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6 min
Sobreviviendo el fin del mundo: Hambre
Drama |
28.11.15
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Sinopsis

"Sobreviviendo el fin del mundo" es una novela en desarrollo. Subo un capítulo diario. No va en orden porque cada capítulo se enfoca en un tema en particular y a pesar de que estén relacionados, el orden no afecta la lectura. Sí, es del fin del mundo, pero desde el punto de vista humano. Se aceptan sugerencias para la historia y si caben, las agrego con gusto.

                                                              Hambre


Son tiempos de miedo y escasez, el mundo dejó de producir alimento y ofrecer servicios. En tan solo un par de años la humanidad retrocedió siglos. Ya no hay electricidad, la gasolina para el transporte es muy difícil de conseguir y lo más preocupante, la comida se acaba. Al principio había latas de sobra, era sencillo saquear las tiendas y las casas abandonadas, ahora ya no queda mucho. No se puede sembrar tranquilamente ni cazar porque afuera es un infierno.

Lo poco que se consigue se reparte según el grado de importancia en el campamento. Violeta era ama de casa en su vida anterior y su trabajo de limpieza en su nueva vida no era suficiente para alimentar a sus dos hijas.
Se mira en el espejo y le asusta lo que ve, es un montón de palos envueltos en una delgada capa de piel. Irónicamente siempre trató de adelgazar en el gimnasio, con dietas y casi se somete a una cirugía para perder peso. Ahora podía contar sus costillas y sus senos eran un puño de grasa.
Levantó la cara y tocó los huesos de la base de su cuello. Desde que tuvo a las niñas le fue imposible perder los kilos de más, problema resuelto. Fue al cuarto de las niñas e interrumpió su juego.

-Levántense las playeras, quiero revisarlas.

Las niñas obedecieron y no pudo contener su gesto de admiración.

-¿Qué pasa mamá?

-Estamos muy flacas las tres, tenemos que conseguir más comida.

Solo veía a su marido en la noche, cuando regresaba de trabajar. Además de limpiar, escribía para la prensa y hacía cualquier cosa que se le presentaba para recibir una ración extra. Sin embargo, en las últimas semanas apenas si le daban suficiente para que él comiera. El amor entre ellos no había muerto, solo que el hambre y la inseguridad eran más grandes. Ya no hablaban, no se divertían y llevaban meses sin tener relaciones. Ya no eran pareja, solo dormían bajo el mismo techo y compartían la responsabilidad de mantener a salvo a dos niñas.
Violeta lo pensó por días, justo tenía la idea en la cabeza cuando se encontró con su vecino en las escaleras, lo saludó tan distante como siempre, lo siguió hasta su casa y se quedó media hora afuera frente a la puerta pensando. Se animó a tocar.

-¿Violeta? ¿Todo bien? -El vecino sacó un arma.

-Sí don Luis, no se asuste; solo quiero hablar con usted. ¿Puedo pasar?

-Adelante. ¿Qué puedo hacer por ti?

-Necesito más comida para mis hijas.

-Igual que todos nosotros.

-No se haga, a usted le va muy bien con su trabajo.

-No me puedo quejar, me va mejor en esta vida que en la anterior; lo que son las cosas.

-Yo en cambio no sé hacer nada, mis niñas y yo tenemos hambre. -Le acarició la mano.

-¿Qué estás haciendo Violeta? -Quitó su mano y se hizo para atrás.

-Usted sabe, he visto el desfile de mujeres y a veces hasta se escuchan los gritos.- Se sentó en sus piernas, lo abrazó y se acomodó en él.

-No, espera un momento; detente. -La tocó por accidente y lo disfrutó.

Se resistió al principio, en breve cedió y se abrazaron. Le acarició la espalda y le olió el cabello. Violeta se paró asustada al sentir sus manos morbosas.

-Tiene que pagarme primero.

-Debo confesarte que he soñado con este momento desde que se mudaron aquí pero en mis fantasías lo hacíamos porque tu marido se moría y yo me hacía cargo de ti. En fin, ¿cuánto cuestan dos horas de tu amor?

-La mitad de su ración por seis meses. -Estableció su precio con firmeza pero Luis soltó una carcajada.

-Es la primera vez que haces esto, no tienes ni la menor idea de lo que están cobrando.

-¿Y si lo dejamos en tres meses?

-No vecina, no. Antier le di mi ración de un día a mi prostituta favorita, si hubiera sido otra le hubiera dado solo la mitad. Te voy a dar esto para que cenes con las niñas y prometo no decirle a nadie lo sucedido, nunca estuviste aquí. Le dices a tu esposo que yo fui a tu casa a darte esto por el cariño que les tengo a las niñas. Esto no es lo tuyo Violeta.

Salió contenta porque ni siquiera tuvo que besarlo para conseguir comida, y sorprendida por lo poco que las mujeres se valoraban en estos días. Ella también lo olvido y siguió con su vida como si nada. Cuando se encontraban por casualidad ninguno de los dos se sentía apenado por el incidente, volvieron a ser los amigables desconocidos de siempre.
Fue a recoger su ración y le molestó que cada día le daban menos.

-¡Tengo dos niñas! No me pueden hacer esto. Le arrojó la lata de atún cerca de su cabeza.

-Los niños no reciben raciones, es decisión de los adultos a su cargo compartirlas con ellos; ya lo sabes.

Quería írsele encima y azotarle la cara en el suelo. No tuvo más opción que recoger la lata y salir indignada.

-¿Es todo lo que vamos a comer hoy mamá? -Reclamó la niña molesta.

-Esto es para dos días mi amor. ¿Qué les parece si mejor esperamos hasta mañana para abrirla?

-¿Qué vamos a comer hoy? -Preguntó su hermana preocupada.

-Esperemos que papá traiga algo en la noche, si no trae nada nos tendremos aguantar hasta mañana.

Su marido pudo llevarles una naranja, la partieron en dos para las niñas.

-¿Qué tienes? ¿Por qué me ves así? -Preguntó su esposo confundido.

-¿No pudiste traer nada más? -Estaba furiosa y no podía disimularlo.

-Es lo que me dieron a mí para comer hoy, lo guardé para las niñas porque me enteré de que hoy iban a reducir las raciones.

Violeta les quitó un gajo de naranja a cada una y se los dejó caer enfrente de él.

-Las niñas están primero, dáselos a ellas.

-Si te enfermas va a ser peor. -Le acercó los gajos de mala gana.

Los aceptó porque sabía que tenía razón. El día siguiente se comieron la lata, y los dos siguientes no recibieron ración.

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Mexicano viviendo en Japón, gozando de mis dulces 16 (por segunda vez), godin deprimido, rapero frustrado, comediante serio, escritor (bastante malo [maligno, no mediocre]{creo}) Antes escribía puro terror, pero estos últimos años me ha entrado un calorcito que me obliga a escribir puras cosas cachondas, aunque de vez en cuando se me sale el demonio. Solía estar muy activo en esta red pero me cambié de trabajo. Ahora gano mucho dinero pero casi no tengo tiempo libre. También me dio por dibujar más que escribir, casi todos los días dibujo. Checa mi instagran: orashiosensei

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