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12 min
Samantha. Parte III
Ciencia Ficción |
06.03.18
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Sinopsis

De vuelta al presente, Samantha sigue su pequeña aventura y ya sabe exactamente cual sera su destino. Espero que les guste!

(Cualquier comentario o consejo es de mucha ayuda y agradecido!! Muchas gracias! Las dos `primeras partes estan en mi perfil! Se trata de un relato en desarrollo.)

 

SAMANTHA III

2149

16 años

 

De vuelta al presente, la niña miro a su alrededor para entender dónde se encontraba. Estaba en los conductos. Era una Noche de Exploración. Recordar todo aquel día le había aclarado exactamente qué era lo que tenía que hacer y, tras unos minutos de reflexión, Samantha, de rodillas en el conducto de ventilación, tenía la decisión tomada. Necesitaba darse un baño. Desde que se hicieron recortes en el consumo, pasaron dos años hasta que tuvo la suerte de encontrar la Gran Sala, así la llamaba ella. Le encantaba bautizar los lugares, todo tiene un nombre si te molestas en conocerlo. Se convirtió al instante en uno de sus lugares preferidos. Ir a lo más hondo de la Gran Sala era como purificarse el alma.

El camino no era fácil, pero decidió que hoy valdría la pena. Hoy era una Noche de Exploración. Era una noche alegre; una noche de sorpresas; una noche para aventuras.

 <<Perfecto>>murmuró, y dejó escapar una sonrisa antes de seguir con el delicado trayecto.

No recordaba muy bien el camino pero, decidida, se dedicó a dar vueltas por los conductos hasta que encontró un desvió con la letras “GS” escrita con pintalabios rojo en la cara superior. El pintalabios se lo tuvo que robar a la señorita Grace, su profesora de Historia, para poder aclararse cuando descubrió esos lugares hacía ya un par de años. Hoy tocaba ir por allí. Próximo destino: una agradable ducha en uno de sus lugares preferidos.

Llevaba  reptando por ese agujero unos largos minutos, y empezaba a preguntarse si se habría equivocado cuando sintió una agradable brisa en la cara que procedía del suelo. Recordó al instante esa parte del camino. Los conductos de ventilación no estaban en muy buen estado y justo delante de ella había un módulo ligeramente suelto por el que parecía colarse algo de aire fresco. No parecía proceder de su destino pero olía increíblemente bien. Aun así, lo agradeció; cuando llevabas un buen rato de rodillas reptando por un espacio tan reducido como ese, algo de aire fresco era lo que uno más deseaba.

Siguió avanzando con cuidado, se moría de ganas de llegar, pero moverse por esos túneles era una tarea lenta. Estaba empezando a impacientarse cuando vio una tenue luz a lo lejos. Apagó la linterna para disfrutar el momento.

Primero, se sentó con los pies colgando por el agujero y luego, con cuidado, se descolgó de la pared sujetándose con los brazos al borde del hueco donde antes se encontraba la rejilla del conducto de ventilación. Una vez en el suelo, sintió el tacto de la piedra a través de los calcetines y la distinguió ligeramente más caliente. Sonrió. Era buena señal. Acabó de desatornillar la rejilla y tras quitarla la dejó apoyada en la pared de la pequeña estancia para que estuviera abierta cuando volviera.

Samantha abrió mucho los ojos y solo alcanzó a distinguir un reflejo metálico entre toda la oscuridad. Dedicó unos momentos a intentar adaptar la vista, pero acabó por encender la linterna. No tardo ni un segundo en encontrar la maraña de tuberías que sobresalían de la pared. Se dirigió hacia allí y, con movimientos concienzudos, buscó la tubería que tenía un pañuelo azul atado y se deslizó a través de uno de los distintos caminos por donde discurría la cueva.

Estaba concentrada en el tacto del acero frío que seguía con las manos a través de la cueva, cuando de pronto, sin previo aviso,  la tubería se dobló y se metió en la pared. Se quedó mirando sus manos, vacías, y levanto la cabeza confundida, para enseguida caer en la cuenta de que ya estaba donde quería estar.

Intento iluminar la estancia con la pequeña linterna que le tomaba siempre prestada a su hermano, pero el pequeño haz de luz no alcanzaba la pared del fondo de la sala. Nunca había visto ese espacio totalmente iluminado, pues las luces de emergencia no llegaban hasta allí. Terminaban en la pequeña cueva que iba a dejar detrás de ella.

