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12 min
Space Bike
Humor |
18.10.11
  • 3
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  • 2581
Sinopsis

La Luna está enamorada de Calisto. Una cartera espacial será la encargada de enviar su carta de amor.

Como cada lunes, Irene cogía su bicicleta roja espacial, una auténtica Space Bike, para salir al espacio a repartir el correo a los distintos planetas y satélites.  
Empezó a pedalear y fue ascendiendo hasta el cosmos para empezar su jornada como cartera del espacio.
Su primer destino fue la Luna, la adolescente esperaba a la cartera impacientemente.
- Hola Irene, tengo una carta que entregarte, no puedo esperar mas - le dijo la Luna colorada - es para Calisto.
La Luna llevaba varios años enamorada de Calisto, uno de los satélites de Júpiter. Aunque su amor por él era conocido por todos, ella nunca se había atrevido a declararlo. Uno de los motivos era el acné que padecía y la tenía acomplejada. El otro motivo era el desprecio que Júpiter sentía hacia ella, el gran planeta envidiaba y odiaba por igual a la Tierra, tan feliz y llena de vida, y tenía totalmente prohibido a sus pequeños satélites relacionarse tanto con la Tierra como con su hija la Luna.
- Vaya, al fin te has decidido - dijo Irene.
La Luna asintió tímidamente.
- No te preocupes se la entregaré.
La cartera cogió su carta y siguió con su ronda. Entregó el periódico y una entrega de cine bélico a Marte, la Cosmopolitan a Venus… hasta que de repente algo se abalanzó sobre ella. La cosa intentó tirarla de la bici y apoderarse de ella, pero la cartera lo impidió.
- ¿¡Se puede saber que haces!?
- Es que mi nave se ha averiado y no puedo regresar a casa.
- ¿Y no podías simplemente pedir ayuda en vez de querer quitarme la bicicleta?
- Perdona, es que soy político y estoy acostumbrado a robar a la gente. Me dirigía a Urano cuando un asteroide se chocó contra mi nave. ¿Podrías acercarme allí?
- No se si debería después de lo que has hecho, pero tienes suerte de que sea demasiado buena, además, al ser cartera tengo que pasar por todos los planetas de la vía láctea. Te llevaré. Puedes ir en la cesta.
- ¿En la cesta? ¡Oh, que original, una chica llevando a un extraterrestre en la cesta de su bicicleta voladora! ¿Te crees que soy E.T? ¡No pienso ir en el cesto! ¡Eso sería humillante!  

- ¡Esto es humillante! - dijo el marciano desde la cesta.
- No podemos ir sentados los dos en el sillín. No se de que te quejas, la cesta es bastante grande.
- Si pero tengo que cargar con todo el correo que había en la cesta. ¡Esto es como trabajar y te repito que soy político!
- Por cierto, yo me llamo Irene, ¿y tu?
- Mi nombre sería impronunciable para ti, pero puedes llamarme Bob.
- Bueno tienes suerte, hoy no tengo correo para Saturno ni ninguno de sus satélites, primero iremos hacia Júpiter y luego iremos directamente a Urano.
- ¿Vas a Júpiter? ¡No podremos entrar en su órbita!
- ¿Por qué no? Yo siempre he podido.
- Corre el rumor de que Calisto quiere verse con la Luna y Júpiter a decidido poner guardias en toda su órbita para evitar que entren extraños que puedan ayudar a que se produzca el encuentro - contó Bob el marciano.
- Entonces a mi seguro que no me dejan pasar porque soy cartera. ¿Y cómo entrego ahora mi carta?
- No te preocupes, yo puedo ayudarte. Tengo algo con lo que podremos pasar pero antes me tendrás que llevar a Marte, mi planeta.
- ¿Eres marciano?
- Claro,  ¿porqué crees que el narrador me llama Bob el marciano, por que era de Urano?
- Pues no pareces un marciano. Eres azul, me vienes por la cintura …
- ¡No soy azul! ¡Soy turquesa! Y no me parezco a los marcianos que tu conoces porque en realidad soy un monstruo.
- ¿Eres un monstruo de Marte?
- Si, pero no somos lo que vosotros entendéis por monstruos, somos civilizados y pacíficos. Somos monstruos actuales, mira, mis gayumbos son de dolce y la gamba.
- ¿Dolce y la gamba?
- En Marte se llaman así… Esta bien lo compré de unos chinos, y si, también hay chinos en Marte, de hecho los hay en toda la galaxia.
- Pues la verdad, para ser un monstruo tienes una pinta bastante ridícula. ¿Y los de tu especie solo llevan gayumbos por ropa?
- ¿Qué pasa? Peor sería ir como el pato Donald que solo llevaba una camisa.
- Y en vez de pelo tienes una pluma en la cabeza…
- Si, allí todos tenemos pluma, unos mas otros menos…
Tras un silencio incómodo, la cartera pregunto:
- Esto… ¿nos vamos?
- Si, vamos.
Finalmente Irene y Bob el marciano partieron hacia Marte.

