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14 min
Samantha. Capitulo I y II. Ganzúas y Cerillas [Crónicas de una Caída. Acto I. Comienzos.]
Ciencia Ficción |
01.03.18
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Sinopsis

Año 2258. 200 años despues de iniciar nuestra historia, Samantha se ha levantado llena de ilusión. Hoy es una Noche de Exploración , la mas preferida de sus noches. (se trata de un pequeño fragmento de una historia mas larga en la que estoy trabajando. Por otro lado, si buscas una historia convencional no sigas leyendo, pero si te gustan las palabras y los mundos interiores de las pequeñas cosas espero que te guste, seguiré colgando cosas. La historia continua!!)

Samantha

I

Año 2258

16 años

 

Al despertar, Samantha supo que sería una gran noche. Se había dormido sabiendo que hoy iba a levantarse a esas horas. Se quedó leyendo hasta tarde un tomo muy interesante que había encontrado la tarde anterior en los Archivos, y ahora ardía de emoción solo por pensar lo cerca que se encontraba del momento de salir. Todo le estaba saliendo perfectamente, eran las dos y seis de la madrugada y todo estaba en orden. Todo estaba donde debía estar.

 

Dedicó unos minutos a regocijarse bajo las sabanas, disfrutando del placer que suponían esos momentos. Pasaron unos largos diez minutos hasta que finalmente consiguió quitárselas de encima. Incorporándose,dibujo la más sincera de las sonrisas en su rostro mientras se masajeaba los ojos, aún cerrados. Nunca iba a dejar de estar nerviosa cuando decidía escaparse unas horas.

 

Abrió los ojos, y, pese a ser escasa, la luz le permitió distinguir la pálida silueta de su brazo cuando buscó a tientas su camisón azul encima de la mesita de noche. Luego se levantó, y, con cuidado, se lo puso, sintiendo la seda acariciándole el rostro mientras la vestía, delicada y azul,como el cielo nocturno. 

 

Seguidamente se deslizó junto a la cama de su hermano para comprobar si estaba allí. Por suerte, seguía en la reunión que la General Kate había convocado hacía un par de semanas, en principio, en calidad de “reunión urgente” y obligatoria, algo que, personalmente, era un detalle obviamente contradictorio, considerando la rapidez con la que realmente podían reunirse los altos cargos y los directivos del  ejército de la Comunidad si de una urgencia se tratara. Así pues, tenía noticia de ello desde hacía semanas, y había podido planificar aquello sin ninguna prisa. Estaba segura de que su hermano no volvería hasta el final de la noche, así que tenía vía libre durante unas cuantas horas.

 

Abrió el cajón donde su hermano guardaba la linterna frontal y la máscara de explorador. Era  una de esas que te colocas en la cabeza, como los mineros, con una cinta alrededor de la frente para sujetarla bien. A los ojos de Samantha, era muy parecida a las que vio llevar a los científicos que se encargaron de investigar Chernobyl tras el accidente en , cerca de un lugar llamado Japón para entonces. Lo había mencionado por encima la señorita Kate en clase, pero ella se había interesado y había buscado alguna cosa más en los Archivos. Se preguntaba cómo estaría ese lugar tras tantos años. ¿Seguiría inhabitable? 

 

Así pues, las máscaras de explorador se parecían bastante a esas, sólo que estas parecían diseñadas con un ligero cambio, que las hacía parecer más aerodinámicas, o pulcras, no tan bastas en su forma. La que vio Samantha eran realmente terroríficas. Estas eran más suaves a la vista, aunque el funcionamiento era el mismo.

 

No hubo éxito al buscar en el cajón de Jacob.

 

<<Maldita sea>> pensó mientras empezaba a rebuscar en el segundo cajón y luego echaba un vistazo bajo la cama. Ahí estaban ambas cosas.

