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12 min
San Simón
Suspense |
10.06.19
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Sinopsis

Un viejo barrio. ¿Quién dispara primero?

Temblorosas sus manos apuntaban fijamente con su arma a la cabeza del cajero. Nervioso y un poco alterado vociferaba palabras para que le diese el dinero de la caja registradora, mientras veía a todo su alrededor esperando que nadie entrase a aquel lugar.

El dependiente entre lágrimas recogía todos los billetes que tenía a la mano llenando una pequeña bolsa plástica. Una vez que la llenó la ofreció al hombre sin mostrar mayor resistencia.

  • Escucha amigo yo solo trabajo aquí, no dispares – Le dijo mirándolo a los ojos.
  • No te hare daño. ¡Solo quédate ahí!

La escena se fue diluyendo, el responsable del lugar se quedó inmóvil mientras lo veía salir. Aún su cuerpo estaba paralizado por la situación. Cerró la caja y vio como el hombre colocaba su capucha sobre su cabeza mientras salía apresurado por la puerta. Al final miró como se alejaba por las calles de la poco ajetreada ciudad que ya pintaba las primeras horas de la madrugada.

 

Su departamento quedaba al lado oeste de la ciudad. Eran varios departamentos ubicados en un complejo bastante apartado y poco visitado por las grandes obras. Sabía que muchas familias y personas de todo tipo vivían hacinadas en pequeños cuartos. Hasta 15 personas se sabía vivían en algunas de los lugares.

Tomó sus llaves y las introdujo en la vieja cerradura. La puerta de madera lucía firme y la puerta exterior era necesaria pues los altercados no eran escasos en el edificio de 10 pisos. Al entrar vio unos pequeños risos, alguien lo miraba desde el pasillo. Luces de ambulancia y coches se filtraban por las ventanas entre abiertas.

El pequeño niño se lanzó a sus brazos – No podía dormir. Le dijo.

Tomó una grande bolsa de supermercado y sacó una botella llena de leche fresca. La sirvió en un vaso y se la ofreció. – Es hora de volver a la cama, pequeño. Le menciono sonriendo.

  • ¿Cuándo saldremos de aquí? ¿Dónde está mamá?
  • La semana que viene la iremos a buscar. Solo tienes que esperar un poco más.
  • He esperado mucho. Ya no quiero esperar.
  • Yo sé que es difícil, pero, pronto estaremos con ella.

Cargo al niño una vez que acabó el vaso de leche. Lo llevó entre sus amplios brazos y lo recostó en la cama. El niño durmió abrazándolo y el quedó observando el techo hasta que después de unas horas cerró al fin sus pesados parpados.

 

***

  • Tienes un problema. ¿Sabes?
  • No es tu problema – Le refutó mientras llenaba su nariz de polvo blanco.
  • Sabes que eso era evidencia.
  • ¿Crees que al mundo le importa que tome un poco de lo que me da?
  • Mira, solo trato de ayudarte.
  • Me ayudarías más si vieras en tu móvil hacia donde debemos ir. Estoy harto de tu recurrente ineptitud.

El hombre conducía mientras hacía maniobras con el manubrio para no perder la dirección. Su compañero lo veía menos irascible cuando usaba esa sustancia. Así que por una parte se alegraba de ello. Sin embargo, era peor lo irritable que se ponía luego.

  • Tenemos que ir al barrio San Simón- Le dijo mirando al móvil.
  • ¿A ese lugar asqueroso? Vaya peste. ¿Cuál es el reporte?
  • Robo a mano armada a un pequeño supermercado.
  • ¿Algún herido?
  • No solo el traumatizado cajero.
  • Lástima. No hubo mucha acción – Dijo mientras veía sus pupilas negras dilatadas en el retrovisor.

La patrulla avanzó sobre la avenida. Deteniéndose en la acera junto al viejo local. Dos oficiales bajaron. Uno alto y moreno con mirada bastante distante. Otro de corta estatura con ojos vivaces y curiosos.

  • Han llegado tarde – Menciono el joven nervioso.
  • Pues, hemos llegado cuando hemos podido- Dijo el hombre alto.
  • Pues lo he reportado hace varias horas. El hombre ya no debe estar por los alrededores.
  • Eso lo averiguaremos nosotros – Le dijo de nuevo con un grave acento.
  • Bueno, cual es el procedimiento.
  • ¿Tienes cámaras?
  • ¿Cree usted que en este lugar a los dueños les alcanza para pagar cámaras?
  • Mira. No tienes que ser sarcástico.
  • No es sarcasmo. Fíjese donde se encuentra.
  • Mira mocoso. ¿No ves con quién estás hablando?
  • Disculpe señor oficial. Yo solo he reportado este evento porque así me lo pidieron mis jefes. Realmente el hombre no me hizo daño y parecía más nervioso que yo.
  • ¿Por dónde se fue?
  • Pues salió con dirección Sur. Pero no lo seguí con la vista. Estaba un poco asustado…
  • ¡Vaya pedazo de mierda tu ayuda! - Dijo el hombre alto interrumpiendo y golpeando el mostrador.

