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4 min
Simkay y Zaida
Amor |
14.10.07
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Sinopsis

Simkay y Zaida


Es un desierto helado, puro, bello, solitario y salvaje para los moradores de la Antártida. En las gélidas aguas del océano glaciar antártico nacen cortinas de agua. Cortinas producidas por Simkay y su familia. Simkay es una hembra de quince años. Ella es una bella ballena azul, el mayor ser vivo del planeta. Nadaba relajada y feliz, observando en todo momento a Calenchu, el pequeño ballenato; pequeño a los ojos de su madre, nació seis meses atrás, en las aguas del océano Índico. Mide unos doce metros. Simkay casi veintiséis. Es su chiquitín. La familia entera nada cerca. A Calenchu le encanta escuchar las historias de su abuela. Su prima y ella aprenden de los grandes. Verdaderamente grandes. Frida, su abuela, mide casi treinta metros, la mayor de todos. Fuerte y poderosa a los ojos de sus nietos.
Calenchu, es un pequeño juguetón, disfruta dando saltos acrobáticos, los saborea consciente de su temporalidad, en unos meses dejará de saltar, crecerá, su enorme tamaño y peso le impedirán volar sobre el mar. Pequeños vuelos, grandes saltos. La Antártida es un lugar generoso en alimento y en resguardo. Su krill, su pequeño marisco es exquisito. Los mayores aquí están más tranquilos, sólo un poco. La excesiva calma puede significar su muerte.

A miles de kilómetros de la Antártida, en Kenia, en plena estación de lluvias, la familia de Zaida pasea por la sabana. Es de noche. Son doce miembros en su manada. Siete hembras adultas, cuatro elefantes menores de cinco años y la pequeña. Ella es de un gris precioso, los pequeños colmillos asoman. Adora a los pequeños, sin embargo su corazón se resquebraja cada día un poco más pensando en los fieros leones. Sus pequeños son una gran cena para ellos. Zaida ha enseñado a sus hermanas a proteger incluso dormidas a sus pequeños. Jamás descansan todas a la vez y forman círculos, para que en su interior, como una vez estuvieron, duerman plácidos los pequeños. El pequeño Kior, ya no tan pequeño a sus cinco años, fue rechazado y abandonado por su madre. Zaida la echó de la manada. Su madre les había educado para proteger a la manada, ningún pequeño sería abandonado, no estando ella viva. El pequeño fue criado por Glaby, semanas antes había dado a luz a un precioso macho, compartió su leche y su amor entre los pequeños. El pequeño fue rechazado por su madre por considerarlo deforme, el niño carecía de colmillos; nunca sería el macho más fuerte, no podría defenderse, sentenció. De no haber sido su hermana hubiera peleado con ella. No poseía colmillos era cierto. Era fuerte e inteligente y lo demostraría. Ella era feliz e infeliz por ello. El pequeño nunca sería presa de la muerte andante, de aquellos seres fríos que se escondían y esperaban su llegada para dispararles y arrancarles sus colmillos. Zaida, no entendía esa barbarie, no comprendía el motivo, su ansía de mutilarlos, aún encontrándose con vida. Todos habían sufrido persecuciones. Todos habían dicho adiós a muchos amigos y familiares. Ella era feliz por el pequeño, él no sería su objetivo. Era infeliz por desear que su naturaleza hubiera acertado al decidir no ser como el resto de los elefantes. Ellos eran trompas, grandes y fuertes piernas, cabeza ancha, colmillos corvados, alargados y grises, muy grises, bellos y grises. Ella era la responsable de conducirlos, ella les guiaba, era la responsable de su supervivencia, de encontrar agua,
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  • Uno entra aquí para leer algo, y de pronto hay un tránsito hacia otro lugares, y tus palabras acarician algo sensorial, sin abalorios. Cuantas locuras, cuantos desequilibrios, y cuantass cosas por aprender de los animales. La naturaleza esa vieja conocida a la que le debemos tanto... Exquisito.
    te daria un universo de estrellas por lo que acabo de leer. Ya en el primer punto y aparte, sin saber realmente de que iba la historia, anote en mi libreta que quise detenerme para valorarte en ese momento, porque me parecía hermoso lo que leía. Despues de leerlo, pense tambien en las miles de gallinas de granja y en los cerdos hacinados que comemos a diario. Y no es que piense que debamos dejar de comerlos, pero si al menos le permitamos una vida digna, como la que viven las ballenas o los elefentes. Es una pena, que con todo lo que sabemos, seamos tan infelices y hagamos tan infelices a los demas, especies incluidas.

Como a todos los amig@s que navegamos por esta página leer y escribir, además de escuchar música y cantar sólo en soledad y disfrutar con los amigos y de la familia. Salud a todos.

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