Aterrizaron en un campo, cerca de una casa parecida a una granja.
- Aquí vive mi tío Mog.
- Y tu tío debe ser ese que está ahí en la puerta esquilando una oveja - dijo la chica.
- En realidad no es una oveja es mi primo Rod, lo están depilando. ¡Qué! Ya te dije que éramos monstruos actuales, vamos a la última.
- Hola Bob, ¡cuanto tiempo! - saludó el tío.
- Hola chicos. Tenemos que ir hacia la orbita de Júpiter, está vigilado por guardias, va a ser un largo viaje y necesitaré un par de cosas superimportantes.

- ¿¡Unas palomitas y una tele portátil!? - gritaba Irene furiosa mientras pedaleaba por el espacio -. ¿¡Son esas las cosas tan importantes que tenias que recoger en Marte!?
- ¡Me apetecían palomitas! Además, ¡sin la tele me aburriría mucho durante el viaje!
- ¿No decías que allí tenías algo con lo que pasar la guardia de Júpiter?
- Dije que tenía algo con lo que podremos pasar. Y me refería a pasar el rato gracias a mi tele por wifi intelestelar.
- ¡Me has engañado!
- Ya te dije que era político cuando nos conocimos. No te preocupes ya se nos ocurrirá algo.
- ¿Y porqué no fuiste a tu casa a recogerlo?
- Allí no podré volver en una temporada, créeme.
El marciano sonrió maliciosamente y empezó a reír como un villano cada vez mas y mas fuerte.
- jua JUA JUA JUAAAAA - la chica lo miraba con desconcierto - JAAAAA JAA JAA. Me río por un chiste que me acabo de acordar. No puedo volver a casa porque me dejé las llaves dentro.
- En fin, ¿y que estás mirando en la tele?
- El Gran Marciano Vip, encierran a todas las celebrities de Marte en una casa y retransmiten su día a día.
- ¿Y sale gente importante?
- Uyyy, ¡mucha! En esta misma edición está la persona más popular de Marte, es tan popular que hasta estuvieron a punto de coronarla princesa.
- ¿Si? ¿Y porqué se hizo famosa? ¿Acabó con una guerra milenaria entre naciones? ¿Descubrió la cura a alguna enfermedad mortal? ¿Es defensora de los derechos de algún grupo minoritario?
- No. Se tiró a un famoso y lo fue contando por ahí.
- Ah, vaya - dijo decepcionada.
- Siii - dijo Bob con tono ensoñador -. La vida en Marte es genial.

