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9 min
Sueño premonitorio
Amor |
13.11.13
  • 4
  • 10
  • 2904
Sinopsis

Así fue, en un bar de copas, a la luz de las velas y en el extranjero...

A Manolo le encargaron que tenía que partir a un país cercano, para solucionar los problemas amorosos de su amigo Fernando.

— ¡Joder Fernando!, de verdad que yo soy la mar de apañado para esto de los sueños y si yo lo he soñado, te aseguro que eso es lo que tenemos que hacer, ya verás como da resultado.

—Pero, no fastidies Manolo – decía Fernando – si hoy con el uso de la interné te puedes plantar en dos segundos en el otro extremo del mundo, ¿cómo nos vamos a meter ahora en un viaje porque tú has tenido un sueño?

—Vamos a ver Fernando; desde donde vivimos lo más cerca que hay en plan de países es Portugal o Marruecos, porque no creo que el ángel que se me ha aparecido, tenga tan mala idea de pensar en países dentro de otro país, porque entonces si que la cagamos. Su pongamos que va por derecho y eliminemos esa posibilidad, así que nos queda o los moros o los del fado. ¿Tú que tal andas de idiomas?

—Hombre, yo de idiomas medio entiendo el portugués fronterizo y estudié hace cuarenta años francés en la escuela.

—O sea, como para andar por esos mundos de Dios. Anda macho y matricúlate en un curso de inglés por correspondencia, aunque sea para poder defendernos al menos en un idioma fiable.

—Manolo, ¿y no será mejor lo de interné?

— ¡Que no pesado! Hazme caso que de esta te llevo a la vicaría, por la madre que me parió.

—Está bien.

 

Y así fue como Fernando se matriculó en un curso de inglés rápido, en una academia de alta alcurnia dejándose las cejas y los cuartos en el empeño. Allí conoció a Paula que era ya veterana en esto de los idiomas.

—Fernando ¿tu has probado a colocarte los auriculares al revés? Es que me parece muy extraño que te enteres a medias de la clase, cuando yo a los tres días le tenía pillado a esto la gracia y no soy  precisamente muy espabilada con los estudios – decía la muchacha al incrédulo Fernando.

—Déjate de cachondeo que me estoy dejando aquí un riñón y no consigo pasar de la lección séptima por más empeño que le pongo. Además, si tan fácil te resultó ¿cómo es que llevas ya tres meses en un Curso que es fácil, rápido y cómodo? – contestaba Fernando en un tono de complicidad.

—Hombre, porque he pasado al segundo nivel. Es que la otra vez que estuve en London, me di cuenta que me hacía falta más formación y este verano quiero ir por allí como si estuviera en mi casa. Por cierto ¿por qué no te animas y nos pegamos unas buenas vacaciones?

—No está mal la idea, pero ando flojillo de pasta y creo que la Academia me va a ayudar a desfondarme del todo. El curro no da mucho de si y además como practico también el yoga, gimnasia de mantenimiento y el baile de salón, te pones a sumar y al final de mes, una pasta, no creas. De todas formas lo que si podríamos hacer es pegarnos un fin de semana por algún sitio más cerquita, a mi me gusta mucho el mar y si te parece...

— ¡De acuerdo! A  mi me vendría bien a principio de mes que es cuando menos trabajo tengo, pero de todas formas piénsate lo de las vacaciones inglesas, aún queda tiempo y puede ser que para entonces haya mejorado tu economía ¿vale?

—Lo intentaré, Paula.

 

Para Manolo el asunto de Paula no era más que el sueño de una noche de verano, un capricho, eso no tenía futuro y Fernando iba a continuar siendo un solitario por mucho viaje y mucho inglés que practicase con la muchacha. Había que ir a Portugal o Marruecos, allí estaba la solución a los problemas de su amigo.

—Fernando, creo yo que con el inglés que sabes ya es suficiente para no ir muy despistado por ahí, además sea Portugal o sea Marruecos en ninguno de los dos sitios es la lengua oficial, así que había que ir decidiéndose ya por uno de los dos para poner la mente en la cultura y el idioma de ese sitio y no complicarnos la vida demasiado – decía Manolo.