 

Cogió la linterna y la máscara de explorador de debajo de la cama y luego recogió su pequeña mochila de debajo de la suya, donde metió la linterna junto a las demás cosas. Antes de salir, se giró para echar un último vistazo a sus viejas zapatillas y; pensando en si debía ponérselas, recordó como su hermano la regañaba por ir descalza a todos lados. Desde pequeña siempre había tenido la curiosa obsesión de empeñarse en caminar descalza por toda la Comunidad. Descalza se sentía limpia. Se sentía alegre. Casi libre.

 

De todos modos, el suelo estaba demasiado frío aun, y caminar con los pies desnudos hubiese sido una grosería.  Las zapatillas, en cambio, la aislaban del mundo, y a ella no le gustaba sentirse aislada. Le gustaba andar descalza porque se sentía más conectada con el mundo que la rodeaba, como si estuviera en mayor harmonía; formando parte del todo que eran las cosas a su parecer. 

 

Su hermano, haciendo muy bien el papel de hermano mayor, se había reído al principio, como si fuera simplemente la extraña manía de una niña pequeña. Pero con los años esa costumbre se había convertido casi en una superstición, o tradición más bien; así que al final Jacob lo respetaba a regañada dientes pese a seguir pensando que era un capricho extraño.

 

Finalmente la niña decidió dejarse los calcetines, ni una cosa ni otra, y, cuando estuvo preparada, dejó escapar un suspiro de excitación. Apuntó con la cabeza en dirección al suelo del amplio pasillo y con un gesto que parecía propio de la más profesional de las exploradoras, pulsó el botón de encendido del lateral del aparato. Al instante se ilumino la moqueta roja del pasillo, mostrándose como un pequeño punto rojo en medio de toda aquella oscuridad; sintió mariposas en el estómago.

 

Completar el primer tramo del camino en silencio era bastante sencillo. A esas horas todo el mundo estaba durmiendo, y la moqueta le hacía la vida más fácil y mitigaba cualquier ruido que pudiera hacer al andar.

 

Giró a la derecha nada más salir y, caminando con cuidado pero con cierta prisa, avanzó unos treinta metros a través del gigantesco pasillo hasta llegar a un cruce donde podía girar en ambos sentidos. A su izquierda, al final del pasillo, si hubiese seguido varias docenas de metros, se hubiera encontrado de frente con la gran puerta de la Sala del Congreso, donde su hermano estaba teniendo esa “urgente” reunión. 

 

Esa zona de la Comunidad estaba más vigilada, así que seguramente se hubiera encontrado con dos guardias de servicio vigilando la puerta, hablando sobre sus cómodas, sencillas, pero penosas vidas.

 

<<Como si alguien fuera a tener el menor interés en lo que estáis diciendo...¡Ja! ¿Reunión urgente? Hipócritas.. -pensó mientras se mordía la lengua para no gritarle a los guardias -Solo quedáis para deciros tonterías entre vosotros mientras la gente se muere de hambre aquí dentro. El verdadero problema sois vosotros. Solo sabéis miraros vuestro propio ombligo, y aún así no sabéis distinguir si es vuestro...>>.Esta vez lo pensaba mientras lanzaba una peineta con enfado a la oscuridad y soltaba una pequeña carcajada.<<Algún día alguien os va a enseñar lo que es bueno, el Karma no perdona; y yo tampoco>>

 

Dedicó un largo minuto a seguir maldiciendo toda esa falsedad y egoísmo que se escondía detrás de aquellas puertas y luego decidió tomar finalmente el desvío a la izquierda en dirección a su destino.

 

Llegó jadeando, muerta de ilusión. Como cada Noche de Exploración, había terminado por correr a grandes zancadas para llegar cuanto antes a uno de sus lugares preferidos. Antes de levantar la vista para iluminar el espacio, cerró los ojos. Después, como disfrutando de ese segundo previo a ver lo que tanto añoraba, iluminó una gran puerta delante de ella y los abrió con la ambición reflejada en sus ojos.

 

Se la quedó mirando unos segundos con una expresión parecida a la de quien mira por primera vez una mariposa de cerca. Si tuviera permiso para cruzarla, podría ir hacia cualquier lugar; al que le apeteciera. Podría incluso llegar a vivir en el exterior, o al menos eso tenía pensado. <<Sería perfecto>>. 

