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3 min
Smartphone
Amor |
03.01.17
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Sinopsis

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Ciudad de Buenos Aires, atardecer del viernes 20 de Mayo de 2016.

Estoy solo bebiendo un café en La Academia y mirando a través de la ventana la increíble agitación de la gente que camina por la avenida Callao. Por primera vez me he puesto a teclear en el smartphone.  Nunca antes había tenido uno. Mi hija me lo trajo de regalo de un viaje que hizo el mes pasado al exterior. Hace treinta años atrás, en esta misma mesa, fumaba, tomaba copas y escribía poemas de amor en las servilletas. Ahora tan solo bebo un café cortado con un poco de leche y escribo en el impensado artefacto. Alguien me ha dicho que desde aquí mismo y usando el aparato puedo publicar lo que escribo en cualquier sitio web. Lo cierto es que eso a mí no me importa demasiado. Solo recurro a la tecnología cuando me conviene. Ayer estuve en el Museo del Tango y pasé mis dedos, de la manera más delicada que pude, por la Olivetti que perteneció a Cátulo Castillo. Creo que fue una manera instintiva de evocarlo y de pedirle prestada algunas de sus musas. 

Y ahora aquí, aguardando a Graciela.

Ella asiste a un curso llamado: Fragmentos de un Viaje hacia la Nada I: de Goethe a Rimbaud. ¿Menudo curso no? Se anotó en el Centro Cultural Ricardo Rojas, a unas tres cuadras de aquí y yo he venido a esperarla. Es la típica mujer divorciada, con hijas adolescentes y conflictos con el esposo. Nada del otro mundo, igual que yo, que estoy divorciado y vivo solo. Hace tres meses que nos vemos. Nos conocimos de manera impensada en un bar de aquí cerca. Ella estaba con dos amigas pero logré que me diera su teléfono. Era verano y Graciela  estaba asistiendo a un curso anterior.

Creo que se trataba de Robert Sternberg y acerca de sus teorías sobre el amor.

Coincidimos apenas un par de semanas. Ella siguió con sus estudios y yo estuve casi un mes en el Talampaya. Cuando regresé la llamé porque sentía que la necesitaba. En especial por sus ojos brillantes de mina porteña y por esa dulzura en la sonrisa que tanto me atrapaba.

Sabía, desde ya, que me arriesgaba a mezclarme en los litigios que ella mantenía con el ex marido; lo sabía pero no me importaba.

En aquellos primeros tiempos de intimidad me hablo mucho de Sternberg y de su teoría triangular del amor. “El amor es una relación interpersonal –me dijo– que debe tener tres componentes: intimidad, pasión y compromiso”. Y yo la escuchaba con mucha atención.

Y ahora estoy aquí, en La Academia, sentado en una de las mesas que da a la ventana, intentando escribir en el smartphone,  al tanto que la espero con una inexplicable ansiedad. Siento que ya estoy grande para estas cosas pero sin embargo no lo puedo evitar.

La multitud, mientras tanto, desanda en un desfile gastado la senda de las veredas y las baldosas.  Nada mejor que la locura para esperarla.  Nada mejor que este concierto de sonidos y luces para aturdirme y pensar que todo es eterno y que jamás pasará.

La tarde del viernes se vuelve noche.

Alucina la muchedumbre en la gran ciudad.

 

 

©2016

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  • Gracias Néstor, te seguiré leyendo.
    Gracias Cometa. Abrazo grande. Me pone muy feliz que te haya gustado.
    Mágicas palabras. Sinceras y reales....Esos so. Los que más me gustan. Un saludo
    Gracias Bella. Me pone muy feliz tu comentario. Cuando uno se pone a escribir, por lo menos en mi caso, anhela provocar en el lector fuertes imágenes. Impactarlo, de algún modo y emocionarlo. Y creo que contigo, por lo que comentas, lo he logrado. Te mando un cariño grande. ¡Y que tengas un gran año!
    Lleno mis pulmones con aire fresco, parece un azul pintado en los pies de rojo y en la cabeza con negro, un cielo que se decolora en el horizonte poniente, de la ciudad, las luces empiezan a brillar en cada poste de luz y la dama llega a encontrase entrando por la puerta, apresurada, viendo la hora en su celular. Néstor, es muy mágico leerte, ya que nos llevas de la mano haciendo que nos anudemos la garganta, eso me encanta, encontrar un título que esconde su ser en un ansiado texto. Parece que estuve ahí, viendo al protagonista observando el aparato y lanzando sus memorias por el aire de Buenos Aires.
    Y bueno, viste como son las minas no?
    Como siempre hasta pude verte ahi sentado esperando, gran relato querido Néstor se ve que tardo bastante la dama pues se hizo de noche
    Ariel, querido amigo, me he puesto a leer con detenimiento tu generoso comentario y creo que tienes razón. (Este "tienes" es para compensar el "decís" de jovato). El nucleo de la historia es tan solo un hombre esperando a una mujer en un bar. Que bueno sería que sin estrellas, sin trolls y ese tipo de cosas pudieramos contar cada uno de nosotros una misma historia con nuestro propio estilo particular. En fin, ya se verá. Me siento muy feliz por tus palabras. Te mando un gran abrazo.
    Gracias jovato. Te lo digo en porteño: "...es cierto lo que decís". De todos modos, no se estaba refiriendo ( el protagonista) a la sal de la vida sino a la "inexplicable ansiedad" que sentía tan solo por esperarla a ella allí sentado en el bar. Abrazo.
    Excelente relato, Néstor. Me queda rondando la cabeza una imagen, la del hombre en el bar que espera, y jugando con el smartphone, medita, reflexiona, recuerda. Ese momento en que aguarda la presencia de ella, de la mujer, y está ansioso, mirando la gente por la ventana, y experimenta esa especie de locura y quiere aturdirse con los sonidos pensando en que todo es eterno. Esa sensación de deliciosa angustia, intransferible, inigualable, de esperar a una mujer, en un bar, en la ciudad de Buenos Aires.
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