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7 min
Rogibar. (leyenda dominicana).
Suspense |
13.06.18
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Sinopsis

La locura de la noche puede llevar tu alma al rincón más extraño y tenebroso que puedas imaginar.

–Si es que ya no controlas porque vas por la cuarta –ríe.
–A fuerza de beber culillos de mala pasta (...). ¿Por que te ríes así de mi? Eres un rasta pajotero
–El negro tambaleó el belfo y apuró otra copa de Brugal con cola.
–¿Qué me llamaste güey?
–Nada que pudiera ofender.
–Pues me ofende. Ya sabes cualquier chusco que me lanzas. Sobre todo viniendo del pijito güey como tú.
–Vamos ya te arrimaste otra vez. ¿Y? Para que crees que vine hoy aquí.
–¿Te pica el bolsillo? –Jonas era congoleño. Llevaba viviendo cinco años en Santo Domingo y detectaba la humedad y el papel moneda con el mismo olfato que le vio nacer pero no soportaba que la tomaran con sus trenzas ni con su opalino ojo de pelícano.
–Ya lo sabes Jonas he venido a por una tarjeta. Una de esas con mucho grano. Tú ya me entiendes –mientras se tiraba del cuello de su americana blanca.
Jonas se estiro su larga cola negra y se la echó a un lado. Luego apartó aquella enorme copa coctelera y lo miró a la cara con su afilado ojo de pelícano.
–¿Cuánto?
–Necesito diez lo menos (…)
¡¡Diez!! –Jonas se escurrió hacia atrás de la veteada barra del Laguna Bar y tembló como una hoja de palma. Apartó la copa gigante de Brugal mientras el anillo de su meñique despuntaba como un láser de oro puro.
–A verlo.
–No lo tengo. Pero tengo una fiesta muy importante y estoy desesperado. No sabes lo importante que es para mi.
–Escúchame bien güey: ya puedes ser tu el mismo churraco que me sacó de las garras del caimán en las riberas del congo. Ni por mi hermano, ni por mi misma madre –escupe y se resuena–. Estoy aquí para hacer un negocio (...) si no (...) ya puedes moverte a la velocidad del gallo. Espero
–Y un negocio es lo que vas a hacer. Un negocio que te salvará la vida.
–¡Serás hijoputa! –Jonas agarró al delgadito chulango por la solapa para hacerlo picadillo pero uno de los camareros se interpuso.
–No intentes chantajearme o te mato culandrillo.
–No es un chantaje te lo juro
–Pero tengo una información para ti que salvará tu vida. Ya sé que tienes puesta la vista en uno de esos enanitos brujos. Te han hablado de él y te han asegurado que te traerá fortuna. Me he fijado en como lo miras todas las tardes tras la vitrina de la tienda de antigüedades. Pero lo que no sabes aún de él es que ya estás bajo su hechizo. Si me lo permites te contaré una historia y te aseguro que la fuente en la que la consulté es muy muy fiable.
–Habla. –Jonas ni se inmutó. Le dio un nuevo sorbo a su brugal mientras sonaba a grito aquella bachata endemoniada. Porque aunque era un chilango que miraba por su negocio no podía evitar que aquellas magias nocturnas lo tambaleran como un vórtice y asumía todas aquellas hechicerías como una ciencia cierta e indemostrable.
 

