15 min
"SIN ALIENTO" (Cap.1 de 7 - "Decisión crítica")
Suspense |
20.10.13
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Sinopsis

Alaska. La primera nevada de la temporada olerá a muerte.

“Sin aliento”

Capítulo.1 - “Decisión crítica”

Eddie se había librado de la helada nocturna, gracias al camionero que le recogió en Fairbanks pasadas las diez de la noche, y que le dejó en aquel bar de carretera hacia las cuatro y media de la madrugada, ya que se desviaba en otra dirección para entregar su cargamento.
El muchacho, con buen criterio, permaneció en el bar resguardándose de la suave llovizna, haciendo tiempo tomando café, puesto que económicamente poco más podía permitirse. A través de los amplios ventanales del bar, observó el exterior del mismo en cuyas planicies se agolpaban, perfectamente alineados, un par de decenas de camiones, casi todos grandes trailers modulares. En la mayoría de ellos eran visibles las habituales cortinillas instaladas por los propios camioneros, para dormitar las pocas horas de que disponían antes de afrontar otro montón de fatigosas horas y kilómetros. Educadamente, pidió a la camarera si podía quedarse un rato hasta que dejara de llover, y posteriormente continuar su camino hacia Anchorage, para el que le faltaban unos sesenta o setenta kilómetros. La camarera, sin dejar de mascar chicle, accedió con indiferencia, pues estaba concentrada en el canal de noticias de la televisión, al igual que un par de clientes que había en el local, con los que comentaba ocasionalmente algún que otro suceso. Uno de ellos, un cincuentón de aspecto desaliñado y tosco, le echaba una ojeada de vez en cuando, pero pronto volvía a encarar el aparato receptor.

 

Cuando las manecillas de su reloj de pulsera marcaban las seis y media, se asomó para observar que efectivamente había dejado de chispear, mientras una capa de baja niebla emergía de entre los árboles circundantes a la carretera, inundando el entorno con sus densas lenguas blanquecinas. Tras dar las gracias a la camarera, que sin desviar la mirada del televisor le contestó que volviese cuando quisiera, pertrechó la mochila a hombros de su ancha y fornida espalda, se ajustó la gorra azul de los Detroit Lions a su rapada cabeza, y salió al exterior para notar en su negro rostro la fría brisa de una noche cuyo ocaso estaba cercano.
Caminó por los lindes de la carretera, envuelta en una oscuridad tan solo atravesada por la escasa luz de la luna. Esta se colaba entre los cedros amarillos que bordeaban el asfalto marcando el límite entre civilización y naturaleza.
A Eddie le resultaba curioso ver los jirones de niebla arremolinándose entre sus pies, como si de oleadas de hielo seco de una discoteca ochentera se tratara. Tras un buen rato caminando, en el que tan solo le acompañaban el crujir del alquitrán bajo sus botas y los sonidos de la vida animal que pululaban por la vegetación cercana, comenzó a despuntar el alba de aquella fría mañana de finales de septiembre en la bella Alaska, y el chico se sorprendió al observar en su reloj que llevaba alrededor de una hora andando.

 

Continuó adelante, y cuando los albores del día ya bañaban el paisaje matando con ello la oscuridad reinante hasta el momento, una camioneta pick-up de color negro emergió a su espalda rompiendo la frágil niebla que tímidamente adornaba ya la carretera, con el estruendo de una canción country de Kris Kristofferson resonando en su radio.

Al pasar a su altura Eddie alzó el pulgar, pero estos hicieron caso omiso y prosiguieron la marcha. El joven, como tantas otras veces, bajó la mano con resignación y continuó andando, pero para su sorpresa, unos sesenta metros más adelante, la camioneta aminoró su velocidad hasta detenerse en el arcén. La esperanza creció en el chico y aligeró el paso hasta llegar a la altura de la pick-up. Por la ventanilla del copiloto asomó un hombre joven y delgado que debía rondar los veinticinco años, aunque su cuarteado rostro le hacía parecer mayor, y en cuya cabeza portaba un gorro de estilo cowboy de cuero. Se dirigió jovialmente a Eddie.