—Tú si que me estás complicando a mi la vida. Déjate de zarandajas que Paula, estoy más que convencido que más tarde o más temprano va a caer en mis brazos. Se le ve en la cara ¿o es que no te das cuenta? – respondía Fernando.

—Quiyo, tu puedes hacer lo que quieras. Si a ti te gusta sigue con ella, yo lo único que quiero hacer es ayudarte y a mi eso de los sueños premonitorios me ha dado siempre muy buena espina, sino ya ves ahí tienes a mi mujer, y eso fue de un sueño que tuve.

— ¡Tu mujer es una santa Manolo! Lo que yo no sé es como tiene paciencia para aguantarte, que eres más cansino que una mosca cojonera; vamos a dejar pasar un tiempo a ver si Paula termina por decidirse.

 

Pero a Paula no le dio tiempo a decidirse, al poco tiempo Manolo volvía a la carga con Fernando. En esta ocasión logró convencerlo para que se sacase el carné de conducir, a ver como se iban a desplazar por Portugal o Marruecos conduciendo él todo el rato, como si fuese el chofer del señorito, encima de  que le iba a resolver de una vez por todas sus carencias sentimentales. La autoescuela unida a la tríada de ocupaciones vespertinas le hacía no disponer del tiempo suficiente para ocuparse del amor de la muchacha. El fin de semana en la playa no acababa de llegar nunca. Y así poco a poco de una manera que no era ni buena ni mala, Fernando se olvidó de Paula como si nada hubiese ocurrido entre ellos. Además en la autoescuela intimó con una rubia que estaba como para comérsela despacito – según decían todos los alumnos y parte del profesorado.

—Silvia ¿cuándo te presentas a la práctica?  -le dijo acurrucado a ella.

—Hombre, a mi me gustaría el quince, pero el profe parece que no lo tiene muy claro con los semáforos, y me echa unas bullas tremendas, porque dice que confundo los colores o yo que sé –contestaba ella derretidita de calores.

—Pues yo creo que de ésta me llevo el teórico por delante y para el mes que viene estoy ya con el coche, aunque a eso no le tengo mucho miedo porque yo en realidad sé conducir, lo que me faltaban son los papales para legalizar el asunto.

— ¡Ya! Yo en cambio veo el volante y me entran temblores. Luego, ya me sereno pero es que ese profesor tiene menos paciencia que todas las cosas. Pero bueno, no me importa el tiempo; al fin y al cabo mi paso por la autoescuela ha tenido su lado positivo; esto me ha servido para encontrarte.

—No me digas esas cosas que se me suben los colores, rubita mía, yo lo que quiero es tener pronto el carné para que podamos irnos por ahí a donde nos apetezca y cuando tengamos ganas; que le den morcilla al tren y al autobús y el avión si hiciera falta. Tú, yo y un pedazo de coche a la altura de ese cuerpo, que nada más de pensarlo, me pongo que no me aguanto.

—Bueno, vale, no te lances que hay niños delante.

 

Aquello era el paraíso. Ni Paula había pasado por su vida, ni tenía un amigo que se llamaba Manolo, ni había necesidad alguna de hacer viajes para solteros. A Fernando todo se le puso de cara y estaba viviendo unos días que no había quien lo conociera. En Silvia había encontrado, al fin, la solución a su peregrinaje, ya no necesitaba calmar su sed, vivía nada más que pensando en ella, que además le daba todo cuanto quería. Se les veía por la calle y era difícil saber quien era el uno y quien el otro, parecía un único ser verdadero que se desplazaba sobre cuatro piernas. Pero Fernando nunca se había puesto a calcular hasta donde llegaba la tenacidad de su amigo, ignoraba como es una persona cuando tiene una idea fija en la cabeza y piensa además que es la salvación de tu alma y el bienestar para tu cuerpo. Si de Paula nunca más se supo con el trasiego del inglés a la autoescuela empezó a darle tanta tabarra a Fernando, y a cuestionar tanto a Silvia que al final el asunto del viaje al país cercano salió adelante y la rubia se quedó en la autoescuela pegada al volante.

