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10 min
Selfie
Reflexiones |
07.10.19
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Sinopsis

Publico aquí un artículo que ya publiqué en su tiempo en otro medio. No pretende sentar cátedra aunque no esté exento de alguna pedantería sin importancia, os pido disculpas. Procuré hacerlo lo más fresquito y asequible. Espero que os guste.

Se dice por la Red que el primer "selfie" de la historia fue realizado en 1839. Robert Cornelius, un pionero en el campo de la fotografía, fue su autor. Su pose era seria, de desconfianza hacia lo que pretendía realizar. Un hito. También podemos encontrar en la Red datos acerca de la posibilidad de que tal vez la famosa princesa rusa Anasthasia (si, la de la peli de Disney) fuera la primera adolescente famosa en hacerse un selfie. Corría el año 1914. Su pose era igualmente seria. Ella confesaría «Hice esta fotografía yo misma mirándome al espejo. Fue muy difícil ya que mis manos estaban temblando». Una princesa temblando ante un selfie, ¡qué cosas!. Así mismo es bien conocido por todos que la sábana santa en realidad fue una proto-foto del genial Leonardo da Vinci. De ser cierto, esto de los selfies ya tendría unos cuantos siglos de historia.

 

Pero el selfie tiene muchos más siglos si consideramos que en el comienzo del Renacimiento ya se hacían en lienzo autorretratos personales de los artistas, sin figurantes alrededor, entre los más famosos se encuentra el autorretrato de Durero. Aunque es el pintor francés Jean Fouquet el que en 1450 realiza el que se considera el primer autorretrato conocido de la historia del arte europeo. Su medio de reproducción era la pintura, pero no dejaban de ser selfies. Las razones para hacerse selfies en el Renacimiento eran claras y estaban perfectamente delimitadas dado que el Hombre pasaba a ser el centro de la creación, el artesano pasó a ser artista, fue la época de la creación del Artista con mayúscula, que ya no se resignaba a aparecer en su obra a través de una firma en una esquina o en una breve respresentación de un todo más grande, sino que se autoafirmaba mediante la recreación de sí mismo como Ser Creador. Un Artista capaz de crear, de dar vida. Es obvio que se usaba como un medio de encumbrar al Hombre, y en concreto, al Artista por encima de cualquier otra cosa en la Creación.

 

Así, estos primitivos selfies quedaban enmarcados en un pequeño estrato social, aquél que fuera capaz de costearse los medios de reproducción del selfie (ricos) o, bien, lo que era más común, aquellos que experimentaban y/o innovaban con su modo de trabajo (pintores y/o fotógrafos). Además era difícilmente reproducible, ya que no se estilaba en los tiempos de la invención de la imprenta publicar libros dedicados al onanismo fotodigital. No es hasta bien entrado el siglo XXI que la práctica del selfie no se transforma en un fenómeno de masas, gracias a los avances técnicos y a la posibilidad de adquirir un smartphone por parte de casi cualquier ser humano en el planeta. Pero esto no basta para explicar el fenómeno, el que sólo se de la posibilidad de que ocurra no explica el hecho de que ocurra. La razón principal es que vivimos la época más narcisista de la Historia. El propósito del selfie hoy día es ser visto y valorado por el mayor número de gente posible, aunque sea desconocida, a través de las redes sociales para alimentar nuestro ego, básicamente. Ya lo avisaron los sociólogos franceses al hablar de la posmodernidad, entre ellos Gilles Lipovetsky, que en 1983 lo dejó bien explicado en su sensacional libro "La era del Vacío". Libro que recomiendo encarecidamente ya que se erige como una especie de libro profético que está viendo cómo se realizan cada una de las aseveraciones que en él abundan. En verdad recomiendo cualquiera de los libros de este autor. Así como los de Bauman y Byun Chul-Han, filósofos que particularmente a mí me gustan mucho.

 

En fin, a lo que iba, "Smartphone" significa "teléfono inteligente" y no pecamos de atrevidos si aseguramos que se ha producido un efectivo transvase de inteligencia humano-máquina, en detrimento grave de las habilidades sociales e intelectuales del ciudadano medio.

 

Hoy el selfie está íntimamente vinculado con el smartphone. Un aparato que permite hacer ilimitadas fotografías sin coste alguno. El smartphone hace del arte de ser retratado un "do it yourself", sin importar la calidad artística y con sólo un objetivo, que entra dentro de lo obsceno y de lo pornográfico. No nos importa desnudar nuestra intimidad a través de estas plataformas si el objetivo es conseguir un número de likes o un número de valoraciones determinadas que aseguren un engrosamiento del ego prefijado. Además, socialmente, la necesidad de poseer un smartphone ha llegado a tal grado que se puede asegurar que "de facto", si no tienes uno de estos móviles inteligentes dejas de existir para la sociedad. No es obligatorio el tenerlo, sin embargo la sociedad entera se ha ordenado alrededor del hecho de tenerlo. No tenerlo sería una temeridad. Como bien ha apuntado Bauman, con estas nuevas tecnologías,

estar siempre a entera disposición de los compañeros y jefes de trabajo, así como de los miembros de la familia y los amigos, se convierte no sólo en una posibilidad sino en una obligación".

