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8 min
SI NO ES EL VIENTO... ALGO SERÁ
Fantasía |
28.04.07
  • 4
  • 2
  • 1922
Sinopsis

      Laura ya llevaba unos meses en la romántica ciudad de Bolonia. Se encontraba disfrutando de una beca Erasmus y, ésta, le había propiciado el relax y descanso que su ajetreada vida necesitaba, abandonando la Península Ibérica para adentrarse en un lugar alejado de los males que habían atormentado su existencia durante el año anterior. Sus fantasmas comenzaban a disiparse entre el barullo y las gentes, el arte y las calles díscolas, Laura estaba empezando a disfrutar del aroma que desprendía aquel lugar de la Emilia-Romaña al norte del país. Sin duda, la elección de aquel lugar para cursar su tercer año de carrera no había sido una decisión tomada a la ligera. Laura regalaba sus oídos con la melodiosa tonalidad del idioma, había regalado su vista con la variedad de monumentos de la ciudad y, como escalafón final, había regado de sueños su imaginación sabiendo iba a estar cursando aquel año en la universidad más antigua de todo Occidente. Además, para su satisfacción, su alojamiento, que compartía con tres personas más, estaba situada en el borde mismo de lo que definían como la muralla, aunque ya no existieran apenas vestigios de tal, y estaba horadada por antiguos pórticos en todo el casco antiguo. Saber que iba a recibir clases en las mismas aulas que Dante Alighieri, Copérnico o el mismo Erasmo que le había permitido el gozo de estar allí, era algo que apasionaba profundamente a esta muchacha de mirada tierna y aspecto apacible.

      Desde la repisa de su ventana, Laura podía observar cada mañana al Sol regando con su luz las Due Torri, las dos torres que sin duda eran de lo más característico de la ciudad. Algunas noches, también le gustaba pasear por el pórtico de San Luca y llegar hasta su iglesia sobre el Colle della Guardia. No se cansaba de aquella vorágine de culturas mezcladas por el ambiente universitario, rociadas con el alcohol de las noches de fiesta en una ciudad Renacentista como aquella. A veces quedaba en la Piazza Maggiore y, desde allí, buscaban algún espectáculo o simplemente un lugar en el que pasar el tiempo con sus amigos italianos, discutiendo sobre temas tan dispares que oscilaban desde las teorías filosóficas más complejas hasta banalidades que rozaban lo absurdo. Eran momentos agradables cualquiera de ellos. Se sentía privilegiada de estar en un sitio como aquel, pero el final de su estancia allí se acercaba rápido como el calor mediterráneo que amenazaba con presentarse el día menos pensado anunciando el incipiente verano, avisando con pequeños toques de brisa que despojaba de las ropas más gruesas a los habitantes de la ciudad. Laura creía que aquel era un lugar al que no le costaría acostumbrarse por mucho más tiempo del que había estado, su ubicación en el mapa podría considerarse ventajosa en muchos aspectos. Su área metropolitana había hecho de la capital de Emilia-Romaña el nudo de comunicaciones más importante de Italia, dejando relegadas a un segundo plano tanto a Roma como a Milán. Situada entre el río Sávena y el Reno, cerca de los Apeninos, estaba considerada como una de las ciudades históricas mejor conservadas y con el segundo casco medieval más grande de toda Europa, a tan sólo unos pasos de su compatriota Venecia. Además, Laura no había perdido la ocasión de viajar a algunos lugares que, debido a las buenas conexiones de la ciudad, tanto por carretera como por ferrocarril, le permitían llegar en muy poco tiempo. Parma, a poco más de una hora en tren, Florencia a unos escasos noventa kilómetros, Venecia a ciento cincuenta al noroeste... Laura estaba encantada, el tiempo se le consumía sin apenas darse cuenta de ello.