—Que conste que lo haga en razón de mi amistad y por probar el coche, además unos días de descanso en el extranjero nunca vienen mal –Trataba de justificarse Fernando.

— ¡Venga ya! Tú verás como a la vuelta vienes echo otro hombre, las portuguesas son muy apasionadas y yo lo he visto claro en el sueño: será en un bar de copas y a la luz de las velas.

 

Así fue, en un bar de copas y a la luz de las velas y en el extranjero –un país cercano-, todo tal y como Manolo siempre le había dicho a Fernando. Todo rodeado de un halo sentimental que se podía mascar. Y todo después de mucho darle vueltas y de mucho madurarlo durante mucho tiempo. En realidad siempre se habían querido y siempre se habían deseado el uno al otro, pero la vida para personas como ellos nunca fue fácil y nadie se lo puso tan en bandeja como ahora lo tenían, por eso volvieron del viaje con la cabeza muy alta y una sonrisa en sus rostros que enterraba definitivamente penosos años de silencio.

 

 

 

 

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  • Gracias Pielfría por tus palabras y me alegro muchísimo que te haya gustado.- Un saludo
    No hablaré del estilo narrativo, sencillamente excelente, pero sí de que sabes entretener a tus lectores. Muy buen final, nos dejó a todos pasmado, quién se lo iba a imaginar..pero qué palizas era el palizas de Manolo..Sí, una cualidad del amor es la tenacidad.
    Gracias Pedro Cuéllar por tu visita. Me alegra saber que somos casi paisanos.- El relato, como es lógico, es criticable y yo agradezco cualquier interpretación, no es el primero que escribo y no será el último, por tanto sé como funciona esto. Me alegra saber que te ha gustado; espero que sigamos en contacto.- Un saludo
    Pocas salidas del armario fueron tan complejas, en este caso, sorprendentes. Me gustó, no pienso igual que mi tocayo, no creo que sea simple, de hecho no pienso que exista narrativa simple o compleja, solo diferente formas de decir las cosas, y en este caso prima lo cotidiano y la historia por encima de otras cosas, tiempo habrá y folios en blanco para llenarlos con otros estilos y tendencias. Saludos paisano. (Aunque en mi perfil pone Barcelona, vivo a caballo entre Sevilla y Barcelona).
    J.M.Boy: gracias por pasar por aquí y me alegra saber que lo pasaste bien.- Un saludo
    Pedro Verbel: gracias por tu comentario.- Otra vez será.- Un saludo
    Está divertido y, aunque no lograba comprender el comportamiento de Manolo, el final es inseperado. Saludos.
    La narrativa es muy simple, no me entusiasmó su lectura
    Gracias Duncan por dejar tu comentario y me alegro que te haya gustado.- Un saludo
    Que listo el Manolo, como se lo preparó todo, jajaja, que buen final, felicidades
  • Segunda parte de este relato, que dejo a su estimable consideración. Saludos

    Aquí les dejo la primera parte de este relato, que espero sea entretenido. Saludos

    Les dejo a su consideración este relato. Espero que lo disfruten. Saludos

    Segunda y última parte de este relato, que espero les guste. Saludos

    Aquí les dejo la primera parte de este relato, que espero sea de su interés. Saludos

    Hola a todos: aquí os dejo un micro que espero os guste. Saludos

    Por fin llegó el final de esta historia, que espero que la disfrutéis tanto como yo. Cordiales saludos

    Les presento la tercera parte de esta historia, que espero les resulte entretenida. Saludos

    Les presento la segunda parte de este relato que espero les distraiga. Abrazos

    Sentados en una plaza, bajo la sombra de un hermoso ficus y escuchando el ronroneo del agua de una fuente, los dos personajes charlan...

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