cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Se acabó la Space Opera 1
Fantasía |
06.06.10
  • 4
  • 5
  • 3132
Sinopsis

Primera desventura de la capitana humana Hildegard y su nave, la Obsidiana. Historia no apta para menores ni fans de los monitos azules de Cameron. Espero que os guste, y si no, ahí está el apartado para las críticas. Quien quiera ayudarme con sugerencias de ciencia ficción, las primeras ideas sobre la historia están en: http://inenarrables.blogspot.com/ Espero que os guste.



Hildegard gruñó y manoteó sobre su cabeza, buscando enmudecer de un golpe la alarma del brazalete. En un gesto automático se lo ajustó a la muñeca izquierda mientras le sobrevenía un ataque de tos. El artefacto de cromo deslucido emitió un suave siseo de reconocimiento al cerrarse en torno a su piel.
-Será mejor que el problema sea gordo -dijo, tras recuperar el resuello.
-Capitana, hemos llegado: orbitamos la e.c.h.-028* -contestó una voz femenina desde la nada-. La Jericó.
-De acuerdo, Satra -suspiró la mujer, despegándose de las sábanas para sentarse en la cama-. No dejes que nos localicen aún. Voy enseguida.
Se levantó y comenzó a vestirse a base de ágiles tirones con las prendas esparcidas por el suelo.
Antes de salir del camarote se volvió hacia la silueta que permanecía enroscada aún en el jergón. Una corta y revuelta melena de color castaño y unos legañosos ojos de chica joven emergieron para lanzarle un silencio interrogativo desde el velo del mundo etílico-onírico.
-Empieza a ponerte algo encima, princesa -dijo Hildegard, ciñéndose la larga melena roja en una tensa cola de caballo al estilo samurái-. Estamos frente a tu casa.
Como única respuesta, un largo murmullo seguido por un bostezo.


-Qué bien se lo pasa siempre -bufó Perlman, sonriente, mientras el humo de su enorme puro recién encendido invadía la totalidad del puente de mando. El hombre, como un gran simio musculado, se recostaba hacia atrás en su asiento sin dejar de estudiar con sus hundidos y socarrones ojillos la imagen reproducida en el gran holo principal-. Es su mayor vicio, su afán de coleccionista lo que la pierde. ¿Tú qué opinas, querida Satra?
La kryegana no respondió enseguida. Permanecía de pie y de brazos cruzados, y a pesar de ser tan delgada como una adolescente humana y no demasiado alta, su porte, su rigidez marcial y su silencio desprendían un mal humor muy peligroso.
Su ajustado uniforme, que hacía las veces de segunda piel, negra y blindada, y que la recubría de pies a cabeza dejando a la vista tan solo la cara, crujió ligeramente cuando miró a los ojos a Perlman.
-Yo odio que lo haga -dijo secamente. Su mutilado rostro humanoide, sin tabique nasal ni piel, convertido en una sarmentosa máscara pálida, no dejaba lugar a dudas de su pésimo estado de ánimo-. Un día se despertará junto a un cadáver frío como siga con sus jueguecitos.
-Bah, no digas tonterías -El hombre liberó una abundante columna de humo azulado-. Ya es perra vieja en esas cuestiones. Sabe qué dosis exacta darle a cada uno de sus caramelitos.
-¿Qué caramelitos? No quiero papeles ni mierda por mis pasillos -Hildegard irrumpió en el puente de mando desde la boca del elevador, y alcanzó al vuelo en encendedor de Perlman.
-Nada, jefa -dijo el hombre-. La pequeña Satra y yo hablábamos sobre nuestra invitada, la dulce y atolondrada Lylian. Por lo que veo te dejó... rendida.
Hildegard sacó la pequeña pipa de ganja del bolsillo de su muslo y comenzó a rellenarla con aire pensativo:
-Rendida: esa es la palabra exacta. Me encantan las hijas de científico. Ese aire de ingenuidad y desamparo es... irresistible.
-El afán de coleccionista del que yo hablaba -respondió Perlman.
Ambos se echaron a reír, aumentando así la densidad del humo en la curvatura de la sala.
Satra apretó los puños:
-Capitana, ¿no deberíamos echar un vistazo a la estación Jericó?
-Vamos a ver -Hildegard estudió la imagen ampliada sin inmutarse. La enorme construcción humana en forma de anillo metálico permanecía unida a la acribillada superficie de una roca doscientas veces más grande mediante una columna de cables, tensores y tuberías de transporte, como si a dicho meteorito se hubiese adherido mediante tentáculos de acero alguna clase de parásito cilíndrico, hueco en su centro y moteado por infinidad de luces de posición, la mitad de ellas apagadas y tan negras como la cuenca ocular de un tuerto.
-Jericó, menudo nombre más imbécil -escupió el hombre.
-Opino lo mismo -Hildegard manipuló el panel con un breve tecleo y la imagen fue desplazándose a lo ancho de toda la estación-. Además, ese puto donut tiene problemas de energía. ¿Por qué?
-Ya os lo dije cuando me recogisteis -contestó Lylian, surgiendo de repente del elevador mientras terminaba de abrocharse los anclajes del chaleco sobre su mono de trabajo-: no es un problema de energía, sino de seguridad. Todavía no ha llegado el reemplazo de las naves de guardia, y necesitamos sacar cuanto antes de nuestros almacenes un importante cargamento. No podemos esperar más: mi padre teme una visita kryegana en cualquier momento, y por eso mantenemos el fluido de energía a poca potencia. Es el único método de defensa que tenemos ahora en caso de un posible asalto pirata, ya que si perciben pobreza suelen pasar de largo. ¿Vais a...? -Dio un paso atrás y se frotó un ojo con la palma de la mano, víctima aún de la resaca-. Vais a ayudarnos, ¿verdad?
-Para eso hemos venido, para ayudar -sonrió Hildegard, caminando hasta ella para posar una mano en su hombro antes de morderle suavemente el lóbulo de la oreja, gesto que provocó un sobresalto en la joven investigadora-. Eso sí, siempre que como pago podamos rellenar un poco las reservas de los motores y la despensa.
-¿Eh? Claro, por supuesto -Lylian se alejó inconscientemente de los carnívoros labios de la capitana-. Es un trato justo. Aparte de lo que extraemos del yacimiento del meteorito, lo segundo que más abunda en Jericó son las provisiones.
-Entonces no hay ningún problema -concluyó la mujer pelirroja, alimentando el ronroneo de su voz con una nueva aspiración de la pipa-. Todos los cañones y la zona de carga de la Obsidiana están a vuestro servicio. ¿Tripulación?, secuencia de identificación y después maniobra de aterrizaje. Ah, y no olvidéis preparar las herramientas de trabajo. Mientras, yo iré con nuestra invitada al comedor para hincar el diente en algo.
-Descuida, jefa -Perlman comprobó disimuladamente la posición del mango del cuchillo que ocultaba en el antebrazo, bajo el brazalete de cuero-. Las herramientas están siempre preparadas.
Satra, que se había cubierto la cabeza con la negra capucha nada más oír la voz de Lylian en el puente, hizo lo mismo con la culata de la pequeña pistola disimulada entre los pliegues de su cinturón.



Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 24
  • 4.09
  • 682

http://narrables.blogspot.com/http://inenarrables.blogspot.com/

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta