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18 min
Sexo y compañía
Amor |
26.11.13
  • 4
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Sinopsis

“No hay nada al margen del momento” IRVINE WELSH

                                                              I

La verdad es esa y es la que tengo que asumir. Llevo seis meses sin embarcar, nunca había estado tanto tiempo sin trabajar y un miedo irracional, poco apoco, se está apoderando de mi voluntad. Me cuestiono si no habré olvidado los pormenores de mi oficio y las mañanas me presentan días largos y áridos que me veo obligado a recorrer. Aprovechare para poder escribir, pensaba al principio. Ahora, sentado frente a un folio garabateado, disimulo.

En la mesa seis lapiceros exageradamente afilados aguardan palabras que no encuentro…

-    ¿Vienes a dormir? Mira que empiezo sin ti.

Oigo a Marea decir entre risas desde la habitación. Miro los afilados lapiceros y puedo sentir una extraña amenaza haciéndose hueco en mi desgastado coraje…

-    Ahora voy…Ahora estoy contigo…

Convencido de que no voy a tropezar con  frase alguna que tenga el más mínimo sentido agarro un tetrabrik de zumo de naranja. Desanimado me dirijo a la habitación…

-    ¿Cómo lo llevas “escritor”? ¿Todo bien?

Me pregunta algo sarcástica pero con voz afable mientras me deslizo a su lado y me envuelve en un abrazo delicado que me reconforta en un instante.

Vivimos juntos desde hace un par de años y ha pasado el tiempo suficiente como para afirmar que no es la relación más divertida que he mantenido pero que tampoco es la más complicada. Que su ombligo me sigue enloqueciendo como el primer día y  es una mujer que sabe muy bien lo que espera de un hombre en la cama, hace el amor como un ángel y folla como un demonio, es generosa en todos los sentidos y lo mas importante, no parece estar apenada por ningún tipo de fantasma. Eso sigue sorprendiéndome, es extraordinariamente agradable.

-    Me quedare un rato mas, tengo una historia en mente y no quiero que se me olvide…

-    Como quieras, pero recuerda que mañana tienes que ir a ver a ese amigo tuyo… ¿Cómo se llamaba…?

-    Alex…

Si como dicen la vida de un hombre se mide desde su infancia no habría manera humana de  detallar mi historia sin hablar de Alejandro. Si intento recordar mi niñez, mi inocencia, ahí está el rostro pecoso de Alex. Nos conocimos cuando todavía no habíamos aprendido a andar y mas tarde fuimos cómplices en mil y una fechorías, crueles la gran parte.

Recuerdo que a él le gustaba dibujar, a mi escribir. El era fuerte, orgulloso y furiosamente atractivo. Yo era silencioso, malvado y terriblemente ingenioso. Nos criamos en un barrio donde la violencia estaba a la vuelta de la esquina y creíamos que juntos seriamos invencibles. Nada nos podría pasar, unidos éramos fuertes y no estábamos dispuestos a poner la otra mejilla ante nada y menos aun, ante nadie. Juntos descubrimos los encantos de Eva, La ponetiesa, saboreando en sus dulces labios el agrio y suave sabor del sexo. Y juntos recorrimos el problemático camino de una insegura  adolescencia hacia una madurez inexperta, inquietantemente incierta. Pero de eso hace ya algún  tiempo: Caímos en diversas espirales desenfrenadas de alcohol y desengaños, de drogas y autodestrucción que a punto estuvo de acortar nuestras jóvenes vidas, o en el mejor de los casos, de condenarnos a llevar una existencia desconsoladamente atascada. Tuvimos suerte.

Alejandro era el más listo y fue el primero en darse cuenta. Un buen día desapareció. Poco tiempo después compre un billete de tren que me llevo a la otra punta del país. Elegimos la desangelada elección del desarraigo para escapar de nuestras vidas, o por lo menos, de lo que había sido los últimos años: una larga resaca que no queríamos recordar.

Nunca más supe de él, hasta ayer; su voz sonaba mortecina al otro lado de móvil…

-    ¿Franko?

-     …

-    ¿Franko?

-     …

-    Soy Alejandro…

Mierda, era lo único que podía pensar…

-    …Perdona… me has pillado…

-    Necesito verte… Quiero verte…

El tono de su voz era  sombrío a la vez que autoritario. Me sorprendió. La conversación no duro más de cinco minutos entre largos silencios, me sentí bloqueado durante todo ese tiempo y ahora me arrepiento de no haber tenido el suficiente valor como para haberle dicho que no.

-    Eso- sonríe Marea- Alex, ya decía yo que por algo me recordaba a esa peli que me has puesto un millón de veces  ¿Tendrás que madrugar?

-    Sí, me gustaría, Madrid  está a más de cuatro horas en coche y no me gusta el tráfico que hay a partir de las ocho, es desquiciante…

Miro el sol que adorna su ombligo y le dedico una sonrisa. Marea sabe que no estoy pasando por mi mejor momento, sabe que estoy aburrido y hace tiempo que no experimento ningún tipo de emoción visible. Pero no ha sacado el tema y no hemos hablado del problema. Tampoco sabría que decirle. Me da un beso antes de levantarme.

-    Franko, antes de irte…Solo quería decirte… Que estoy bien… ¿Sabes?... Siempre tenemos cosas... Algo que decirnos y rara vez discutimos... Me gusta estar así…

-    A mí también…

Palabras cariñosas, consideradas y sinceras que se merecían una respuesta más apropiada. Pero no se me ha ocurrido nada mejor. O tal vez, será, que no me he esforzado lo suficiente. Cojo una botella de vino y me dirijo a la ventana.

Sexo y compañía, le solía decir al principio, ella me miraba fascinada. Eso es lo importante, sexo y compañía, todo lo demás es añadidura, decía. Idiotizado por el momento me sentía seguro de ello. Ingenuas palabras en las que creía firmemente.

El vino no es malo y desde aquí puedo ver el mar. Abro la ventana, la noche es atractiva y el olor de la sal marina impregna el aire humedeciendo toda la vecindad, el calor sofocante del verano parece haber firmado una tregua con la brisa del mediterráneo e irán de la mano hasta el final de septiembre.

 

                                                           II

Sobre la ciudad pende una sucia neblina.

Con las manos en los bolsillos camino resguardado entre los peatones, escondido en una ola de gente que avanza dirección a la boca del metro: Es temprano y la mañana avisa que será un día soleado.

He podido aparcar no muy lejos de la dirección que me dio Alejandro y ya no recordaba el olor dañino del polvo de las obras, que por lo que se ve, o mejor dicho, se huele, se ha adueñado de esta parte de Madrid.

El grado de insignificancia que se puede llegar alcanzar en una gran ciudad puede resultar devastador por lo que puedo comprobar al ver a una mujer de avanzada edad cruzando un paso de peatones completamente desnuda. Desorientada, lunático es su rostro y la mirada es la de una persona entregada definitivamente a la desdicha, la de una mujer que ha sido devorada por la terrible adversidad.

Barrio de Lavapiés. Calle Virgen de los Desamparados 33 cuarto A. Subiendo por las escaleras me doy cuenta que todavía estoy a tiempo de dar la vuelta y marcharme por donde he venido pero que no lo voy hacer. La casa me espera con la puerta abierta y después de recorrer un lúgubre y largo pasillo me encuentro con una habitación llena de penumbras…

-    El bueno de Franko…

Me dice con tono ahogado y distante  una silueta bañada de sombras sentada en un sillón.

En la habitación reina un orden austero y excesivo que me desconcierta, no reconozco la voz y caigo en la cuenta que la figura podría pertenecer a cualquiera.

Lentamente se levanta y  al ver sus ojos, de un azul liquido, reconozco  la astucia de su mirada, eternamente enrabietada, ensañada desde siempre contra una fuerza misteriosa que no tiene forma y no se puede ver. Un estremecimiento que recorre todo mi cuerpo me advierte que el viaje ha sido todo un error y que nada bueno podre sacar de esta experiencia.

