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9 min
Sol negro
Terror |
14.04.18
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Sinopsis

El sol negro se alzó desde el oeste, oscureciendo la luz que inundaba el mundo. Las farolas se apagaron gradualmente, ya no era necesario que esparcieran unas ligeras tinieblas que apenas podían combatir la claridad. Poco a poco las calles se fueron llenando de espantosas criaturas que reptaban desde los nidos en los que habían dormido durante la clara noche. La jornada comenzó como cualquier otra, se dirigieron a sus empleos o escuelas. Algunas, extrañas, permanecían aún en sus lechos, pues amaban la luz y preferían dormir durante el día.

El sol negro se alzó desde el oeste, oscureciendo la luz que inundaba el mundo. Las farolas se apagaron gradualmente, ya no era necesario que esparcieran unas ligeras tinieblas que apenas podían combatir la claridad. Poco a poco las calles se fueron llenando de espantosas criaturas que reptaban desde los nidos en los que habían dormido durante la clara noche. La jornada comenzó como cualquier otra, se dirigieron a sus empleos o escuelas. Algunas, extrañas, permanecían aún en sus lechos, pues amaban la luz y preferían dormir durante el día.

Una masa informe de la que emergían cuatro esbeltas piernas montó en un vehículo con dos ruedas que recordaba a una bicicleta, pero cuyo sillín se encontraba en la parte inferior, y avanzó por la acera dejando un rastro rojo y trozos de carne al rozar su deformado torso contra el irregular asfalto. Pequeños animales compuestos de miles de picos acudieron a ingerir los sanguinolientos pedazos.

Pedaleó velozmento junto a dos criaturas que se chillaban histéricamente, rasgando sus cuerdas vocales, pero no se detuvo a observarlas. Una de ellas era una figura femenina extremadamente alta y delgada con el rostro vacío de cuyos senos surgían pequeñas bocas de labios rojos, la otra apenas levantaba un palmo del suelo y su cuello terminaba en un orificio rodeado de dientes del que surgían largas lenguas que se agitaban como tentáculos. Un corrillo de seres compuestos

de ojos se fue formando alrededor, hasta que un coche de policía apareció silenciosamente junto a ellas, los defensores del orden azuzaron a los contendientes hasta que éstos se enzarzaron en una cruel pelea, la criatura pequeña arrancó uno de los pechos de la delgada, que gritó amargamente, y se retiró satisfecha. La ambulancia apareció poco después y le dio una muerte piadosa a la perdedora que hizó emanar gritos de júbilo y franca alegría de la multitud.

Sentado en lo más alto de un edificio cercano, una figura masculina observaba la escena con la barbilla reposando pensativa sobre el dorso de la mano. Cuando la muchedumbre se dispersó una viscosa masa gris emergió de una alcantarilla y alargó un apéndice sin forma para arrastrar el cadáver hasta su guarida. El hombre sonrió y asintió satisfecho al comprobar que su última obra funcionaba tal y como la había planeado. Unas enormes alas negras surgieron de su espalda y se dejó caer de la azotea, remontando el vuelo sobre la ciudad.

Observó a sus creaciones con cierto cariño. De vez en cuando algunas, las que poseían órganos con los que poder hacerlo, levantaban la vista y le saludaban, él respondía agitando el brazo y seguía su camino. Buscaba algo que mejorar, algo nuevo que crear o quizá algo que no fuese perfecto. Cada vez tardaba más tiempo en encontrarlo, había invertido un gran tiempo y esfuerzo a lo largo de los dos últimos milenios en retorcer la obra de su padre hasta dejarla casi irreconocible, pero aún lo suficientemente familiar para que resultase horrorosa a sus ojos. Ahora que el final estaba cada vez más cerca, se sentía intranquilo.

Sobrevoló una de sus creaciones favoritas, una plaza en la que había levantado una gigantesca imagen de sí mismo, y algo llamó su atención. Un nutrido grupo de diversas criaturas se congregaba en el lugar, pero no recordaba haber pleando algo así. Se posó discretamente en un edificio cercano y observó con atención.

