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9 min
sin esperanzas
Amor |
12.11.11
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Sinopsis

cuando piensas que todo esta perdido, cuando ya no queda nada por que luchar...

Otra vez. Otra noche que soñaba con el accidente. El accidente en que sus padres y su hermanita perdieron la vida.

Kit  Morgan, de nuevo, estaba sentada en su amplia cama. Otra vez había soñado con su hermanita pidiéndole ayuda. La esperanza del amor se le había esfumado con su hermanita, quien estuvo un mes en coma antes de morir. En cambio, sus padres murieron inmediatamente después de que el coche de desbarranco.

Eso fue muy duro para una niña de dieciséis años que luego paso otros dos, para alcanzar la mayoría de edad, con una abuela que la utilizaba de empleada y no la dejaba tener amigas. Kit a prendió a no confiar en las personas, a estar sola, a no trabajar muy duro y dar todo en el proceso.

Era una de las mejores abogadas del bufet, eficiente, reservada y, lo más raro, nunca había tenido algún lio personal como otros empleados que llegaban a despedirlos porque transformaban la atmosfera de trabajo en un campo de lucha libre.

Lo único que kit lamentaba en su vida era que nunca se había enamorado y nunca había confiado en alguien tanto como para darle el derecho de besarla y/o hacerle el amor, como decían algunas de sus compañeras de trabajo en el descanso.

Desde hacia mucho pensaba que el amor solo la podía lastimar, que era efímero.

 

 

Allí estaba de nuevo. Kit Morgan, se dijo Germán interiormente, ¿Qué esconderá? ¿Por qué será que me siento tan atraído por ella? ¿Qué tiene de raro? ¿Será porque nunca le ha visto novio? ¿O porque siempre es tan callada, reservada, porque se viste siempre recatada? ¿Por qué se ve preciosa con su pelo siempre atado?

Esas eran las preguntas que se hacía Germán Venegas. Hacía tiempo que la venia observando. Ella lo atrapaba cada día más. Pero no sabía que sería lo que le llamaba tanto la atención de ella. Al contrario, a él, le gustaban las chicas que caían a sus pies, que eran provocativas y hacían todo lo que les pedía. Nunca hasta ahora le había gustado una mujer que nunca le hacía caso, que le discutía cada una de sus ideas, que nunca se vestía deportiva y que nunca la había visto sin un pelo en su lugar.

Como se acercaba la fiesta de año nuevo y este año le tocaba a Germán organizarla e invitar en persona a todos los empleados, se dirigió a kit que estaba concentrada escribiendo en su computadora:

-hola kit venia a ver si vas a querer venir al baile de año nuevo-le dijo Germán distraídamente mientras se pasaba la mano por su cabello negro despeinándolo.

Ella, se volvió lentamente hacia él. Se saco los anteojos que usaba para leer, se tomo el tiempo de limpiarlos y luego ponérselos de nuevo.

-mira, una pregunta ¿Quién te dio el derecho de tutearme?-le reprocho levantándose de la silla lentamente.

-bueno... Bueno… pensé que como somos compañeros de trabajo te podía tutear.

-chau, me voy, no quiero discutir ahora con USTED-le remarco mientras se iba.

Allí se quedo él. Con todas las intenciones de invitarla a ir con él. “que se vaya al diablo” se dijo Germán restándole importancia.

-Germán-lo llamo el dueño del bufet cuando le llevo la lista de invitados.

-sí, señor ¿Qué pasa? ¿Hay algo mal?

-si ¿Por qué no hay ninguna respuesta de la señorita Morgan?-le pregunto, mientras lo observaba por arriba de los lentes y sonreía.

-porque la señorita Morgan es una mal educada.

-¿o porque te sientes atraído por ella?-le dijo con una guiñada de ojo.

-¿yo? Jajajaja no me hagas reír-y le simulo una risa falsa-.bueno si lo admito.

-te doy un consejo, ella es una mujer orgullosa, tú tienes que dar el primer paso.

 

 

Otro sábado a la noche para kit. Estaba pensando en el pesado de Germán Venegas. Desde hacia tiempo la venia molestando y ahora, para colmo, trataba de burlarse de ella.

Se creía el más apuesto con ese pelo negro ensortijado y ese cuerpo atlético que con traje te daban ganas de arrancárselo. O por esos raros ojos negros en lo que apenas se veía la pupila. Pero en el fondo era malo, lastimaba a las personas, más de una de las chicas de la oficina se habían enamorado de él y este les había roto el corazón cruelmente, sin compasión. Por eso, kit, nunca podría tratarlo con amistad o algo más que no fuera desdén, porque sabía que si pasaba eso, ella, le entregaría hasta el alma.

