cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Simona, a la sombra
Varios |
11.08.16
  • 0
  • 0
  • 412
Sinopsis

Empatía silenciosa entre dos mujeres...

 Fervorosa entusiasta del desgano y la melancolía, Inés pasaba sus días anhelando todo aquello que le había sido negado por misteriosas fuerzas del destino o bien lo que alguna vez había tenido pero quién sabe qué oscuras confabulaciones de la vida le habían arrebatado.
Mientras la miraba sufrir porque el canario había perdido la capacidad de cantar como antaño y pasaba horas buscando en internet alguna respuesta ante tal desdichado y arbitrario acontecimiento, yo me preguntaba si ella sabría de la belleza que la envolvía en todos sus actos. Creo que aceptaba el perfecto equilibrio de sus rasgos, el celeste transparente de sus ojos y el rosa natural de los labios carnosos que contrastaba con la palidez de su piel, con la misma naturalidad con la que aceptaba el frio del invierno, pero seguramente no valoraba su belleza como nunca había notado al canario hasta que empezó a escuchar sus silencios.
-Señora, voy abriendo las cortinas. ¡Hoy es un día precioso! ¿Le alcanzo el desayuno a la cama?
-Buen día Simona… Sí, por favor. Hoy me desperté con una enorme contractura que me provoca una jaqueca que no me deja ni respirar.
Y luego de una breve pausa acompañada de un profundo suspiro agregaba para sí misma:
-¡Cómo me duele este mundo!
¡Le dolía el mundo! Hasta para hablar era hermosa. A mí solo me dolía la espalda y el juanete de tanto estar parada.
Mirando a la Señora Inés yo había aprendido a conocerme un poco más. Simona... Esa palabra de 3 sílabas que era mi nombre compartía conmigo todas mis características: robusta, morocha, alegre, amable, simple y ruidosa.
En cambio I n é s…Se movía por la casa con su etérea languidez y seguramente un oído no acostumbrado a sus recorridos impalpables ni siquiera la habría escuchado. Yo sí la escuchaba. Mejor dicho, la sentía acercarse y en esos instantes de contraste entre sus sutiles apariciones y mis pasos de elefante fue cuando empecé a ser consciente de mi torpe robustez.
Yo admiraba a esa mujer que sufría por cuestiones existenciales mientras la mayor preocupación de las personas a las que yo conocía, incluyéndome a mí misma, era cómo hacer para llegar a fin de mes. Solucionado ese problema, se podría decir que yo era una persona alegre y feliz. ¡Qué superficial! La señora Inés que lo tenía todo en esta vida se angustiaba por el destino de la humanidad y yo… ¡tenía el atrevimiento de sentir que ERA FELIZ! Definitivamente lo básica de mi condición humana era lo que me permitía disfrutar de una tarde de primavera sentada bajo la sombra del sauce llorón (único lujo de mi casa) terminando mi tejido al crochet con lanas multicolores… ¡Ahí está! Esa era otra cosa que había aprendido de mí misma al observar a la Señora. Mi mundo era multicolor: las macetas todas pintadas de rojo, azul, verde esmeralda o naranja. Los manteles: floridos, los repasadores: a cuadros chillones, las mantas: a rayas... ¡Hasta las flores! Alegrías del hogar, ¡todas de diferentes colores!
Monocromático era el entorno de Inés. ¡Cuánta elegancia había en esas flores! Todas blancas, dispuestas en 4 macetas grises alineadas como soldados a lo largo de la galería. ¡Si tan solo hubieran podido provocarle el mismo placer que me daba mirar mis alegrías amontonadas y multicolores!
Terminé de conocer a esa mujer el día que decidí jubilarme y se lo dije. La  decisión me había costado muchísimo y sentía una gran tristeza porque sabía que nuestras vidas, tan diferentes, tan opuestas pero tan unidas, seguramente no volverían a cruzarse jamás. La respuesta que me dio me dejó helada y no atiné ni siquiera a decirle cuánto la quería.
-¿En serio te vas, Simona? ¿Cómo voy a hacer para vivir sin tu alegría? 
No pude decirle cuánto la quería. Me pareció un atrevimiento... una vulgaridad que ella no merecía....
 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 9
  • 4.75
  • -

Soy mucho...para 180 caracteres

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta