosch no sabía qué hacer, no se le venía a la mente ningún texto bíblico.

—Mmm…—Inventó— ¿Salmo 103: 4?

—“Que está reclamando tu vida del hoyo mismo, que te está coronando con bondad amorosa y misericordias…”

—No tiene sentido—La rubia  desgarró la cobija dejándolo desnudo. Adrián cubrió su rostro con sus manos temblorosas. Le empezaron a acariciar su sexo.

—Te gusta, sí, lo noto—Adrián empezó a excitarse. Kadosch frunció el ceño e inventó otro.

— ¿Mateo 18: 9?

—“También si tu ojo te está haciendo tropezar, arráncalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida con un solo ojo, que con dos ojos ser echado al Gehema de fuego” —Lo recitó tocando el pelo de una de ellas.

—No, no—Dijo Kadosch más asustado. <<Va a pecar>> Inventó otra.

—Hebreos 16: 7—Adrián se rió tocando los senos de ambas.

— ¡No hay Hebreos 16, sólo hasta 13! —Siguió riendo. La pelirroja miró a Kadosch y le sonrió diciendo.

—Acompañaros… Kasey—Se mordió el labio y mirando a Adrián, golpeó a la otra lanzándola al suelo. Kadosch no podía hacer nada. La pelirroja se le montó encima mientras Adrián temblaba. Sin decir nada ni hacer nada. Entonces Kadosch cerró los ojos y los puños diciendo.

—Isaías capítulo 12, versículo 2—Adrián entonces empezó a decirlo mientras la mujer le seguía acariciándole el sexo, alistándolo para la penetración.

—“¡Mira!...” —Cerró los ojos—... “Dios es mi salvación. Confiaré y no estaré en pavor; porque Jah, Jehová  es mi fuerza y [mi] poderío y él llegó a ser salvación para mí” —Apretó la sábana con fuerza. Todo su cuerpo trepidaba. Cerró con más fuerza sus ojos. Escuchó unos pies acercarse. Le tocaron la frente. Abrió los ojos mirando a Kadosch. Se enderezó en su cama y en su casa. Cerró los ojos llevando sus manos a su cabeza y mencionó.

— ¡Dios, Dios! —Lloró. Kadosch le dijo.

—Adrián… Tenéis que ser fuerte, por eso es que te han puesto esta prueba, porque vuestra fe desaparece. Tenéis que tener dogma y no temer—Adrián asintió mirándolo. Parecía un niño, esos ojitos verdes y nublados de lágrimas.

Bajó la cabeza y al subirla miró su Iglesia, donde daba misas antes de que Bryan lo sacara. Kadosch estaba a su lado. Ambos estaban sentados en las bancas de la Iglesia. Escucharon a alguien entrar por la puerta. Ambos se dieron vuelta. Adrián se alegró diciendo.

—Mi madre y hermana—La madre ya era mayor, unos 70 años, mientras que su hermana tenía 14. Llegaron al altar donde el padre Bryan se encontraba. Adrián se levantó y se acercó más sentándose en las bancas de adelante. Kadosch lo hizo también. Bryan dijo.

—Malditas perras de mierda. ¡Aléjense de esta Iglesia! Su hijo era un malnacido que vino a destruir nuestra Iglesia, ¡y no permitiré que ustedes dos destruyan más lo que es sagrado! —Adrián frunció el ceño poniéndose en pie. Las dos no dijeron nada. Bryan tomó la copa de vino y la lanzó a la madre impactándola en la espalda— ¡Sarnosas! —Adrián confundido cerró los puños y sintió algo duro en uno de ellos. Miró y era una navaja negra. Seguía escuchando a Bryan insultándolas y lanzándoles cosas.

— ¡Basta, déjalas! —Dijo acercándose a Bryan que gritaba. Kadosch se dio cuenta de que Adrián tenía una navaja. Kadosch se levantó y dijo.

—Proverbios, capítulo 3, versículo 5—Adrián se detuvo, giró su cabeza y enojado le expresó.

—Deja de decirme lo que tengo que hacer—Giró la cabeza a Bryan y continuó—A este maldito lo voy a matar—Kadosch corrió delante de Adrián y le indicó.

—No. Pecarás. —Adrián se enfureció más levantando la navaja. Frunció su nariz diciendo.

—“Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento” —Y diciendo eso le clavó la cuchilla en el pecho a Kadosch. Kadosch alzó las cejas viendo la navaja en su pecho. Adrián dio un paso atrás muy asustado por lo que hizo.

— ¡Te maté, lo siento! —Miró sus manos; continuó— ¿Y qué será de mi alma? —Kadosch sonrió sacando la navaja del pecho. La lanzó al suelo de la casa de Adrián. Adrián miró alrededor: la silla, la cocina, la puerta, las ventanas. Vio la navaja limpia, sin sangre.

—Soy el Ángel de la Muerte, soy siempre el último en morir, nada me hace daño a excepción de que Dios así lo quiera—Adrián lanzó una risilla ahogada y asustada.

— ¿Me dices la verdad? —Kadosch asintió.

—Bendito sea Dios. ¿Me puedo sentar? —Kadosch miró la silla y exclamó.

— ¿Por qué no? —Se sentó. Respiró profundo y al mirar a Kadosch, la silla desapareció cayendo al suelo. Parecía una cueva. Hacía calor. Adrián se levantó y observó a Kadosch.

— ¿Por qué no puedo descansar? —Kadosch miró alrededor hasta detener su mirada a un mini trono blanco. Kadosch caminó hasta él y había un sobre encima de una enorme pila de hojas que traía inscrito nombres en latín. Kadosch abrió el sobre y en él decía.

—He aquí el cúmulo de hojas que no han sido contadas aún. Adrián, el elegido, deberá contar cada hoja sin equivocaciones. Si así lo logra, tiene el grato y divino poder de ver y buscar los nombres que serán salvados del fin de la maldad—Kadosch miró a Adrián  que estaba sorprendido. Ambos lo estaban. Kadosch vio el montón de hojas y en la primera hoja venía inscrito lo siguiente que no leyó en voz alta: ברוך הוא אשר מחזיק את המתנה, כי הוא יהיה בר מזל לקרוא 2,000 עמודים (‘Bendito aquel que posea el don, porque él será el afortunado de leer estas 2000 hojas’)     << ¿Son 2000 hojas que debe contar?>>  Adrián se acercó y lo único que veía eran hojas blancas.

— ¿Tengo que contar hojas en blanco?

—Sí—Dijo Kadosch poniendo el sobre a un lado.

— ¿Podré leer nombres, los nombres de los elegidos?

—Sí, Adrián—Adrián cerró los ojos y respiró profundo. Empezó a coger una hoja y ponerla al otro lado, encima del sobre. Iba por 100 cuando de los pilares de la cueva se empezaron a escuchar susurros que decían números en italiano.

Cento e nove, centodieci, cento e sette, centocinquanta, Cento e tre, cento.  Cento, tre, quindici, cinquanta, Nessun account (Ciento nueve, ciento diez, ciento siete, cincuenta, ciento tres, cien, cien, tres, quince, cincuenta. No se cuenta) —Desaparecían. Adrián siguió contando en voz alta. Unas sombras empezaron a emanar de las entrañas de la cueva. Se le acercaron a Adrián. Él seguía contando. Se detuvo en 182. Miró a las sombras. Cerró los ojos pasando las hojas. Las mismas voces pero más cerca seguían contando, esta vez en latín.

Centum nonaginta, Nonaginta duo, Quattuor, Ducentorum trium, Quattuor, Centum nonaginta quinque, Sex, Septem, Octavo, Novem (Ciento noventa, noventa y dos, cuatro, doscientos tres, cuatro, ciento noventa y cinco, seis, siete, ocho, nueve) —Adrián negó la cabeza contando al 200. El calor empezó. Los pies le empezaron a doler. Dejó de contar en el 220. Parecía como si hubiese estado de pie por muchas horas. Abrió los ojos y miró a Kadosch y le dijo.

—220…

—Vais bien.

—220—Repitió. Prosiguió—Dame un texto bíblico… 220. —Kadosch miró las sombras y se lo dio

—Marcos, capítulo 12, versículo 30.

—220…Amm...”Y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”...220—Movió los hombros y siguió contando más rápido. Las voces seguían susurrando más números, ahora en danés.

Tredive, Fyrre, Halvtreds, To hundred, To, Tre, Fire, Fem, Seks! (¡Treinta, cuarenta, cincuenta, doscentos, dos, tres, cuatro, cinco, seis!) —Y transcurrieron treinta minutos. Se detuvo en el 635.

—635, 635. Dame otro texto. 635.

—Segunda de Timoteo, capítulo 1, versículo 3.

—635, 6, 3, 5, 635...”Estoy agradecido a Dios-a quien rindo servicio sagrado como lo hicieron mis antepasados y con conciencia limpia- de que nunca ceso de acordarme de ti en mis ruegos, y noche y día”. 635 —Siguió contando. Las voces lo seguían ahora en letón.

Seši simti četrdesmit, piecdesmit, seši, septiņi, pieci...Divas, trīs, pieci! trīs, divi, viens, seši (Seiscientos cuarenta, cincuenta, seis, siete, cinco… Dos, tres, cinco, tres, dos, unos, seis) —Y llegando al 666, se escuchó un retumbo en la cueva. Empezaron a caer rocas.

— ¡666! —Gritó una voz diferente a las demás. Humo y rocas llegaron hasta Adrián que continuaba. Ahora sobrepasaba las 1000 hojas. Se detuvo en 1004. Respiró moviendo sus pies: ya los sentía acalambrados.

—1004, texto, 1004.

—Segunda de Timoteo, capítulo 1, versículo 7.

—1004...1004, “Porque Dios no nos dio un espíritu de cobardía, si no de poder y de amor y de buen juicio”, sí, 1004—Continuó. Alargaron las voces molestando ahora en alemán.

Eintaudend, eins, zwei, drei. Thousand vier, drei, zwei, tausenddreizehn, vierzehen, sechs, zwei, drei, tausend, tausend, tausend, tausend, zweitausend, dreitausend, viertausend, tausend, tausend, tausend (Uno, dos, tres, mil cuatro, tres, dos, mil trece, catorce, seis, , tres, mil, mil, mil, mil, dos mil, tres mil, cuatro mil, mil, mil, mil)—Pasó una hora. 1770. Se detuvo en 1770 y le preguntó a Kadosch.

— ¿Cuántas faltan? —Kadosch lo miró agotado, sus ojos ya estaban cansados al igual que su voz.

—El cantar de los Cantares, capítulo 8, versículo 6—Adrián frunció el ceño indagando.

—1770... ¿El Cantar de los Cantares?

— ¿No lo sabéis?

—1770—Negó la cabeza.

—Lo leeré por vosotros: “Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo; porque el amor es tan fuerte como la muerte, la insistencia en la devoción exclusiva es tan inexorable como el Seol. Sus llamaradas son las llamaradas de un fuego, la llama de Jah” —Adrián miró a Kadosch y le sonrió diciendo.

—Más fuerte que la muerte, el amor...1770, 1771... —Siguió. Las sombras insistían pero no lograban descarriarlo. Se detuvo en 1999 viendo una hoja nada más. Sonrió viendo a Kadosch y le mencionó.

—Otro texto.

—Salmo, capítulo 72, versículo 19—Adrián asintió sonriendo más y lo pronunció.

—“Y bendito sea su glorioso nombre hasta tiempo indefinido, y llene su gloria toda la tierra. Amén y amén” —Adrián levantó la hoja ni siquiera sintiendo sus dedos.

—2000...2000 son las hojas de los nombres de los elegidos—Se apartó acercándose a Kadosch. Las hojas se acomodaron solas y en dorado apareció una frase que Adrián pudo leer.

—‘ברוך הוא אשר מחזיק את המתנה, כי הוא יהיה בר מזל לקרוא 2,000 עמודים’— Adrián rió de alegría y se acercó. Kadosch también. Adrián movía la hoja y los nombres de los elegidos se formaban frente a él en dorado. Adrián lloró leyendo no todos, pero sí unos. Sintiéndose aliviado dejó las hojas en su lugar. Quería traerse las hojas y revisarlas una por una, pero no podía. Y viendo el mini trono aparecieron en la casa. Él miró el suelo temblando, observó a Kadosch y con una sonrisa le preguntó.

— ¿Seré digno de merecer lo que me tienen planeado?

—Lo sois, sólo debéis tener fe, mucha fe—Kadosch le sonrió.

Entonces ambos aparecieron bajo un frondoso árbol que parecía estar encadenado. Tenía en su tronco una cadena herrumbrada, escucharon un relámpago y todo se oscureció, era un campo, el pasto se movía despacio. Luego se escuchó una voz decir:

—Piel en el interés de piel, y todo lo que el hombre tiene lo dará en el interés de su alma. Para variar sírvete alargar la mano y toca hasta su hueso y su carne, [y ve] sino te maldice en tu misma cara— Adrián frunció el ceño viendo a Kadosch.

— ¿Job? — Kadosch lo miró y ambos escucharon otra voz decir:

— ¡Allí está en tu mano! ¡Solo ten cuidado con su alma misma! —Adrián comprendió y se impresionó. << ¡La voz de Dios!>> Entonces cayó otro rayo, esta vez en el árbol donde estaban. Todo se oscureció de nuevo. Kadosch cerró los ojos y al abrirlos miró a Adrián atado a la cadena del árbol. Tenía ronchas y pus. Sangraba y dolía, Adrián gritó. << ¿Y qué puedo hacer?>> Adrián bajó el rostro y empezó a llorar, lo hizo por varias horas. Kadosch lo dejó hacerlo. Luego levantó el rostro hacia el horizonte mientras el ardor en su rostro y cuerpo no lo resistía. Dijo derramando una lágrima.

—Mi madre y mi hermana han muerto — Kadosch lo miró, él continuó— Satanás me lo ha dicho. Y me dijo que Dios tuvo la culpa.

—No es cierto.

— ¿Y qué me queda ahora? Ya no tengo con quien ir. Ya no tengo a quien besar, ni abrazar. Ya no tengo lo que me hacía feliz. ¿Debo morir, y ya? Sólo estoy yo.

— ¿Y Dios no está con vosotros?

— ¿Dios? — Cerró los ojos. Un rayo cayó al árbol, Adrián gritó. La piel empezaba a caérsele. Los gusanos empezaron a rosar sus  pies.

—Tenéis que ser fuerte.

— ¡¿Fuerte?! — Negó la cabeza y prosiguió— ¡Tú no estás atado aquí, ni sintiendo el dolor de las llagas, ni el dolor, ese dolor horrible en mi corazón! ¡Tú no estás sufriendo como yo, porque tú estás de pie mirando como este hombre va muriendo atado a un árbol! —Kadosch se enojó, se agachó y le dijo:

— ¿Y creéis que me hace feliz veros ahí? ¿Creéis que soy feliz viéndote de ese modo? Yo sufro de igual manera.