Su rostro esta mortalmente serio.

-    Parece que no me reconoces…

Dice señalándose una cicatriz que tiene en la frente y que yo mismo le hice años atrás. Puedo apreciar una ligera emanación  a barbitúricos  que desprende su aliento y tengo la certeza que la situación puede acabar siendo bastante violenta. Probablemente huiré antes de enzarzarme en cualquier tipo de pelea,  las personas nos corroemos a lo largo de los años y a la que tengo delante poco le queda del niño que un día fue.

La sinceridad puede ser la mejor salida en cierto tipo de momentos…

-    No quiero ningún problema, he venido porque no tenía nada mejor que hacer y quiero acabar con este asunto cuanto antes y bueno- le intento sonreír- deja de mirarme de esa manera o me marchare por donde he venido…

El bullicio de la calle entra por la ventana y si algo no lo evita saldré corriendo, ese acto de cobardía no me afectara de ningún modo y…

-    Relájate, solo quería verte…eres la única persona con la que he tenido un lazo sincero de amistad en toda mi vida. Quería verte y pedirte un pequeño favor, algo insignificante. Ponte cómodo- sonríe-  estás en tu casa…

Me dice antes de perderse por el pasillo. Curioseando por la habitación intento relajarme. Al lado de la ventana hay una mesa de dibujante y sobre ella un dibujo a carboncillo que llama mi atención.

El dibujo presenta la caricatura de un bebé gateando y dispuesto para adentrarse por una puerta que lo conducirá a un gran laberinto: El dina a cuatro no puede abarcar toda la dimensión del entrazado de curvas enredadas del laberinto y da a entender que su construcción es descomunal. "Bienvenido a la vida", dice un colosal cartel puesto justo encima de la puerta por donde gatea la criatura.

Observo más detalladamente el laberinto del dibujo. Solo hay un camino, una senda enredada sobre sí misma dibujando infinitas curvas, encrespadas y retorcidas, una ruta endiabladamente serpenteada e inverosímil, una única dirección que recorrer, no existen los ángulos rectos y normales. Una vez dentro el renacuajo perderá el control del espacio vital por donde tendrá que desenvolverse, sometido al medio enmarañado del laberinto el bebé estará obligado a volver hacia atrás una y otra vez para poder avanzar en su camino, forzado a dar vueltas sobre sí mismo el tiempo que este dentro, siempre retrocediendo, siempre avanzando, no hay salida a la vista. No hay escapatoria. Finalmente, al lado de la entrada hay otra puerta por la que está saliendo el mismo bebé, pero ahora convertido por el paso del tiempo en la deformada caricatura de un magullado anciano, exhausto, desnudo y arrastrándose… "Gracias por su visita", dice otro magnífico cartel situado en  la salida. El dibujo es de una gracia desconcertante. Recuerdo a la señora en pelotas  cruzando el paso de cebra  y es evidente que la caricatura del anciano es la de un hombre con suerte al fin y al cabo. De un modo u otro, el bebé logro finalizar el laberinto, de una pieza y sin extraviarse

-    No es mío… es de Kan.

Me dice sorprendiéndome mientras me ofrece una copa de vino mediante el gesto cansado y lánguido de un abuelo. Me pregunto cuál será la aborrecible medicación que recorre sus venas y por cuantos centros habrá tenido que pasar…

-    Me seduce la mala leche del dibujo, no puedo dejar de copiarlo una y otra vez, es enfermizo y lo sé, pero al final descubriré algo…lo sé… cualquier cosa… no puedo dejar de dibujarlo…

La agresividad que percibía de su mirada se ha difuminado de una manera extraña y rápida en una bruma de confusión, está perdida en la nada y el azul de los ojos lo acentúa de un modo profundo…

-    Espero que lo consigas…

Me clava los escrutadores ojos por respuesta y vuelve como se había ido la malicia que segundos antes había desaparecido de su mirada. Sabe que está delante de un cínico sin remedio pero parece no importarle demasiado…

-    Cuídate ese desprecio o acabara destruyéndote- sonríe- ven, siéntate, tenemos muchas cosas que contarnos.

