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3 min
Sepia
Fantasía |
29.03.17
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Sinopsis

Durante la sequía en el sur de California, perecieron muchos animales producto de la falta de agua y follaje. Coyotes, ciervos y aves se paseaban por fuera de las casas incluso a plena luz del día. En una ocasión, seguí a uno de ellos.

Lo vi desde mi ventana y salí tras él, deseando tocar su piel. Espera, criatura color sepia, grité. Que extraño. A pesar del sol, no podía ver su sombra. Es que la sombra habla de frescura y esta historia es cascada seca. La tierra ardía bajo mis pasos y el monte, antes verde, y las quebradas, antes húmedas, sólo hacían eco a su propia voz sedienta. Caminé, caminé mucho, pero aún podía ver la curva de su lomo como felicidad ondulante entre tanta rama mustia. Entonces, así de pronto, se detuvo. Y moviendo sus orejas cual antenas peludas, giró su cabeza para mirarme. Sentí un escalofrío, ese que te pega en la espina cuando ves la tristeza en los ojos de alguien; sentí su cansancio y el vacío que deja el hambre cuando la tierra ya no te da nada; sentí el miedo a la muerte, sus costillas flacas; sentí que yo misma me volvía color sepia y que la lluvia, antes mi hermana, se había olvidado ya hace tiempo de esta tierra quemada. Qué quieres, me preguntó. Quiero tocarte y que me cuentes tu historia, contesté. Mi historia es muy corta, dijo, el cuervo la sabe, pues estaba junto a mí cuando murió mi madre. Tenía una pata herida, le dispararon una noche y de ahí en adelante todo cambió. Lo pedregoso del camino, y la sed, transformaron su andar en una cojera lúgubre.  La sencillez de su relato me conmovió hasta las lágrimas. Era la voz de un anciano, incluso decrépito, pero en realidad se trataba de casi un niño. Sintiendo como el aire hirviente evaporaba todo resto humedad en mi rostro, me acerqué lentamente, tal vez se dejara....  Pero, qué ganaba yo con eso? Tocar su piel polvorienta, su pelo hirsuto de rabia y pena, cambiaría en algo su destino? O el mío?  Bajo el sol, y con el viento de Santa Ana pegándome en la cara, temiendo al fuego que en esta época puede propagarse como si fuera parte del mismo infierno, me alejé. Me volví a mirarlo sólo una vez más, antes de que se perdiera en un recodo del camino. Tal vez, esta misma noche lo devoren los coyotes, pensé. Los mismos que con sus lamentos no me han dejado dormir. Tal vez su muerte sea rápida, o tal vez llueva. Aunque "it never rains in California". 
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