—No…no— Decía de dolor.

—Me duele el alma, el cuerpo, la mente y el corazón, yo no soy insensible, yo…— Kadosch se detuvo. Iba a derramar una lagrima, continuó sin importarle—Miradme a los ojos, Adrián.

—Duele, me duele—Aumentaba el llanto.

— ¡Miradme os digo! —Adrián levantó el rostro y lo miró a los ojos.

—Mi nombre verdadero es Kasey Turner—Adrián frunció el ceño, Kadosch continuó—Os contaré mi vida, porque yo, Adrián, yo fui humana. La única humana que tuvo un don y una maldición—Levantó el dedo prosiguiendo—Yo traía el cuerpo de los que reencarnaban en otras personas, animales o cosas y eso implicaba riesgos para mí. Mi madre murió de Leucemia, el 28 de noviembre del año 1820, yo tenía 20 años en ese entonces. Mi padre era alcohólico y la golpeaba. ¡Tuve un hermanito, uno! —Kadosch empezó a llorar—Su nombre era Mathew. Murió cuando yo había nacido, él tenía 3 años, nada más. ¿Sabéis que le pasó? —Adrián negó la cabeza—Cayó al agua, yo nunca supe de su muerte nadie ni siquiera me dijo que él existió. Y desde la muerte de Mathew y mi madre, yo maldije a Dios por todas esas causas, y aún aquí en este cuerpo, sigo sintiendo  que no pertenezco a nadie, me siento vacía, sola, porque sigo creyendo que ya no existe Dios, pero cada vez que pienso, que digo que no existe Dios… Él mismo me habla en mis pensamientos…—Kadosch y Adrián lloraban  a cantaros—‘Te amo’, me dice, ‘Te amo’, me dice mi Dios, el Dios que siempre he o había negado… Él me ama, Adrián, y Él nos ama a todos—Kadosch se levantó y se quitó las lágrimas del rostro. Adrián  sentía que sus lágrimas eran vinagre en sus llagas abiertas y cubiertas de sangre. Kadosch miró a Adrián y sonriéndole  le dijo:

—Job, capítulo 1, versículo 21. ¿Qué fue lo que Job dijo? Decidlo—Adrián cerró los puños y tratando de sonreír lo pronuncio.

—“Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová mismo ha dado, y Jehová mismo ha quitado…” —Miró el cielo viendo las ramas del árbol. Sonrió levantando la voz— ¡”Continúe siendo bendito el nombre de Jehová”!—Cerró los ojos, abrió los labios sintiendo alivio, abrió los ojos todavía llorando, levantó las cejas mirando alrededor, observó a Kadosch a su lado, ambos estaban de pie frente a su hortaliza. Preguntó.

— ¿Entonces eres mujer?

—Lo soy.

—Admiro tu fe.

—Yo admiro vuestra valentía, y vuestro temor—Adrián sonrió mirando lo que él sembraba.

— ¿El último?

—El próximo será el último, Adrián—Adrián asintió.

 

 

Su respiración empezó a acelerar, como si hubiera salido a correr por varias horas.

Sentía ardor en los pies, las manos, el pecho, el rostro, la cabeza y la espalda. Miró un cielo azul muy claro. Sentía algo pegajoso que lo cubría, algo seco. Se  sentía  desequilibrado. Sus oídos escuchaban voces y risas. << ¿Qué sucede?>> Giró su cabeza rendida a la izquierda y miró su mano llena de sangre y extendida. Miraba piedras y barrancos, llantos y risas. Vio un enorme clavo y un gran martillo. El clavo se posó en las muñecas de Adrián. Adrián se asustó. Respiraba más rápido. No podía hablar, sentía como si la sangre se hubiese coagulado en su garganta. << ¡¿Qué hacen?!>> El  martillo desapareció un instante, trató de seguirlo pero su vista no alcanzaba. Entonces vio el martillo caer sobre el clavo. Adrián sintió cómo  el calvo perforó la carne y el hueso, rompiendo y atravesando su piel, escuchando como este mismo atravesó la madera. Gritó, sintiendo un jalón en uno de sus tendones. El martillo golpeó el clavo de nuevo, gritó de nuevo escuchando otros gritos de mujeres. Hubo un rato pequeño, Adrián abrió los ojos mirando el clavo en su muñeca. Temblaba; sintió otra punzada en la mano. Giró su cabeza, vio la misma escena: el clavo estaba en su muñeca, el martillo se alzó, golpeó el clavo con fuerza y este se dobló rasgando y no penetrando. Escuchó un gruñido, vio una mano tomar el clavo y halarlo. Gritó de dolor viendo la sangre salir. El hombre regresó con otro clavo. Lo metió en la herida y golpeó fuerte. Adrián levantó la cabeza gritando más fuerte. De inmediato sintió cómo dos manos juntaron sus pies, uno encima del otro. Negó la cabeza temblando, pudo hablar diciendo:

— ¡Duele, ya no más, ya no más, por favor, se lo suplico! —Los hombres se rieron. Sintió una punzada en el pie y luego la voz de Kadosch decirle.

—Salmo, capítulo 22, versículo 15—La mente de Adrián procesaba y no encontraba.

—Kadosch, ayúdame.

—Decidlo—Adrián negó la cabeza.

— ¿Os rendís? —Adrián trató de cerrar los puños pero ya no sentía las manos. Negó la cabeza diciendo.

— ¡”Mi poder se ha secado como un fragmento de vasija de barro… y mi lengua se queda pegada a mis encías; y en el polvo de la muerte me estas poniendo”! —El clavo traspasó sus pies. Adrian gritó 4 veces. Sintió que ya no podía seguir llorando. Otros jalones le hicieron abrir los ojos. Miró casas y montañas, miró el cielo oscuro. Miró el suelo y vio hombres y mujeres: con sotanas largas, rasgadas y sucias, unos reían otros lloraban. Lentamente giró la cabeza a la derecha y vio a otros dos hombres crucificados. Miró como un cuervo le sacaba los ojos al que estaba al lado del que se posicionaba en el centro. Impresionado miró cómo el hombre del centro volvía su cabeza hacia él. Hubo silencio mientras lo miraba a los ojos.

—Verdaderamente te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso—Adrián no sabía qué hacer. Lloraba y sentía amor, una fuerza le corrió por todo el cuerpo. Escuchó a Kadosch mencionar.

—Soy el Ángel de la Muerte—Adrián buscó a Kadosch entre la multitud y lo vio  sobre una piedra. Continúo —Es hora de que partáis en paz, es lo que el Señor me ha dicho, habéis hecho bien, habéis superado cada etapa, ahora solo debéis descansar. Salmo 1, Capítulo del 1 al 6—Adrián miró el cielo y empezó a hablar.

—“Feliz es el hombre que no ha andado en el consejo de los inicuos, y en el camino de los pecadores no se ha parado, y en el asiento de los burladores no se ha sentado” —Cerró los ojos y siguió susurrando—“Antes bien, su deleite está en la ley de Jehová, y día y noche lee su ley en voz baja” —Abrió los ojos mirando el horizonte—“Y ciertamente llegará a ser como un árbol plantado a lado de corrientes de agua, que da su propio fruto en su estación y cuyo follaje no se marchita, y todo lo que haga tendrá éxito” —Miró a la multitud y alzó la voz— ¡”Los inicuos no son así, sino que son como el tamo impelido por el viento! ¡Por eso los inicuos no se pondrán de pie en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos!” —Miró a Kadosch, tragó sintiendo que su corazón desaceleraba—“Porque Jehová va conociendo el camino de los justos, pero... —Sonrió—El camino mismísimo de los inicuos perecerá”—Kadosch le sonrió y le preguntó.

— ¿Estáis listo para el siguiente paso? —Adrián  lo seguía viendo, sus lágrimas ya parecían haberse secado. Asintió.

—Bien—Kadosch abrió sus alas negras. Adrián las vio y sintió que su alma se iba. Agrandó los ojos y desde la altura de las montañas, Adrián dejó caer su cabeza muriendo.

 

 

 

Kadosch apareció en el desierto de Lut. Miró alrededor y vio a Hécate sosteniendo la llave. Sintió tristeza. << ¿Y Adrián?>> Hécate alzó la llave y sonriéndole le dijo.

—Veamos qué cosa se abre con esta llave—De pronto aparecieron frente a un abismo rodeado de cadenas.

— ¿En dónde estamos?

—En una de las entradas al Infierno—Kadosch miró a Hécate que se acercaba a las cadenas para abrir.

— ¿Estando allí, podré andar por mí mismo sin ser custodiado?

—No es de mi interés, los minutos están contados, si te pasáis, te podréis quedar en el Hades, pero para siempre—Hécate abrió, extendió su mano haciéndolo pasar.

—Primero los ángeles de la Muerte—Le sonrió. Kadosch abrió las alas. Hécate se exaltó. Él entró. Empezó a bajar en picada, todo estaba rodeado de almas pidiendo perdón y llorando. Miró la luz roja del fondo. Y viendo el fondo desaceleró el vuelo. Pisó el suelo mirando alrededor. Las caras de los pecadores de repente salieron a flote.

— ¡Yo, escógeme a mí!

—Me arrepiento, lo juro—Kadosch los miró sin reconocerlos. Él sabía que no tenía mucho tiempo y que debía buscar a Derek. << ¿Pero dónde?>> Empezó a correr por los túneles viendo miles de rostros de las personas que se asomaban pidiendo perdón y luego blasfemaban. Se detuvo en dos túneles y vio a un hombre de pie.

— ¿Quién sois?

—Satanás—Contestó. No se le veía el rostro, pero sí los ojos.

— ¿Dónde está Derek? —Satanás pensó.

—A mi lado—Giró la cabeza a la izquierda. Kadosch corrió hacia Satanás y se detuvo frente a él. Lo miró y luego movió la cabeza a la izquierda. Frunció el ceño viendo a un hombre.

—Derek—El hombre tenía los ojos cerrados. Los abrió, era él. Satanás dijo.

—No tenéis mucho tiempo—Kadosch lo seguía viendo. << ¿Derek? Siento que...Presiento que forma parte de mi vida pasada. No logro conectarme con él todavía, pero siento que debo salvarlo>> Miró a Satanás y dijo.

—Volveré—Salió del Seol.

 

 

 

 Las cadenas se cerraron.

Voló un rato por el desierto de Lut. Bajó viendo las tres Hécate.

—Habéis hecho bien en nuestras pruebas.

—Así lo noto.

— ¿Obtuvisteis lo que buscabais?

—Sí.

— ¿Nos dejareis en paz ahora? —Kadosch miró su pergamino roto y las miró diciendo.

—Pero este es mi trabajo, Hécate. Sois  un demonio, y mi deber es deshacerme de vosotros.

— ¿Qué? —Preguntaron las tres. Kadosch dejó caer el pergamino. Sonrió recordándose de que mientras volaba escribió su nombre y lo encerró en negro para sólo dejarlo caer. Las tres Hécate se hicieron ceniza.

 

 

“[HagaN] esto, también, porque ustedes conocen el tiempo; que ya es hora de que despierten del sueño porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuanDo nos hicimos creyentes”

 

Ro 13:11

 

 

Kadosch miró las cenizas dispersarse, y luego observó a Azrael y a Eurinomio aparecer frente a él. Les dijo.

—Pero no me hizo nada para haber escrito su nombre.

—Pero vuestra naturaleza es escribir nombres—Azrael se le acercó y continuó— ¿Habéis sentido que la pluma os llama, os incita a escribir? ¿No habéis sentido que te salen palabras incoherentes, de que es como otra persona que habla por vosotros? —Kadosch ciñó las cejas. Azrael siguió—Luego no podrás ni controlar lo que hacéis, no os preocupéis, es normal—Se le acercó un poco más mirándolo a los ojos mientras Eurinomio seguía en su misma posición. Azrael parecía extraño. Frunció los ojos y le dijo en voz baja.

—Ya me enteré—Kadosch frunció más el ceño. << ¿De qué?>> Azrael le sonrió. Miró hacia otro lado y se apartó diciendo.

—Es que no lo puedo creer, ¿por qué de todos los ángeles esto me sucede a mí? — Se tocó el pecho. Miró a Kadosch y lo señaló diciendo—Y vosotros aparecéis por todo lado, aparecéis hasta cuando respiro, cada aliento, eres como una plaga, un virus, un parásito. ¿Por qué no desaparecisteis? —Kadosch se asustó. << ¡¿Ya sabe quién soy?!>> Azrael contempló a Eurinomio y se rió. Miró el suelo poniéndose serio y volviendo su vista a Kadosch le mencionó.

— ¿Y qué habrá que hacer para que me dejéis en paz? —Kadosch no sabía cómo actuar. Azrael continuó un poco enojado— ¿Por qué es que aparecisteis en lo que yo hice? ¿Cómo fue que surgisteis en ese cuerpo que creé?

— ¿De qué habláis?

—Kasey... —Levantó la mano para que Kadosch no siguiera hablando.     << ¿Kasey? ¿Cómo diablos lo supo?>> Azrael lo miró de nuevo y prosiguió— Querida Kasey...Kasey, Kasey. ¿Qué es lo que vuestra alma quiere que me anda siguiendo? —Kadosch frunció el ceño.

— ¿Y es qué no recordáis lo que me habéis hecho a mí y a la Santa Muerte, imbécil? —Azrael alzó las cejas y sonrió.

—Que vocabulario más horrible y acostumbrado de una alma pérdida. ¿Yo fui quién os creo?

—Pagaréis por lo que me hicisteis, ¿lo habéis escuchado o lo tengo que gritar para que lo escuchéis?

—Lo escuché. Pero recuerda Kasey que yo todavía tengo poder sobre vosotros, así que tened cuidado—Kadosch se enfureció y se le lanzó encima pegándole con el puño cerrado. Azrael se inclinó hacia atrás por el golpe. Se tocó la mejilla algo sorprendido. Miró a Kadosch. Sintió el golpe: le dolió mucho. Se perturbó mirando disimuladamente hacia el Cielo.

— ¡Eres un maldito, Azrael! No entiendo porqué Dios todavía os tiene. ¿Sabéis qué más? ¿Vosotros sabéis por qué Dios quiso que me hicierais? ¡Soy el próximo Ángel de la Muerte! Y vosotros pasareis a la historia—Azrael sacó sus alas y se le abalanzó cayendo sobre él en el suelo. El polvo se levantó. Se enderezó teniendo sus dos pies en el pecho de Kadosch mientras él se reía viéndolo.

— ¿Eso tenía que doler?

— ¿Creéis que será fácil para vosotros deshacerse de mí?

—Sólo Dios lo sabe... —Encogió los hombros.

— ¡¿Por qué es que seguís siendo la misma maldita Kasey que conocí?! ¡No tenéis fe y te importa comino lo que sois! ¡Qué desperdicio! —Agitó las alas quitándose de encima. Kadosch se sentó mirando a Azrael pisar la arena.

