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6 min
Siempre Menos Ahora
Reflexiones |
22.12.16
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  • 1240
Sinopsis

El caso es que he conocido a alguien que me gusta. No "me gusta" en el sentido romántico o amistoso o sexual o interesado de la palabra. No le pongamos ninguna etiqueta. Es un "gustar" de esos de cuando éramos pequeños. Y si no sabes de lo que hablo será mejor que vayas a comprarte una infancia y no des el coñazo por aquí.

Tendría que estar en el gimnasio, pero en vez de eso me ha dado un jamacuco (ham a cuckoo, como decía Lory Meyers) y he tenido que venirme a casa a hablar contigo.  

Tengo que contarte algo que arrastro durante meses y meses (aun no llega al año. Aun...). Hoy he tenido la necesidad de soltártelo a ti y he pensado que podrías darme algún buen consejo. O simplemente me regalas una palmadita en la espalda para que sienta que sí, que estás aquí y me entiendes. Con eso yo ya duermo mejor esta noche. Y lo más triste de todo es que esa última frase no es ironía.  

Para contarte lo que me pasa, primero tengo que empezar por decirte que no soy una persona con un atractivo físico notable. Tampoco tengo una personalidad arrolladora que atraiga a los demás como las moscas a la mierda, pero tengo una cualidad (déjame calificarlo de cualidad anda, que estoy en horas bajas): soy un ser extremadamente observador. Eso quiere decir que cuando conozco a alguien y quiero que se fije en mi, observo detenidamente a esa persona hasta que consigo destilar qué sentido del atractivo puede interesarle. Después, mimetizo esas características para que caiga en mis redes (siempre he querido decir eso).   

Una vez en las redes, dejo el papelón y muestro mi verdadero yo. Como disfruto de cierto carisma a raíz de un desquicie diagnosticado, innato y resultón, suelo conseguir mis objetivos. En realidad no "suelo" conseguir mis objetivos, lo que pasa es que siempre he conseguido que la gente que me interesa se interese a su vez por mi. Siempre Menos Ahora (como si de cualquier operación aritmética se tratase).   

Por favor, no me entiendas como alguien que cree que puede conseguir a quien quiera; no veas esto como un alarde de aquíestoyyo. Es que siempre me resultan interesantes personas que quizá sé de antemano que pueden interesarse por mi de alguna forma. O algo así, que ya no sé si lo que digo tiene sentido o qué.  

El caso es que he conocido a alguien que me gusta. No "me gusta" en el sentido romántico o amistoso o sexual o interesado de la palabra. No le pongamos ninguna etiqueta. Es un "gustar" de esos de cuando éramos pequeños. Y si no sabes de lo que hablo será mejor que vayas a comprarte una infancia y no des el coñazo por aquí.  

Perdona, que me dan ataquitos. Sigamos...  

Esa persona que me gusta me ha verbalizado y demostrado por activa y por pasiva, directa e indirecta, literal y metafóricamente que no tiene ningún interés hacia mi persona. De ningún tipo; pero más concretamente en el sentido enriquecedor, alegando en repetidas ocasiones que me considera alguien "de centro comercial". Algo que por lo visto es como decir que eres ciudadano de segunda, que cateaste Intelectualidad en el instituto, que tu aportación al mundo es en negativo, que pasar tiempo contigo es como comer pipas. Hay que joderse. Con lo que ha sido un@.

(Abro paréntesis y destrozo una lanza a favor de los centros comerciales. Qué falta hacen. Sobretodo en estas fechas).   Y esto, amig@ mio, es la primera vez en la vida que me pasa. Con ya una personalidad desarrollada, una inseguridad analizada, un sabersacarselascastañasdelfuego establecido.   

Y tú dirás: bueno, tampoco es para tanto. Y yo te digo: pera pera... que no he acabado.

Gruñía Sabina (cuando era Sabina) en una de sus pociones contra mi soledad, que "algunas veces vuelo y otras veces me arrastro demasiado a ras de suelo". Pues bien, yo llevo en ese segundo estado de des-gracia demasiado tiempo ya. Sin poder remediarlo, porque el comportamiento adulto nunca ha sido mi fuerte. Algunos tristes ejemplos:  

- Escucho Una Excusa Diferente de Rusos Blancos. Me gusta. Le envío un whatsapp.  

- Por casualidad veo que están reponiendo Léon de Luc Besson. Me emociono. Le envío un sms.  

- Me voy a Suiza por trabajo y veo los Alpes nevados. Pienso que es muy bonito. Le envío una postal.  

- Tengo un bulto en el cuello. Creo que tengo cáncer. Le hago señales de humo desde la azotea de mi casa.  

Y así sucesivamente... Sin poder evitarlo. Por supuesto, las respuestas son siempre insatisfactorias e insultantes hacia mi persona. No las voy a reproducir aquí porque no quiero que me pierdas el respeto (JA!).  

Sé que es el ego el que me empuja a todo lo que hago. Ese cabrón pichabrava.   

Pero por otro lado ¿acaso no tiene él derecho a sentirse herido y protestar?  

El resumen es que quiero dejar de actuar como actúo y no sé cómo hacerlo. Hoy me he visto buscando en Google: cómo pasar de alguien que pasa de ti. En un momento dado, al verme en esa situación, me ha dado un ataque de ansiedad. He cerrado la ventana de Google, me he tomado dos pastillas sin pestañear y me he sentado a escribirte con los ojos a media asta a causa de las drogas.  

Y ahora te toca, lanzo con rabia la pelota a tu tejado: ¿te ha pasado esto alguna vez? ¿Cómo saliste del paso? ¿Porque saliste del paso, verdad? Si recurriste a los libros de auto ayuda, escríbeme en comentarios cuáles te sirvieron, para que podamos reírnos todos de ti y mandarte a tomar por culo un rato.  

Perdona, los ataques.  

Ahora en serio, dame cera y aconsejéame un poco; o me veo esta noche bajo su ventana desgañitándome para ver a través de la cortina, ukelele en mano y voceando a lo María Jiménez que "la paz que has elegido es peor que mi guerra".  

Lo que pudo haber sido. Y lo que nunca será.

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