- ¡Eh, chico!, ¿hacia dónde vas? - preguntó tras limpiarse con el dorso de la mano izquierda las blancas boqueras resecas que adornaban la comisura de sus labios.
- Voy a Anchorage - contestó Eddie.
- Si quieres, te podemos dejar allí esta tarde. Antes vamos a parar en el este de la ciudad, en el Parque Chugach a hacer nuestra barbacoa anual antes de que llegue la primera nevada seria. -
- Si no tienes prisa ni eres vegetariano, puedes unirte al festín - añadió asomándose el conductor con media sonrisa, un tipo rubio de grandes y vivaces ojos celestes, que lucía un pelado muy corto y cuadrado a lo militar, y un bigote de herradura que rodeaba su boca.
A Eddie se le abrieron los ojos como platos, porque su presupuesto estaba prácticamente agotado y llevaba varios días alimentándose lo justo con latas de conserva. Además, aunque llegase un poco más tarde, se ahorraría la caminata hasta Anchorage.
- Sí, claro, cómo no - accedió el muchacho negro.
- Soy TJ - dijo el del gorro de cowboy estrechándole la mano - y este es Chazz - añadió con un gesto de cabeza hacia el conductor, que le saludó alzando el pulgar.
- Yo soy Eddie. Gracias por recogerme, me esperaba un buen paseo hasta la ciudad. -
- De nada Eddie, estaréis algo apretados, pero sube atrás con los chicos - le indicó TJ.
- Yo no soy un chico - la femenina voz, con tono seco, llegó desde el asiento de atrás.
- Sí, bueno, también viene Brandi. -
La ventanilla de la puerta trasera derecha se abrió hasta la mitad, y un escupitajo negro surcó el aire en dirección a la cuneta. La mirada de repulsión de Eddie recorrió la distancia entre la flema, la ventanilla de cristales tintados que se volvía a cerrar y finalmente se posó en TJ.
- Masca tabaco - dijo rápidamente este observando la cara interrogativa del autoestopista.
Tras titubear un instante, Eddie fue hacia esa puerta, la abrió y observó en su interior a tres personas, la primera de ellas la muchacha, escuálida y de piel muy blanca, facciones “pajarescas” con sus finos labios crueles, nariz aguileña y pequeños ojos verdes de expresión dura. El castaño pelo lo llevaba recogido en una cola corta. Le tendió la mano y Eddie pudo notar que, a pesar de su aparente fragilidad, su huesuda mano apretaba con un poderío físico impropio de una mujer de su complexión. Al montarse y cerrar la puerta, Eddie se sorprendió al ver junto a la mujer el rostro del siguiente ocupante. Era el tipo de aspecto tosco y desaliñado que vio en el bar de carretera.
- Soy Marvin - dijo el cincuentón estrechando su mano a Eddie.
Y el que menos contrastaba del grupo era el que estaba pegado a la otra puerta lateral. Sus facciones no dejaban lugar a dudas. La tez aceitunada, el largo y liso pelo azabache, su nariz curvada y los profundos ojos negros, delataban su raza Amerindia o de Nativo Americano, controversia en la que convergen los antropólogos. En cualquier caso, lo que viene siendo un indio americano.
- Eddie - dijo el muchacho alargando el brazo. El indio observó la mano, luego al chico y con un ligero asentimiento de cabeza, dijo:
- Dyami. -
Eddie, con cara de circunstancias, se retrajo hasta quedar sentado mirando al frente.
Para tratar de distender la conversación, el más dicharachero de todos, TJ, se volvió desde su asiento delantero y preguntó:
- ¿De dónde eres, Eddie? - este se señaló la gorra de los Detroit Lions.
- Ya, debí suponerlo…y, ¿qué te trae por estos lares? -
- El paro, ¿verdad Eddie? - dijo Chazz mirándole a través del retrovisor - son malos tiempos para la ciudad del motor, chico. -
- Sí, supongo que sí. -
- En estos momentos de crisis económica, muchas personas de otros estados están emigrando hacia aquí pensando que encontrarán un trabajo y una manera de comenzar de nuevo. -
- Sí, demasiadas - intervino con tono de reproche y contrariedad Brandi. Eddie la miró de reojo y observó que aún se le veían los dientes ennegrecidos del tabaco de mascar.
- No seas borde Bran, recuerda que Eddie es nuestro invitado - dijo sonriendo Chazz, siempre echando un vistazo a través del retrovisor.
- No soy borde, solo digo la verdad. Alaska, y más concretamente Anchorage, cada vez están más llenas de forasteros. -
- No le hagas caso Eddie - dijo TJ - ese tabaco que masca le está afectando al cerebro.
- ¡Calla idiota! - protestó Brandi golpeándole el gorro de cowboy hacia adelante.
- ¡Ehh! -
- Parecéis críos - comentó negando con la cabeza Marvin.

