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3 min
Silencio roto
Reales |
19.01.06
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Sinopsis

Silencio Roto
Se dirigía al trabajo como cada mañana. A las ocho empezaba un día más su labor en aquel hospital a las afueras de la ciudad. Mamen era una mujer joven y sencilla. Responsable y eficaz en lo que respecta a su vida laboral, pero a la vez cariñosa e inteligente en su vida familiar. Casada desde hacía algunos años, y con dos niñas, que eran el amor de su vida.
Su familia jamás vio con buenos ojos al que sería su marido, pero ella se enamoró perdidamente de él en la adolescencia, pese a que Juan ya era celoso e inmaduro. Ella siempre lo disculpaba, confundiendo el amor con posesión.
Sólo cuando estaba a solas en casa y en silencio, podía echar la vista atrás y ver en qué momento sus sueños se habían perdido en el tiempo.
Recordaba cómo era Juan: simpático, educado y apuesto. Ambos planeaban su futuro con sonrisas que, con el paso del tiempo, se desvanecieron.
Y en esos momentos Mamen se sinceraba con ella misma, y más de una lágrima se deslizaba por su mejilla para admitir una vez más que ella, como miles de mujeres, era una mujer maltratada.
En más de una ocasión pensó en dejarlo y rehacer su vida con sus hijas, gritar al viento que no quería ser vejada, humillada y herida, pero siempre pensó que él cambiaría si ella se esforzaba. Y mientras, tenía que seguir fichando a las ocho en su trabajo, cuidar de su familia y siendo cortés con la persona que se había convertido en su verdugo.
Con el paso de los años, había conseguido ser inmune al dolor y sonreír como la que más ante la gente y sobre todo ante sus hijas para infundir normalidad.
¿Por qué no alejarse de aquel monstruo que quería minar su existencia? Le faltaba seguridad. Seguridad en sí misma para conseguir una vida digna y respetable.
Mamen denunció cuando una mañana él decidió que no le gustaba su vestido y le puso una catana sobre su cuello. Afortunadamente consiguió tranquilizarlo y éste optó por ir a comprar una barra de pan.
Aprovechó aquel hilo de vida para escapar velozmente sin mirar atrás.
Sólo consiguió una orden de alejamiento, como les pasa a muchas mujeres.
Hoy Mamen, como muchas víctimas, viven libres de su agresor, pero presas del miedo. Confiemos en un endurecimiento legal para lograr la paz que merecen y buscan.

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