El hombre alterado sacó un cigarrillo de uno de los bolsillos de su chaqueta. Tomó unos cerillos del mostrador y tiro una bocanada de humo directamente a la cara del cajero – ¿No me los vas a cobrar verdad? Luego se retiró hacia el fondo del lugar. El hombre corto mencionó.

 

  • No le hagas caso está un poco alterado.
  • ¿No querrá decir drogado?
  • ¿Qué dices, somos de la ley?
  • Mire. Conozco este barrio y se cómo se comportan las personas en ese estado.
  • Te equivocas.
  • No es mi problema. Si no es mucha molestia viene gente y debo atender.
  • Está bien. Daremos un par de vueltas para verificar la escena.
  • Espero encuentren algo.

El oficial corto fue tras su compañero. Mientras el dependiente acomodaba un poco los artículos a la vista.

  • Creo que no encontraremos nada aquí.
  • Sí. Por su puesto nada más que un muchacho insolente.
  • Solo estaba contando lo sucedido.
  • Me sirve más la casetera que me dio mi madre que su relato.
  • Pero algo te ha regalado, ¿no?
  • ¿Sabes que ahora hay música en la nube?
  • Bueno creo que no es el tema. ¿Por qué no damos una vuelta al barrio?
  • Al fin tienes una idea. Regordete - Le dijo mientras le meneaba el cabello con fuerza.

El oficial alto se dirigió a la caja.

  • Gracias a mi compañero estoy de mejor humor.
  • Sí. Claro – Le respondió el cajero.
  • Toma esta libreta y por favor describe lo más detallado posible al sospechoso.
  • Está bien.
  • Vez, que si nos entendemos – Menciono con una mueca bastante fingida y dándole una palmada en el hombro.

El cajero escribió por varios segundos. Añadió un pequeño boceto de la cara del sospechoso. Ojos grandes y negros, cejas pobladas. Barba sin afeitar de varios días. Nariz ancha y grande. Traía ojeras bastante marcadas. Era moreno y su cabello corto al ras. Además, dio más detalles de la estatura y la vestimenta. El oficial le quitó la libreta violentamente.

  • Es suficiente, muchacho.
  • Como usted diga.
  • En fin. Nos vamos no te metas en problemas. O te haré una visita- Le dijo mientras salía sonriendo perversamente.

Los dos oficiales subieron al auto con los detalles proporcionados por el cajero. Comenzaron su patrullaje dirigiéndose al sur. El policía más alto frunció su ceño y miro a su compañero.

  • No deberías ser tan amable cuando interrogas a la gente. Para eso está el uniforme, debes demostrarles quiénes somos.
  • Solo trataba de hacer mi trabajo.
  • Mira la gente no te respeta si no te tienen miedo.
  • La gente responde mejor con la amabilidad.
  • Dile eso a alguien cuando te esté apuntando al pecho.

El oficial más bajo quedo en silencio.

 

Estuvieron dando vueltas por varias horas. Incluso almorzaron algo dentro del vehículo continuando con la patrulla. Mientras el uno iba conduciendo el otro trataba de atar cabos y leía silenciosamente la libreta de apuntes.

Ya era noche cuando habría acumulado más de 10 vasos de cartón vacíos. Hastiados de café y con bastante sueño el hombre alto y moreno mencionó.

  • Mira la guantera, dame un poco de nuestra evidencia en polvo.
  • No creo que deberías hacerlo, estamos trabajando.
  • Yo no te digo que es lo que debes hacer. Es más, te has tomado más de 8 vasos de café - Le mencionó totalmente alterado.
  • Tienes que calmarte. Creo que vamos a encontrarlo.
  • No me interesa encontrar a nadie. Solo terminar este maldito día – Le dijo agitando y golpeando sus manos contra el volante. El hombre bajo quedó en silencio.
  • ¡Hazte a un lado!

El oficial muy enojado alargó su brazo intentando tomar su preciado paquete. Sus dedos rozaban el pulsador, acariciándolo, mientras inclinaba todo su cuerpo hacía el asiento de su compañero.

  • ¡Ey! Tranquilo que no voy a darte una mamada. No te emociones – Le mencionó entre carcajadas y alaridos.
  • Su compañero. Trataba de ubicarse para que pudiera abrir la compuerta.
  • Vaya que estoy harto de este jodido…
  • ¡Mira la frente! – Le increpó su compañero.
  • Que no fastidies.
  • ¡No!  Es en serio mira al frente.

Solo sintió como su cabeza se dio contra la cabina. Su compañero al tener su cinturón solo salto un poco y retrocedió con la fuerza del impacto. El cristal del parabrisas se trizó sin reventar. Y un bulto negro resbalo por el capó hacia el suelo.