 

Durante un buen rato, la conversación fue inexistente y tan solo la música country que emitía la radio de la camioneta, rompía el silencio. Eddie, cansado de una noche tan larga, se quedó dormido con el traqueteo del vehículo.
El pitido de un coche le hizo despertar justo a tiempo para ver una bulliciosa cola de coches que accedía hacia el bosque. Se frotó los ojos y vio que se trataba de la entrada al Parque Estatal de las Montañas Chugach, pero la camioneta no detuvo su avance y pasó de largo.
- ¿No era esa la entrada? - preguntó Eddie.
- Sí, para los turistas que vienen a visitar el parque con una visita guiada, a hacer barbacoas con la comida comprada, etc…sí - y ante la mirada de sorpresa de Eddie, Chazz continuó hablando - ¡tranquilo muchacho!, nosotros no necesitamos traer la carne, la cazamos directamente del bosque. Es más fresca, más saludable y - haciendo un paréntesis para mirar a TJ, añadió - ¡por supuesto más barata! -
Todos rieron, hasta Brandi, que sorprendió con una risa de hiena esbozada en esos dientes ennegrecidos, que provocaron en Eddie un sentimiento híbrido entre gracia y repulsión.
- Nooo, chico - prosiguió Chazz - nosotros vamos a una zona más apartada, sin el bullicio de los turistas y donde poder cazar tranquilos y disfrutar de los sonidos que la maravillosa naturaleza de Chugach nos ofrece. -

A los pocos minutos, la camioneta se desvió por un sendero adyacente a la carretera y se fue introduciendo en el paraje por un camino terrizo, que serpenteó varios kilómetros hasta que solo era visible la vegetación del lugar. Llegados a un punto, el camino se abrió a un claro de hierba, y al final del mismo el vehículo maniobró aparcando.