Parecía un dios del Olimpo. Toc, Toc. Sonó la puerta.

Cuando abrió la puerta, kit, se encontró cara a cara con su dios del Olimpo.

-hola, venía a pedirte disculpas por mi comportamiento de ayer.

Aquello la dejo atónita. Y apenas le pudo decir.

-gracias.

-¿me dejas pasar?

-o! Si, si, pasa-mientras se corría de la puerta para dejarle paso.

-también venia porque te quería hacer una pregunta-le dijo nervioso parándose a mitad de camino de la sala-. Mmmm.…. es difícil de preguntar… ¿quieres ir al baile de fin de año conmigo?

 

 

Estaba tan bonita, se dijo Germán, con ese pelo largo suelto y ese pantalón corto con musculosa. Le daban unas ganas enormes de tomarla en sus brazos y susurrarle todo lo que sentía por ella. Pero esa sensación duro poco.

-Cómo te gusta humillar a las personas ¿no?-le dijo al tiempo que entrecerraba los ojos y se ponía las manos en las caderas-. ¿Ahora me toca a mí? Pues si crees que yo voy a ir contigo, el hombre que mas detesto, a ese maldito baile, seguí soñando. Y ahora áseme el favor de irte de mi casa y nunca más dirigirme la palabra.

Estaba furiosa, y él no sabía por qué.

-pero…pero ¡por lo menos explícame porque me odias!

-¿porque te odio? Porque eres engreído, porque eres inteligente, porque te crees tan guapo, porque vives rompiendo corazones, todas las mujeres te quieren en su cama, porque esa sonrisa que tienes me hace temblar las piernas, porque…

Se tapo rápidamente la boca al percibir que la sonrisa de él se había estirado cuando había cometido el error de admitir que se sentía atraída por él.

-así que ¿te tiemblan las piernas cuando sonrió?-le dijo distraídamente mientras se le acercaba cada vez mas hasta que ella quedo acorralada entre su pecho y la pared.

-yo…yo…yo no dije eso.

-o si, sí que lo dijiste- al tiempo que bajaba la cabeza con la intención de besarla.

Pero, kit, en un momento de pánico, porque sabía que una vez que esos labios tocaran los de ella no opondría resistencia, le tomo los hombros y le pego un rodillazo en la ingle.

Corrió hasta llegar a la otra punta del departamento mientras el vociferaba por el dolor.

-MALDITA!!! NO SE PORQUE MIERDA VINE!!! NUNCA LE TENDRIA QUE AVER ECHO CASO AL VIEJO PELOTUDO ESE!!! Ne entiendo como una mujer tan fría como tu me puede gustar…

-¿fría? ¿Yo?-le pregunto ofendida kit-. No, nene, no sabes con quien te metiste.

-sí, lo sé, con una loca, una loca que tiene un pelo hermoso, que me ha enamorado con su forma de llevarme la contra, con su forma de despreciarme, por como camina, como habla, y que cuando sonríe se le forma un hoyuelo en la mejilla izquierda, que un día la vi regalarle un helado a un nene de la calle, que tiene se comporta como si nadie la pudiera lastimar cuando en el fondo tiene alguna herida sin cerrar, que me encantaría consolarla y ayudarla a hacerlo porque desde el día en que la vi mi corazón late más fuerte y si ella me rechaza se hará pedazos…

Kit se quedo muda, pensando que era un sueño, un sueño demasiado real. Era imposible que él la amara.

-si quieres que me vaya, me iré. Solo te quiero decir que: TE AMO-. Le dijo tristemente mientras se iba caminando hacia la puerta.

Ella reacciono que no era un sueño y que se estaba yendo.  Fue corriendo hacia el que cuando se dio  vuelta le dijo.

-no, no quiero que te vayas, porque yo también te amo.

El se volvió pensando que había escuchado mal. Pero sus dudas se despejaron cuando ella le echo los brazos alrededor del cuello y le dio un tierno beso en los labios.

Inmediatamente el se lo respondió con pasión. La tomo en sus brazos  para conducirla hacia el sillón mientras le repetía:

-confía en mí, confía que contigo quiero construir un sueño, un amor, una esperanza cumplida…

FIN

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