—Ya sé lo que soy, ya sé lo que seré y ya todo está planeado tanto para mí como para vosotros.

— ¿Y qué sucederá ahora? ¡Yo originé un hermoso ángel que ahora se convertirá en un ángel caído! Qué vergüenza.

—No soy un ángel caído.

—Pues habéis caído para mí—Respiró y cerró los puños—No quiero verte cerca de mí. Os mandaré lejos de mí, ¡porque vosotros nunca, jamás, reemplazareis a Azrael, el Ángel de la Muerte! Os enviaré con Empusa, Leraie, Seere, Vodnik, Mastema, Caacrinolaas y Aini. —Miles de imágenes pasaron por la mente de Kadosch, desordenadas, sin saber cuál era de cuál demonio. —Ángeles caídos como vosotros...Allí probaremos si lo sois o no.

— ¿Y luego?

— ¿Y luego, qué? Será todo en vosotros. Nunca os acerquéis a mí, nunca más Kasey, porque ya me tenéis enfermo—Miró a Eurinomio y elevándose le dijo.

— ¿Los seguiréis a él o a mí? —Eurinomio observó a Kadosch y levantó las cejas girando los ojos hacia un lado.

—Seguiré a Kadosch.

— ¡Increíble! Vete con él, entonces. Claro, es cierto. Vosotros también sois un ángel caído—Alzó vuelo. Kadosch le dijo.

— ¡Que Dios os bendiga y os ampare porque yo no lo haré! Vuestro futuro ya está escrito—Azrael lo miró con ojos de furia. Se desapareció. Eurinomio miró el desierto y Kadosch dijo.

— ¿Me enviará con esos ángeles caídos?

—Aparecerán poco a poco.

— ¿Y qué se supone que deba hacer?

—Salvar vuestra vida, ¿qué más? —Kadosch admiró el horizonte.

 

 

—Soy Caacrinolaas—Escucharon los dos. Kadosch se dio la vuelta. Imágenes. Miró a un hombre pálido y...Kadosch frunció el ceño pensando. <<Normal, como un ser humano...Como un ser humano>> Kadosch dijo.

—Azrael os envió para matarme.

—Yo no mato—Dijo lánguido y mirando el suelo. Kadosch mencionó.

—Causáis el suicidio—Kadosch echó un vistazo a su pergamino y pensó. <<Me tomará mucho tiempo rompiendo y escribiendo su nombre>>

 

De pronto sintió que bajó de peso. Sintió algo caerle a los hombros, se sintió más liviano. El escenario cambió. Miró el interior de un hogar. Estaba  en una cocina. Miró sus manos: la de una mujer, más delicadas y con uñas largas. Estaba haciendo emparedados. Una niña entró corriendo por la cocina y detrás de ella otro niño, casi de la misma edad. Parecían de 5 o 6.

— ¡Emparedados, me gustan! —Dijo el niño. Kadosch miraba perplejo sin entender.

— ¿Qué hago aquí?

—Hacer emparedados—Contestó el niño.

— ¿Quiénes son ustedes?

— ¡Mamá! —Dijo algo irónica la niña—Soy Susan y él Sebastián—Lo señaló.

— ¿Qué? ¿Soy su madre? —Ambos asintieron serios.

—Pero yo soy hom... —Miró a un lado y vio su reflejo en un espejo que colgaba. Era Kasey, con el cabello negro y suelto. Se veía hermosa, sus ojos café eran grandes de la impresión, sus labios eran rojos y abrumados, vestía una camiseta celeste. Kasey dejó caer un emparedado. Se tocó el cabello, miró su ropa, sus senos y los tocó. Sonrió nublándose sus ojos.

—Papi nos está esperando—Kasey miró por la ventana y vio una minivan. Salió por la puerta trasera y la abrió. Vio un hombre que acomodaba algo en la parte de atrás de la minivan dándole a Kasey la espalda. Tenía una camisa manga larga color gris. Hacía frio pero Kasey no lo sentía.             << ¿Quién es?>>

—Hola—Dijo Kasey. El hombre se dio la vuelta y le sonrió. <<Es él... El que encaja en algo de mi vida, pero...>> Derek dijo.

—Hola mi amor, ¿ya estamos listos? —Él se acercó y la besó. Una sensación muy extraña, carne con carne. La respiración de Derek y sus ojos cerrados al besarla. Kasey no movió sus labios, los mantuvo abiertos, preguntándose el porqué de ese beso, el beso de los humanos. —Te ves muy preciosa, pero ponte un abrigo, hace frio—Lo miró a los ojos. <<Esos ojos...Siento que los he visto antes>>  Kasey cerró los ojos. Forzaba a su mente para traer viejos recuerdos, y lo único que obtenía eran imágenes, pero no algo concreto. Sólo sentía que lo tenía que buscar. Abrió los ojos viendo a los dos niños con abrigo y subiendo al coche.

—Vamos mami, nos espera el bosque, ¡sí! —Los dos rieron felices. Derek se le acercó poniéndole un abrigo en los hombros. Le besó el cuello diciendo.

—Te amo mi vida. Vamos—Derek se metió al auto. Kasey presentía una fuerza correr por su cuerpo. Se montó al automóvil. Iban por una carretera rodeada de árboles. Kasey parecía indecisa. Miraba por la ventana, los niños reían y hablaban. Miró a Derek. Él la miró rápido y le sonrió diciendo.

—Hoy luces algo extraña, ¿te pasó algo en el trabajo? —Kasey frunció el ceño. Negó la cabeza. Observó la carretera y vio a un hombre de negro de pie al lado de un árbol. Mientras el carro se acercaba, el hombre se aclaraba. Tenía una guadaña y un cuervo sobre esta: Eurinomio. El carro le pasó. Kasey se asustó manteniendo la mirada en él hasta que lo vio desaparecer a la distancia. Su pulso se aceleró.

— ¿Kasey, querida, te sucede algo? —Kasey cerró los puños cerrando sus ojos también. Miles y miles de imágenes corrieron por su mente. Demasiados recuerdos la lastimaban, como una fuerte jaqueca acompañada de ganas de vomitar. Era como si le estuvieran devolviendo todos sus recuerdos. Abrió los ojos y miró a Derek que se había estacionado.

— ¿Estás bien? —Kasey miró atrás y vio a Susan y a Sebastián que parecían preocupados.

—Estoy bien, fue un dolor de cabeza repentino—Sonrió tocando la mejilla de Derek. Él sonrió.

—Te amo Derek, recuérdalo siempre—Se sintió feliz. << ¿Es esto cierto o mentira?>>

—Yo también a ti—Se besaron. Kasey ahora le dio sentido al beso. Dulce, y tierno, de pareja, de amor. Los niños se taparon los ojos. Todos rieron.

—Soy feliz, al fin lo soy, me siento llena junto a ti, mi alma está en paz.

— ¿Qué dices? —Dijo sonriendo y frunciendo el ceño.

—Soy feliz, somos felices, tengo una hija y un hijo—Miró a Sebastián y continuó—Te pareces mucho a tu padre, esos ojos verdes—Sonrió tratando de no llorar. Sentía que su alma iba a explotar de felicidad. Se cubrió la boca y derramó una lágrima. Derek frunció el ceño quitándose el cinturón de seguridad.

— ¿Te sucede algo, cariño?

— ¡Estoy feliz! —Derek miró a los niños algo confundido. Sonrió. Kasey miró la carretera y vio a Eurinomio en media calle. Su sonrisa desapareció. Él dijo.

—Esto no es verdad. No es verdad—Kasey lo miró posicionando su guadaña en la carretera. El cuervo volvió a la posición original graznando.

— ¿Qué? —Preguntó ella. Eurinomio señaló con su dedo al frente. Kasey miró atrás y escuchó un pito. Agrandó los ojos gritando. Un camión golpeó la parte de atrás despedazándolo casi por completo. Las llantas chillaron haciendo que este se volcara y diera varias vueltas. El camión sin frenos chocó contra un árbol. La minivan se detuvo quedando volcado. Hubo silencio. Kasey tocó alrededor y sintió un fuerte dolor de cabeza. Se quitó el cinturón y cayó al techo golpeándose la nuca. Gimió. Empezó a llorar oliendo sangre. Los vidrios se le metían en las palmas de las manos. Miró a su lado y vio a Sebastián. Gritó. Estaba desfigurado, había mucha sangre, parecía desgarrado. Gritaba tapándose la boca. Giró su cabeza hacia el parabrisas que estaba roto. Salió arrastrándose. Cayó a la carretera sintiendo que sus piernas no funcionaban. Era como si sus músculos se hubieran gastado luego de horas de trabajo, débiles y sin movimiento. Las miró: una estaba parcialmente lacerada, la otra parecía aplastada, pero no le dolía, le molestaba. Miró la parte de atrás donde sus hijos estaban. Miró la mano de Susan solamente, impregnada de sangre. Las latas del minivan la destriparon.

—No, no, no—Lloraba a cantaros. Llevó sus manos a su cabeza. Observó a su derecha viendo el camión y un cuerpo en la carretera. Su corazón dio un salto de espanto.

— ¡Derek! —Gritó. Empezó a arrastrarse hacia él. No le interesaban sus piernas, además no dolía. Miró sangre por la carretera mientras negaba la cabeza. Se acercó lo suficiente como para no reconocer su rostro. Sus emociones explotaron como un globo lleno de agua: todo al suelo, esparcido, y desapareciendo. Su corazón se rompía en mil pedazos, la felicidad le duró poco.

— ¡¿Por qué?! —Gritó sintiendo que toda era su culpa, era toda una maldición, su maldición, una vida de calumnias, desesperación, dolor, condenación. —No entiendo, no entiendo—Golpeó el pavimento. Alguien se bajó del camión y se le acercó. Kasey se tiró al suelo, lanzando sus brazos hacia los lados como si se tratara de harapos viejos.

—Suicídate, ya nada queda—Kasey alzó su cabeza y vio a Caacrinolaas.

— ¡Púdrete maldito imbécil! ¡Os mataré, lo juro, escribiré vuestro puto nombre en mi asqueroso pergamino, lo juro!

— ¿Cuál pergamino, Kasey? Sois mortal ahora. Mirad vuestras piernas. —Kasey relajó sus gestos y tembló. <<El pergamino>>  Miró sus manos. Le temblaban.

—Sois humana ahora—Él sonrió continuando—Suicídate.

— ¡Qué te pudras! —Caacrinolaas se entristeció desapareciendo. Kasey escuchó unas sirenas de policía. Miró atrás y luego vio a Derek.

—Derek...Mi amor—Se cubrió los ojos.

Escuchó a un hombre asustado que se le acercó preguntándole.

—Dios santo, ¿está bien? —Kasey lo miró: tenía el mismo aspecto que el de los ángeles.

— ¿Quién sois?

—Soy un ángel, Kasey—Le susurró. La tomó de la cintura y la cargó. Kasey se sentía débil, no de la sangre que perdió si no de lo que perdió en su interior. Sus lágrimas seguían saliendo. Su vista se nublaba.

— ¿Por qué? —Preguntó.

—Debéis ser fuerte. Todos sabemos que lo sois. Todo saldrá bien—Kasey cerró los ojos escuchándole decir— ¡Llévenla a la ambulancia de inmediato, todavía sigue viva! ¡Erick, Erick, ayúdame con los demás! —Sintió una camilla y luego nada.

 

Abrió los ojos en un hospital, giró su cabeza rendida viendo el monitor que marcaba su pulso. Se sentía más delgada y abandonada, sentía un vacío terrible invadir su cuerpo. Escuchó unas zapatillas correr hacia ella.

—Kasey, has despertado—No reconoció a la enfermera. La mujer se volvió a buscar al doctor. Kasey levantó su cabeza y miró cómo de sus rodillas hacia adelante la sábana se tendía en la cama. Agrandó sus ojos desesperadamente.

— ¡Mis piernas, mis piernas! —La enfermera entró tranquilizándola. Kasey empezó a estremecerse. Sintió unos brazos fuertes y un piquete. Miró a un lado y vio a Eurinomio que le mencionó.

—Esto no es real, no es real, Kadosch—Sintió cómo todo su cuerpo se debilitaba.

—Eurinomio...ayudadme—Se durmió. Despertó enderezada viendo un enorme patio. Estaba en una silla de ruedas con una cobija y algo que no había notado antes: tenía unas vendas que rodeaban su cabeza. Apretaban. Echó un vistazo a los lados viendo personas como ella. Un doctor se le acercó sonriéndole. Tomó una silla y se sentó enfrente de ella.

—Hola Kasey, ¿cómo sigues hoy?

— ¿Quién es usted?

—Soy el Doctor Lenin, especialista en trauma y psiquiatría—Le sonrió. Kasey miró a un lado derramando una lágrima. Lenin se puso serio.

—Antes de que te durmieras ayer por el sedante, dijiste un nombre, me parece que empezaba con la letra “e”

—Eurinomio—Contestó ella quitando la lágrima.

—Sí. ¿Quién es?

—Eso no importa.

—A mí me importa Kasey—Lenin se acomodó los anteojos. Kasey lo miró y le mencionó.

—No me creería, lo sé.

—Pero quiero que me cuentes. ¿Un amigo? ¿Un animal? —Sugirió.

—El príncipe de la Muerte—Dijo en seco. Lenin se impresionó levantando las cejas.

—Bueno... ¿Y por qué le pedías ayuda?

—Él dice que todo esto es mentira. Yo soy Kadosch—Cerró los ojos. Lenin empezó a apuntar los nombres.

—Soy el sucesor de Azrael. Esto no me debe pasar. No entiendo qué sucede. ¿Por qué soy Kasey?

—Tranquila, Kasey. Esto que pasó fue difícil, pero fue casi un milagro el que sobrevivieras a ese accidente.

—Eso no fue un accidente, Caacrinolaas lo provocó—Lenin hizo su cabeza hacia atrás.

— ¿Quién?

—Escríbalo en la nota y busque su nombre: C- a -a- c- r- i- n- o- l- a- a- s. Él quiere que me suicide.

—Kasey, pero tú no lo harás, ¿verdad?

—No. Porque primero escribiré su nombre en mi pergamino, muy rápido—Miró sus manos vacías.

— ¿Te sientes bien, Kasey?

—Soy Kadosch—Dijo observando a Lenin. Continuó—Fui Kasey en espíritu, pero soy Kadosch en cuerpo. ¿Y mis alas, la pluma?

—Estás confundiendo la realidad con la fantasía.

—Yo no debo estar aquí—Trató de levantarse. Lenin la detuvo y de su bata sacó una jeringa y se la enseñó diciendo.

—No, Kasey—Kasey frunció los ojos y con furia le dijo.

—Está bien—Bajó la cabeza recordando a Derek. Lenin le dijo.

—Me voy a retirar por un momento, pero regresaré—Se levantó de la silla y salió corriendo hacia adentro. Kasey le miró irse y echó un vistazo al patio viendo a un hombre de negro con la guadaña y el cuervo sostenidos. Puso sus manos en las ruedas de la silla y se dirigió hacia él.