 

Desde pequeña se había muerto de curiosidad por cruzar esas puertas. Intentaba imaginar el mundo real, no el mundo de los libros; ni el de los cuentos que le contaba su hermano; ni siquiera al de las historias que estudiaban sobre las épocas más antiguas de la Comunidad y los inicios de la Primera Guerra, en la clase de historia de la señora Grace. Estaba segura de que el mundo real era algo completamente distinto y se moría por conocerlo hasta lo más profundo. Se imaginaba recorriendo cada centímetro de él, disfrutando de cada color, de cada olor, de cada sorpresa que seguro que se le presentaría. Sólo de pensarlo la inundaba un sentimiento de alegría que le recorría cada uno de sus nervios hasta la punta de los pies.

 

Las normas en la Comunidad eran muy sencillas, nadie podía salir de ella si no formaba parte de alguna unidad militar. Desde la Invasión, la supervivencia de la especie se convirtió en la primera prioridad. Toda medida que previniera el aumento de la mortalidad, sobretodo la infantil, era aplicada de inmediato. Así pues, enseguida, los niños se convirtieron en personas ajenas al mundo exterior y lo que sucedía. Los padres, empeñados en proteger su descendencia más próxima, empezaron a gestar unas generaciones incapaces de entender que significaba  estar ahí dentro, encerrados. Con el tiempo, la lucha por la supremacía del planeta y la verdadera realidad de la situación, había quedado en un segundo plano para toda la Comunidad. Niños y adultos habían terminado por adaptarse a la posición que se tuvo que tomar tras perder la Guerra; y ahora se conformaban con tener pocos problemas y algo de pan que llevarse a la boca. Pensó en la idea de explorar lo desconocido, de salir al exterior y descubrir lo que ninguna Unidad de Exploración hubiese visto antes; incluso lo que ningún miembro de la Comunidad pudiese llegar a imaginar jamás. 

 

El 90% de los habitantes de la Comunidad nunca habían visto el exterior con sus propios ojos; ni si quiera a través de un cristal.

Según la señorita Grace, cuando el enemigo llegó, era ya demasiado tarde: la humanidad no estaba ni si quiera preparada para hacer frente a las estrategias militares más básicas de los que llegaron. 

 

 Por suerte, para entonces, algunas mentes de alrededor del mundo ya empezaban a ver más allá de todo eso. De toda esa hipocresía y esa crueldad promovida por la ambición de poder. Que enfrentaba una especie única entre ella, y que la había condenado al fracaso desde hacía ya muchos años. 

 

Por suerte, como decíamos, algunas de esas mentes eran muy poderosas,  y utilizaron ese poder para empezar grandes cosas, al margen de que los más poderosos nunca fueran a financiar ese tipo de ideas. Cuando empezó la invasión, ya existían algunos refugios subterráneos en proceso de construcción, y cuando finalmente el gobierno terminó poniéndose manos a la obra, era demasiado tarde para salvar a suficiente gente como para tener alguna posibilidad de reconquista en el futuro. 

 

Pero eso eran sólo teorías, teorías sacadas de historias perdidas, contadas de boca en boca entre humanos encerrados bajo tierra, como ratas en una ratonera y sin poder salir.

 

 

Así pues, cuando se supo que la Guerra estaba prácticamente perdida, solo algunos refugios en distintos lugares del mundo estaban listos para la retirada. Así que cuando se aplicó el plan de emergencia, solo algunos países consiguieron salvar a gente suficiente para crear alguna Comunidad con futuro. Y la verdad es que consiguieron crearla, o eso parecía. Aunque no sabia si era un futuro que valiese la pena. 

 

La unica verdad que conocia es que solo conocia las historias, o incluso podría considerarlas leyendas, mitos sobre lo que realmente paso. La verdad es que hacia siglos que nadie iba mucho más alla de los muros de contención que formaban ese lugar; la gente nacía y moría alli. Bajo tierra. O almenos la mayoría. El exterior terminó siendo un sueño intangible, imposible para las mentes ignorantes de los más desdichados de esa pequeña ciudad. Y eran casi todos.

