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5 min
Sobreviviendo el fin del mundo: el niño
Drama |
27.11.15
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Sinopsis

"Sobreviviendo el fin del mundo" es una novela en desarrollo. Subo un capítulo diario. No va en orden porque cada capítulo se enfoca en un tema en particular y a pesar de que estén relacionados, el orden no afecta la lectura. Sí, es del fin del mundo, pero desde el punto de vista humano. Se aceptan sugerencias para la historia y si caben, las agrego con gusto.

                                                                El niño


Yuki era demasiado inquieto, corría, gritaba y su madre no podía controlarlo. Se negaba a llevarlo a que lo diagnosticaran.  Desde el momento que salió de su vientre, al verle la mirada ida entendió que algo no estaba bien. Era lento, no respondía, casi no se movía y no emitía sonidos. Se estaba divorciando de su marido, no tenía trabajo, la relación con su familia era nula e iba de mal en peor; todo le salía mal. No se dio cuenta en que momento pasó de ser una adolescente admirada a una madre rechazada.
Primero tuvo a la niña por accidente, pues no pensaba casarse con aquél chaparro feo. Afortunadamente él tenía buen trabajo, no le quedó de otra. Se casó, pensó en divorciarse y antes de que los papeles del abogado llegaran, la prueba de su segundo embarazo salió positiva.
Si lo abortaba tendría una oportunidad como madre soltera, si lo tenía estaría condenada a ser la servilleta de triste intento de marido. Tuvo al niño pero la experiencia fue distinta de aquella vez que vio a su hija por primera vez.

-Mi hijo no tiene nada.- Le repitió a su primo.

-Yo creo que sí. ¿Por qué no lo llevas con un especialista? No pierdes nada. Deja de darte de topes con la pared. Tu esposo no quiere a sus hijos, no te apoya y estas sola; solo me tienes a mí. Hazme caso por favor.

-¿Para qué? ¿Para que termine internado en un hospital psiquiátrico y no pueda verlo?

-No seas exagerada, es por el bien del niño. No te lo van a quitar, solo le van a dar terapia. Talvez hasta puedan curarlo.

-No está enfermo, solo es… diferente.

-Prima, hazme caso.

-Tú lo único que quieres es que me deshaga de él para salir contigo.

-¿Y tú no?

-Te aprovechas de mí por que estoy sola.

-No, yo te gusto a ti. Tú para mí solo eres una más. Si quieres verme, adelante. Si no nos vemos la próxima semana, mejor olvídalo. Suerte con tu marido. Adiós.

-No, no cuelgues…

No terminó la preparatoria y su experiencia laboral se limitaba a trabajos de medio tiempo como mesera. Pescó un pez gordo con su marido, un tipo bien posicionado en una compañía trasnacional, pero no contaba con que el individuo fuera agresivo y no tuviera corazón.

Su primo creía que el niño no tenía ninguna especie de retraso mental, sino que el problema estaba en el oído. Casi estaba seguro de que no podía escuchar bien, por eso a sus cuatro años todavía no podía hablar y al no haber comunicación, no había aprendizaje.
Por si fuera poco, se atrevía a ponerle límites con el propósito de que se expresara libremente. El niño podía hacer y deshacer lo que se le antojara. Basta con decir que todavía mamaba de la teta de su madre. Cuando la familia tocaba el tema ella se ponía a la defensiva y argumentaba que era decisión del niño dejar la leche materna o no.

Yuki y su hermana peleaban en la tienda. Traía una pelota y su hermana quería arrebatársela. Con tal de que se callaran y no pasar un ridículo por tercera vez en el día, su madre les compró un dulce que incluía un juguete a cada uno. Tiraron las envolturas en la basura y trataron de armarlos.

-Yuki, ¿tiraste el juguete a la basura? Estas son solo las instrucciones. -Le informó mamá.

Fue al basurero, metió la mano y sacó el juguete contaminado por el contacto con el pañuelo desechable. Se lo dio a mamá y se lo armó enseguida. Regresaron a casa.

En la noche, antes de meterse a bañar, Yuki se quedó dormido en el sillón arrullándose con el dedo en la boca. A diferencia de mamá, él no se lavaba las manos cada media hora. La tina estaba lista y su madre lo llamó. Fue a despertarlo de su sueño profundo y desistió porque no despertó al estar exhausto. Se desnudó, metió un pie al agua y lo escuchó gritar. No se alarmó porque gritaba cada diez minutos, por su hermana o por cualquier otra cosa que sobrepasara su tolerancia. Pensó que estaban peleando, se puso la bata y fue a ver.

-¿Qué le pasa? ¿Le pegaste?

-No mamá, se despertó gritando; yo no le hice nada.

Le creyó porque los niños siempre dicen la verdad, lo arrastró en contra de su voluntad al baño y se metió a la tina con él. Lo sentó en su regazo y le ofreció un seno. El niño le arrancó el pezón y la carne alrededor. Ella soltó un alarido desde lo más profundo de su alma y empujó al niño. Se cubrió la herida con ambas manos y el niño le mordió un brazo. Lo volteó y lo abrazó para sujetarlo. La niña entró asustada por el alboroto y al ver la sangre salpicada en la pared, el suelo, su madre, su hermano y el agua de la tina, se paralizó.
De pronto dejaron de forcejear y se enojaron con ella. Casi salía del baño cuando su madre la agarró del tobillo haciendo que perdiera el equilibrio. Yuki salió de la tina, se trepó en su hermana, le martilló la cabeza y se prensó de su cuello.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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