xxx
 

Aquel extraño ser con el ojo derecho rojo y el otro pardo-negruzco tiene un nombre; se llama Rogibar y es una criatura venida del mismo infierno. Dicen que el primero que lo codició fue un tratante de esclavos. Poco despues de la muerte de éste –por razones poco claras– fue adquirido por un artista de circo. Sí. un pobrecito buhonero que no tenía un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Aquel ser tenía una apariencia extraña: a ratos parecía un humano auténtico –incluso sonreía como si se tratara de un niño de verdad–: su piel palidecía en la oscuridad y se volvía morena cuando le daba el sol pero sus ojos eran duros y cristalinos como una piedra de topacio y en su reflejo no había espacio para la piedad. Lorenzano –así se llamaba el artista– se enamoró de aquella criatura: fue este un amor sincero y cordial como el de un padre por su hijo y en el silencio de la noche sellaron un pacto que le costaría no ya la vida sino el alma. Pocos días después del hecho lucía un deslumbrante cartel en la afueras de un viejo barrio de Nueva Orleans –allá al sur de los Estados Unidos–. El fingía ser su padre protector y la criatura admitía que era su único hijo –el más meloso y el más travieso– porque cuando su papi no lo vigilaba le gustaba ponerse rojo de licor chupándose la botella de aguardiente que había más cercana por eso decía que se llamaba Rogi-bar.
Este y muchos otros chistes contaba el enanito que no mostraba pudor alguno en parecerse a un chico auténtico de lo bien que interpretaba su papel. Así fue como hicieron fortuna
–que digo fortuna: llegaron a tener más plata que los Locatelli.
 

xxx
–Jejeje. –Interrumpió Jonas.
“entonces por qué carajo me voy a asustar.
–Déjame terminar. El chilango miró a al negro como si de un golpe amenazara arrancarle su ojo de pelícano. Mientras le sujetaba el brazo
–Ése no es el fin de la historia.
xxx
 

El gitanillo y su gualtrapo hicieron gira por Europa. Estuvieron por París, Niza, Ginebra; ¿qué sé yo? En los teatros más grandes. Una noche mientras Lorenzano introducía su mano por la costura de su hombro derecho la gente enmudeció. Pararon las risas y hasta hubo alguien entre el público que susurró algo incomprensible. En un instante de descuido Lorenzano soltó al muñeco para darle un sorbo a una copa de vermouth. Cuando quiso colver a cogerlo éste se alejo de él y con una mirada llena de absoluto furor pronunció a la vista de todos las siguiente palabras:
–Esta es la noche. Me la debes.
Lorenzano se echó a temblar delante del público y sin previo aviso interrumpió el espéctaculo de la mejor manera posible y se marchó.
Lo que ocurrió aquella noche queda oculto bajo la estela de un misterio difícil de explicar. Lorenzano cogió sus cosas y se dirigió con toda rapidez a la habitación del Hotel en que estaba pernoctando. A altas horas de la madrugada una empleada del servicio de habitaciones escuchó la siguiente conversación al otro lado de la habitación en que éste tenía sus cosas.
–Ése es nuestro trato. No me gualtrapees chilango --dijo una voz ronca y vigorosa-- fijamos el quince de cada seis meses y ese es hoy. Ha terminado el plazo, cumple tu promesa. Ya sabes que me gustan jóvenes. Búscame una que esté aún por estrenar con una sangre que fluya fuerte y vigorosa.
–Ya me cansaste. –Repuso la otra voz. Eres un monstruo. Un monstruo horrible. Intentas apoderarte de mi alma, de mi salud y de mi vida. Y ahora pretendes que me convierta en un asesino como tú.
–Has hecho una gran fortuna gracias a mi. Ya no puedes echarte atrás. Firmamos un contrato y lo firmaste con tu propia sangre.
–Voy a librarme de ti. Voy a acabar contigo para siempre. –Ahora verás.
El buhonero salió de la habitación con la velocidad del rayo. Cuando estuvo de vuelta traía consigo alcohol, telas y alguno otros productos químicos incomprensibles. Cerró la puerta. Hubo un intenso forcejeo, ruidos y gritos de deseperación que acabaron ahogándose en la noche como un murmullo inerte que se silenció lentamente. La empleada llamó al dueño y despues de un largo rato lograron echar la puerta abajo.
Cuando entraron en la habitación encontraron a Lorenzano muerto –envuelto en un charco de sangre–. La ventana estaba abierta. Ni rastro de la criatura.

xxx

La música se aquietó. La sala estaba casi vacía. Jonas miró al chilango con su ojo de vidrioso pelícano. Se racó el bolsillo y sacó la odiosa tarjeta.
–Ahí van los diez. Gracias por la información.
 

Baza. 13 de junio de 2018
 

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