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8 min
Sara (Parte I)
Varios |
12.06.16
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Sinopsis

Cada día muere un poco más tu alma y tu cuerpo se aproxima bajo tierra como recompensa de tanto esfuerzo.

Camino por la senda del viejo parque, veo las hojas caer de los árboles y reunirse en el suelo con sus semejantes.

Es otoño, otra vez otoño; el tiempo pasa en un suspiro y cuando intentas respirar de nuevo te das cuenta que han pasado años de soledad y no has conseguido nada. Tus frustraciones te las guardas y no remedias ninguno de tus males. Cada día muere un poco más tu alma y tu cuerpo se aproxima bajo tierra como recompensa de tanto esfuerzo.

Me siento en una banca apartada junto al sauce triste; observo a los niños como le sonríen a la vida, y como a toda persona, me recuerda a mi niñez; las tardes soleadas que pasaba con mis padres, el fiambre que comíamos sentados bajo este mismo árbol, las cariñosas palabras que mi padre nos decía a mi madre y a mí.

Ninguno de esos recuerdos volverá ni una sola vez.

La vida me arrebató a mi padre cuando entraba a la pubertad, por uno de esos tropiezos del destino; lloramos días y noches enteras hasta que mi madre solamente paró en un instante, se secó los ríos de sus mejillas, ocultó los agujeros de su corazón y pasó la página con la mayor frialdad posible.

Pronto consiguió un hombre que la hizo feliz; pero en verdad no era así.

Ella fácilmente recuperó la rutina, un hombre que sustituía el puesto vacante de esposo, mas no de mi padre. A los dos meses de conocerse se casaron y el supuesto dios de la perfección vino a vivir con nosotras.

Llenó la cabeza de mi madre con falsas promesas e ilusiones vanas. Eran la pareja perfecta frente al mundo, pero detrás del telón el verdugo manipulaba a la sumisa.

La situación empeoraba y mi madre trató de encontrar una salida en el alcohol, el mismo que apremiaba el ficticio amante.

Hace unos cuantos días el barro cubrió la tristeza de la pobre mujer, la naturaleza la acogió y arrulló en sus brazos para el sueño sin fin.

No fue como la muerte de mi padre, no lloré, no lo sentí. Me alegré que su cuerpo al fin se librara de su escogida tortura.

Su espíritu vagó desde hace mucho, me dejó sola y no se dio cuenta de mi aún dependencia hacia ella. Escondiéndome en su sombra para sentir la leve caricia de su protección.

 

***************************

 

En esta mañana, he llegado como de costumbre tarde al trabajo y me han dado la carta de despido. Así que estoy sin ningún aporte económico para mi supuesto hogar.

Cuando llegue a la casa no sé cómo decírselo a mi padrastro, temo a que reacciones de la peor manera, tal y como lo hacía con mi madre, gritos, golpes blasfemias, amenazas; no sé porque trato de convencerme que no será así, si en el fondo sé que es un hecho.

 

Le he mandado un mensaje de texto contándole lo sucedido y luego he apagado el móvil, para evitar sus gritos por una llamada.

Mientras tanto voy a un bar a tomarme un trago para tranquilizarme y a ver si puedo pensar más claramente después. Solo quiero despejar mi mente, olvidarme de todo al menos por unos momentos.

Me doy cuenta que lo que hacía mi madre era la decisión errónea, pero sigo aquí plantada y le empiezo a gritar al hombre de al lado que no quiero regresar a casa, que no puedo seguir con mi vida.

Empiezo a devolver el alcohol contenido en mi estómago y siento como todo se aleja de mi dejándome caer al frío pavimento, una voz me habla, pero solo escucho la música que emerge del bar.

 

***************************

 

Caigo de rodillas y siento la tierra llena de hojas ásperas que se rompen al tacto, trato de incorporarme con mis manos, pero estas me arden y me percato que la oscura escarlata que las cubren. Me quedo en el lodo, contemplando los árboles que nublan mi horizonte estrellado, solo por un suspiro más.

