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6 min
*Un Amor Desertado*
Drama |
06.08.19
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Sinopsis

Autores: Yazmin Schwery Rivera y Pedro Fernandez Arregui. Espero les guste esta historia.

Vincent era un soldado que había desertado de las filas del general Montenegro, escapó hacia las montañas en busca de un nuevo sendero, camino por días, por un momento sólo quiso cerrar los ojos para siempre, sus pies cansados y despellejados lo llevaron hacía una bonita cabaña plantada en medio de dos imponentes montañas. De la chimenea vio humo salir. De pronto ve a una mujer de vestido blanco, con sombrero de ala ancha de paja. Estaba contemplando unas plantas de manzanilla y albahaca. Él se quedó atrás de un viejo tronco de un manzano a contemplarla. Con solo verla, su sed, hambre y el ardor de sus pies adoloridos habían desaparecido. No quería asustarla con su apariencia, sin embargo, sentía que algo muy poderoso lo obligaba a presentarse ante ella. Cuando lo vio, estaba muy cerca de ella. ¡Tan absorta estaba en el cuidado de sus plantas! Se quedó mirando fijo a los ojos de aquel hombre que no reparó en su estado físico. Él por su parte, había sentido aquella mirada penetrar en su corazón. Le tendió la mano y lo llevó para la cabaña. Le preparó el baño y ella lo esperó mientras preparaba un té. Cuando el salió del baño, ella lo invitó a sentarse en el portal de donde se disfrutaba de un hermoso paisaje. Bebieron despacio sin dejar de mirarse. Sus rostros se fueron acercando hasta juntar sus labios.

Al inicio el beso fue suave pero después de unos minutos se fue tornando apasionado, acompañado de caricias. Flora hacía mucho tiempo que no sentía algo así por alguien. Aquel apuesto soldado le avivó el fuego que llevaba apagado en su ser, un fuego que solo lograba despertar su difunto esposo Diego. Era como si Diego hubiera reencarnado en Vincent. Ambos tenían la misma mirada, la forma de besar y de acariciar.

Todo quedó quieto, las nubes, el viento, el canto de los pájaros, al ver aquellos cuerpos desnudos. La pasión los inundó como el río desbordado, las olas de caricias que llevaban los deseos, recorrían todos los campos y los rincones. Ellos se entregaban y se convertían en un solo cuerpo. El placer era enorme mientras más se conocían en los lugares hacen tiempos desiertos.

Sus lenguas humedecidas de lujuria y el sudor bañando sus pieles excitadas. Dos almas combatiendo por el control mutuo, sus manos maltratadas escalanban las montañas de aquel cuerpo dócil y vibrante que se estremecía entre sus fuertes brazos. De su boca afloraban los gemidos de gozo que le provocaba el extraño soldado. Sus caderas moviéndose con ímpetu sobre su falo. Imitando el vaivén de las olas del mar; con sus manos elevadas hacia el cielo azul, con el deseo de alcanzarlo. Las caderas afiladas y escurridas de Vincent subían y bajan a un ritmo constante mientras ella permanecía inmóvil, con sus manos acariciando sus pechos firmes y tersos. Y con la cabeza hacia atrás mirando las ramas verdes de los almendros que los acobijaban en aquella tarde.

El calor de su interior quemaba y el ritmo de aquella pasión desenfrenada se iba haciendo más galopante. Sus lenguas retozaban mientras las manos jugaban a endurecer aquellos pezones que pedían caricias. Vincent sentía el calor y la humedad del interior. Ella apretaba sus espaldas contra su cuerpo. El Mundo se había reducido para ellos dos. Un mundo de pasión y placer que parecía no terminar mientras salían torrentes de vida que llenaban aquella cisterna vacía. Él estaba desesperado. La locura provocada por aquel deseo gigante provoco el ritmo acelerado de sus movimientos. Las manos se apresuraban nerviosas a acariciar cada rincón de aquella bella escultura compitiendo con su lengua que desesperada humedecía toda su piel. Vincent y Flora eran devorados por el deseo y un fuego que se propagaba en medio de sus cuerpos agitados.

Mientras tanto el ejército liderado por el general Montenegro lo buscaba para fusilarlo. Pues Vincent había descubierto el secreto del temerario y admirado general Remigio Montenegro; este lo descubrió cometiendo acceso carnal abusivo con uno de sus compañeros de combate, quien al resistirse e intentar defenderse fue asfixiado con el cinturón del propio general. Este se lo ato alrededor de su cuello y lo ajusto con toda su fuerza hasta matarlo. Luego saco el cadáver y lo deposito dentro de una fosa común. En donde habían otros cadáveres de soldados desertados y torturados. Vincent lo descubrió; por esa razón debió huir de ese campamento. Sin embargo Remigio lo alcanzó a pillar. Intento detenerlo pero el soldado era muy ágil con sus piernas. Corrió y corrió sin parar entre el bosque. Montenegro no iba a descansar hasta encontrarlo.

Después de tres noches de búsqueda. Finalmente dieron con la casa de la viuda. -¡Allí está Vincent, mi general! Grito uno de los soldados. Ellos lo ven a lo lejos tomando una taza de té en compañía de Flora. Remigio da la orden de disparar a discreción. El aire silvestre fue envuelto por el olor a pólvora expedida por lo cañones de los fusiles. Las aves salieron despavoridas de entre los árboles, el viento soplo con fuerza y el cielo se tiño de gris. Una extraña corriente de aire frío bajo de las montañas y se anido en el interior de la cabaña.

– ¡Aquí tampoco ha pasado nada! Si a alguien se le ocurre abrir la boca; ya saben cómo se las podre cerrar. Ningún soldado deserta o desobedece mis ordenes sin antes pagarlo con su vida. El ejercito de Montenegro abandonaron el lugar. Sólo quedaron las tazas de porcelana rotas en pedazos sobre al piso de madera. Dos grandes charcos de sangre se extendieron a lo largo del mismo. Flora y Vincent se tomaron de la mano con sus escasas fuerzas se contemplaron por última vez, sus labios esbozaron una cándida sonrisa; pues ambos sabían que sus almas ahora estarían unidas por toda la eternidad.

 

 
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