El vino es un Rioja que saboreamos muy despacio y recordar las viejas trastadas me hacen sentir más cómodo durante toda la tarde…

-    Recuerdo que te gustaba escribir- me pregunta- ¿Lo sigues haciendo?

-    No, lo deje hace años, me di cuenta que lo único que buscaba era un reconocimiento que nunca obtendría, me sentía mortalmente frustrado, el dejarlo fue toda una liberación…

Le indico como dándome mucha importancia y no sé porque, tengo la seguridad que más tarde, a solas, tendré que enmendar esta respuesta: Sé que miento en ocasiones para no irrumpir en ciertas emociones de las que no me gusta dar explicaciones, pero son mentiras que no dejan de sorprenderme y ahora, bien pensado, tampoco es el mejor momento para empezar a reformarse.

Tras un largo silencio y otro rioja, puedo ver por la ventana que al día le quedan pocas horas de luz, miro el rostro de Alex y advierto que se va apagando como el día, que se ha ensombrecido horrorosamente y su mirada vuelve a ser la de una persona confundida, apesadumbrada y aislada, extrañamente desviada y sé que el momento que voy a vivir a continuación será algo desagradable…

-    Es sorprendente- me suelta sin apartar la mirada del vacío que supuestamente tiene delante- que tu, el más oscuro, fuera el que albergara mas esperanza… siempre te tuve envidia, en el fondo te odiaba y es un sentimiento que no ha perdido  intensidad…

¿Oscuro?

Soy Batman

¡El príncipe de las tinieblas!

Los vómitos de sinceridad siempre me ponen en guardia, incomodan y me esfuerzo por no soltarme una carcajada nerviosa  en  un momento tan delicado…

-    Son cosas de críos, temas del pasado que no vienen a cuento Alex, no ahora, olvídalo…

-    No sé cuando fue el momento- dice como si hubiera escuchado al viento- pero estoy seguro que hice algo mal, cometí un fallo que me aparto del camino recto y llevo muchos años pagando por ese error. Me pregunto en qué instante y si podré volver a ese día, a ese momento…pero creo que es demasiado tarde…

Aunque intenta controlar la voz puedo distinguir el acento de la derrota en su timbre y no se me escapa que si he sido capaz de percibir esa cualidad de su tono, seguramente, no sea más que el reflejo de mi propio mal, y eso, no es una buena señal.

-    Dibujo para no desaparecer ¿Entiendes? Entre dibujo y dibujo… lucho por no desvanecerme…

Está claro que en ciertas situaciones es mejor mantener la boca cerrada, pero por la expresión de su rostro cualquiera podría decir que mi silencio, o más bien, la sonrisa nerviosa que no logro reprimir no le termina de gustar y piensa que no lo tomo en serio. Cosa que es cierta muy a mí pesar: El desconcierto que siento en estos momentos está por encima de mi comprensión.

-    Te miro y puedo ver por la resignación de tu rostro que no has sido capaz de llevar acabo todo el mal del que eras capaz. ¿Verdad? Franko… Eso te esta derrotando.

Pienso en Marea y unas ganas terribles de estar a su lado me sobrecogen.Lo miro a los ojos  y es evidente que ciertos recuerdos se han instalado en su ánimo de una manera firme y solida desgastando su voluntad

¿Otro reflejo?

-    Se me va hacer tarde y no me gusta conducir de noche. Tengo que irme…

-    Un momento…Franko, quería pedirte un favor… Un pequeño favor.

-    …

-    Levántate y abre ese cajón…

Abro la cómoda y en medio de la ropa interior puedo ver una pistola de gran tamaño que me corta el aliento…

-    Es una colt 1195 de calibre 45, no te puedes imaginar las cosas que se pueden encontrar en la red…

-   Joder ¿Qué quieres? ¿Matar a un elefante?

-    Quiero que te la lleves. Solo eso. Llévatela Franko, no me dejes a solas con ella…

¿Por qué?