      Al igual que el casco antiguo, la tradición y las leyendas de toda Italia era bien famosa. Bolonia no podía ser menos, sobre todo tratándose de una ciudad tan bohemia y soñadora. Este ámbito más fantástico, no llegó a ella por sus propios méritos. En esta ocasión, fue la leyenda la que intentó atrapar a Laura más que al revés. Evidentemente, entre risas y alcohol, las conversaciones tomaban rumbos de lo más surrealistas y alguna que otra vez sobresalía entre risas un nombre que designaba a uno de los seres mágicos más populares de la zona: el folletto, que en el norte de Italia era más conocido como grandinilli. Los folletti, nombre por el cual se designa al grupo de estos seres, era un duende del viento, de carácter afable y que no procuraba apenas algún mal, pero su carácter era voluble y los menos escépticos le temían debidamente. Si bien en otros lugares del país se le atribuían otros nombres (salvanelli en Sicilia; sumascazzo en Cerdeña; o mazzamarelle en las regiones del sur) los folletti eran reconocidos como criaturas traviesas que jugaban con las brisas y confundían a las gentes. En algunos lugares eran más malévolos que en otros y no todos preferían vivir en los huecos de los árboles. Eso le pasaba a los folletti del norte, más concretamente a los de Bolonia. Pues la ciudad era tan cautivadora que, animados por el jolgorio de sus calles, preferían vivir escondidos aquí y allá, asustando y divirtiéndose.

      Al decir que a Laura le sobrevino la tradición popular sin ella buscarlo, nos referimos a que en una de las travesuras de un folletto, Laura fue la principal víctima y sobre ella recayeron durante varios días los portazos sin sentido, los empujones y desequilibrios, en principio atribuidos a causas etílicas, el revuelo de papeles en su habitación y un sinfín de circunstancias más que hicieron sospechar a la dulce muchacha que algo raro estaba sucediendo. No se atrevió a contar nada de esto a nadie, pero algunas noches evitaba volver a casa, refugiándose en la de algún compañero con la excusa de no volver sola en mitad de la oscuridad. Las extrañezas se sucedían cada vez con mayor asiduidad así que en una de esas ocasiones en los papeles no dejaban de volar y las ventanas y puertas aleteaban sin viento alguno que las agitase, Laura opacó los hechos con una inusitada furia que nada iba con su talante habitual. De un manotazo al aire, algo cayó al suelo. Su mano había golpeado una especie de tela invisible que, al caer sobre el piso, pudo ver más tarde se trataba de un gorro rojo. Ante ella, reavivando su asombro, apareció una figura menuda, de pelo largo rojo y piel verdosa, extremadamente delgada, con grandes ojos y los pies vueltos del revés. Notó también que podía ver a través de él, como sí fuese etéreo a medias. El folletto, sabiéndose descubierto intentó refugiarse en un rincón sin intentar siquiera recuperar su gorro de la invisibilidad, que Laura aferró rápidamente. Entonces tuvo unas palabras con aquella criatura, su furia largo tiempo contenida se dirigió con recelo sobre la criatura. El folletto, mostrando su más amplia sonrisa, señaló el gorrito colorado y ofreció a la chica una tregua. No muy convencida, el ser mágico instó a Laura a que pidiera un deseo, pues al arrebatarle su gorro este era el trato convenido. La criatura había perdido toda su fuerza y apremiaba a Laura para que pidiera el mayor de sus anhelos y así él recuperar su energía y ella obtener lo que soñaba.

      Una vez tranquilizada la situación, Laura devolvió el gorro al folletto y decidió que cuando supiera su deseo lo llamaría allá donde estuviese y reclamaría su concesión. Así lo acordaron y Laura sintió un profundo alivio al saber que no volvería a ser molestada, al menos durante una larga temporada. Después de aquello, ella siguió con su rutina, comenzaron los exámenes y, pronto, ella habría de volver a casa. Nadie supo jamás de aquel suceso. El secreto viajó con Laura día tras día y su deseo permanecía a la espera de ser utilizado. Aún hoy lo conserva con cariño y sabe que, el día que lo use no será para satisfacer una causa egoísta, sino el bienestar común de los que, como ella, habitan este mundo. Sin embargo, Laura siente que ese día está cerca y su mente ya empieza a elucubrar el deseo que pedirá llegado el momento, dándole forma, añadiendo detalles. Mientras la vida sigue, el folletto sigue haciendo de las suyas, bailando con el viento y colándose por las ventanas de la anciana Bolonia, revolviendo las hojas caídas de los árboles y el contenido de las papeleras, dando portazos y empujando levemente a la confiada gente. Laura por su lado, el folletto por el suyo, siguen la vida a la espera de sellar el pacto que ambos les unió un día en el cual Laura se encontraba de Erasmus en Bolonia.
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