  • ¡Pero qué mierda haz hecho!
  • ¡Pero qué dices! Tu no me has pasado el paquete en primera instancia.

Los dos se miraron en silencio. Antes de pronunciar otra cosa.

  • Maldita sea. ¿Y ahora qué?
  • Pues bajar a ver qué era.
  • ¿Y si era alguien y no algo?
  • Pues habrá que ver. No te emociones.

Las luces del coche iluminaban la calle vacía haciendo estelas de luz entre la difusa neblina. Ambos con su zapatos negros y pulcros rozaron el pavimento y se acercaron lentamente a la parte delantera.

  • Muévelo – Le increpó el hombre alto.

Se arrodilló. Y dio la vuelta el cuerpo.

Era un hombre. Su rostro inexpresivo y ojos entreabiertos miraban a la nada.

  • ¿Está vivo?
  • No lo sé.
  • Pues tómale el pulso ¿No enseñan eso a los jodidos novatos?
  • Está… está muerto.
  • ¡Pero qué mierda dices! Déjame ver - Se agachó y tomó la muñeca del hombre. Mientras el hombre bajo quedó en silencio.
  • Jodido barrio de cucarachas – Dijo levantándose y pasando su mano por su cara.

El hombre bajo lo miró y dijo.

  • Espera…
  • ¿Y ahora qué?
  • Mira quién es.
  • ¿El qué?
  • Mira su cara.

El hombre bajo corrió al lugar del copiloto tomó su libreta y luego la lanzó contra el pecho de su compañero – Mira.

  • No puede ser.
  • Pues, sí. El tipo que robo la tienda.
  • Estamos salvados, hombre.
  • ¿Cómo salvados?
  • Mira. Tú no te preocupes yo me encargo.
  • Hemos matado a alguien.
  • No hemos matado nada. Este tipo robo un supermercado, no entiendes. Tenemos la libreta y el testimonio del cajero. Busca su mochila.

El hombre corto se inclinó y recogió la mochila. Entre sus cosas encontró un arma sin municiones. Una bolsa con leche, pan y algunos alimentos. Y en su cartera la foto de un pequeño de unos 4 a 5 años. Encontró también un poco de dinero y unas llaves oxidadas.

  • Mira escúchame bien. Esto vamos a hacer – Le dijo mirándolo fijamente- ¡Dispara al auto!
  • ¿Qué?
  • Que dispares he dicho. Solo no le des al motor o al tanque de combustible. Apunta al parabrisas.
  • De acuerdo - Tomó su arma y disparó súbitamente al parabrisas. Varios perros, ladraron en los alrededores. Pero nadie pareció salir de los condominios.
  • Muy bien. Ahora ponte tus guantes para tomar evidencia y carga el arma del sujeto y ponla de nuevo en la mochila.
  • Pero su arma estaba descargada – Dijo el hombre bajo con expresión de asombro.
  • Exacto. Ahora espera aquí.

El hombre alto fue hacía la guantera y tomó el paquete con polvo blanco.

  • Ponlo en su mochila.
  • Mira este hombre solo llevaba alimentos. No creo que deberíamos…
  • Porque no te callas de una vez y haces lo que te digo. O quieres que diga que este tipo dio una baja a nuestras filas.
  • ¿Me estás amenazando?
  • ¡Solo pon la maldita funda en su mochila!

El pequeño hombre dejo todo en la mochila y dio una vuelta pensativamente.

  • Ok. ¿Y ahora qué?
  • Pues ahora llamamos refuerzos
  • ¿Qué estás loco? Nos van a encontrar aquí con el cuerpo.
  • Sí. Eso justamente.

El hombre alto trago saliva, aclaro su voz y dijo.

  • A cualquier unidad cerca, por favor solicitamos su apoyo. Sospechoso peligroso, abrió fuego contra nuestra unidad.

El hombre corto solo miró con desdén la escena y se retiró al costado de la calle hacia la acera y se sentó en ella. Su compañero sacó un cigarrillo y se sentó a su lado.

  • Conmigo no tienes de que preocuparte. Yo te cuidaré – Le dijo mirándolo frívolamente.

Los dos hombres esperaron, mientras llegaban las unidades y vieron el anochecer posarse sobre los condominios y las calles del viejo barrio San Simón.

 

***

 

Esa noche el pequeño volvió a despertar inquieto. Nuevamente espero en el pasillo. Oyó las sirenas y le pareció normal, no era algo extraordinario en aquel lugar. Oyó también las voces y fue hacía la ventana.

En la calle pudo ver una ambulancia y varias patrullas. Miró como cerraban una funda negra y la metían dentro.

Al pasar el rato notó como todos se iban. La calle volvía a su habitual silencio y la noche embargaba de nuevo el sitio. Ese instante volvió al pasillo a esperar a su padre.

La puerta nunca más abrió.

 

JLTE

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