Me levanto con dificultad y veo como se mece todo a mi alrededor, como se emborronan las frágiles sombras con cada paso que doy, sigo adelante aún sin sentir mis pies y sin quitar la vista de la lejanía.

Llego a la carretera, me cuesta trabajo orientarme, hasta que encuentro una referencia que conduce a mi casa. Cuento cada paso que doy, veo cada movimiento de la oscuridad y me escondo como un ladrón.

Estoy en el parque que visité en la mañana, y sigo caminando, tratando de no perder el ritmo o de tropezar nuevamente.

Abro la puerta de mi casa y entro al pasillo, me dirijo a las gradas y subo lo más silenciosamente posible. Me quedo al frente de la puerta del baño y escucho atentamente si está ese hombre, pero al parecer no hay nadie, o talvez este sumergido en el sueño de la bebida.

Entro al cuarto de baño, enciendo la luz y abro la llave del lavamanos. Veo el reflejo de una mujer en el espejo, soy yo, pero mi ojo derecho está hinchado, traigo sangre mezclada con tierra en los cabellos desgreñados, cara pálida, y expresión de dolor.

Estoy exhausta y confundida, no comprendo que sucedió, lo último que recuerdo es haber salido del bar, pero, ¿cómo llegué al bosque? ¿qué me pasó?

Me meto a la ducha y hecho a correr el agua, me desvisto mientras cae el agua lavando el barro y siento el escalofrío que cala mis huesos. Me duele la mayoría de mi cuerpo y encuentro múltiples marcas en él, estoy temblando y con miedo, mas no sé de qué.

Escucho un portazo y cierro rápidamente la llave de la regadera, es él.

Su peso hace crujir los peldaños al subir las gradas, sus pasos se dirigen hasta la puerta del baño y me agacho en una esquina de la tina; por una hendija de la cortina de baño veo como su sombra se escurre debajo de la puerta, da un puñete a la puerta y se aleja al decir ¨maldita zorra¨. Me cubro la boca después de contener la respiración y ahogo mi llanto.

Desearía morir, a tener que vivir escondiéndome como una rata, con el corazón que le salte a la boca al mínimo sonido desconocido. No sé cuánto tiempo aguantaré así, pero no puedo hacer nada por el momento. Debo ser fuerte y tener paciencia. No puedo permitirme un error en estos momentos. Necesito pensar cómo debo actuar para encontrar una salida, sin marchitarme como mi madre.

Me visto con una camiseta larga y holgada y me dirijo con los pies descalzos a mi habitación. Me recuesto en la cama y tiro de una manta que no me calienta.

 

***************************

 

Le grito a la oscuridad en busca de auxilio, pero siento el golpe seco en mi cabeza y la sangre empieza a correr.

Me despierto en la misma posición que me acosté en la noche. Una pálida luz se filtra por las persianas. Me siento al filo de la cama y miro el reloj, aún es de madrugada.

 

Escucho que golpean el portón y pienso en salir a ver quién es, pero escucho que él se me anticipa y corre gradas abajo. Abre la puerta con rabia escupiendo un grosero ¡¿qué quieren?! y escucho la voz de Iván, mi amigo y compañero de trabajo, o más bien dicho mi ex compañero.

- Buenos días señor Fernández, ¿estará Sara? -

- ¿Y por qué no la llamas tú? - se escuchó como dio un portazo, subió las gradas resoplando de iras y se encerró en su habitación.

Bajé corriendo las gradas y abrí la puerta en forma silenciosa, pero Iván ya se había marchado.

Fui nuevamente a mi habitación y me eché llave. Me acomodé en la cama y me dispuse a pensar cual sería mi nuevo plan. Tenía que conseguir un nuevo trabajo y tratar de salir de esta casa, sin importar si consiga o no mi herencia, de algún modo podré subsistir.

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