Y aún es una obligación social "de facto", pero tal y como avanzan las cosas me aventuro a asegurar que en breve tiempo será una obligación "de iure". El hacerse un selfie entra dentro de esta dinámica de autoafirmación digital. Necesitamos "actualizar nuestro estado". Y esta práctica deviene narcisista y mercantilista. Por un lado es narcisista porque el usuario espera sacar rédito de su retrato. Dicho rédito es un número de likes o una serie de comentarios o de visitas a su foto que contribuirán a engrosar su ego y a seguir publicando "selfies" o "actualizaciones de estado" en un círculo vicioso. Por otro lado la autoestima del usuario depende del consumo ajeno de estos canales, por lo que entra en la lógica del mercado, y en esto entra también en confluencia con el "branding", la marca personal. Además, el sumun del éxito de una publicación de este tipo es que se convierta en "trendig", e invertiremos el tiempo que haga falta para que ello ocurra.

 

Si, los smartphones. Una cadena invisible nos ata a la obligación psicológica , a un hecho convertido en costumbre, como el desayunar, como el hacer la cama. Lo primero que hacemos al despertarnos es revisar nuestro móvil. Revisamos revisamos nuestras cuentas en las redes sociales sobretodo para ver cuantos likes se han llevado nuestras publicaciones, nuestros "selfies". Se ha descrito una nueva enfermedad, la "nomofobia" como el miedo atroz a quedarse sin el smartphone. Es un miedo que genera ansiedad, puede hacer entrar en pánico y hasta paralizar al sujeto. Nuestra vida está contenida dentro de esos aparatos y nos hemos transformado en yonkis de esta tecnología, al creer que no hay vida sin ellos. Hasta hace poco, los trabajos cualificados exigían que se tuviera teléfono móvil, portátil, correo electrónico. Hoy se exige tener un smartphone, que integra en un sólo aparato móvil todas las ventajas del clásico teléfono, de una cámara de fotos, del ordenador de sobremesa y de un correo. Mejor dicho, no se exige, se da por sentado que se posee. Poseer un móvil inteligente se ha hecho necesario para el desarrollo de cualquier trabajo cualificado. Y no tan cualificado. El trasfondo de esto es estar en contacto continuo. Totalmente localizable. Además de poder llevar una herramienta de trabajo siempre encima. Poder estar siempre disponible y utilizable, optimizando la llegada de órdenes y la resolución de problemas. Es un apéndice artificial sin el cual el desarrollo cotidiano de nuestra vida sería muy complicado, por no decir imposible.

 


Cada poco tiempo nos llega un mensaje a nuestro smartphone, mensajes multiformato que se reciben y se envían sin cesar. Con la aparición del whatsapp, y el messenger de facebook se ha acentuado este hecho, creando una nueva adicción, multiplicando los canales de contacto telemático de manera drástica. Se navega enfermizamente en las redes sociales. Los tres grandes escaparates digitales se nutren de nuestra intimidad: Twiter, Facebook, Instagram.

 

En Twitter se suben mensajes estúpidos para que todos sepan qué ocurrencia tuvimos, hay seguidores y uno va siguiendo a otros, gente anónima, gente que no se conoce en persona. En Facebook se suben fotos, selfies, historias, experiencias, pensamientos íntimos, comentarios, para que todo mundo sepa públicamente todo de todos y a la vez nada de nadie. Solamente necesitamos un “me gusta”, " me encanta", "me divierte", “no me gusta”, todo con su correspondiente iconito. Sin opiniones de por medio, sin argumentos, sin diálogo. Publicamos todo : nuestros selfies simples, los hechos con nuestro palo-selfie, los hechos con nuestro zapato-selfie, todo un abanico de accesorios que dejan a la altura del betún al Inspector Gadget. En instagram, red social en la que cualquiera puede creerse un fotógrafo de prestigio, se ha constatado que las fotos tipo selfie tienen más probabilidades de recibir un voto positivo que en las que no salen rostros de personas. Pero el selfie es sólo el Rey de un fenómeno más vasto: publicamos todo lo que antes pertenecía a un círculo más íntimo: publicamos nuestras fotos de viajes, noticias que nos parecen interesantes, chistes, vídeos, nuestros pensamientos íntimos, nuestro lugar de residencia, estudios cursados, nuestro trabajo actual, nuestro número de teléfono, reseñas personales. Nada se deja en secreto. A mayor número de likes, más publicaciones colgaremos, más desnudaremos nuestra intimidad.

 

Es decir, como conclusión, el trasfondo de todo este asunto del selfie es la necesidad enfermiza de ser valorado. Valorado numéricamente por gente a la que no conocemos y a la que realmente no le importamos nada. Por lo que se puede afirmar que el usuario del selfie hoy día es un sujeto inseguro de sí mismo, narcisista y que necesita una renovación constante de la imagen de sí mismo y de la aprobación de dicha imagen por el mayor número posible de usuarios anónimos.

Si, un esclavo expuesto a la valoración numérica de los extraños. Justo lo que ocurre aquí, si, aquí, en tusrelatos. Sólo que aquí hemos entendido el juego de otra manera. Aquí las críticas son bidireccionales. Y nos deshacemos en estrellas. Regalamos galaxias enteras en pos de que nos sea devuelto el favor estelar. 

 

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  • Cuelgo otro trozo de algo que escribí hace años. El neoliberalismo, la postmodernidad y la globalización como conceptos que engloban una misma realidad. Por cierto, cogí mucha información de un montón de sitios. Wikipedia entre ellos (artículo: Postmodernidad https://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernidad ). Bauman. Chomsky, y algún que otro libro de sociología y economía que no recuerdo.

    Ahí va un fragmento de algo que escribí hace un par de años...

    Resurrección del preciosismo. A veces un poeta abre tu pecho con bisturí y echa allí dentro sus palabras. Luego tú escribes sus poemas.

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    Dedicado al troll antitroll que se erige como justiciero... un humilde regalo. Todas mis estrellas son para ti.

    Costumbres y supersticiones de catedráticos de psiquiatría.

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    Asi fue el viaje a una isla y mil mares

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