—Nada es real, todo es falso.

— ¿A qué os referís? ¿No podéis ayudarme?

—Sólo vosotros podéis, recordad que es el demonio quien os ha estado haciendo esto. —Kasey se sorprendió. << ¡Es cierto!>> Giró a un lado y divisó a Caacrinolaas con una soga en la mano, a la altura en la que se encontraba, sólo para que introdujera su cabeza allí.

—Suicídate, por favor— Escuchó pasos venir y a Lenin decir.

—Kasey, ¿qué haces ahí? —Kasey estaba sola.

—Quería aire más fresco—Lenin se le puso a un lado y con su computadora portátil le explicó.

—Busqué todos esos nombres—Kasey miró a los lados buscando a Eurinomio.

—Kadosch significa Santo—Lenin la miró—Caacrinolaas es un demonio del suicidio. Eurinomio es el príncipe de la Muerte y Azrael el Ángel de la Muerte. ¿Cómo sabes todo eso?

—Esto no es real—Cerró los ojos—Tú no eres real.

— ¿De qué hablas?

—No estoy en una silla de ruedas, nunca me casé y nunca tuve hijos. Ya ni siquiera me relaciono con humanos. Demonios y ángeles conviven a mí alrededor. Soy Kasey pero existe Kadosch. Ya sé cuáles son mis dos misiones. Dos misiones. Las más importantes. Ahora sólo debo concentrarme en escribir su nombre. Su nombre y dejar esta falsedad. Su nombre y esta falsedad—Abrió los ojos mirando a Caacrinolaas. El escenario era el desierto. Caacrinolaas lucía más triste, su rostro un poco confundido y aterrorizado. Kasey levantó su mano y vio su pluma en negro. Levantó su otra mano y vio el pergamino ya roto. Lo extendió y vio el nombre escrito.

— ¿Así debo irme? —Preguntó Caacrinolaas. Kasey no dudó en lanzar el pergamino al suelo. Caacrinolaas se hizo ceniza. Kasey sintió cómo su cuerpo se ensanchaba en los  brazos y piernas y cómo sus pechos disminuían quedando desnudo. Cayó de rodillas. Apareció su sotana rasgada y sucia y lo cubrió. Kadosch miró el cielo y la arena se añicó a una lágrima que cayó.

—Era tan real que parecía falso—Sonrió quitándose la lágrima y poniéndose en pie viendo a Eurinomio. Él miró el horizonte.

—Empusa nos espera—Varias imágenes corrieron por su mente

—Creo que será fácil si no duele—Sonrió algo pusilánime.

 

 

Ambos llegaron al frente de una cueva, estaba oscura, la noche había caído, la luz de la luna los guiaba. Kadosch  miró a Eurinomio y luego miró su pluma negra y su pergamino.

— ¿No puedo sólo escribir su nombre?

—Si lo intentáis se dará cuenta de todos modos—Entonces ambos escucharon a la arena siendo arrastrada. Eurinomio movió su guadaña. El cuervo dio un salto para volver a ponerse. Kadosch miró al cuervo y vislumbró la cueva. Los dos vieron salir a una fastuosa mujer de cabellera bermeja de ojos tan celestes como si en ellos hubiera una bombilla alumbrando desde adentro, descalza, vestía color verde. Tenía un cuerpo exquisito, deseable para aquellos hombres desdichados que cayeran en sus encantos. La mujer los miró. Sonrió pícaramente. Eurinomio proclamó sin quitar la vista a la mujer.

—Es un súcubo—La mujer dio otro paso mientras Kadosch la miraba. La dama empezó a mover su cuerpo, delicadamente, lentamente, bailando. Eurinomio miró a Kadosch, y agrandó los ojos dando una ojeada a la chica de nuevo. Se lanzaba al suelo, se podía contorsionar. Eurinomio tocó el hombro a Kadosch e indicó.

—Es un súcubo, ¿habéis escuchado? —Kadosch movió su mano quitando la mano de Eurinomio. La mujer seguía moviendo su cuerpo, se veía apetecible. Se hincó y pasó sus dedos por sus labios bajando hasta el centro de sus pechos casi al descubierto. Hizo la cabeza hacia atrás y empezó a gemir moviendo su torso.

—Kadosch... —Miró a la mujer y continuó— ¿No es cierto que sois mujer? —Kadosch seguía viendo a la chica. Contestó balbuceando.

— ¿Pero no te dais cuenta que mi cuerpo es de hombre? —Kadosch sonrió de medio lado y empezó a excitarse.

—Ella es Empusa, es un súcubo, ¿es qué no sabéis qué significa? —Kadosch se acercó a Empusa que tenía la cabeza y el torso en la arena. Ella se enderezó y lo observó lamiéndose los labios.

—Desnúdame y ven a mi guarida—Su voz era delicada y sensual. Se levantó. Tomó la mano de Kadosch y la llevó a su vestido que se amarraba por un nudo colocado en el hombro.

—Suéltalo—Dijo ella manteniendo la boca abierta.

—Kadosch, es un súcubo, no lo repetiré.

—Conmigo olvidarás todo. Es un momento de gloria, un instante de diversión, y pasión que nunca olvidarás—Empusa se le acercó y lo besó. Kadosch le siguió los besos. Eurinomio miró la escena y luego a su cuervo.

—Humanos—El cuervo graznó. Kadosch puso su mano en el nudo y lo soltó dejando caer la vestimenta. Empusa dejó de besarlo, tomó su mano y lo empezó a guiar dentro de la cueva.

— ¡Es un maldito súcubo! Imbécil—Sonrió Eurinomio negando la cabeza. Kadosch y Empusa desaparecieron en la oscuridad de la gruta. Eurinomio esperó. Hubo mucho silencio, demasiado silencio. De pronto  se escuchó un grito. El de Empusa que luego cambiaba de mujer a voz de demonio. Un gemido de Kadosch y un pequeño gruñido. Otro silencio. Luego a Kadosch.

— ¡Se siente horrible! —Vio a Kadosch salir de la cueva con las alas abiertas, una rota. Eurinomio frunció el ceño. Kadosch tenía un ala destrozada, un brazo dislocado, dos costillas fracturadas, un pie roto y el tobillo quebrantado. Cayó al suelo levantando la mano donde tenía el pergamino abierto. Kadosch rió como de desesperación y dijo.

—Me da cosquillas, me molesta, pero no...No duele—Soltó el pergamino y Eurinomio vio salir de la gruta una bestia con cabeza humana, cuerpo de serpiente y patas de león. Cuando el pergamino tocó la arena, Empusa se esfumó dejando el eco del grito que proclamó. Kadosch miró a Eurinomio y le dijo.

—Ah...Y sí sé qué es un súcubo, no lo teníais que repetir tantas veces—Eurinomio se le acercó y le dijo algo molesto.

— ¿Por qué te arriesgáis tanto, tarado? —Kadosch se rió adolorido sintiendo jalones. Eurinomio gruñó ayudándole.

 

 

“Por lo tanto eres Inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas, si juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, puesto que tú que juzgas practicas las mIsmas cosas”

Ro 2:1

 

 

Habían quedado enderezados sus huesos pero faltaba sanar. Kadosch le agradeció a Eurinomio.  Estiró los brazos moviendo sus alas.

—Todo esto no es un juego, Kadosch, lo estáis viviendo y no lo tomáis en serio. Demonios. —Kadosch miró a Eurinomio y le sonrió diciendo.

— ¿De qué habláis?

— ¡Sois el nuevo Ángel de la Muerte! No debéis comportarte de ese modo, parecéis tentado y los ángeles no caen en tentaciones.

— ¿Y qué opináis de Perrier y Tamiel, de Busasejal y Chobabiel, de Entrael y Lehahiah? —Eurinomio miró a un lado gruñendo. Kadosch lo miraba—Eurinomio, tranquilo, que lo que acaba de hacer fue parte de escribir el nombre.

— ¿Debo creeros? —Le dio la espalda y prosiguió—Dije que iba a seguiros porque pensé que seriáis como Azrael, veo que no. Y me doy cuenta que quién maneja vuestro cuerpo no es un ángel sino una humana cualquiera—Kadosch dejó de sonreír rompiendo el pergamino. Eurinomio giró lentamente— ¿Y veis vuestra reacción? ¿Eliminaríais a cualquier persona porque os insultó? Así no es vuestro trabajo. Vuestro trabajo consiste en eliminar demonios; tenéis que tener en cuenta cuales son vuestras misiones: Disposición de las almas y la reencarnación. ¿Ya habéis trabajado en ellas? —Kadosch pensó. <<Yo traía a los reencarnados>> Frunció el ceño y lanzó el pergamino a la arena. Eurinomio vio cómo el pergamino se desvaneció, sintiendo alivio.

—Yo no quiero ser como Azrael, seré diferente.

— ¿Diferente en qué sentido?

—Azrael maltrataba o maltrata a sus ángeles. Amenaza con escribir sus nombres en el rollo, yo no quiero ser como él.

—Es cierto. Azrael lo hace.

—Nunca seré como él. Los ángeles parecen compasivos, de miradas dulces, pero a veces no comprenden a los humanos. Yo fui o soy, no sé, y comprendo todos esos sentimientos que ahora poseen los de la tierra. Azrael es malo y si él fuese humano y tratase así a los otros, los demás lo considerarían amenazante, un peligro. Entonces sería un pecador, pero como es un arcángel, cree poseer el perdón de Dios todos los días, cada vez que comete uno. —Eurinomio alzó las cejas y mencionó.

—Como digáis, pero tened cuidado con las cosas que hagáis cuando te topéis con un demonio porque no sólo verás a estos siete demonios, sino que en todo el transcurso de vuestra vida lidiareis con ellos. Que los sentimientos humanos tampoco te consuman; mucho he escuchado sobre los humanos que desean vivir para siempre, espero seáis uno de ellos porque vivir más de quinientos años es cansado. Soy testigo de ello. Porque moriréis, pero hasta que todo ser vivo: humanos, animales y plantas, junto con demonios y ángeles mueran. Vosotros seréis el último. Último en presenciar como el Cielo, el Hades y la Tierra quedan vacíos. Os aseguro que cuando ese día llegue deseareis morir y no podréis porque Dios no estará allí para hacerlo. Recordadlo.

— ¿Por qué?

—Sólo Dios puede ordenar vuestro dolor. No creo que os deje—Se rió. Kadosch miró a otro lado. Entonces ambos escucharon a un caballo relinchar. Ambos giraron. Un caballo negro alado. En él venía un hombre de sotana negra, cabello largo y lacio y tenía ojos pequeños negros, era muy atractivo, sonreía ligeramente.

—Seere—Dijo Eurinomio. Unas imágenes fluyeron por la mente de Kadosch.

— ¿Tengo que escribir su nombre? No hace nada mal.

—Habrá qué averiguarlo.

— ¿Qué deseáis, Seere? —Preguntó Kadosch.

—Enseñaros el mundo—Kadosch frunció el ceño. De repente los tres aparecieron en un cementerio. Hacía frio y estaba nublado. Kadosch miró una tumba sin lápida. Seere ya no poseía su caballo.

—Este es el típico lugar donde los humanos entierran a los humanos, aquí es donde sus cuerpos moran. —De inmediato se transportaron frente a una tumba donde había una mujer llorando.

—A los humanos les afecta la pérdida de un ser querido—Miró a Kadosch y le dijo—A los humanos les da miedo la Muerte, pero vosotros les vais a enseñar el porqué de no temerle. La Muerte es un paso más, así como crecer y reproducirse, morir es parte de ello—Observó a la mujer. Suspiró. —Os llevaré a donde los humanos pueden ir—De inmediato todo cambió. <<Estos viajes empiezan a marearme>>  Miraron alrededor.

—Un lugar conocido—Comentó Eurinomio.

—El Hades—Dijo Seere extendiendo las manos. Kadosch notó que estaba en el mismo lugar donde la última Hécate lo había traído y el mismo lugar cuando Kasey había estado un minuto. <<Siempre se llega a este punto>>

—Aquí es donde muchas almas humanas vienen a parar por los pecados cometidos. Un abandono total—Los miró a los dos y continuó—Como parte de vuestras misiones debéis de vez en cuando venir aquí y buscar entre estas almas, una, una de todas para merecer el perdón y subir, no muchas almas son tan afortunadas, pero para eso esa alma debe haber sentido arrepentimiento. Luego... —Los tres se movieron a otro lado. Estaban rodeados de velas y había un camino directo hacía una puerta enorme.

—El Cielo—Comentó Seere—Al Cielo vienen pocas almas—Se acercaron a la puerta. Habían almas rondando y chocando contra la puerta que abría.

— ¿Y estas almas? —Preguntó Kadosch.

—Almas que aún siguen esperando la decisión del que gobierna detrás de esta puerta—Kadosch divisó las almas y vio a una en particular que no se movía, las demás parecían dientes de león al viento. Mientras los tres caminaban hacia la puerta, Kadosch seguía con la vista en esa alma que no se zarandeaba. Parecía a una mujer de cabello largo, negro. El alma empezó a moverse con cautela mientras los tres avanzaban, las almas se aproximaban y suavemente los rodeaban y los rosaban, como humo que toca un cuerpo. Se detuvieron frente a la puerta. El alma miró a Kadosch: estaba más cerca, notaba unos encantadores ojos.

—Soy Amy—Dijo ella con una tierna voz. Imágenes viajaron por la mente de Kadosch. Él sólo frunció el ceño. Amy continuó susurrando—Sólo vosotros podéis escucharme.

— ¿Qué queréis? —Eurinomio y Seere se fijaron en Kadosch. Seere comandó.

—No podéis hablar con estas almas, si ellas os hablan, no las escuchéis, buscan salvación y tratarán de que vosotros las ayudéis—Amy miró a Seere y dijo.

— ¿Parece bueno, cierto? Lo es, pero es un ángel caído ya que da riquezas a cualquiera que lo pida, encuentra riqueza, tesoros—Sonrió viendo a Kadosch—Sé quién sois, el Ángel de la Muerte, ya casi todos saben. Quiero que estas puertas se abran a mí y me dejen descansar, tal vez sepáis que lo que hice no fue tan malo, yo sólo dije la verdad—Kadosch la observaba sin saber qué hacer. —No os preocupéis. Mirad, yo trataré de ir al Infierno, pero quiero que lleguéis rápido ya que no sé qué sucede allí. No le digáis sobre lo que harás con esta alma llamada Amy—Ella sonrió dándose la vuelta y disipándose mencionó—Confío en vosotros, estaré pendiente—Kadosch frunció el ceño muy confundido. Seere disertó.

—Ahora os llevaré a donde el remordimiento es fundamental—Los tres llegaron frente a dos caminos los cuales lucían de igual manera. Había un árbol frondoso pero de hojas grises, ramas fuertes pero gastadas, y la raíz por fuera de la tierra. Todo el lugar estaba oscuro como si fuese a llover. Kadosch miró hacia arriba y no había nada más que blancura, pero no era el cielo, no tenía montañas o valles, era como si esos dos caminos y el árbol estuvieran flotando en la nada.

—Esto es la decisión—Dijo Seere— ¿Podéis ver el árbol? —Señaló—Está frondoso, pero que raro, ¿no? —Los miró un rato y extendió—Frondoso pero gris, ¿por qué no verde? Mirad sus ramas enormes pero escamosas y las raíces, fuertes pero fuera de la tierra—Echó un vistazo a los dos caminos—Contemplad esos dos caminos, ambos lucen iguales, ambos son arenosos y escasos de vegetación, ambos van a lejos—Contempló el cielo, a la nada, a lo blanco y prorrogó— ¡Mirad! —Especificó— ¿Qué veis? Yo sólo veo algo blanco y solo, no es un cielo como los cielos de la tierra que poseen nubes y sol. Mirad alrededor de vosotros. Parece que estamos colgados en una habitación blanca. ¿Divisáis cómo después del árbol y alrededor de los caminos todo se convierte en un abismo níveo? —Los ojeó. Sonrió gentilmente y espiró—Así es como las almas que nunca irán al Cielo ven este escenario. Lo ven sin color, ven un árbol feo, dos caminos secos y nada de nubes. Poned atención Kadosch, porque esto os pasará de ahora en adelante. A muchos ha sucedido esto y Azrael ha tenido que devolverlos. Ellos no saben por qué. Ahora, os enseñaré lo que ven los que van al Cielo—Lo oscuro empezó a disiparse, lo blanco empezó a teñirse, poniéndose de color naranja, enormes cerros ascendían y se posicionaban dando paso a un sol que se ocultaba poco a poco dejando coloridas las nubes. Los valles daban pasto y flores. El árbol brotó de color, uno verde, verde fresco, las ramas parecían estar barnizadas, la tierra pareció tragarse las raíces, el pasto comenzó a cubrir la tierra. Los dos caminos empezaron a cambiar: flores y pasto, olía muy bien, la noche iba a venir. Entonces frente a los tres vieron cómo  en el suelo delante de cada camino se escribía en fuego y maná dos palabras: “Cielo” “Seol”. Kadosch se impresionó. El fuego de la izquierda ardía y el maná era tranquilo. El viento del fuego lo movía pero este se ponía en las otras letras. Kadosch pensó en qué el camino del Cielo era tan igual como el del Seol que lo confundiría con sólo verlo. Seere se dio cuenta de la impresión de Kadosch por su rostro.

—Esto ven y entonces con gran emoción y temor escogen. Deben sentir temor. ¿Qué opináis? ¿Seréis capaz de soportar el sufrimiento de aquellos que vean el árbol gris? ¿Seréis capaz de sonreír mirando el rostro del alma pidiendo tímida y temerosamente el camino del Cielo? Esto es lo que al Ángel de la Muerte le espera—Seere divisó los caminos. Kadosch cerró los puños sonriendo y recordando que Derek estaba en el Infierno. <<Derek...Os juro que vosotros veréis este hermoso camino, no soporto saber en dónde estáis>>

 

 

“Sigan poniéndose a prueba para ver si están en la fe, sigan dando prueba de lo que ustedes mismos son. ¿O no reconocen que Jesucristo está en unión con ustedes? A no ser que estén desaprobados”

2Co 13: 5

 

 

 

 

Zafiel miraba a Azrael que esperaba una respuesta.

— ¿Estáis seguro? —Preguntó Zafiel pensando.

—Yo creo, sí. Ya vosotros y mi Dios saben que es una humana lo que habita a Kadosch.

—Un alma humana—Corrigió Zafiel.

—Un alma humana, sí.

—Kasey, ¿cierto?

—Kasey, Zafiel.

— ¿Y por qué es que queréis que esta humana pase las pruebas de los demonios siendo carne y hueso? Pregunta mi Dios.

— ¿Cómo una alma humana pecadora moraría en un hermoso ángel? Si ella peca siendo humana entonces pecará siendo ángel.

— ¿Queréis probarla? Pregunta Dios.

—Probarla, exacto. Sí... Si ella pasa todos eso demonios entonces enhorabuena, y si fracasa pues otro ángel caído por desgracia—Dijo bajando el tono de la voz. Zafiel se puso a pensar.

—Mmm...Será Kadosch, misma carne de ángel pero yo daré autorización de que sienta dolor, pero que nunca halle muerte enfrentando a los demonios siendo su misión escribir los nombres en el pergamino. Dice mi Dios.

—Acepto. —Sonrió por dentro. Zafiel frunció el ceño y dijo.

—Azrael...Vosotros bien sabéis que te amo, ¿verdad? Comenta Dios.

—Sí mi Señor, es realmente un hermoso halago—Zafiel suspiró diciendo.

—Bendiciones Azrael, no sé qué hacer. Dice Dios.

— ¿Sobre qué mi Señor?

—De vuestro destino. Dice Dios.

— ¿Mi destino? Oh Dios, ¿qué me tenéis planeado? —Zafiel levantó la mano diciendo.

—Mejor vete, vete y siéntete halagado de lo que os he dicho. Comenta Dios—Azrael frunció un poco el ceño.

— ¿Qué me tenéis planeado, Dios?

—Él me dejó. Yo os llamaré cuando Él quiera hablaros—Azrael empezó a sospechar y a temer. << ¿Qué tiene planeado hacer conmigo?>> Zafiel se fue.

 

 

 

Seere dejó a Kadosch y a Eurinomio a donde estaban al principio, era medio día del día siguiente. Kadosch sintió algo muy extraño, algo que no sentía desde su creación: calor. Seere les sonrió y los dejó. Kadosch miró el horizonte y se sentía muy acalorado, bochornoso.

—Tengo calor—Miró a Eurinomio que lo observó con cara de no saber. Ambos escucharon un soplido. Se dieron vuelta y al darlo, una flecha traspasó el hombro de Kadosch, de inmediato, él cayó al suelo gritando. Eurinomio vio a Kadosch y luego a un arquero que alistaba más flechas. Eurinomio volvió la vista a Kadosch que se tocaba con su mano el hombro casi llorando.

— ¿Por qué duele? ¡¿Por qué duele?! —Eurinomio notó que la herida se iba pudriendo. Observó al arquero diciendo.

—Es Leraie—Imágenes de heridas podridas y desmembraciones por esa causa pasaron por la mente de Kadosch. Apresuradamente Kadosch miró su hombro.

— ¡No! —Sabía que se podría— ¡Saca la flecha, sácala! —Eurinomio le ayudó. Gritó de dolor. Se puso de pie. Escucharon otro soplido. Kadosch se hincó y luego cayó a la arena recibiendo otra flecha en su rodilla. Gritó.

— ¡¡Duele!! —Empezó a llorar—No entiendo. —Eurinomio lo vio quejarse en el suelo y le mencionó.

— ¿Sabéis qué significa?

— ¡Dios me está haciendo sentir dolor! 

—Parece que sí—Kadosch se enderezó gruñendo, y prestando atención de cómo su pierna se pudría.

—Me duele, arde—Miró su pergamino y con rapidez y dolor lo rompió. Sus manos temblaban. Leraie se acercó en un parpadeo. Kadosch y Eurinomio lo vieron. Apuntó a Kadosch al pecho. No emitía ningún sonido, ni gemido, no hablaba, parecía que ni siquiera respiraba. Kadosch negó la cabeza. Leraie disparó. La flecha le atravesó el pecho. Kadosch gritó golpeando su espalda en la arena y hundiendo la flecha en esta. Gruñó de dolor. Sentía cómo se pudría todo por dentro, se percataba de que su corazón se desmoronaba, sus huesos y carne. Cerraba con fuerza sus puños sintiendo la pluma y el pergamino roto. Eurinomio se apartó de ellos; no era asunto suyo al parecer. Kadosch con dificultad alzó el pergamino y con temblor  en la mano trató de escribir el nombre. Leraie apuntó de nuevo. Sus flechas eran negras y brillantes con una punta fina y punzante, y el arco negro y brillante con miles de símbolos grabados. Su vestimenta era negra y limpia, su rostro estaba cubierto a excepción de su mirada, una mirada penetrante, y una gabardina larga y majestuosa que se movía levemente por el viento. <<Apresúrate, apresúrate>> Un soplido. Otra flecha. Esta vez atravesó el pergamino incrustándola en la garganta de Kadosch. Él agrandó los ojos tosiendo y lanzando sangre. El pergamino se partió a la mitad. No podía tragar y sentía que un líquido subía por su cuello, sangre podrida empezó a salirle por la boca, su garganta se descomponía. El líquido negro mojaba la arena.  << ¿Me estoy muriendo?>> Pensó Kadosch derramando una lágrima. << ¿Pero por qué?>> Entonces sintió otro pergamino salirle bajo la manga de su sotana. Hizo su mirada hacia su brazo y cerró los ojos. <<Sé que puedo>> En ese instante rompió el sello de nuevo. Leraie apuntó otra vez. Disparó. Otro grito. Esta vez en la mano donde sostenía el pergamino. Lo dejó caer mirando cómo su mano se volvía negra. Y, llorando más, le dio la espalda a Leraie y el otro pergamino salió. Lo rompió sintiendo como la flecha que le atravesaba el pecho se movía. Otra flecha. Otro soplido. Atravesó su abdomen. Gruñó y emitió un grito. Extendió el pergamino en la arena percatándose de que su mano se le iba a despegar. Otro soplido, otra flecha, en el centro de la espalda, por las dorsales. Gimió gruñendo. Con la mano buena y trémula escribió el nombre sintiendo cómo más flechas le atravesaban su carne. Encerró el nombre en negro y rápidamente el pergamino se desvaneció y Kadosch sintió como si le hubieran lanzado un puño de arena en la espalda. Sintió calambres por todo el cuerpo, como músculos atrofiados. Gimió cerrando los puños contra la arena, apretó la mandíbula fuerte. Giró hacia un lado viendo el cielo celeste, derramó otra lágrima llorando en silencio. Se levantó temblando. Miró su mano perfecta, al igual que su pierna. Divisó a Eurinomio de lejos. Quitó la mirada de él y subiendo la cabeza mencionó.

— ¿Qué queréis de mí? ¿Me estáis probando? —Cerró los ojos. Bajó la cabeza y cuando abrió los ojos vio un pantano. Frunció el ceño mirando alrededor, Eurinomio no estaba cerca. Ni siquiera estaba con él. Se limpió la sangre con su manga.

— ¿Eurinomio? —Nadie contestó. Escuchó algo en el agua y miró de inmediato. Nada. Detuvo la mirada en dos ojos que lo observaban: era el rostro de una persona, tenía el cabello verde.

— ¿Quién sois? —El hombre parpadeó hundiéndose. Kadosch miró el agua tratando de buscarlo de nuevo. Miró alrededor para tratar de encontrar a Eurinomio.

— ¿Quién sois? —Sólo se escuchaba el viento y el agua correr de entre los matorrales. Cautelosamente se acercó. Tenía su pergamino listo, lo rompería y escribiría. <<Si Dios me está haciendo sentir dolor quiero que todo esto pase rápido>> No vio nada en el agua. Entonces cuando iba a alejarse de la orilla, un hombre vestido de verde con maleza colgándole se le lanzó encima. Kadosch trató de zafarse pero este parecía adherido a su cuerpo.

— ¡Soltadme! —Gritó Kadosch sintiendo que el hombre lo llevaba más adentro. Kadosch trató de romper el sello pero su mano la tenía muy apretada contra el cuerpo del extraño. El agua empezó a cubrir la cadera. Kadosch intentó abrir las alas, pero las manos del hombre apretaban con fuerza. Entonces en un grito las logró abrir. El hombre seguía pegado a él; Kadosch batió las alas saliendo del agua, se fue hacia un lado y vio un árbol. Golpeó al hombre en la espalda contra el árbol. No pasó nada. Alzó más el vuelo y empezó a girar para tratar de marearlo. << ¡¿Y cómo diablos me lo zafo?!>> Miró el agua y en picada fue hasta esta. Plegó sus alas y se hundió. Bajo el agua, el extraño se despegó. Entonces Kadosch intentó subir a la superficie agitando sus alas, pero el hombre le atrapó por el cuello ahorcándolo. Kadosch pataleaba tratando de zafarse. Aruñaba las manos del desconocido. El extraño empezó a reírse. Su aire se agotaba, sentía que ya no podía respirar y si lo hacía se ahogaría. Entonces ya sintiendo sus manos flojas miró a alguien de blanco bajo el agua, detrás del ignorado. La mujer le sonrió. << ¿Amy?>>

—Vodnik—Se desvaneció. Kadosch frunció el ceño rompiendo el sello. Su pluma estaba del lado negro. Vodnik apretaba con más fuerza las manos. Ya no podía aguantar más. Abrió el pergamino viendo borroso, escribió el nombre. Lo encerró en negro y soltó el pergamino. Vodnik seguía apretando. Kadosch dejó caer sus manos que flotaron en el agua. El pergamino junto con la pluma danzaban hacia los lados hundiéndose. Kadosch cerró los ojos. El pergamino todavía seguía flotando, iba hacia el fondo, y cuando tocó la arena, Vodnik se hizo ceniza bajo el agua. Kadosch empezó a ascender. Su cuerpo salió a la superficie. Parpadeó y empezó a toser descontroladamente.  Salió del agua casi resbalándose a cada paso que daba. De inmediato el escenario cambió. Eurinomio estaba a su lado, Kadosch seguía mojado.

— ¿Qué...? —Eurinomio lo miró y dijo.

—Ya verás al siguiente demonio... —Hubo silencio, él prosiguió—Sois un buen arcángel.

— ¿Por qué lo decís?

—Porque fuisteis humana una vez. Tendréis conocimiento. Azrael fue creado arcángel, por Dios directamente. Él no sabe la diferencia, sólo hace lo que es correcto. Pero vosotros, fuisteis  concebido en un cuerpo humano y aprendisteis sobre la vida. —Kadosch miró a Eurinomio Y dijo.

—Así es.

—Decidme algo. ¿Qué planeáis hacerle a Azrael?

—Yo sólo espero, estoy esperando. —Eurinomio contempló a su cuervo que miraba hacia la nada.

 

 

“No Debes pervertir el juicio. No debeS ser parcial ni aceptar soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y tuerce las palabras de los justos. La justicia...la justicia debes seguir, para que te mantengas vivo y realmente tomes posesión de la tierra que Jehová tu Dios te da”

Dt 16: 19-20

 

 

Kadosch y Eurinomio estaban enfrente de Aini: un hombre hermoso de tres cabezas: la primera de serpiente, la segunda la de un hombre con dos estrellas en la cabeza y la tercera de un gato negro. Estaba montado en una enorme serpiente, sostenía en su mano un espetón. El hombre del medio habló.

—Yo hago caso sumiso a Azrael.

