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5 min
Sueño de otoño
Reales |
07.11.20
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Sinopsis

Iba caminando por la calle principal para encontrarme con un amigo que se acababa de enfadar con mi compañera de universidad. Ese día no estaba especialmente cansado, pero sí que tenía la mente dispersa, difusa, casi si un mareo contante me rondara, aunque sabia que no estaba mareado.  Al pasar por mi viejo instituto me encontré a mi amigo agarrado a la valla, dando la sensación que estaba saltándola. “Vas a saltarte las clases” dije con tono irónico. “si, la verdad que estoy hasta la polla hoy, no aguanto más” dijo él. Varias caras conocidas se paseaban en el patio y finalmente tanto mi amigo como yo acabamos entrando.

Sin prestar atención y de forma mecánica entre en la clase de Biología, al sentarme note como la sensación de mareo se agudizaba y poco a poco empezaba a sentirme fuera de lugar, algo no encajaba. El profesor empezó a pasar la lista y por inercia saqué el teléfono para el código QR como llevaba haciendo los dos años en la universidad. Todas las miradas se centraron en mí. “Pero ¿qué estás haciendo?” me preguntó el profesor. El corazón se me empezó a acelerar, la pierna se me movía de forma frenética de arriba abajo y las manos se me llenaban de sudor. Las palabras de mi profesor sonaban distorsionadas y susurrantes, pero lo que me dijo confirmaba el pensamiento que me rondaba la cabeza, no estaba en la lista y aquel no era ni mi lugar ni mi año. Salí a la calle a que me diera el aire, aunque una sensación asfixiante me perseguía. Durante unos segundos que parecieron horas pude pensar rápido y llegué a la conclusión de que había retrocedido un par de años en mi vida. Esto era imposible y se me vinieron a la mente las reglas de los viajes al pasado de las películas, pero las deseche por miedo a entrar en shock. Mi amigo me había seguido y con voz distante me preguntaba si me encontraba bien, no recuerdo que le dije, pero inmediatamente me fui a mi casa. El tiempo empezó a pasar de forma extraña, no era consciente de ser yo mismo y todos a mi alrededor me parecían extraños. Una chica con la que recordaba haber salido se me insinuaba y unos compañeros me hablaban de un trabajo. Enfoque la mirada y me centre en la única silueta que tenia delante, me estaba hablando y en esta ocasión su voz se aclaró en mi mente, era mi padre. “¿Que te ha parecido la tarta, te ha gustado? Y espero que la película también, la hemos elegido para ti.” Vagamente recordé unos instantes antes, pero el mero hecho de pensar me dio nauseas. “No tienes ni idea de lo que te digo verdad” dijo mi padre con una mueca en la cara, “la verdad es que no papá, últimamente no me siento bien”. Tras un largo suspiro me miro y me dijo “¿A qué has viajado en el tiempo?”. No era posible, no podía saberlo, aunque nada de esto era normal. Traté de empezar a hablar y contarte todo, pero mis labios no se movían, mientras me esforzaba un polvo morado brillante se empezó a levantar y leves volutas se arremolinaron entorno a mi hasta que sentí como me atravesaba.

Abrí los ajos y estaba en otro sitio mucho más familiar, era mi cocina y junto a mi estaba mi madre. Un fuerte latido retumbo por mi cuerpo, en lo que cogía el iPhone un segundo latido me estremeció el brazo y por culpa de un tercero casi se me resbala el móvil. Pero ya está, eso es todo, en la pantalla veo la fecha, 04/11/2020. Mi mente se aclara y la sensación de mareo se desvanece, me levanto y por la ventana veo la oscuridad de la noche. Algo llama mi atención y me asomo, pregunto a mi madre que, porque la luna está tan distinta, y ella tras un sonido interrogante me pregunta que de que hablo “Pues mamá te hablo de nuestra Luna, la que orbita la Tierra, ¿de qué te voy a hablar si no?”. “Hijo, vivimos en el planeta Feroe, eso que ves en el cielo es la tierra, pero no hay ninguna luna”. En ese momento veo todos los puntos brillantes que se mueven y distingo lo que parecen distintos tipos de naves. Entre ellas reconozco la Estrella de la muerte, la Voyager, el Alcón milenario, y probablemente habría reconocido mas de no ser por el despertador que interrumpe la extraña aventura que mi cerebro había preparado para mi esa noche. 

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