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3 min
sospechas
Reales |
16.08.07
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Sinopsis

Uno sale a la ciudad pensando en la cadencia de un paseo y descubre en el cielo una repentina y sospechosa oscuridad. Unas nubes persiguiendo a un motorista que recorre a toda prisa una rotonda, unas gaviotas que se posan inmóviles en el suelo, un extraño atardecer que va encendiendo la luz del alumbrado, una Luna que ya es escombro a las ocho de la tarde.
Hay un sol apagado en los tejados, hay urgencia en los pasos de la gente, hay un cielo plomizo perdiendo sus agujas sobre el empedrado que cubre la alameda.
Me conmueve la insistencia de la lluvia de ir dándole forma nueva a las cosas, la tenaz música del viento que va peinando las palmeras de la avenida. La admirable paciencia de las gotas que van socavando en las cornisas su viejo empeño de debilitar.
Me puedo poner una estrella polar en la cabeza o refugiarme en cualquier bar a esperar que el tiempo escampe o que escampe un corazón lleno de espera. Pedir un cortado o una caña, escuchar las historias personales de la gente cargada de impaciencia, o quedarme observando la suma sencilla de momentos que registran los dias de lluvia. Porque también me conmueve la belleza en el movimiento frágil de unas manos que cierran un paraguas, el esmalte lila de unas uñas que secan unas gafas, el mojado carmín de unos labios pidiendo un taxi, o la piel que transparenta un aguacero. Ver con asombro como una banda de música refugiada en los pies de un edificio improvisa una pieza de los Beatles, tal vez ; ob-la-di ob-la-da. La risa de una joven calada hasta los huesos que flirtea con un chico mientras dice que su novio es sargento de marina, o el pliege elástico del tanga que surge de los pantalones de una treintañera que se inclina para atusarse unos pelos mojados llenos de viento, mientras oscuros nubarrones en las miradas de unas señoras se apuntan a la cofradía del murmullo.
Yo sé que podemos comprarnos un paraguas, vestirnos, peinarnos el pelo que tanto nos estudia y hacerle un cerco a la lluvia. Decidir si quedarme aquí o volver a una casa donde me espera un futuro que apenas me convence. Pero la vida no es vida si encima de las horas no suena una canción para seguir soñando, por eso para protegerme de la tormenta mis ojos buscan respuestas en una calle muerta de frío.
Imagino mi futuro en un anciano que se moja en una plaza. Mi pasado en una cajera del Erosky que me mira con ojeras. Mi presente en el sospechoso tabaco que fumo en un antiguo portal. También es sospechosa esta risa que navega ahora mis labios. Quizás fuese un canuto.
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  • es una escena increíble, me encanta "Pero la vida no es vida si encima de las horas no suena una canción para seguir soñando" y lo de ponerte una estrella polar en la cabeza, eres como un pintor que no se resigna a tragar los colores opacos del mundo, sigue pintando que yo leo, y otros te leen también, bellísimo texto, uno de los que más me han gustado tuyos, un abrazo!!!
    :-)
    Como nos moja la lluvia, y como queremos seguir paseando a pesar de ella. No son los canutos, esos pequeños detalles que describen también traen sonrisas.
    Te digo lo mismo.
    leerte es un deleite.....
  • Abandonar una casa, una pareja, irse sin dar explicaciones. Marcharse en un abrir y cerrar de ojos. El dolor que arrasa muebles, puertas, habitaciones, pasillos y una cama dónde se llora a solas

    Hay gente que tiene la facultad de percibir colores, sonidos, olores, en los números en las letras, en las palabras... Las sensaciones juegan a esconderse , a no estar, pero dejan siempre un agujero por el que se aspiran Hay personas que las atrapan, que las palpan, que las ve, como se mira una perla roja

    Sentado en la Cafetería Andalucía, apoyando mi mano en el hombro de un recuerdo escribí un poema

    aprender a oír el silencio dentro del sonido, a no contaminarnos con ruido, nos hemos acostumbrado tanto a esa antigua música que ya no la escuchamos

    las malas noticias llegan siempre dando portazos...

    Por decir algo , apalabrar los momentos

    A veces las personas son sencillas...

    camino despacio y con los ojos abiertos por una casa que no me habla pero me abraza

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Andar por los tejados, los relojes de arena, todo lo que se pueda sentir, si allí se siente.

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