—Azrael es un arcángel. —Comentó Kadosch.

—Satanás también, nada más que caído. No hay mucha diferencia.

— ¿Y qué haréis?

—Podemos empezar diciendo que me gusta destruir—Se rió. Kadosch abrió sus alas. Aini sintió una vibración en el suelo. Se impresionó disimulándolo. Sin más pensarlo, el cuerpo de la serpiente se empezó a mover hacia Kadosch impulsándose hacia adelante. La cabeza del gato chilló abriendo su boca mostrando los colmillos. Eurinomio se desvaneció. Kadosch giró hacia un lado y alzó el vuelo. Aini lo miró elevado y le gritó.

— ¡Sois un miedoso! ¡Enfrentadme, imbécil!

—Estoy perdiendo el tiempo con todos vosotros. Quiero llegar al punto—Kadosch rompió el sello. Aini frunció el ceño.

—No siempre los mejores duran eternamente—Aini trató de elevarse alzando su espetón pero Kadosch se elevaba más. Escribió el nombre.

— ¡Sois un cobarde, un bastardo cobarde! —Gritaba Aini tratando de alcanzarlo. Kadosch miró el panorama. No podía creer en lo que se había convertido. Observó a Aini. Encerró el nombre y lanzó el pergamino. Tocó el suelo. Aini gritó de furia desapareciendo. Kadosch bajó a la arena y cerró los puños viendo a Eurinomio aparecer.

—Estoy cansado. Voy a asesinar a Azrael—Rompió el sello. Eurinomio se le acercó algo sorprendido y lo detuvo.

—No lo hagas.

— ¡Dejadme! —Kadosch se hizo hacia atrás y ocultó sus alas. Continuó—Creo que es hora de terminar las cosas.

—Kadosch, ¿te dais cuenta de lo que estáis haciendo? Si seguís sintiendo ese odio con Azrael, de una manera a otra te volveréis como él—Kadosch miró detrás de Eurinomio, a lo lejos un hombre de gabardina negra. Kadosch alzo el dedo callando a Eurinomio. Él miró atrás.

— ¿Sabéis quién es?

—Sí, es Mastema. —Imágenes. Kadosch sonrió pasando por el lado izquierdo de Eurinomio.

—Mirad lo que la arena trae por estos rumbos—Mastema continuaba viéndolo. Su rostro era neutro. Mientras que el de Kadosch era de desesperación. Llevó sus manos a su espalda y preguntó.

— ¿Qué es lo que queréis, Mastema?

—Tanto vosotros como Azrael habéis pecado. Yo llegaré frente al trono del que mora en las nubes para acusaros de todo lo que habéis hecho.

—Eso no servirá.

— ¿Cómo podéis estar tan seguro?

—Mastema, imbécil, Dios lo ve todo. Vosotros lo que queréis es que Él os ponga atención de nuevo. Queréis que Dios fije la mirada en el Príncipe del Mal, el sirviente de Dios, enviado a tentar al mundo para luego acusarlos frente a Dios, un demonio más, encargado de la injusticia y de la misma condenación. Os hago una pregunta. ¿Sabéis de verdad quién sois, Mastema? —Mastema lo miraba un poco preocupado. Kadosch continuó—Sois un ángel caído. Y a mí nadie me acusa porque yo soy la mano de Dios que gobierna la vida de cada ser vivo de este universo. Soy la nueva cara oculta de Dios—Mastema miró alrededor y sonrió brevemente. De pronto, Satanás apareció entre el torbellino de la arena.

— ¡¿Qué es más inmenso?! —Kadosch seguía frunciendo el ceño. Satanás sonrió bajo la capucha. Continuó. — ¿Qué es más inmenso que el odio y la venganza? Contestadme, Kadosch. No creo que encontréis respuesta a mi pregunta, y aun así si me decís que es el amor, escupiré el suelo. ¿Sabéis quién demonios rompió todo este ciclo de armonía y todo este ciclo de perfección? ¿Sabéis quién destruyó todo ese amor y lo volvió odio? Parece como si vosotros nunca hubierais sabido sobre eso. Dime...Kasey—Satanás sonrió. Kadosch le ponía atención— ¿Cómo creéis que sería el mundo que Dios creó si Samael no hubiera tentado a Eva?

—Hu-hubiera habido paz y... —Kadosch tartamudeó.

— ¡Ni mierda! ¿Y no os gusta lo que veis ahora? Si yo no hubiera hecho eso, ¿creeríais que el mundo como sabéis existe sería igual? Yo contestaré: ¡Sería monótono! Yo estoy dentro de vosotros, estoy dentro de cada ser vivo que existe. Matar es malo, y todo ser vivo lo hace. Pensad... ¿Es malo asesinar a otro ser humano? Lo es. Pero, ¿es igualmente malo acabar con la vida de un cerdo, una vaca y luego comérsela? Todos somos malos, pero lo que la humanidad no comprende es eso exactamente. —Kadosch no dejaba de escuchar. —Entonces, ¿por qué si los humanos asesinan cerdos y vacas no pueden asesinar a otros humanos?

—Porque esa es su forma de vida, ha...

— ¡Maldita sea, ¿captáis mi maldito punto?! ¿Por qué si Dios tenía ángeles yo no podía tener demonios? ¿Por qué si Dios tiene Cielo yo no voy a tener Infierno? ¿Y por qué si Dios tiene más ángeles yo no voy a tener más ángeles caídos? —Se rió— Y cuantos ángeles caídos: Amudiel, Araziel, Asbeel, Asderel, Burakel, Basasael, Busasajal, Estrael, Hakael, Olivier, Ouza, Rimmon, Sameveel, Saraknyal, Turel, Uval, Zagiel, y todos, miles y miles más. ¿Queréis que continúe?

—No comprendo.

—Yo siempre, siempre, Kasey, seré el engendro del Mal, siempre seré la raíz podrida que pudre el árbol, yo siempre seré parte de todo esto que veis. Os advierto, Kasey, querida, que, yo sé que mi podrida hoja yace del podrido árbol, pero no os tengo miedo, y que dentro de vosotros siempre estaré yo, así que si vosotros escribís mi nombre un día, cualquier día a cualquier hora en cualquier lugar en vuestro pergamino de mierda...Vosotros  te convertiréis en lo que ahora soy yo, inevitablemente. Porque la maldad ya más nunca será borrada de nadie, porque lo hecho, hecho está, y aún así aunque halláis escuchado sobre un paraíso terrenal y bla bla bla, el Mal siempre reinará—Sonrió—El Paraíso terrenal se puede mover y se puede convertir en un nuevo Edén, el Paraíso se puede trasladar y llegar al Cielo, llenaros de esperanza, de engaños, pero el Infierno siempre estará donde siempre ha estado—Satanás dejó ir a Mastema y se le acercó a Kadosch. Le guiñó un ojo diciendo. —No te muráis, linda Kasey...Dios ya sabe lo que pasará, ¿recordáis la pregunta que os hizo cuando estabais con Adrián? ¿Cuándo vosotros preguntasteis porqué estabais en este cuerpo? —Kadosch recordó. << ¿Y aún no lo sabéis?>> Satanás sonrió y continuó—Dios mismo lo dijo y Él mismo lo sabe. Ahora... yo, como la Maldad de vuestra alma, os doy permiso de que terminéis con lo que empezasteis.

 

De pronto Kadosch apareció frente a las puertas del Cielo. Miraba las almas que danzaban por el espacio. Miró a cuatro hermosos ángeles de pie frente a la puerta. Se veían poderosos y estrictos. Todos vestían de blanco, pero sus rostros los distinguían, y uno en particular era más bello que los demás. Se acercó a los cuatro. Uno dijo.

—Me llamo Camael y soy el que ve a Dios.

—Mi nombre es Gabriel y soy el Gobernador.

—Soy Miguel y soy como Dios.

—Y Yo soy Fenuel, el más hermoso; soy el rostro de Dios—Kadosch lo miraba: Bello. Giró su rostro y vio a una mujer de espaldas. Era Amy que lentamente entraba por las puertas del Cielo. Se dio vuelta y le sonrió.

—Los cuatro somos los últimos ángeles que el humano ve cuando Azrael con su don lo envía del Infierno al Cielo, somos los que verifican su autenticidad y pureza al entrar al Cielo—Comentó Fenuel. Este mismo sonrió bellamente y moviendo un poco su mano dijo— ¿Y qué esperáis para que Derek nos vea? —Kadosch sintió esperanza. << ¡Derek, todo lo que te hice pasar, todo lo que habéis sufrido por mi culpa, yo os devolveré cada pedazo de amor y esperanza que te han arrebatado de vuestro corazón y alma! Lo juro>> Kadosch sonrió.

 

 

“MíA es la venganza, y la retribución. Al tieMpo señalado el pie de ellos se moverá con inseguridad porque cercano está el día de su desastre, y los sucesos ya listos para Éllos de veras se apresuraN

Dt 32: 35

 

 

Azrael miraba las luces de Xaphan y en un pequeño espacio en una esquina del Infierno miraba a un hombre de rodillas y dando la espalda, desnudo.

—Leed mi mente—Comentó Azrael. El hombre giró su cabeza minuciosamente.

—Tratad de no pensar—Azrael miró alrededor para ver que nadie estuviese cerca.

— ¿Prometéis que ella no me hará daño? —El hombre movió su rostro a un lado.

—Gracias… Gra…—El hombre alzó la mano, y luego la movió despidiéndolo. Azrael sacó su pergamino esfumándose. El hombre miró la pared con un semblante neutro, neutro como el semblante de Fenuel que entraba por las puertas seguido por los demás. Kadosch los miró retirarse. Se cerraron las puertas. Kadosch abrió las alas y se marchó. Pisó el suelo de la tierra, hacía frio y estaba muy nublado, se puso al lado de una diminuta caseta. Miró alrededor viendo bruma.  Escuchó una voz.

—Hola, Kadosch—Kadosch giró la cabeza a la derecha. Divisó a un hombre de blanco, alas abiertas blancas, su rostro como los de los demás, pero este en particular poseía una espada.

— ¿Quién sois?

—Soy Zafiel, el espía de Dios.

— ¿Qué queréis?

—Quise venir a visitaros…—Zafiel miró su entorno continuando—Lindo lugar habéis escogido para pensar.

—Pensé que estaría solo, pero me doy cuenta de que estabais aquí. Os dejo.

—No…No te vayáis, vosotros llegasteis primero.

— ¿Qué es lo que queréis?

—Hablaros; hay alguien que os quiere hablar, mediante mí.

— ¿Quién?

—Vuestro Dios.

— ¿Y qué quiere?

—Kadosch…Sé que vosotros queréis venganza, pero ambos sabemos que es malo. Dice mi Dios.

— ¿Qué? —Preguntó Kadosch.

—Soy Jehová, hablo mediante mi ángel Zafiel—Kadosch enmudeció. Zafiel continuó— ¿Estoy equivocado al decir que la venganza es mala? Pregunta Dios.

—No.

— ¿Por qué queréis venganza? Pregunta Dios.

— ¿Y vosotros no lo sabéis? —Zafiel bajo su cabeza y dio unos pasos hacia la izquierda mencionando.

—Quiero que vosotros me lo digáis. Dice Dios

— ¿Para qué? Vosotros lo sabéis muy bien. Azrael destruyó mi vida, destruyó lo que amaba: ¡Derek! —Zafiel le miró los pies descalzos y dijo.

—No tenéis zapatos—Señaló. Kadosch miró sus pies limpios a pesar de haber caminado mucho. Frunció el ceño.

— ¿Y?

—Mirad vuestra vestimenta. Dice mi Dios—Kadosch la miró. Zafiel prosiguió—Tocad vuestro rostro. Dice Dios—Kadosch no entendía—Mirad vuestras negras alas. ¿Acaso sois Kasey? ¿Acaso veis cuerpo de mujer? Vuestra vida de ella pasó. Sois un arcángel, sois el Ángel de la Muerte, gobernáis ahora sobre todo, y digo todo porque es todo, todo el mundo, regís sobre cada ser vivo de la tierra, en vuestras manos poseéis el don de dar vida y muerte, tenéis un increíble poder sobre ellos, claro, no sobre mí, pero vuestra superioridad es mayor que todos aquellos que viven en el Hades; si no fuera por mis órdenes de seguro que ahora mismo destruiríais el Infierno… Tenéis que ser sabio, muy sabio. Ya no sois Kasey, ya no sois el pasado de una chica bendecida, ya no sois aquella mujer que pasaba hambre en su viejo catre, ya no, ya no. Ahora sois un arcángel, vuestros recuerdos, admito, perdurarán. Dice mi Dios.

— ¿Y Azrael?

— ¿Azrael? —Miró a un lado sonriendo—Ya sabéis—Respondió observándolo. Kadosch se impresionó ligeramente.

— ¿Queréis que yo…?—Zafiel  le interrumpió.

—Sólo hacedlo.

— ¿Qué? Esto es increíble.

—Kadosch…—Se volvió completamente hacia él—Si no obedecéis, no importa, yo lo haré, pero sé muy bien que lo queréis. Yo os doy permiso—Kadosch estaba más impresionado.

— ¿Queréis que…?

—Kadosch…—Sonrió suspirando—Kadosch, Azrael ha sido malo, ha hecho mal tomando muy en serio su trabajo.

—No lo puedo creer.

—Azrael tratará de deteneros enviando dos demonios. ¿Te dais cuenta? Dos demonios, él ya no está actuando como debe ser. Actúa como uno de ellos—Zafiel negó la cabeza entristeciéndose—Bueno, me debo retirar. Qué Dios os bendiga, Kadosch—Dijo Zafiel fuera de Dios. Sonrió caminando hacia la neblina. Kadosch miró sus pies y movió los dedos. <<Aún siendo este arcángel, vengaré lo que un día fui: Kasey>>

 

 

Dios no dejó entrar a Azrael al Cielo ni a la Tierra, dejándolo en el Infierno. Azrael se sentía presionado y enojado. Kadosch bajó al Seol. Miró alrededor: todo estaba muy silencioso. Caminó hacia adelante y de pronto, los rostros de las almas empezaron a llorar y rogar. Kadosch se detuvo viéndolas. Se afligió recordando a Derek. Dio unos tres pasos a la derecha y vio a una mujer que le sonreía esperanzadamente.

—Ayudadme hermoso ángel, benditas sean vuestras alas—Kadosch sonrió de medio lado. Movió su mano derecha y la acercó a la mujer. Los rostros  de los atormentados lloraban a cantaros sin lágrimas. Lloraban sonriendo y celosos. Kadosch tocó la mejilla de la mujer que dio un grito ahogado cerrando los ojos. Entonces con la mano en la mejilla de la mujer miró a los otros semblantes: unas cerraban los ojos de dolor, otras reían con dolor, las otras de odio se escondían. Kadosch miró a la chica y con su mano izquierda tocó la parte de atrás de su cabeza bajando hasta la nuca. Sintió el símbolo de su nombre: :Santo. Sonrió bajando su mano. La mujer lo seguía mirando. Kadosch contempló las caras y replicó.