 

Como siempre, se quedó observando la estructura de la entrada al Cuartel unos minutos mientras soñaba despierta, hasta que recordó porque se encontraba de pie allí, descalza. Rebosante de emoción, dio el primer paso hacia la puerta del cuarto de mantenimiento, que estaba a un lado del pasillo, camuflada como otra entrada más a una habitación cualquiera. Tenía una chapa de madera donde se podía leer “M23-Z1” escrito sobre relieve dorado.

 

De repente, empezó a rebuscar con impaciencia en los bolsillos del camisón. Después de una búsqueda que le pareció infinitamente larga consiguió finalmente sacar la cajita de cerillas marca Tiger que le había tomado “prestada” a su hermano cuando aún le quedaban unas cuantas cerillas. Se la había dejado ya preparada en el bolsillo justo antes de meterse en la cama para irse a dormir, así ahora la tenía mucho más a mano.

 

La abrió, dejando al descubierto lo que a ella le parecía una obra de arte y unas cuantas cerillas muy simpáticas. 

 

<<Qué maravilla>>pensó.

 

En su momento, no le había resultado demasiado difícil descubrir cómo abrir una puerta; en la Comunidad tenía a su alcance toda clase de libros si visitaba los Archivos y le dedicaba el tiempo suficiente. La primera vez que salió a explorar hacía ya un par de años, el resultado final después de varias horas de búsqueda en la sección de Cerrajería cupo en esa caja de cerillas: varios clips deformados. Suelta, en el bolsillo, también llevaba una navaja rusa roja preciosa ,que había encontrado en uno de sus primeros viajes.

 

Eso fue hace tiempo, ahora abrir una puerta no le suponía ningún esfuerzo, y seguía manteniendo su personal kit de supervivencia del primer día, con algún que otro adiente, en su mochila, para cuando decidía salir de exploración. 

 

En unos segundos vació la caja de cerillas, saco sus pequeñas herramientas y voilà, puerta abierta.

 

Cerró la puerta detrás de sí y una vez en el cuarto se dirigió hacia las estanterías traseras. Cogió y apilo un par de cajas en el fondo del pequeño cuartillo, y luego se subió encima de ellas para llegar a una rejilla que estaba situada en la parte más alta de la pared. Con suma delicadeza, sacó una navaja rusa del bolsillo lateral de la mochila y la uso como destornillador para aflojar los tornillos. Luego se descolgó la mochila y en apenas unos segundos ya había conseguido colocarse bien la linterna frontal. Ya preparada,  terminó de sacar los tornillos y retiro la rejilla; luego la escondió detrás de varios cartones y de un salto se subió de nuevo a las cajas y se metió por el agujero.

 

Se movía como un gato. Se sentía como si hubiera nacido para moverse por allí desde la primera vez que posó las manos desnudas sobre el frio metal de los conductos de ventilación. Por suerte, su pequeño tamaño la dejaba moverse con gran libertad, incluso se permitía cargar una mochila de tamaño medio y nunca había supuesto ningún problema. Era de esperar, las instalaciones necesarias para mantener un lugar como el que era la Comunidad no podían ser muy pequeñas, la cantidad de aire a filtrar era inmenso y ella, pequeña, entraba fácilmente en la mayoría de ellos

 

Hoy se sentía especialmente valiente, así que decidió que era un día para llegar lejos, para descubrir. Normalmente no tenía tanto tiempo para disfrutar sus salidas, pero hoy era un día especial y aunque se hubiera levantado un poco tarde, su hermano tenía para rato; , y con algo de suerte, ni si quiera dormiría en su cama, así que tenía todo el tiempo del mundo para hacer lo que tenía pensado hacer