Sería la pregunta correcta. Una cuestión que seguro tendrá una solución, una respuesta, un sentido oscuro, una fuerza extraña que lo forzó a descubrir mi dirección y llamarme. Tal vez sea cierto y mi recuerdo sea el único lazo que lo mantiene en pie, pero tal vez, lleve actuando toda la tarde, interpretando un papel y el único motivo de mi visita sea el endosarle un muerto, un marrón al amigo olvidado que le hizo a saber que putada.

De todas formas, es una respuesta que no quiero descubrir…

-    No pienso llevármela…

Le digo a la vez que cierro el cajón y agarro la chaqueta.

Recorriendo el largo pasillo el miedo solo me deja visualizar la imagen de Alejandro apuntándome por la espalda con la Colt45. Una vez en la calle respiro tranquilo.

Después de recorrer ocho calles como ese que huye del diablo, subo al coche y busco en la radio una canción ingenua e infeliz que me ofrezca unas letras ilusas a las que poder agarrarme, que me conceda una idea estúpida que me transporte lejos de esta ciudad.

La vida es aquello que pasa mientras hacemos planes para el futuro, sale de la emisora, dice el sabio y canta el Macaco. Esa no está nada mal, es triste, es inocente, es perfecta.

 

                                                            III

Esta noche el mar se encuentra tranquilo, parece una lámina infinita de acero y al ver el reflejo de la luna llena en el agua pienso que hay que tener mucha imaginación para ver en este reflejo el movimiento de una bailarina. Una destreza de la que carezco al igual que tampoco disfruto de la habilidad suficiente con la que ayudar a nadie en determinadas y complicadas situaciones.

Alejandro…

¿Qué mierda te ha hecho la vida?

Cuando entro en casa mi cara debe ser todo un poema, cosa que no parece afectar a la alegría natural de Marea; se dibuja una sonrisa en su rostro. Una sonrisa serena, que  no esconde nada de la severidad de sus rasgos y la descubre más bella de lo que en ella es habitual. Nos sumimos en un abrazo y no termino de creerme que su alegría, sincera por lo que parece, sea por mí.

-    No digas nada, simplemente, sígueme…

Me murmura al oído y salimos a la calle, nos dirigimos a la playa.

La noche es agradable, la playa está desierta, la brisa del mar acaricia nuestros rostros y las olas traen susurros de lejos. Bendito silencio.

Marea, muy despacio, empieza a desnudarse. La camiseta, ahora el pantalón, sin dejar de mirarme se baja las bragas y de una manera delicada las deja sobre la arena, se da la vuelta. Observo los pasos de sus las largas piernas, el culo hermosamente dividido adentrándose en el agua.

Sentado en la arena la veo bailar, girar sobre sí misma en un baile que no le conocía. Los movimientos bañados por el salitre son acompasados, lentos y sedosos; el agua le llega a la altura de los firmes y cálidos muslos y puedo sentir, viéndola danzar en este insignificante pero maravilloso momento la nimiedad de un mundo insondable, cruel y grandioso bajos mis pies desnudos, pero que dentro de toda esta magnánima insignificancia que me rodea, me aplasta y admiro, aquí donde desemboca el Río Vinalopó, bañada por el mediterráneo y la luna llena hay una mujer tejiendo una danza secreta solo para mí.

                                                   

                                                     Fin

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Si se me permite, me gustaría aprovechar este momento para echar un órdago a aquellas personas, que como yo, sufren una extraña alteración en las funciones vitales cuando se ven abocados al vacío de un “Sobre Mi”. Vértigo, bloqueo, encogimiento de las partes nobles, picor en los ojos, moqueo, estornudos constantes, urticaria repentina… Es horrible, de verdad, créanme cuando digo que cuando nos vemos en esta situación la única salida que nos queda es echarnos en el suelo, formar un ovillo con nuestros cuerpos trastornados y esperar a que acabe la pesadilla. Y ahora que he logrado levantarme del suelo y recobrar algo de dignidad me pregunto si habré logrado mi propósito. Joder, estoy desvariando. No sé si tomarme un vino o una cerveza. En fin, me hare un vinito y mientras lo pienso.

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