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4 min
Rutina
Drama |
29.10.13
  • 4
  • 4
  • 1540
Sinopsis

-Parece que va a llover-dijo Marcelo.

Esa era la conversación más interesante que Adela tenía con Marcelo últimamente.

Ella había estado acudiendo al psicólogo y posteriormente al psiquiatra, dado que el primero le había acabado remitiendo al segundo. Al parecer Adela sufría una depresión que acabó derivando en insomnio, lo que le obligaba a tomar pastillas frecuentemente.

-¿Va a llover?-  contestó ella sin atisbo de entusiasmo.

Aquel día habían acordado salir a pasear, hacer algo diferente juntos, que no fuera estar en su casa y ver la tele sin apenas mediar palabra.

Marcelo se quedó mirando por la ventana unos segundos mientras Adela se fue a la cocina a preparar el café del desayuno. Una enorme desazón le invadía el cuerpo y una profunda tristeza había hecho mella en ella. Aunque siempre le quedaba le esperanza de que algo bueno le iba a pasar un día y eso era lo que le hacía seguir adelante.

Sirvió el café para los dos como cada día y se sentaron a la mesa para desayunar.

-tienes la mirada perdida-le dijo él de nuevo.

Ella respondió con una tenue sonrisa.

-estoy bien-le tranquilizó.

Marcelo cogió el diario de deportes como cada mañana y ojeó sus páginas con avidez, tan ensimismado que parecía haber olvidado la presencia de Adela.

Ella no se lo tomaba como un agravio, sabía que el fútbol era su debilidad  y había aprendido a respetarlo.

Adela encontraba ratos para hacer lo que más le gustaba, escribir .Pero sentía  que ese no era el mejor momento, intentaba hacerlo cuando se sentía en paz consigo misma y solía ser cuando estaba sola.

Pasaron unos minutos en los que Adela se tomó el café a pequeños sorbos contemplando la antigua persiana de madera a medio bajar de aquel ventanal del pequeño comedor.

Marcelo cerró el diario y sentenció:

- ya está.

Los dos se miraron sin mucho interés, pero con el cariño que se habían aprendido a tener con el paso de los años.

-Bueno….-dijo él.

Voy a ir a hacer unas cosas, tengo que hablar con unos clientes…

-Vale-dijo Adela.

Era el día de descanso de Marcelo, pero ella ya esperaba esas palabras, solía pasar.

No es que dudara totalmente de él, pero algo en su interior le decía que era su manera de escapar de la situación que había en casa. Eso la hacía sentirse afligida, pero por otra parte aliviada, porque en realidad no tenía ganas de estar con él.

Pasaron varias horas antes de que Marcelo volviera a casa. Fuera llovía con fuerza. Cuando abrió la puerta de la calle el perro ladró como siempre, hasta que subió la escalera, abrió la puerta de casa y vio que era él.

Nada más abrir la puerta pudo ver que Adela no estaba en el comedor, pensó que estaba durmiendo, la medicación le daba sueño.

Fue a comprobarlo, se asomó a la habitación, y allí estaba. Volvió al comedor y reparó en la libreta de notas de Adela, la curiosidad le hizo leer:

Es posible que detrás  de una mirada perdida se guarden secretos, vivencias o anhelos que son tan  profundos que se funden, como una mirada al horizonte que parece no decir nada.

A mí personalmente las miradas perdidas me parecen las más interesantes, una mirada quieta hacía el infinito no tiene por qué ser triste, simplemente acompaña al alma de la persona, en silencio, en calma, en armonía con quien la posee. Ese no es mi caso.

Puede que las miradas que llamamos perdidas sean las más claras, las más serenas, puede que sean las miradas de lo más profundo de nuestro ser.

Son las más íntimas, las más profundas y sinceras porque son impenetrables, como nuestra propia alma.

Marcelo se quedó pensando, volvió a la habitación para ver como estaba Adela, se acercó a allí, intentó despertarla, pero fue en vano.

 Se había ido  con la mirada perdida,  con la mirada del alma, para siempre.

 

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  • me lo teermine sin darme cuenta
    Uno de los mejores relatos que he leído hasta ahora en la página. Saludos.
    Eres sin duda la escritora de esta web más "humana" en el buen sentido de la palabra, tus relatos son sencillos y cercanos sin dejar de llevar una carga emocional muy grande, de este por triste que sea el final, me quedo con la frase "las miradas perdidas me parecen las más interesantes", genial, gracias por tus comentarios y un saludo.
    Exquisito relato Nora. A mi estilo como podrás comprobar si puedes seguir leyéndome. Me encantó. El último párrafo sobre la mirada perdida....estupendo. Un abrazo de nuevo y un beso si me lo permites.
  • Escribo esto a pesar de la pereza que me invade y me persigue cada vez que miro cualquier fuente de información incluyendo ponerme por primera vez a escribir al respecto.

    A veces definitivamente siento que ya no puedo hacer más. Que lo único que me queda es alejarme ,que a veces el dolor es tan asiduo que te acostumbras a el de una manera que cuesta dejarlo marchar

    A veces la tristeza nos visita sin motivo aparente, o tal vez ya estaba allí

    Si tuviera alas volaría, volaría tan lejos que me perdería, me perdería y no podría volver nunca más.

    La tristeza que me invade es tan grande que me asusta.

    No vuelvas porque me desordenas la vida, y es curioso porque eres con diferencia, la persona más ordenada que conozco.

    Abrázame fuerte, déjame llorar sin consuelo en tus brazos, no ser nadie por un rato, que el tiempo se pare y sienta la quietud de mi alma.

    Siento muchísimo haberte hecho daño, siento las lágrimas, los temblores, el desasosiego que te causé. Las ilusiones rotas, los esfuerzos en vano, las dudas, las noches sin dormir, los cigarrillos de más, las charlas infructuosas, mi mirada perdida, mis pocas ganas de seguir, mi melancolía, mi tristeza, los dolores de cabeza.

    El sueño, parece no querer abandonarme, ha vuelto el letargo a apoderarse de mí. Es la sensación de estar en un receso momentáneo de los días, de las horas, de la vida…

    Por fin ha llegado el día, por fin me encuentro conmigo misma y con mis palabras de nuevo...

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Escribo cuando me arde el alma y las palabras apagan mi fuego.

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