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4 min
Sueños en los que aparece él I
Reales |
12.01.14
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Sinopsis

Esto es uno de mis sueños transcritos de forma narrativa en los que aparece él. No es un relato romántico ni sentimental. Solo es mi subconsciente mandándome mensajes que no consigo entender.

Serían alrededor de las 10 en una noche de verano. Estaba en el jardín de una casa adosada junto con un grupo de gente sentada en una mesa repleta de pan y vino. Los platos estaban vacíos y aún habían algunas sillas desocupadas. Por lo visto faltaba gente por llegar. Todas las caras me sonaban familiares, sin embargo no podía reconocer ninguna. 

De repente ví una silueta en medio del jardín acercándose hacia el lado de la mesa en la que yo estaba sentada. Tenía una forma alta y delgada. Cuando pasó por debajo la luz del fanalillo que colgaba de uno de los árboles, su cara se iluminó de un tono cálido anaranjado y lo reconocí. Era él. 

Llevaba una sudadera verde oscuro y unos tejanos negros. Pese a que llevaba la capucha  puesta pude distinguir los mechones de su pelo negro y sedoso reposando en su frente. Más abajo estaban sus sutiles gafas con varillas blancas, detrás de esos cristales podía ver sus oscuros ojos mirándome con simpatía. Su nariz destacaba del resto del rostro, sin embargo era una nariz elegante. Sus labios eran finos y contrastaban con la forma alargada de su cara. Carecía de vello facial y eso le daba un aire de niñez en sus facciones. 

Caminaba con las manos en los bolsillos y a medida que se acercaba la adrenalina se me disparaba. Había algo especial en él y no lograba convencerme a mi misma para negarlo.

Cuando lo tuve delante me dí cuenta de lo alto que era, me levanté de la silla y nos saludamos dándonos dos besos. -Que tal? Hace mucho que has llegado o que? - Me preguntó. Justo cuando iba a contestarle alguien gritó su nombre, se giró y caminó en dirección a la voz, hacia la otra punta de la larga mesa. Me fijé que la mayoría de sillas ya habían sido ocupadas. Me volví a sentar. 

Justo cuando rocé la silla la escena cambió. Ahora estaba en la calle con él, justo en la parte que daba el jardín. Podía oír a la gente pero no verla, ya que había una valla cubierta con unos arbustos altos. -Te duele o que? -Me preguntó. Entonces vi que me estaba mirando la mano izquierda. La levanté para mirarmela y me percaté de que estaba repleta de una especie de pinchos de cactus o algo parecido. -Sí me duele -mentí. -Vamos a la fuente -Dijo él. 

La fuente estaba aparentemente en otra de las calles cerca de donde veníamos. Apreté el botón y empezó a caer agua. Me cogió la mano, la puso debajo del agua y empezó a quitarme los pinchos de uno en uno. 

Al sacar el último pincho la escena había vuelto a cambiar, ahora estábamos en una habitación de una casa, no recuerdo muy bien como era el cuarto, solo que había un ordenador y en la pantalla aparecía una imagen de un juego de estrategia al que solía jugar cuando era más pequeña. Estábamos solos, sentados en lo que podría haber sido un sofá pero que tampoco recuerdo con exactitud. 

Miré alrededor de la sala hasta que me encontré con sus ojos. Sonreía de nuevo. Esa expresión me parecía entre entrañable e irresistible. No lo pensé dos veces, acerqué mis labios a los suyos muy bruscamente, sin que nos diera tiempo a mirarnos mientras nos acercábamos -siempre he odiado estas situaciones en las que si miras te mueres de verguenza-. Cerré los ojos y pasó. No sentí lo mismo que se siente al besar a alguien cuando estas despierto pero era una sensación parecida a menor escala. 

No abrí los ojos hasta al cabo de unos minutos pero me dí cuenta de que tenía el cojín puesto de manera vertical y lo estaba rodeando con los brazos.

Y aquí es donde empiezan mis sueños, en los que aparece él y me obliga a admitir que ha calado hondo en mi subconsciente como no lo había hecho nunca nadie. 

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