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6 min
Stalker love
Amor |
18.04.17
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Sinopsis

Inspiración nocturna. Basada en hechos reales.

Era imposible no intentar nada. Pues, a mis ojos, el era tan perfecto. 
Sabía que era imposible. Pero no perdía nada con intentar.... Tan sólo intentar. 
Que se burlara de mi, no tenía importancia. 
Que se uniera a las risas de los demás, tampoco. 
Que a veces me hiciera sentir despojada de mi dignidad, eso era lo de menos.
El sólo verlo sonreír me bastaba. Eso era todo lo que yo necestiaba. Sabía que esto no estaba bien, pero aún así, seguía insistiendo. Tratando de encajar en su vida, tratando de ganarme un lugar en su corazón, por muy pequeño que fuera. Quería... Lo quería.
Al final, sólo debía conformarme con mirarlo a la distancia. Sin siquiera poder entrar en su campo de visión. 
En algunas ocaciones tenía que reconocer que sus palabras eran como cuchillas afiladas en mi pecho. Pero en esas ocaciones, aunque fuera por unos minutos, el me miraba, el me ponía atención. 
Por unos minutos, sentía su hombro chocando con el mío, sentía sus pies haciendo tropezar los míos, sentía su mirada sobre mi cuerpo y, en algunas ocaciones, podía sentir sus manos en mi garganta.
Ah... Ese exquisito roce, estuve rememorando ese momento durante varias horas días después. 
El llegó a principios de año a la escuela. Para ese entonces yo a era flanco de las bromas del lugar.  La primera vez que lo vi, mi corazón se agitó en mi pecho. Sentí que me faltaba el aire. 
Y antes de que me diera cuenta, su imagen estaba en las nubes rojizas y tras la cortina oscura de mis párpados. 
Era inevitable. Estábamos destinados a estar juntos. 
Aún puedo recordar la primera vez que habló conmigo.
Estabamos en el descanso de media mañana,  estaba absorta tratando de no escuchar las risas por mi "caída accidental" en el pasillo, cuando choqué con el, e hice que su teléfono cayera al piso.
-¡¿Acaso no puedes tener más cuidado, imbécil?!-.
Lo recuerdo claramente. Murmuré un débil "lo siento", y el sólo me empujó para seguir su camino.
Desde ese día todo fué mejorando. Cada vez que nos veíamos en el patio el aprovechaba para empujarme o decirme algún insulto del que se hacían eco los demás.  Pero no me importaba, yo sólo quería su atención, quería sus ojos y manos en mi cuerpo. 
No quería que viera a nadie más, no quería que tocara a nadie más. Y no lo hacía. Si bien era bastante estimado por profesores y alumnos, no mantenía ninguna relación cercana con nadie. 
Por eso, me sentía privilegiada de tener algunos minutos al día para mi. 
Pero un día, todo cambió.
Fué como un bofetón. Lo vi, alto, como siempre bien vestido, su mochila sobre el hombro derecho, las zapatillas con lo cordones pulcramente amarrados. 
Todo estaba como de costumbre. Excepto la pelinegra compañía a su lado. 
Casi igual de alta que él, tez morena, grandes ojos marrones, gruesos labios.
No.. No ... ¡No! 
¿Quién era ella? ¿Qué hacía ella a su lado? 
Traté de no entrar en pánico. Traté de no largarme a llorar. Traté de no derramar ninguna sóla lágrima... Pero aún así no pude dejar de mirarlos. Estaba como hipnotizada con la imagen, se veían bien juntos. Y eso era lo que más me dolía. Reconocer que hacían una linda pareja.
Pero no... ¡No! Era yo la que debía estar tomada de su brazo. 
Traté de apartar la mirada, pero mi fué imposible. Aunque a cada segundo sentía una nueva espina en mi corazón. 
El levantó la mirada y sus ojos atraparon los míos. Me dirigió una sonrisa de suficiencia y se inclinó para besarla. 
Fue. La. Gota. Que. Colmó. El. Vaso.
Giré rápidamente sobre mis talones y me alejé lo más rápido posible de allí.
Traté de no levantar sospechas, pero mis ojos aguados me traicionaron. En los pasillo hacían burlas de mis lágrimas, aunque aún no cayeran. Empujones, tropezones, jaladas de cabello, pellizcos.
Todo me importaba una reverenda mierda en ese momento. Tan sólo quería llegar a algún cubículo para poder desahogarme a gusto.
En cuanto llegué, me cercioré de que estuviera vacío, cerré la puerta con seguro y me largué a llorar. Sollozos y gemidos incontrolables emanaban de mis labios, al mismo tiempo que temblores de rabia e impotencia sacudían mi cuerpo.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Acaso no se había dado cuenta de cuánto lo amaba? ¿Acaso todos nuestros momentos íntimos no significaban nada para el? 
En otras ocaciones, tan sólo agacharía la cabeza y me limitaría a seguir adelante. Pero en este momento, debía hacer algo... Y lo anhelaba. 
Claro que iba a hacer algo. 
Sin importarme que aún me quedaran tres clases, salí corriendo del baño y fui a casa.
En el trayecto, pensaba como debía actuar. Debía de ser muy prudente. Y casi invisible con cada paso que me atreviera a dar.
Aún no tenía muy claro lo que iba a hacer.
Llegué a casa, polvorienta, mugrosa. Con ropa tirada por aquí y por allá. Habían muebles en el suelo, por lo que mamá y papá, si es que podía decirles así, debieron de haber tenido otra suave e inocente "discusión familiar".
Mientras iba, a mi habitación, miré en la mesa del comedor. Había una botella de licor, seguramente de mi madre. Aunque nunca lo había probado, siempre había sentido la curiosidad aceca de esto. Mamá cambiaba mucho cuando bebía unos tragos de aquella botella. 
Por lo que decididamente, agarré la botella y me la llevé a los labios. Fue amargo, quemó mi garganta y me bloqueó todo pensamiento sobre ese día. 
Fue asqueroso, pero a la vez estimulante tan sólo concentrarme en el sabor de aquel trago dulzón en mi boca.
Con disimulo guardé la botella en mi mochila, rezando que la lucidez de mi madre fuera tan poca que no notara que faltaba algo esencial en su vida. 
Encontrar a papá en lo alto de la escalera, con sangre emanando de su cabeza, y vidrios rotos por el suelo me asustó un poco. Pero no era algo nuevo.
Ver a mamá con los ojos abiertos, sin vida, y la cara amoratada, sí lo fué. Dejé caer mis cosas y corrí hacia ella. 
En ese momento, no podía saber que ese era sólo el inicio del infierno. 

 

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Al escribir... Me encierro en una ilusión de la que me es difícil salir. Prefiero vivir en mis fantasías que en esta realidad. Pero... la realidad es un desafío, que me cuesta enfrentar cada día. Pero que me lleva al éxito.

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