Los seis integrantes fueron bajando. Eddie, cuando reparó en el marco que se presentaba ante él, se quedó extasiado. El tibio sol doraba las copas de los árboles. En el inmediato firme, el terreno se precipitaba ladera abajo copado de vegetación. Pero lo que más impactó al muchacho fue el paisaje que se dibujaba al frente. Una conjunción de verdes praderas, depresiones formadas por ríos a lo lejos y, como colofón, las colosas montañas, en parte blanquecinas de nieve, dominándolo todo como un Dios impertérrito.
Sin darse cuenta, la boca del chico se había abierto ante magna visión.
- ¡Eh,tío!, se te ha quedado cara de idiota, parece que te haya dado una insolación - dijo riéndose TJ señalándole con el dedo.
- No es para menos - intervino Chazz rodeándole el hombro con el brazo mientras le preguntaba - no estarás acostumbrado a ver esto en Detroit, ¿verdad? -
- No, desde luego que no. Es impresionante. -
- Sí, es un lugar precioso. Además, en esta zona de Anchorage y alrededores, no hace demasiado frío. -
- Eso no me preocupa, en Detroit en invierno siempre estamos bajo cero. Yo he llegado a ver cómo el termómetro alcanzaba los 18 grados bajo cero. -
- Sí, aquí viene a ser lo mismo, solemos rondar esa cifra, aunque de vez en cuando baja hasta los treinta bajo cero. -
- ¡Fiiiiuuuuu! - silbó Eddie - a veces lo he visto en las noticias, pero pensé que exageraban. -
- Pues no, es cierto. Pero ya te digo que comparado con otras zonas como Fairbanks, donde las temperaturas descienden en invierno hasta los 46 bajo cero, se podría decir que el clima es suave. -
- ¿En serio? -
- Totalmente. -
- ¡Vaya!, pues yo vengo de allí. Bueno - matizó el muchacho - he estado de paso por allí. -
- ¡Pues te has librado de que se te congelen tus negros huevos, colega!, jaaa,ja,ja,ja,ja - intervino con sorna TJ, a lo que todos rieron, incluso el indio, que estaba desenrollando una lona grande que había bajado de la camioneta con la ayuda de Marvin.
- ¿Qué es eso? - preguntó Eddie aún con media sonrisa y señalando con el dedo.
- ¿Eso?... no querrás que cacemos la pieza con las manos, ¿verdad? - contestó Chazz.
Dyami acabó de desplegar la tela y Eddie se quedó boquiabierto. Rifles de precisión, varios machetes de considerables dimensiones, cajas de munición, pistolas, etc…lo que se dice un arsenal teniendo en cuenta que solo eran cinco cazadores.
- ¿Qué es aquella caja negra? - inquirió el muchacho.
- Eso - por primera vez hablaba Dyami - es mi joya de la corona - y abriendo los goznes, en el interior de la caja apareció un reluciente arco de precisión.
- Ya ves, tras tantos años algunos no olvidan sus raíces… aunque sí es verdad que han evolucionado, porque ese arco no tiene nada que ver con los que usaban tus antepasados para cazar bisontes, ¿verdad águila? - comentó Chazz.
El indio rio negando con la cabeza, mientras revisaba las poleas del arco compuesto y tensaba el artilugio a su gusto.
- ¿Águila?, ¿es por su buena visión afinando la puntería? -
- Bien podría ser por eso, pero no. Es el significado indio de su nombre. ¿A que le viene como anillo al dedo? -
- ¡Joder! - se sorprendió Eddie - ¿eso es un visor? -
- Ajá - afirmó Dyami colocándoselo en el ojo y añadiendo - para verte mejor, Caperucita. -
- Y hasta silenciador tiene, ¡menudo cabrón! - comentó TJ.
- Ya dije que era mi joya de la corona. -
Todos fueron cogiendo sus armas, comprobándolas y pertrechando sus bolsillos de munición. Al ver que no reparaban en él, Eddie preguntó:
- ¿A mí no me dais una? -
Todos detuvieron su actividad y le miraron simultáneamente.
- ¿Un arma? - le cuestionó Chazz prosiguiendo - ¿eres cazador?, ¿tienes licencia? -
- No -
- Entonces, no puedes llevarla, sería ilegal. -
- Ya pero, ¿y si aparece un oso grizzly?, tendré que defenderme ¿no?... y no creo que el oso me demande por no tener licencia. -
- ¿Habéis oído?, ¡un oso dice! - y los cinco cazadores estallaron en carcajadas.
- Venga sí, podéis reíros del chico de ciudad, JA,JA y JA. -
- ¡Eh!, no te enfades, amigo - contestó Chazz mientras las risas se iban aplacando - nos reímos porque no hay osos grizzlies en esta zona, están profundizando más en el valle, donde la vegetación es más espesa, cerca de los estuarios de los ríos donde puedan cazar salmones, en la parte baja de la montaña, donde ya hay nieve, etc…- Chazz levantó el pesado rifle con una mano, un fabuloso Weatherby 340, se lo colocó bocarriba apoyado en el hombro y continuó - además, tú aquí no vienes a cazar. -
- Ya lo sé, soy solo un invitado a vuestra barbacoa y no tengo licencia, ya me lo has dicho - se impacientó Eddie - tan solo era por sentirme más seguro. -
- Me parece que no lo has entendido, muchacho - dijo entonces Marvin, mientras TJ, Brandi y el indio levantaban sus rifles apuntándole, al tiempo que Chazz, con la crueldad dibujada en el rostro, sacaba su Magnum calibre 44 y sentenciaba apoyándoselo a Eddie en la sien - tú vienes a ser cazado. -

(CONTINUARÁ...)

Pepe Gallego

(Registrado con Licencia Creative Commons)

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  • ¡Muchas gracias! Me alegro que os esté gustando. Selene, como lector siempre me ha gustado que los escritos sean dinámicos, no forzados ni recargados de información que no tenga incidencia alguna en lo que se cuenta. Supongo que tanto para bien como para mal, esos "vicios" como lector, los traslado a mi forma de escribir. Paco ya ves, volviendo a casa por Navidad (o casi) como el turrón El Almendro, jajaja. Bueno, espero no defraudar en los próximos capítulos y que sigáis disfrutando con este relatito. Con eso ya estoy más que pagado. ¡Un saludo!
    La historia promete. El final me sorprendió, aunque al principio dudara de las intenciones del grupo de cazadores, pero conforme avanzaba la historia realmente creí que iban a cazar animales. El logrado retrato de los personajes y la notable descripción de los escenarios hace que nos metamos dentro de la historia y la vivamos con sus protagonistas. Quedo a la espera del siguiente capítulo. Bienvenido de nuevo, Pepe, tras tu larga ausencia. Saludos.
    Ya decía yo que en un bastión del "Tea Party", malas ideas tenían estos samaritanos. Buen ritmo y buena trama. Me gusta, sobre todo, como resuelves los diálogos. Admiro a los escritores que hacen hablar a sus personajes de una manera natural, sin esfuerzo. Quedo a la espera del próximo capítulo. Saludos
  • Todo condenado tiene una lucha interior, la reflexión...

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