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6 min
Salvatierra
Reales |
09.10.16
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Sinopsis

Salvatierra, un vecino de Chascomús, muy recordado por su manera original de plantarse ante la vida.

 

Maximino Salvatierra


-¿A dónde vas Maximino?-
“Sin rumbo elocuente “.
Nuestro hombre, Salvatierra, es la representación perfecta del hombre original, y fuerza es citarlo en estas páginas para no ignorar los testimonios de la gente ocurrente de nuestra querida ciudad.
Las pisadas de las alpargatas de Maximino dibujan sus huellas en las estancias campestres cercanas, realizando todo tipo de trabajo en la barriada de Reconquista, hoy calle Garay.
En ese pedazo de cielo levantó su rancho de barro.
Es un hombre alto, corpulento, bromista y un apasionado del fútbol, deporte al que le dedica muchas horas en los potreros que dan a calle Beltbezé. Los altos cardos y yuyos le dan un marco silvestre al hogar del hombre sin destino elocuente.
Maximino es un ser distinto por su habilidad en el manejo de la alpargata como un certero puñal; el desempeño con la redonda y la rapidez de sus respuestas verbales.
Tarde de fútbol.
Improvisadas tribunas de espectadores ávidos de disfrutar de su habilidad futbolera festejan todas sus jugadas y le gritan versos variados. “¡Maximino, se te cayó un peso!” A lo que él contesta, “yo no uso esas herramientas”. Es decir, no usaba dinero porque casi nunca tenía una moneda en sus bolsillos.
La difusión de su arte con la esférica trascendió las fronteras y vinieron desde Uruguay a buscarlo para enrolarlo en sus más importantes filas, pero Salvatierra dijo que no y ahí terminaron sus posibilidades de gloria.
Otros momentos de vida.
Una alpargata danza en el aire mientras los gritos corren en la oscuridad. El vecino ocurrente está en acción. Dicen que una sola mirada, algo torcida, bastó para comenzar la pelea. 
Los comportamientos y rarezas de Maximino van saltando de boca en boca y nadie los puede ni quiere parar.
Anibal, un niño del barrio suele hacerle mandados en el almacén de Rafael Haye. Los pedidos rezan: diez centavos de mortadela, veinte de queso y otros tantos de pan. La última porción del pedido era contundente, 10 litros de limeta (vino tinto en damajuana).
En ese barrio no sobra nada y si sobra se comparte, como es el caso de la carne y achuras que un vecino trae del matadero municipal. 
Ledesma, su amigo albañil, cuenta algunos de sus dichos: 
Cuando se le preguntaba a dónde iba, respondía ”sin rumbo elocuente”.
Maximino es un hombre gracioso y hacer los mandados le sirve para entablar charlas ligeras con sus vecinos. 
Acostumbrado a los grandes espacios, suele sentarse al final de su patio, en un banco de patas cortas. Ese es el palco desde el que observa su entorno.
El líquido morado del vino lo tiene cautivo y en más de una oportunidad lo lleva por caminos peligrosos, donde caminan conocidos peleadores.
El hombre es admitido en los círculos del barrio y se lo saluda con mucho respeto.
Su vida sencilla lo muestra juntando botellas, cables, fierros, bronce y un sinfín de elementos sin clasificación conocida.
Otra trifulca en la calle de tierra.
Vecinos corriendo, policía llegando mientras la alpargata de Salvatierra dibuja giros en el aire.
Los milicos, como él los llama, se lo quieren llevar a la fuerza pero no es tan fácil esquivar los golpes de su alpargata.
Nadie puede asegurar en cuántas peleas intervino, pero sí que fueron muchas y que casi todas terminaban en la comisaría. 
Sí, Salvatierra era el detenido más conocido de la policía. Y Según cuenta el prestigioso Diario El Argentino, en su editorial del día 14 de agosto del año 2016, cuando se inauguró el nuevo edificio de la calle Lastra y Sarmiento “allí se dio un agasajo a las personalidades del pueblo, debió ser por los años 1929 o 1930. En medio de la fiesta irrumpió Maximino y en tono irónico exclamó: “Ajá! Me traen todos los días pero cuando hay beberaje no!”
El tiempo terrenal sigue corriendo mientras su amigo recuerda:
“Otro de sus entretenimientos era participar de los fogones nocturnos en las estancias donde trabajaba, contando relatos donde no faltaban las luces malas y los aparecidos sin cabeza”.
Salvatierra era una persona estando sobrio y otra cuando se tomaba unas copas de más.
Ahí va por las esquinas aprendiendo a cruzar obstáculos.
Camina por las calles desparejas, llevando tramperas para cazar pájaros. 
Pasa horas escondido entre los cardos con la vista fija en los descoloridos barrotes que aprisionan.
Ledesma le da pausas a sus dichos y retoma la conversación con la pregunta repetida: “¿A dónde vas Maximino? 
Nuestro relator queda con la vista perdida y sonríe. Un mate cambia de mano y la charla sigue.
Maximino tenía mucha vitalidad y fuerza, recorría la calle Reconquista juntando chatarra que acumulaba cerca de su refugio para su posterior venta.
En la representación de sus actos pueden verse gestos muy lindos.
Por momentos la bondad lo desborda y ayuda a los más necesitados sin esperar nada a cambio. Un ejemplo de ello es cuando prestó su otro rancho a un fulano que resultó ser un desagradecido, según su criterio. Esto motivó que se arrepintiera de su generosidad y le pidiera que abandonara inmediatamente su propiedad. El hombre en cuestión hizo oídos sordos al pedido y siguió viviendo sin poner el menor empeño en encontrar otro lugar. La reacción de Maximino no se hizo esperar y ahí nomás incendió su propio rancho y se sentó a mirar como el pobre desgraciado corría más rápido que el humo.
Dicen que lo entretenido de la vida es que uno jamás adivina qué sorpresas aparecerán mañana. Tampoco sabemos si nos sacudirá para adelante o para atrás. 
Salvatierra eligió Chascomús como teatro para representar los actos de su vida, acompañando sus movimientos con los giros de sus locuras y en el tiempo que duro su vida se defendió a golpe de alpargata.
ELBA R. AUGHY
CHASCOMUS -

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Me sé un ser decidido y armado de palabras ganadas en miles de batallas emprendidas contras las hojas escritas. Mis ojos, que visten el color del tiempo, los heredé de los espíritus emergidos de la vieja y misteriosa Irlanda.El folklore irlandés es rico en fantasías,brujas,y magos; dioses y adivinos. De ahí viene mi sangre. Mis pelos parecen bravíos guerreros. Desafían a todos los peines que intenten entrar en sus inmensidades. Poseo boca pequeña, de labios superiores levemente abultados, que se mueven como relámpagos en cualquier charla. pero saben guardar muy bien los secretos. Mi nariz es chica pero sensible a todos los aromas de la vida.Soy generosa por educación y rebelde por decisión. Analista de sueños y pensamientos.Me gusta la risa porque hace que el alma brille en el rostro. Amo las palabras porque le dan sonido a la vida.

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