Tras muchas horas por fin llegaron a la órbita de Júpiter.
- Para estar a años luz tampoco hemos tardado tanto - dijo el marciano.
- Esta bici es una auténtica Space Bike, no tiene límites de velocidad - afirmó orgullosa.
Siguieron un poco mas hacia delante hasta que Irene frenó en seco (o en vacío como suelen decir los carteros espaciales). Había algo parecido a un guardia plantado de pie en el espacio.
- Mira ahí está uno de los guardias. No podremos llegar hasta Calisto. Tenemos que pensar una manera de pasar.
- ¡Hola! - saludaba alegremente el marciano al guardia mientras cruzaba por su lado tranquilamente.
Irene siguió a Bob.
- ¿¡No decías que no dejaban pasar a extraños!?
- Pero a mi me conocen, no es la primera vez que me paseó por su órbita, ¿sabes?
- O sea, que podríamos haber entrado desde un principio y no me has dicho nada en todo este tiempo.
- Si te lo hubiera dicho no me hubieras llevado a Marte para que cogiera la tele portátil de mi tío y me hubiera perdido mi programa favorito.
- Bueno, ¡basta ya, me agotas! Mira ahí está Calisto. ¡Vayamos!
Irene cogió la carta para el satélite y fue a entregársela.
- Toma Calisto, tengo una carta para ti.
- Es de la Luna, creo que está lunática por ti - dijo burlón Bob al que la cartera soltó una mirada de reproche-. Está bien ha sido un chiste malo. Vale, ya me callo.
Calisto leyó la carta y sollozó emocionado.
- Ay - suspiró el satélite -. Si pudiera decirle en persona lo que siento.
- Dímelo, amor. Dime lo que sientes.
Todos volvieron la cabeza y allí estaba la Luna, enamorada, alegre y llena de vida.
- ¿Cómo ha podido llegar? ¿Es que la han dejado pasar los guardias? - preguntó Irene.
- Bueno… - contestó el marciano -. A lo mejor el que hemos visto ni siquiera era un guardia, sino uno que pasaba por ahí.
- ¡Pero tu dijiste…
-  Dije que corría un rumor - la interrumpió Bob -. Lo que te conté era un rumor que había oído sobre unos guardias que no dejaban entrar a extraños en la órbita de Júpiter. ¡Era un rumor! También corría el rumor de que Plutón se había tomado bien el que dejaran de considerarlo un planeta y sin embargo está en una clínica de desintoxicación porque se ha dado a la bebida.
Mientras tanto Calisto y la Luna no habían parado de hacerse carantoñas.
- Oh, mi pobre Luna. ¿Como has salido de tu órbita? ¡tu madre Tierra no lo perdonará! Y mi padre. ¡¿Que dirá el gran Júpiter ?!
- Oh mi amado Calisto. Nada me importa más que estar a tu lado y haré frente a todo aquel que intente separarme de ti.
- Creo que voy a vomitar - dijo Bob con gesto de repugnancia.
- ¿¡Qué dices!? Pero si es una historia de amor super romántica.
- Una historia dice, ¡je!, nadie estaría tan loco para escribir una historia así. Dos satélites que se aman, ¡qué tontería!
- ¡Mas tonto es ver a un marciano en gayumbos que no hace mas que protestar y no sirve para nada!
- ¡Vaya! ¡La niñita se cree superior porque va en bici por el espacio, en vez de ir a nave o a pie como todo el mundo!
- Por cierto, eso me recuerda que debo ir a Urano, todavía tengo correo por repartir.
- Está bien, ¡vete, doña importante! - el marciano se volvió hacia ella y exclamó -. ¡Espera! ¿No te olvidas de algo?
- Ah claro, como he podido ser tan maleducada - Irene le estrechó la mano -. Un placer, hasta otra.
- ¡Eso no, taruga! ¡Mi tele sigue en tu cesto!
- Ah, vaya, se me olvidaba. Toma.
La cartera le devolvió el televisor portátil y se fue a continuar con su jornada laboral.
Minutos después el marciano recordó algo.
- ¡Un momento! ¡Si yo iba camino a Urano!
Miró su tele y dijo:
- Ya iré cuando acabe el programa - pensó feliz.


Esto es un fragmento de lo que la Luna le escribió a Calisto.

Quisiera rotar a tu lado, y girar los dos solos alrededor de un mismo planeta.
Quisiera sentir el calor de tus rocas, respirar tu atmósfera, vivir en la nada junto a ti iluminados por las estrellas.
Eres mi piedra mas preciosa, mi cosita redondita.
Para mi no eres un satélite, eres mi gran planeta, eres el mundo sobre el que quiero girar toda la eternidad.
Y estas palabras no son para versar una poesía, ni escribir una canción. Son solo para decirte que te quiero. Pero que poco significa decir te quiero comparado con lo mucho que lo siento en realidad.
Las palabras se las lleva el viento, la pasión se la llevan los años, pero el amor…
Mi amor por ti perdurará siempre…
…y espero que te lo lleves tu.

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