— ¡Pobres almas! — Las voces aumentaron. Él prosiguió— ¿Qué es lo que habéis hecho mal? ¿Sabéis que fue lo que os trajo aquí?

— ¡No! —Respondieron algunos.

— ¿Y si se los digo, y si les digo qué hicieron mal, tratarían de cambiar? —Los rostros se miraban entre sí y uno contestó.

— ¡Haría lo que fuera por saber quién soy! —Kadosch miró buscando al hombre que contestó.

— ¿Quién dijo eso?

— ¡Yo! —Dijo. Kadosch giró su rostro quitando la mano del rostro de la mujer. Ella gimió.

— ¿Quién?

—Yo—Repitió. Kadosch encontró el rostro y se detuvo en seco. Su cuerpo tembló.

—Padre.

— ¿Qué? —Kadosch empezó a llorar.

— ¿Por qué lloráis? —Kadosch bajó la cabeza y luego la subió. <<Estás en el Infierno, papá>>  Se tranquilizó quitándose las lágrimas. Lo señaló diciendo.

—Vosotros. ¿Cambiaríais si os muestro lo que hicisteis? —El hombre miró a los demás que con maldiciones se ocultaban.

—Sí.

— ¿Os juráis? Porque si mentís os devuelvo directo con el Canciller.

— ¡No, no, el Canciller no! —Gritó una mujer. Su padre se asustó.

— ¿Lo juráis, pa…?—Se detuvo. Sus labios temblaban.

—Lo juro.

—Vosotros vendréis conmigo a la tierra—Inmediatamente ambos aparecieron en un campo, el aire soplaba los cabellos de ambos. Kadosch miró a su padre que no lo podía creer, él se miró las manos y el cuerpo. Kadosch rompió el silencio.

— ¿Cuánto que has estado en el Seol?

— ¿Seol?

—Infierno—Su padre frunció el ceño.

—No lo sé.

—Habéis estado como unos 210 años o más allí. —Kadosch derramó una lágrima.

— ¿Dónde estamos?

—Donde una vez estuvisteis: vuestro hogar—Su padre miró una cabaña y se acercó. Abrió la puerta y miró a una hermosa mujer embarazada en una silla mecedora que lo miraba perspicazmente. Kadosch se le acercó a su padre.

— ¿Quién es ella? —Preguntó su padre. La mujer con una sonrisa se levantó y se le acercó diciendo.

—Su nombre será Kasey—Se tocó el abdomen, un niño salió del baño corriendo hacia la mujer. Kadosch tembló. Mathew. Lo miraba impresionado.

— ¿Kasey?

—Sí. Es niña, ya hablé con la doctora de la cuidad—Sonrió tocando la cabeza de Mathew, él sonrió corriendo hacia afuera de la casa. Kadosch lo vio y mirando a su padre le dijo.

—Quiero que tratéis a esta mujer como se merece, nunca la lastiméis y nunca lastiméis a vuestros hijos; amadla, Matt, amad a vuestra mujer hasta el día de su muerte y…—Su voz se quebrantó. Matt lo miró y él continuó—Amadlos, ¿habéis escuchado? ¡Porque os juro que si algo malo les hacéis, yo, el Ángel de la Muerte, vendré a vuestro hogar a llevarme a toda vuestra familia antes de que vosotros los lastiméis y os juro que a vosotros os dejaré solo hasta que un día no resistáis tanta soledad y te causéis vuestra misma muerte, sufriréis! —Matt tembló. Kadosch prosiguió—Y entonces volveréis al Infierno—Matt asintió mirando a su mujer.

—Entendí—Se le acercó y la tomó entre sus brazos. Kadosch apresuradamente se fue hacia donde Mathew había ido. Lo divisó jugando al lado del árbol blanco, donde el río mojaba sus raíces. Sonrió agachándose. Replicó.

—No deberíais jugar aquí, es peligroso—Mathew miró a Kadosch. No dijo nada. Tenía 3 años. Kadosch empezó a llorar más. No parecía detenerse. Llevó su mano a la cabeza de Mathew y le dijo.

—Hermano, hermanito mío… ¿Cómo pudo haber pasado esto? —Lo miró todavía jugando—Eres un hermoso niño. Pudimos haber jugado juntos, pudimos haber reído juntos. Hermanito…—Se movió a su lado para verle el rostro. Mathew dejó de jugar y contempló a Kadosch un poco confundido de quien era. Kadosch siguió—No os asustéis con este hombre que veis frente a vosotros. Soy vuestra hermana menor. Te amo, te amo tanto… Oh Dios, si sólo pudiera abrazarlo y tenerlo en mis brazos y protegerlo eternamente, yo sería feliz. Sería feliz si su vida se prolongará para verlo crecer. Como desearía verlo crecer…—Lágrima tras lágrima corría por las mejillas. Kadosch le acarició una mejilla a Mathew y rió mirando el agua. Le preguntó. — ¿Qué queréis ser cuando seáis grande? —Mathew señaló el agua; Kadosch miró un pez y dijo. — ¿Queréis ser un pez? —Mathew rió. Kadosch rió también. —Te amo, hermano—Mathew salió corriendo a su casa metiéndose a esta. Kadosch se levantó. Puso la mano en el árbol para recostarse. Sus labios trepidaban. Cerró los ojos derramando más lágrimas, abrió la boca lanzando gemidos de dolor, dolor en el alma.

 

Abrió sus alas gritando. Los rostros se ocultaron quedando todo en silencio. Kadosch cerró los puños y golpeó la pared proclamando.

— ¡Sois un maldito, os maldigo! — Kadosch miró la pared y un hombre  desconocido salió. Todo fue causa del demonio que Azrael envió. El hombre rió a carcajadas. Kadosch lo golpeó ocultándolo. Se secó las lágrimas caminando hacia los túneles. Miró en su intensa búsqueda a un hombre en una esquina que tenía una lámpara en su mano al parecer. Se acercó más y lo miró con una llama en la mano. Su rostro lucía a otro más de las caras que adornaban las caras del Infierno.

— ¿Quién sois?

—Xaphan, el que ilumina el Infierno.  ¿Necesitáis luz? Yo os daré.

—No. ¿Cómo encuentro a Azrael?

— ¿Quién? —Kadosch negó la cabeza con mal humor y siguió el camino.

Escuchó galopes y relinchos. Impresionantemente miró caballos que venían a mucha velocidad hacia él. Eran cuatro jinetes: el caballo al igual que el jinete eran blancos, uno de fuego, otro negro y el que predominaba más era de un color pálido. Kadosch dio unos pasos atrás y escuchó una voz que detuvo a los cuatro.

— ¡Deteneros! —Los caballos se hicieron a un lado y uno levantó las patas delanteras. No se les veían los rostros, parecían momias con vendajes de su propio color. Se veían majestuosos.

— ¿Quiénes sois? —Preguntó Kadosch.

—Somos los que cabalgan el Infierno—El del caballo pálido bajó del equino y le hizo reverencia. —Somos los caballeros de L’ Enfer—Lo dijo con una sonrisa al parecer, la última palabra en francés— ¿Y quién sois vos?

—Soy Kadosch—El caballero de L’ Enfer se impresionó. Los caballos relincharon asustados.

— ¿Quién? —Impresionado se montó al caballo diciendo—Quitaros de vuestro camino y no os haré daño. Disculpad el atrevimiento—Kadosch frunció el ceño y les dio espacio para que se marcharan. El jinete pálido se alejó junto con los demás mirándolo y manteniendo la mano extendida hacia Kadosch, señalándolo.

—¡No lo busquéis que él ya no está aquí!—Dijo alejándose. Kadosch los miró desaparecer. << ¿De qué rayos habla?>> Miró atrás y continuó. Visualizó a un hombre que lo miraba fijamente. Kadosch se detuvo.

— ¿Quién sois? —Kadosch rompió el sello. Se escuchó un movimiento y vio una mano que se alzó. No pudo hacer nada con el pergamino y la pluma porque no se sabía el nombre. Dejó caer el rollo que se desvaneció en el suelo. Tocó sus ojos y extendió su mano buscando alrededor.

—Soy el demonio que destruye la vista y el oído. Me llamo Shax—Se rió sabiendo que no escuchaba. Se desvaneció. Kadosch parecía estar en penumbras, caminó hacia un lado chocando con la pared.

— ¡No puede ser! —Gritó caminando guiado por la pared. Súbitamente chocó con alguien. Dio un paso atrás y levantó la mano izquierda cubriendo su cara.

— ¡¿Quién sois?! —preguntó.

—Xaphan, el que ilumina el Infierno, ¿necesitáis luz? Yo os daré—Kadosch no escuchó.

— ¡¿Quién sois?! ¡Maldición! —Se fue a un lado. Era oscuridad lo que notaba. Y mucho silencio. Varios minutos después, seguía caminando. Nuevamente chocó con alguien. Kadosch lanzó un golpe haciéndose hacia atrás y doblándose el tobillo, cayó. Se levantó preguntando.

— ¡¿Quién sois?!

—Xaphan, el que ilumina el In…

— ¡Maldita sea! —Dijo corriendo hacia un lado chocando contra la pared. Xaphan lo miró alejarse. Minutos después chocó con él, de nuevo.

— ¡¿Me estáis siguiendo?! ¡¿Qué queréis?! —Preguntó Kadosch tocando el rostro de Xaphan. Kadosch preguntó— ¡¿Queréis verme así?! ¡¿Os estáis burlando de mí, maldito demonio?! —Xaphan negó la cabeza. Kadosch siguió su movimiento.

— ¿Quién sois? —Xaphan acercó su llama a su rostro. Kadosch hizo su cabeza hacia atrás— ¡¿Qué es eso?! —Xaphan seguía teniendo la llama cerca— ¡¿Me queréis ayudar?! —Xaphan asintió. Kadosch quitó las manos de su rostro— ¡¿Por qué?! —No escuchó nada. Extendió las manos tocando nuevamente el rostro de Xaphan. Xaphan acercó la llama que poseía en su mano y dijo.

— ¿Necesitáis luz? Yo os daré—Xaphan tomó una mano de Kadosch, él soltó la otra y trató de zafarse, pero Xaphan lo sostenía con fuerza.

— ¡¡Soltadme, dejadme en paz!! —Kadosch sintió algo caliente que se posaba en su mano— ¡¿Qué me estáis haciendo?! —Asombrosamente empezó a ver las paredes y a Xaphan. Kadosch se resaltó viendo a Xaphan. Miró la llama que ambos poseían en la mano izquierda.

—No escucháis pero al menos veis—Kadosch no entendió. Frunció el ceño preguntando.

— ¡Gracias!... ¡¿No podéis devolverme la escucha?! —Xaphan negó la cabeza; Kadosch asintió y miró el túnel— ¡Debo seguir!  ¡Gracias! —Lo dejó. Xaphan asintió orgulloso. Kadosch mantenía su mano izquierda elevada. Miraba las paredes y los rostros que se asomaban llorando. Él los miraba y seguía el camino. Y caminando por más de media hora sin escuchar, vio a alguien en un punto al final de un túnel. No podía escuchar nada así que se acercó alumbrando. Se detuvo repentinamente cuando vio un ala negra y a un hombre en una esquina.

— ¡¿Quién sois?! —El hombre movió las alas ocultándolas. Kadosch se acercó cautelosamente, cuando para su impresión miró que era Azrael.

— ¡Azrael! —Dijo Kadosch apuñando la mano donde tenía la pluma y el pergamino. Azrael movió los labios y levantó su mano moviéndola hacia la derecha donde tenía la pluma. Kadosch escuchó murmullos y llantos. Podía escuchar.

—Lo que os diré es de importancia, por eso os dejo escuchar.

— ¿Qué es lo que queréis, Azrael? Ya vosotros bien sabéis a lo que vengo.

—Sí, lo sé—Se rió—Ya veremos que sucede.

— ¿Qué es lo que queréis?

—Hablaros de Derek.

— ¿Derek? ¿Por qué? —Azrael llevó sus manos hacia atrás y caminó hacia la pared de la izquierda.

— ¿Sabéis dónde está ahora?

—Aquí, en una de estas asquerosas paredes.

— ¿Estáis seguro?

— ¡Ve al maldito punto!

—Derek vive—Kadosch sintió un escalofrío correr desde su nuca hasta los pies. Puso sus ojos en blanco y preguntó.

— ¿Qué? —Azrael sonrió.

—Como lo habéis escuchado.

— ¿Y por qué debo creeros?

—Deberíais. Hagamos un trato Kasey, yo os digo dónde está vuestro Derek y no me buscáis más. Nunca. ¿Qué opináis?

— ¿Así de simple? ¿Cómo sé que no estáis mintiendo?

—Vosotros mismo os daréis cuenta cuando os lo diga.

— ¿Sabéis lo que Dios me ha contado? —Azrael dejó de sonreír.

— ¿Qué?

—Parece que Él piensa que vosotros ya no sois el mismo de antes, que os parecéis a los demonios.

— ¡¿Qué?! —Gritó Azrael frunciendo el ceño.

—Así es.

— ¡¿Y vosotros quién te creéis que sois?! ¡Sois una maldita mutación! —Azrael se dio vuelta continuando— ¡Cielo Santo, ¿Cómo me está sucediendo esto a mí?!

— ¿Y por qué lo preguntáis tanto? —Azrael giró hacia Kadosch. Él continuó—Yo me hacía las mismas preguntas cuando vosotros me obligáis a continuar buscando a vuestro Coro, cuando te habíais dado cuenta de cómo utilizar mi don. Todo lo que me sucedió a mí está sucediendo con vosotros. —Se detuvo un segundo y prosiguió—Y ya sabéis cómo acabó. —Azrael sonrió irónicamente diciendo.

— ¿De qué rayos habláis?

—Lo mismo que me hicisteis a mí, yo os haré a vosotros, pero vosotros no tendréis la dicha ni de reencarnar ni de reesurrecir ya  que nunca fuisteis humano—Azrael agrandó los ojos.

—Eres una…—Abrió el pergamino y Kadosch reaccionó lanzándole la llama que tenía en la mano. Esta cayó en la cara de Azrael, pero no le hizo daño. Al pergamino le cayó una chispa y empezó a arder. Kadosch rompió su sello y escribió algo, pero no el nombre de Azrael. De pronto todo se volvió oscuro: el rojo de las paredes desaparecieron. Azrael miró alrededor.

— ¿Qué es lo que intentáis hacer? —Preguntó dando vueltas.

—Ya sé cómo utilizar lo que usasteis en mí—Azrael escuchó la voz y la siguió. Sonrió.

—Entonces queréis jugar—Azrael a duras penas escribió algo en el pergamino.

