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4 min
Serie EvA -Susan-
Fantasía |
28.10.19
  • 4
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Sinopsis

Hay revuelo en los despachos. 

 

—¿Qué ocurre, Rebeca?

—¿No te has enterado? Viene a trabajar un nuevo pasante.

—Vaya notición —contesta Susan con ironía.

—¡El notición es que el tío está de muerte!

—No será para tanto. Además , si está tan bueno, seguro que está casado.

—Lo está. ¿Y qué problema hay en eso? —contesta Rebeca entre risas.

—Bueno, todo tuyo. Yo tengo novio, así que, una competidora menos.

 

A media mañana entra el director con el nuevo compañero y va presentándolo uno a uno. Cuando llega a su departamento, Susan se queda clavada sin poder dejar de mirarlo hasta que llega su turno.

 

—Rando, esta es Susan, tu compañera de despacho.

—Mucho gusto, Susan. —Saluda, mientras le da dos besos.

—Igualmente, Rando.

 

Un buen observador se habría dado cuenta de que mientras esta trivial conversación tiene lugar, sus miradas no se han separado un instante. 

 

Susan nunca había creído en el flechazo. Su relación con su novio fue progresiva, hasta que se encontraron viviendo juntos, compartiendo casa y gastos y un adorable cachorro miniatura.

 

Pasaron los días y en la oficina ellos únicamente cruzaban miradas y saludos o alguna conversación trivial en la máquina de café. Las chicas del despacho miraban acarameladas a Rando, pero él no parecía tener interés por ninguna.

Una mañana, apareció en su departamento y con cierta timidez preguntó si alguna tenia aguja e hilo. Se le había descosido el tercer botón de la camisa.

 

—Ya se que es un cliché pensar que vosotras llevéis aguja e hilo, pero si no tengo suerte tendré que volver a casa a cambiarme — comenta Rando ruborizándose.

—Vaya si tienes suerte —responde Susan. —Llevo un  pack de esos que regalan en los hoteles. No hace falta que te quites la camisa —le dice al ver que inicia el gesto, —ya te lo coso con ella puesta.

 

Rebeca alucina. Después de la respuesta del otro día, verla levantarse y acercarse a un palmo de la cara del chico le deja aspecto de pasmo.

 

Entre puntada y puntada, con sus cuerpos tan cercanos, la improvisada modista no puede dejar de sentir su cálido aliento, mezclado con un fondo de colonia que exalta impulsivamente sus instintos. De vez en cuando, sus ojos tropiezan y hacen subir la temperatura a su alrededor.

 

Termina de coser el botón y como no tiene tijera a mano se acerca a cortar el hilo con los dientes.

 

—¡Eres una descarada!, —le increpa su amiga cuando Rando ya se ha ido... parecía que te lo ibas a tirar ahí mismo —dice en voz baja.

—Exageras, Rebeca. —Sonríe al pensar en la escena. —Pero la verdad es que huele... para comérselo.

—¿Lo harías? ¿En serio?

—Creo que sí. 

 

A la salida, por la tarde, llueve a mares. Rando pasa a buscarla para llevarla a su casa en coche, en agradecimiento por su amable ayuda de la mañana. 

El cristal está empañado y el aire caliente del desentelador la impulsa a sacarse la chaqueta. Susana lleva una camisa entallada y como siempre, se le abre un poco a la altura del pecho entre dos botones.

Ve perfectamente como la mira de reojo. Y sonríe.

 

Cuando llegan cerca de su casa ella le pide que la deje ahí, que ya termina el recorrido andando.

Pero ve que aparca el coche en una calle estrecha, sin tráfico ni transeúntes. 

 

—Susan, yo... verás, no suelo hacer esto. Pero es más fuerte que yo. Tengo que decírtelo. 

Tras unos segundos de silencio, continúa.

—Me gustas. No...  me enloquece pensar en ti. Desde que te conocí no puedo sacarte de mi cabeza, preciosa.

 

Se queda unos momentos pensativa. Ve la sinceridad escrita en su cara. La enternece.

—¿Sabes? Me ocurre lo mismo... ¿Qué vamos a hacer?

 

Una sonrisa pícara ilumina la cara de Rando.

—¿Vamos a tomar algo? —o, ... conozco un hotel con jacuzzi... 

 

Ella piensa primero en probar sus labios. Un beso no engaña. Te lleva al cielo o te deja indiferente. Sus caras se acercan y con tímido beso que se transforma en violento huracán, inician el preludio del anhelo a punto de satisfacer.

 

—Jacuzzi — dicen al unísono al finalizar. Risas cómplices llenan de alegría el automóvil.

 

Sin más que decir, Rando arranca y pone rumbo al paralelo mundo del deseo.

 
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