Alguien había levantado un pequeño escenario de madera y sobre él se alzaba una gigantesca amalgama rosada que se movía y retorcía constantemente sobre sí misma, de vez en cuando supuraba una burbuja que crecía hasta explotar y expulsar un viscoso líquido negro. Ojos y bocas emergían constamente de diversos puntos de su cuerpo, moviéndose a traves de la carme y desapareciendo un lugar diferente. Le reconoció. Se trataba de su primera creación, a la que había llamado Adán en honor al renegado que traicionó a su padre.

Una mezcla de orgulloy nostalgia le invadió. Aquella fue la última vez que Él le dirigió la mirada, al mostrársela había vuelto el rostro y desde entonces había permanecido así, dándole la espalda. Después de la gran disensión habían recuperado lentamente el trato, casi le había convencido de la naturaleza retorcida de las criaturas con las que había mancillado su hermosa creación, pero aquello había vuelto a alejarles. Nunca comprendió la razón y el odio le había soliviantado, creciendo en él hasta convertirse en un impulsor. Toda su obra era fruto de la amarga frustración que sentía, pensaba que si lo hacía lo suficientemente grande Él no tendría más remedio que prestarle atención de nuevo.

Pero nunca sucedió y su obsesión había crecido hasta el punto de descuidar las labores del reino que Él le había encomendado. Al principio sus esbirros le visitaban y suplicaban que volviese a ellos, pero él solo tomaba sus cuerpos y les daba una nueva forma, añadiéndoles a su mundo. Las visitas se habían hecho cada vez menos frecuentes, hasta que un día dejaron de aparecer. A veces se preguntaba quien gobernaría ahora el infierno, pero entonces la idea de un nuevo detalle surgía en su mente y captaba todo su interés.

A medida que el producto tomaba forma y las correcciones eran menos frecuentes comenzó a sentir un gran vacío en su interior. De tanto en tanto, mientras admiraba su arte desde las alturas, una pregunta rebelde surgía sin permiso, cuestionándole sus motivos. Negó con la cabeza una vez más intentando deshecharla y centró su atención en Adán, que hablaba con voz clara a los congregados:

“...para expiar nuestros pecados. Nuestros cuerpos son impuros como impura es la mano de nuestro creador. Solo mediante el castigo conoceremos el perdón, solo mediante la tortura de la carne y el espíritu podremos ser absueltos de la transgresión que significa nuestra existencia, solo mediante...”

Un profundo dolor invadió su corazón, pero fue rápidamente sustituido por una intensa ira que desplazó cualquier otro sentimiento. ¿Dónde había aprendido Adán esas palabras? ¿pecado, perdón, espíritu, expiación? Jamás había permitido que esas palabras malditas propias de la humanidad penetraran en la imagen que había creado desde su propio ser.

Se dejó caer, pero esta vez no desplegó las alas sino que aterrizó en el suelo, haciéndolo temblar y quebrando el asfalto. La multitud gritó con una sola voz y se dispersó aterrorizada, pero era demasiado tarde. De los ojos del hombre brotó fuego y el mundo comenzó a arder. La carne de sus hijos se derritió tomando su forma original antes de convertirse en cenizas, los edificios se desplomaban a su alrededor mientras él avanzaba entre el caos, haciendo aparecer las llamas a su paso.

Adán temblaba y supuraba bilis negra, que se derramaba por los borde del improvisado escenario de madera. El terror le invadió cuando vio acercarse a su creador con los ojos tornados en dos brasas llameantes y la boca torcida en un rictus de cólera, pero sus hermanos habían huido y no tenía manera de moverse por sí mismo. Solo pudo esperar, con el corazón desplazándose rápidamente en su interior al igual que sus innumerables ojos y bocas lo hacían por el exterior de su cuerpo. Su maldición fue observar la destrucción desde todos los ángulos y gritar sin poder hacer nada para evitarla.