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  • Me ha gustado, armonía sin h, ¿Que es adiente? Pasa el corrector para acentos y otras cosillas. Hay países que tienen gran cantidad de búnkeres, China, eeuu, Suiza...
    Ante todo saludarte y felicitarte por redactar relatos de ciencia ficción (Mi género favorito). Me gustó, no está mal... Altamente descriptiva como me gusta, moderado suspenso (Sobretodo por saber ¿Cómo el mundo se fue al diablo y debido a quiénes?), y poca acción para un primer capítulo; seguiré leyendo los demás capítulos, espero no me hagas esperar ocho meses más para leer el cuarto capítulo; Jejeje... Tienes mi LIKE.
    Hola que tal, antes que nada gracias por tus consejos. Ahora que leo está primera parte de tu obra, deseo compartir contigo que me encanto demasiado el recorrido de Samantha desde la habitación hasta aquel conducto de ventilación, ya que comparte mucho un estilo que me gusta mucho y es el de narrar lo que sucede y los pensamientos o recuerdos del personaje. En el cuarto párrafo primera línea dice: "Se levantó, y, con cuidado, *su* puso el camisón." Entiendo que es una obra en proceso y requiere algo de repaso para esos detalles pero bueno esa es en la que te puedo apoyar. ¡Saludos!
  • Aquí traigo el tercer capitulo de los 6 que están por venir! Espero que los disfruteis muchísimo y espero traeros muy pronto muchos mas si el tiempo me lo permite. Nos vemos! DATO IMPORTANTE: puedes encontrar el resto de capítulos en mi perfil si es que no has empezado aun la historia. Orden: Axel I, Joe (I-VI) y luego Samantha (aunque no están colgados los seis capítulos de Joe, puedes leer los capítulos de Samantha sin problema!) Muy pronto estarán todos colgados en orden, y me muero de ganas de seguir contandoos la historia desde donde la deje! Samantha vuelve pronto, y con mas fuerzas que nunca :)

    Como, personalmente, un capitulo siempre me sabe a poco. Aquí os dejo otro más para aquellos que no quieran esperar un par de días para seguir con la aventura. El mundo cambia, y el de cada uno puede cambiar muy rápido. Somos animales. Todos.

    Dato importante: antes de nada, muchissimas gracias por esas 10000 lecturas! No me lo puedo creer! Es por eso que lo celebro publicando en los proximos dias 6 nuevos capitulos de mi queridísima novela. Por eso, si eres nuevo en mi blog, y si no has leído el prologo de la novela, te recomiendo que empieces por ahi! (Esta en mi perfil!) A partir del prologo, solo es cuestión de seguir el orden siguiente: Axel I, Joe I-VI (estos los ire colgando en los próximos días) y luego, los capítulos de Samantha (que también están en mi perfil!) Este desorden viene derivado de mi proceso creativo, y hasta este momento no ha afectado en el desarrollo de la trama. Aun así, os pido disculpas si en un principio es confuso, en cuanto termine de publicar los capítulos de Joe, todo seguirá el orden correcto! Dicho esto, espero que lo disfrutéis tanto como he disfrutado yo escribiéndolos. Un abrazo gigante!

    A veces muchos desearíamos tener un lugar al que huir y poder llamar hogar. Ese lugar no tiene porque ser material, ni mucho menos una persona; a veces ese lugar puede incluso llegar a ser la soledad, la absoluta soledad, donde el olvido es la mejor arma para curar el alma. Pero a veces, la soledad y la realidad, para algunas personas, por desgracia, puede ser su peor pesadilla.

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Escribo en prosa, en verso, o una mezcla de las dos. Escribo para desahogarme, escupo sobre todos mis demonios y los de los demás. Mi mayor proyecto es una novela de ciencia ficción , aunque también tengo en el horno una “colección” de relatos cortos. También me encanta el terror, el drama, la historia y todo lo que te anime a pensar y explorar tus propios límites. Aprender, en general, es algo que me fascina. Y hacerlo leyendo me parece vital para cuidar el alma. Si te gustaran mis escritos, mis versos, o los primeros capítulos de “Crónicas de una Caída” , o no, no olvides comentar lo que te haya parecido y calificar, es siempre una buena noticia saber que piensan mis lectores. De todo se aprende! Un saludo!

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