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2 min
Retazos
Poesía |
18.03.14
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Sinopsis

Pensamientos inconstantes sobre la incertidumbre de casi todo

Una sombra, una esperanza,

un agravio en mitad de la noche,

entre varios hombres

seguramente ausentes, tan vacíos

que el hueco se hizo infinito.

La verdad era otra cosa,

velada por un cristal opalino de color azul...

engañaba a sus sentidos,

a su inocencia, aun tierna,

blanda, casi frondosa.

Por su espalda se deslizaba la aurora,

pero no era la aurora,

era la noche en una noche de carnaval.

 

Se agrupan los sonidos, a veces

los sonidos tienden a agruparse,

a ser más así...

sonando al unísono,

flotando en el aire como flota la vida que es invisible,

o la que es insensible, la que no respira,

la que se halla muerta,

desterrada.

Y entonces: ¡Ding, Dong!

Algo sucede... y en verdad, ¿sucede algo?

la magia es eso: un suspiro tras el último aliento

¡Ding, Dong!

Es de noche, hace frío...

y parece que pronto lloverá,

que las gotas de lluvia mojarán el suelo,

y seguramente tus pies.

Tú, que andas, sin saber donde,

que hablas sin saber de qué,

que vives: ¿realmente vives?

¡Ding Dong!

 

Podemos acariciarnos si lo quieres,

sentirnos presos de lo que dicen que es el deseo,

Podemos herir nuestras pieles, hacernos temblar...

Podemos abrasar nuestro instinto y

quemar nuestras labios y arder después,

como vástagos de un nuevo mundo.

Y si te arrepientes, te seguiré besando,

y te seguiré queriendo aun en un sueño medio roto,

y en el confín de mi recuerdo te seguiré amando.

Porque quien ama, ¿puede tal vez dejar de amar?

 

Y tras todo, se verá  la nada,

la soledad amarga,

desolada, triste, tan sola...

A un lado, la sombra, y al otro, quizás tú...

Vendrán otros tiempos:

La escarcha, la rabia, la

locura innenarrable que supone el tedio,

el tiempo inescrutable,

igual que tu mirada,

igual que unos versos que trizasen el papel,

como si la sangre del monstruo de Frankenstein no fuese sangre,

 sino tinta,

la tinta de un hermoso poema.

Así te amo... sin compasión.

 

Creo que eso es todo,

que un incendio devora en este instante la misma noche,

que una nota de mimbre se escapa ahora de un viejo laúd,

que tu alma me dice, bajito:

La poesía es una flor en una cueva,

tan extraña y tan ajena,

que quien la encuentra abandona, quizás,

para siempre.

 

 

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