Intentó fijar la mirada cuando su padre se detuvó frente a él, para hacerle una única pregunta:

“¿Por qué?” emitieron todas sus bocas al mismo tiempo.

Lucifer mudó su rostro a una expresión de infinita tristeza. Iluminado por la luz cambiante de las llamas casi parecía humano y Adán se maravilló una vez más con su presencia.

“¿Por qué Adán?” preguntó él a su vez “¿por qué desprecias mis dones? ¿por qué no puedes amar mi creación? ¿por qué me has abandonado?”

Algunas de las bocas de la criatura seguían emitiendo gritos desgarradores y su cerebro se apretaba ahora contra su corazón, intentando encontrar un ápice de fortaleza con el que poder resistir el desamparo que le invadía. No comprendió las palabras que el ángel caído había pronunciado y no supo encontrar una respuesta. Solo pudo llorar miles de lágrimas que fluían transparentes desde sus ojos abriendo surcos en la bilis que le tiznaba.

El hombre tomó delicadamente una de las lágrimas y la observó con interés antes de llevarla hasta su propio rostro, dejando que se deslizara por su mejilla.

“Tu dolor es infinitamente bello.”

Dijo antes de desplegar las alas y elevarse por encima de la destrucción, abandonando el plano que ahora ardía en un fuego perpetuo. Las llamas alcanzaron a Adán poco después y comenzaron a desnudar su cuerpo, los ojos cayeron y se deshicieron en un charco negro, la piel burbujeo y estalló, kilómetros de intestinos se retorcieron durante un segundo antes de desaparecer para siempre. La forma que durante un segundo se mostró tal y como era cuando cayó el último pedazo de pulpa, de rodillas entre los restos de su antigua prisión de carne, era notablemente parecida a la del ángel que acababa de abandonarle, pero sus ojos eran suplicantes y temblorosos, cargados de una indescriptible angustia.

 

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    Matías se despertó con el familiar y poco agradable sonido del despertador, lo apagó con una mano lacia y se sentó en la cama, imponiéndose con gran esfuerzo a los ritmos naturales de su cuerpo.

    Yo crecí en uno de esos lugares. Un lugar viejo, tan ideal para la vida que atrapó a los primeros humanos que pusieron un pie en él como una araña atrapa a una mosca en su telaraña. Montañas pobladas de bosques que se elevan a ambos lados del río que, con el pasar de los eones, las ha erosionado. Tierra fértil, protección y caza. ¿Qué más puede pedir una tribu de nómadas cansados, hartos ya de deambular por caminos aún sin trazar?

    El espectáculo era desolador y el superviviente formaba parte de él. Caminaba sin prisa a través de las calles vacías de vida esquivando los cadáveres incorruptos de sus semejantes, que a falta de bacterias que les sirvieran de Caronte se momificaban lententamente al aire libre, descubriendo macabras sonrisas, más acentuadas en unos, apenas visibles en otros, dependiendo de cuanto tiempo llevaran muertos.

    Las siguientes páginas narran los acontecimientos que me llevaron a cometer el terrible crimen del que pronto tendréis noticias. Mi única intención es que se conozca la verdad, que no soy un monstruo, si no una víctima de algún poder más allá de mi entendimiento. Sé que no puedo esperar vuestro perdón pero aún así os lo imploro, pues sé que si un solo alma me otorga la absolución, la mía podrá salvarse.

    Las siguientes páginas narran los acontecimientos que me llevaron a cometer el terrible crimen del que pronto tendréis noticias. Mi única intención es que se conozca la verdad, que no soy un monstruo, si no una víctima de algún poder más allá de mi entendimiento. Sé que no puedo esperar vuestro perdón pero aún así os lo imploro, pues sé que si un solo alma me otorga la absolución, la mía podrá salvarse.

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Lo único que quiero es mejorar.

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