—Estamos en el Infierno, nada es sorprendente—Aparecieron llamas que ardían desde lo oscuro del cielo del Infierno, como si el fuego fuese a succionar las paredes. Azrael miró a Kadosch ocultarse mientras corría por un túnel. El fuego del cielo del Infierno aclaraba los túneles haciendo las llamas de Xaphan apenas notarse.

— ¿Por qué os escondéis?

—No me escondo—Dijo la voz de Kadosch en su oído. Rápidamente sacó una espada bella y moviéndola en ochos invertidos lo golpeó en la espalda con el filo. Azrael se hizo hacia adelante sintiendo un horrible dolor. Gritó. Giró y Kadosch no estaba.

— ¿Pero qué…?—Azrael frunció el ceño. Volvió a concentrarse en el dolor que sentía en su espalda.

—Oye imbécil—Kadosch apareció en frente y alzó la espada, pero Azrael se apartó. Kadosch la giró y con el filo le rasgó un costado. Gritó sintiendo un dolor inexplicable. Cayó de rodillas tocándose el costado. Miró el líquido rojo mojar su sotana.

— ¡¿Qué es esto?! ¡Duele! —Temblaba. Miró las llamas del cielo negro del Infierno y dijo.

— ¡Dios! ¡¿Por qué?!—Kadosch sonrió de pie detrás de Azrael. Con una sola mano hizo la espada hacia atrás volviendo a golpear con el filo el otro costado de Azrael. Gritó llorando. La sangre brotaba.

—Zafiel, el espía de Dios me proporcionó su espada y Dios me dio permiso para que sintierais el dolor de esta. —Puso el filo de la hermosa espada en las cervicales de Azrael. Él empezó a reír con dolor.

—Parece que te habéis convertido en uno de ellos. Y Dios diciendo que yo ya parezco demonio—Kadosch sonrió rompiendo el sello del pergamino. Azrael giró su cabeza sintiendo ardor. La sangre seguía fluyendo.

— ¿Y vosotros creéis que por ser humana voy a ser igual que vosotros? —Lanzó una risa y prosiguió—Qué ignorante sois, Azrael—Azrael dejó de reír.

—Vuestro Dios os ha abandonado. ¿Lo sabíais? —Azrael miró alrededor. <<Estoy en el Infierno>>  Su respiración aumentó al igual que sus palpitaciones. Iba a romper el sello de su pergamino cuando perturbadoramente se dio cuenta de que sus manos estaban vacías. Trepidó. Giró su cabeza hacia un lado y dijo.

—Tenéis razón—Miró al frente y riéndose sintiendo ardor en sus heridas continuó—Os he servido por toda mi vida, os he dado lo que habéis pedido, he cumplido cada capricho vuestro, me habéis hecho casi parte de vuestro reino… y miradme ahora, de rodillas en el Seol, donde las almas se desesperan solas, donde no te tienen y tienen a Satanás, rezaré por ellos, rezaré por mí, rezaré por él y rezaré por vosotros, porque bien dicen muchos mortales: Los ángeles, tanto los arcángeles como sus superiores mienten solamente para mantener el balance—Kadosch extendió el pergamino bajando la espada. Escribió el nombre del antiguo Ángel de la Muerte. Azrael cerró los ojos tratando de no llorar. Suspiró y dijo.

—Y qué fiel te fui—Por un segundo Kadosch sintió lastima.

—Qué Dios se apiade de vuestra alma, Azrael—Kadosch sintió horror y encerró el nombre en negro. Sus manos temblaban. El pergamino se movía al temblor de la mano de Kadosch. << ¿Es bueno esto que hago?>> Hubo silencio. Entonces con el temblor de las manos dejó caer el pergamino al suelo y desapareció. Azrael lanzó un gemido. Sus puños se cerraron con fuerza. Se ensancharon las pupilas de Kadosch y como si fuera un recorrido por el Cielo vio al Árbol Sagrado y de él vio caer una enorme hoja, una dorada y bien posicionada en el centro del Árbol. Se desprendió. Volvió al Seol y se apartó de Azrael dando varios pasos atrás.

—Azrael—Dijo Kadosch doliente. Una lágrima corrió por su mejilla. Las llamas del cielo del Infierno se extinguieron lanzando ráfagas de viento que inmediatamente hizo las cenizas de Azrael volar por el suelo y paredes. Kadosch dejó caer la espada. Se estremeció mirando sus manos: el pergamino y la pluma. Desconcertado miró las cenizas que todavía seguían danzando por el suelo. Sintió decepción y culpa. Miró las paredes y levantando la espada dejó el Seol.

 

 

 

Volvió a un campo donde la noche caía. Todavía seguía nublado. Miró alrededor buscando a Zafiel. Él habló enseguida.

—Aquí estoy—Estaba recostado en un árbol dorado, grueso y alto: precioso. Kadosch se acercó confundido.

— ¿Y este árbol? —Zafiel le sonrió.

—Es uno de los árboles del Cielo, lo traje para que lo vierais—Kadosch se acercó hasta tocarlo. Sonrió; miró a Zafiel y él señaló las hojas multicolores: verdes, blancas, negras, doradas, secas.

—Almas de cada ser vivo, almas perdidas y almas de los santos.

— ¿Por qué me enseñáis esto?

—Dadme la espada—Kadosch lo miró y se la dio. Él prosiguió—Porque ya sois el Ángel de la Muerte—Y antes de que Zafiel partiera Kadosch lo detuvo preguntándole.

— ¿Es cierto lo que Azrael me dijo sobre Derek?

—Sí—Dijo pestañeando manteniendo un semblante neutro.

— ¿Dónde está?

—Anda en el Infierno de vez en cuando y sube a la Tierra.

— ¿A qué? ¿Qué hace? Explicadme, lo exijo.

—Vedlo por vosotros mismo—Zafiel se desvaneció junto con el árbol y Kadosch apareció en el desierto, una hermosa llanura, la arena anaranjada, el viento soplaba dando sólo calor. Kadosch miró alrededor. Escuchó algo venir en el horizonte, escuchó relinchos y pisadas. Fijó la mirada en caballos que venían. Entonces viendo acercarse, divisó que eran los caballeros de L’ Enfer. Los cuatro caballos se detuvieron. El jinete pálido siendo el líder proclamó.

—Escuché que andáis buscando a Derek. ¿Por qué?

— ¿Y quién sois? ¿Por qué debería deciros? —El jinete pálido bajó del caballo. Dejó a los tres atrás y se detuvo viendo a Kadosch de pies a cabeza.

— ¿Qué es lo que queréis saber de él? —Kadosch frunció el ceño. Preguntó.

— ¿Lo conocéis? Decidme, ¿sabéis dónde está?

—Sí. Yo podría traerlo ahora mismo—Kadosch sintió alegría pero no sonrió.

—Traedlo entonces.

— ¿Pero para qué lo queréis? ¿Qué sois de él?

—Está bien, ¿sabéis qué? Yo mismo lo buscaré, y si lo veis tanto, decidle que se acuerde de Kasey. Ella todavía lo piensa. —Se entristeció dándose la vuelta y abriendo las alas. El jinete pálido hizo su cabeza hacia atrás. Preguntó ignorante.

— ¿Kasey? —Kadosch giró la cabeza respondiendo.

—Sí. Él sabrá quién es. —Cuando iba a alzar vuelo, el jinete preguntó afirmando.

— ¿Kasey? —Kadosch se detuvo y lo miró a los mantos. Él continuó— ¿Sabéis quiénes somos?

—No.

—El jinete blanco es el vencedor, el jinete de fuego es el que quitará la paz del mundo, el jinete negro es el de la repartición y yo soy el jinete pálido y conmigo viene el Hades y tendré autoridad para matar, para escasear y dar plagas a la tierra en su juicio—Calló. Kadosch frunció el ceño.

— ¿Y eso que tiene que ver con Kasey y Derek?

— ¿Os puedo hacer una pregunta? —Kadosch asintió— ¿Sois vos Kasey? —Kadosch quedó callado y luego contestó.

—Ya no importa. Os dejaré saber. —Miró el horizonte y contestó—Sí. Soy Kasey. —El jinete no omitió sonido. No se movió.

—Dejad de buscarlo.

— ¿Por qué? —Giró su mirada al jinete. El jinete caminó a su caballo.

— ¿Por qué? ¡Respondedme! ¿Acaso lo tenéis cautivo?

—No.

—Entonces decidme la maldita verdad.

—Dejadnos—Se montó a su caballo. Kadosch escondió las alas y furioso se acercó al jinete pálido y lo haló lanzándolo al suelo. No gimió.

— ¿Acaso no sabéis quién soy, imbécil? —El jinete se levantó. Los caballos relinchaban.

—Sé quién sois, Ángel de la Muerte—Se sacudió las sotanas.

—Respondedme en donde está Derek—Rompió el sello solamente para asustarlos. El jinete guió su rostro al pergamino y Kadosch dijo—Escribiré vuestro nombre—El jinete se rió mirando a los otros que se rieron también.

— ¿Y qué vais a escribir allí? No tenéis un nombre ¿o sí? ¿Escribiréis jinete pálido allí? —Se rió más. Kadosch frunció el ceño. El jinete dijo—Vete y dejadnos continuar. Dejadnos— Se montó al caballo. Kadosch se enfureció y abrió las alas golpeando el caballo negro, relincharon y se apartaron.

— ¡Bajad de ese caballo, enfrentadme! —El jinete pálido miró a sus compañeros y asintió bajando. Kadosch cerró los puños fuerte y el jinete dijo.

— ¿Si os digo dónde está Derek nos dejaréis en paz?

—Sí.

—Tenemos mucho qué hacer y ya no tengo tiempo de mirar atrás y volver. Así que una vez que os haya contestado, no volveréis a vernos a menos que sea para el juicio y consuélate sabiendo que Derek estará bien y por una vez en vuestra vida dejadlo y olvidadlo. Olvidadlo porque él vive bien, vive su propia vida. Pero juradme que lo dejaréis en paz…Kasey—Kadosch un poco confundido asintió. Sintió un nudo en la garganta.

—Decidme en dónde está. —El jinete se le acercó un poco y con voz de tranquilidad le contestó.

—En frente de vosotros—Kadosch agrandó los ojos.

— ¿Qué? —El jinete no dijo nada. Kadosch parpadeó mirando a los otros jinetes. — ¿De qué estáis hablando? —El jinete dio un paso atrás y dijo.

—Ahora, si nos disculpáis, prometisteis no volver a molestar—Se montó de nuevo al caballo.

—No, no, esperad, esperad.

— ¿Qué es lo que queréis? —Preguntó un poco irritado.

— ¡La verdad, maldito mentiroso! —El jinete se desesperó y le contestó.

—Esa es la verdad, Kasey. Soy Derek, Derek McCarthy. Así como lo dijisteis, fui humano, y nosotros los humanos reencarnamos. Soy Derek. El único que conocisteis.

— ¡Mentiroso! —Gritó Kadosch sintiendo ira y tristeza.

—No me creáis entonces—Haló las riendas de su caballo hacia atrás y Kadosch dijo.

—Probadlo, probadme que sois Derek—El jinete lo miró.

—Vosotros siempre quisisteis pruebas, preguntas y respuestas, siempre queréis una explicación para todo… No, no Kasey, no daré prueba alguna de que soy Derek. Decidme, ¿y cómo puedo estar seguro de que vosotros sois Kasey?

—Kasey todavía siente algo por Derek—El jinete no dijo nada. Quedó callado. El caballo se movió incitándolo a seguir el camino al que originalmente iban.

—Ya no somos los mismos, Kasey. Ya no puedo seguir amando a una mujer que se desvaneció y que es un ángel ahora, un hombre. Alguien superior a mí—Kadosch cerró los puños y apretó su mandíbula para no llorar. El jinete continuó. —El Derek que conocisteis ya no existe.

—Está bien—Dijo rápidamente Kadosch para que el jinete dejara de hablar de su misma desaparición. Bajó la mirada.

—Nos reuniremos en el Apocalipsis más pronto de lo que os imagináis. Alegraros, porque sois el Ángel de la Muerte, mirad vuestras alas y sentid vuestro rango—El jinete volvió su caballo y los otros tres jinetes lo hicieron también.  —Vámonos.

—Derek—El jinete pálido movió su cabeza a la derecha y giró un poco su caballo. Miró a Kadosch majestuoso, con sus alas negras y restauradas, con una vestimenta nueva. Con un rostro divino pero de desasosiego. El jinete negó la cabeza volviendo su caballo. Levantó la mano y los cuatro cabalgaron alejándose de Kadosch. Galopando a gran velocidad, el jinete pálido un poco entristecido miró atrás viendo una mancha negra, observando alas negras, teniendo en cuenta que ahora él es el nuevo Ángel de la Muerte. Giró su rostro al frente guiando a sus caballeros de L’ Enfer a lo que pronto cada uno de ellos hará cuando el tiempo determinado llegue.

 

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  • ¡¡Oye, muchas gracias!!
    Magnífico... es increíble... pensé que Resurrección era otra historia, cuando me di cuenta que era La misma Trama de Reencarnación me pegué a leerla, *.* soy adicto a estas historias, y siento que Kadosch tendrá un futuro más extenso, quizás Resurrección "2" xD, pero sí, sí es muy buena, demasiado :3, admiro vuestra capacidad de crear tal historia, tan llamativa, llena de misterio, intriga, amor T.T, tristeza (Kaesy llora más que el cielo xD) y todo, todo muy bien hecho. Saludos
  • 13 Septiembre 2016

    Espero continuarlo, sólo espero jajaja ;D

    (Dedicado a TheGothicPoet (Cristian Santillán)) Algo cursi pero bueeee Xd

    Una corta, pero larga historia xD Me disculpo si mis relatos son largos, pero es que no lo puedo evitar.

    08 Septiembre 2016

    02 Septiembre 2016

    25 Agosto 2016

    "Esto que siento me toma de sorpresa, y me deslizo sin importancia hacia un mundo que ignoro. Pero cada vez que camino hacia ese mundo, me agrada. Tus gestos son extraños, pero… en tus ojos veo que hay una chispa que nunca se apaga, en tus ojos veo lágrimas que no cesarán, en tus ojos veo la vida después de la muerte, en tus ojos me hundo, y allí me ahogo, en un mar lóbrego, como si me hechizaras, y cada vez que me miras, por ti yo sufro. "

    Dt 32: 35

    "Hahahel, ángel del Sacerdocio y consagración de Dios. Elemiah, ángel del poder Divino. Seheiah, ángel de la Longevidad. Cahetel, ángel de la Bendición de Dios. Rehael, ángel de la Sumisión Filial. Yeialel, ángel de la Fortaleza Mental. Daniel, ángel de la Elocuencia. Damabiah, ángel de la Fuente de Sabiduría. Mahasiah, ángel de la Capacidad de Rectificar. Lauviah, ángel de la Revelación. Chavakiah, ángel de la Reconciliación y Nanael, ángel de la Comunicación Espiritual."

"…It's like changing a tire…The 1st time you’re careful…By the 30th time, you can’t remember where you left the lug wrench.” TB

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