Bajó una pequeña cuesta mientras sus pies se deslizaban en silencio por la cálida roca. Entonces llegó al centro del lugar donde se encontraba. Iluminó a su alrededor; para admirar, maravillada, un millar de tuberías que reptaban por las paredes. Salían de todas partes. Algunas llegaban desde la pequeña apertura por donde ella había llegado; otras llegaban de otros agujeros que estaban iluminados, o no; o simplemente salían de la pared como si nacieran de la mismísima tierra. Llegaban de todas partes pero todas parecían dirigirse al mismo lugar. Las tuberías se deslizaban por las paredes hasta la cara más grande de la cueva y allí convergían en un caos imposible, como si alguien las hubiera colocado allí antes de que la roca si quiera existiera.

De repente, mientras Samantha se aproximaba, entre todo ese acero  le llegó un reflejo cristalino que impactó directamente en sus ojos y, durante un instante, se quedó inmovilizada de emoción. Pocas veces llegaba a distinguir el Corazón tan temprano, pero estaba segura de haberlo visto.

Tras recuperarse, siguió su camino hasta llegar a la primera tubería que le impedía seguir caminando. La saltó y luego repto entre un par de ellas que cruzaban de un lado a otro, dejando un hueco a la altura de su cintura. Posaba las palmas de las manos en el frio acero como si formara parte de ella y deslizaba los pies con una ligereza propia de un gato para moverse dando brincos entre los distintos obstáculos. Bailaba entre las infinitas tuberías en dirección a su destino como quien vuelve a casa después de un gran día.

<<Ojala pudiera quitarme los calcetines>>pensó mientras pasaba entre dos tuberías extremadamente juntas. Rebosaba alegría. Se sentía casi libre.

Siguió bailando entre las tuberías hasta que encontró un espacio medianamente abierto donde guardaba algunas de sus cosas. Junto a una silla, en el suelo, había un pequeño baúl cerrado con un candado y justo encima, en un hueco que formaban dos tuberías que se juntaban, descansaba el neceser de Samantha, muy bien puesto. Se acercó y lo cogió con una delicadeza excelente para dejarlo abierto encima de la silla. Luego  rebuscó durante varios segundos y sacó siete pequeños frascos de cristal que, expuestos a la pequeña luz de la linterna, reflejaban todos unos tonos distintos tan intensos como la luz de la luna. Finalmente, cogió el que había sacado en tercer lugar y lo observó para admirar un tono amarronado que desprendía rayos de sol.

Con el delicado bote de cristal en la mano izquierda y la linterna en la derecha, se adentró de nuevo en aquel laberinto de acero y en apenas unos minutos llegó a un espacio circular bastante más grande que el anterior. Allí apago la linterna y miró hacia arriba buscando algo. Al instante creyó distinguir la tenue luz de las estrellas a través del pequeño agujero que había en el techo, pero aun así, no sabía decir con total certeza si lo eran, pues solo sabía sobre ellas lo que había encontrado en los Archivos o lo que le había contado su hermano en alguna de sus historias. Ese agujero con vistas al cielo nocturno era lo más cercano al exterior que Samantha había visto nunca.

Cuando encontró ese lugar hacía ya varios años, le había sucedido lo mismo que esa misma noche. Estaba inspeccionando la Gran Sala tras haberla encontrado y movía su linterna con entusiasmo cuando el mismo reflejo azulado que llegaba a través de la gigantesca masa de acero la dejó fascinada. Pasaron varias horas hasta que encontró finalmente el camino hasta el lugar donde ahora mismo se encontraba.

Pasados unos segundos, bajó la mirada para observar lo que, a sus ojos, era una de las vistas más bonitas de ese extraño lugar. Por debajo del agujero del techo, nacía una enorme tubería de entre las rocas y rodeaba el perímetro de la cueva durante varias docenas de metros hasta descender y terminar conectándose a un gran tanque de agua que, al juicio de Samantha, podría llegar a contener varios miles de litros. El tanque estaba completamente sellado, ya lo había comprobado hacía tiempo, pero, por suerte, la tubería tenía una pequeña fuga en su recorrido y dejaba escapar un riachuelo de agua caliente que se deslizaba por la superficie rocosa hasta acumularse en un pequeño saliente. El agua había acabado por llenarlo hasta los bordes y brotaba desbordándose, guiada por la gravedad entre los milimétricos surcos en la roca…

Aun así, la maravilla no terminaba allí. De alguna otra forma, esa agua había encontrado otro camino a seguir y también salía, disparada, por un pequeño agujero, como si la escupiese la propia pared. El chorro volaba, congelado en el tiempo, durante varios metros, y finalmente caía y chocaba contra el suelo con un sonido burbujeante, casi harmónico, que hipnotizaba a Samantha cada vez que lo miraba. Cuando encontró por casualidad ese lugar, explorarlo fue como llenarse el pecho de luz crepuscular. Quedó fascinada al instante por ese olor a acero candente. La combinación de las tuberías a distintas temperaturas y el reflejo difuminado de las luces a través de las partículas de vapor de agua que se levantaban, ingrávidas, en el centro de la balsa, entraban en una sinfonía casi perfecta. Parecía como si el agua se levantara del suelo en un último intento por volver al lugar de donde provenía.

<<Como yo>>pensó Samantha con una expresión entre la melancolía y la fascinación mientras miraba hacia el cielo.

Ahí, en el centro de la cueva, el chorro había erosionado la piedra durante cientos de años y ahora, años después, el agua seguía cayendo y formaba una pequeña balsa que, bajo la luz de las estrellas, reflejaba toda la cara superior de la cueva, acercando a Samantha un poco más al exterior.

Llego al borde del gran charco cristalino y, con movimientos propios de una persona que está haciendo alguna clase de rito, se quitó los calcetines y dejó escapar un suspiro mientras miraba, reflejado en la balsa, el agujero azul oscuro del techo. Pensó en lo mucho que le gustaría poder salir ahí fuera en ese mismo instante para poder pasearse por la superficie de la Tierra y, abstraída, se rebuscó en los bolsillos del camisón hasta que sacó la caja de cerillas de su hermano y la dejó en el suelo junto a los calcetines y la linterna.

Después empezó a quitarse el camisón y luego lo dobló con cuidado y lo dejo junto a sus cosas. Pensó en la idea de meterse en el agua y le temblaron ligeramente las piernas cuando una brisa de aire le recordó que estaba prácticamente desnuda. La diferencia de temperaturas en la sala era palpable. Samantha se estremeció cuando el primer dedo tocó por primera vez la superficie caliente del agua y finalmente dio por empezado su esperado baño.

<<Uno… Dos…Tres…>> contaba para sí mientras bailaba entre las infinitas gotas de agua que llenaban el suelo. Ahora empezaban a llegarle por las rodillas y se encontraba suficientemente cerca del punto de impacto del mágico chorro como para que las ondas del agua no la dejaran distinguir ya el reflejo del cielo en el agua.

Siguió avanzando. Bailando. Moviéndose con tanta delicadeza que prácticamente no salpicaba al caminar. Se estremeció cuando el agua empezó a cubrirla por encima del ombligo y se acercó la mano izquierda al rostro mientras desenroscaba la tapa del frasco de su delicadísimo champú. Inspiró, y al instante la inundo el inconfundible olor a nuez moscada y vainilla. Un olor profundo y cálido, como ese baño que se iba a dar en el Corazón.

 Se estremeció entre el calor y la ilusión, y seguidamente empezó a volcar el contenido del frasco en su pequeña mano. Entonces Samantha cerró los ojos y dio un último pasó medio sumergida en el agua para colocarse debajo del pequeño milagro y disfrutar de un baño en su lugar preferido.

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    De vuelta al presente, Samantha sigue su pequeña aventura y ya sabe exactamente cual sera su destino. Espero que les guste!

    Hoy es Domingo. Los Domingos son buenos dias. Hoy Samantha esta ilusionada. Es su decimotercer cumpleaños. (Parte II. Se trata de un relato en desarrollo. Pueden encontrar la primera parte en mi perfil! Muchas gracias de antemano! Cualquier comentario o consejo seria de gran ayuda! )

    Samantha se ha levantado llena de ilusión. Hoy es una Noche de Exploración , la mas preferida de sus noches. (se trata de un pequeño fragmento de una historia mas larga en la que estoy trabajando, si buscas una historia convencional no sigas leyendo, pero si te gustan las palabras y los mundos interiores de las pequeñas cosas espero que te guste, seguiré colgando cosas. La historia continua!!)

    Confesiones.

    A veces nos damos cuenta de las cosas verdaderamente importantes en los momentos menos esperados.

    Pequeños detalles.

    Pensamientos desordenados.

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Buenas! Es la primera vez que me atrevo a compartir con el mundo lo que me llena por dentro, pero espero que alguien ahí fuera se identifique con lo que escribo, o mas bien,con lo que intento escribir. Me gusta escribir y estoy empezando a enamorarme de la fotografia. Escribo para desahogarme, escupo sobre todos mis demonios y los de los demás, escupo sobre todo aquello que se nos queda atrapado en la garganta pero que nunca llegamos a decir.Reconozco que lo poco que he vivido me ha enseñado que la tristeza, la felicidad, la música y el amor nos enseñan nuevos rincones de nosotros mismos cada día. Solo escribo sobre los míos.

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