cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

11 min
SUICIDAS EN MI SOPA
Varios |
28.01.21
  • 4
  • 0
  • 379
Sinopsis

Julito tiene un negocio un tanto fuera de lo común. Pero, ¿Quiénes somos nosotros para criticar a un emprendedor resuelto a salir adelante?

     Cuando el Lúcido se paró sobre la banqueta ya el mecate había dado varias vueltas alrededor de la viga, cayendo lo justo para formar el lazo que le adorna el cuello. Julito lo mira todo desde el brocal donde ha puesto el culo. Fuma un cigarrillo sin filtro y de vez en vez le da duro a un cuarto de brandy 90% alcohol etílico. Seguro que se guarda un Partagás nro. 4 para festejar el bailecito: desde chico le gustan los títeres y su vuelo profesional de obligatorio cumplimiento. Ya está casi que se duerme entre los voy y los vengo del trago y el humo, cuando le llega sonora  la voz del Lúcido: dale la puta patada de una buena vez. Julito es un experto en estos menesteres, no en vano le soltó el empujón a la Triste y doce pisos en picada: una pierna a un lado y el resto al otro. Ese día armó un bochinche fenomenal con nenas, esposas, rancheras, dominó y lavagallos. Se pone en pie y recorre la distancia entre la acerilla y el patio de tierra. Trastabilla la borrachera inculta en un toma y dame de pies vacilantes, alternando el trotecito de cabra con el me caigo y beso piso.  Al detenerse detrás de la banqueta le sube un buche de vómito a la boca. Se da la vuelta y echa todo el mierdero lejos del Lúcido: ya es bastante morir para también morir vomitado. Ok, poeta, ¿con elegancia de dandy o a lo bruto? Dale con todo, que ahorita mismo cuelgo lengua. ¿Último deseo? Bájame cuando termine la danza. Ni que decirlo, somos amigos ¿no? Pues sí, lo somos. Voy a la de tres. Eso, a la de tres salgo y no vuelvo. Cuando dice dos y medio Julito le clava un patadón de buey a la banqueta. El Lúcido hace crack y se chorrea en meos. Julito frunce la nariz: también se cagó el coño e madre. Ni de bromita lo limpio y si lo descuelgo es mucho. Lanza una mirada y ubica el mueble volador a unos diez metros del colgado. Le parece una distancia segura y razonable para huirle a la hediondez corporal del Lúcido. Levanta el artilugio y coloca las nalgas con cuidado, no sea que la pata astillada se termine de partir y de bruces al barro hecho una mierda. Como auxiliar responsable del voy en picada y aterricé cadáver (solicitud expresa del Lúcido) le toca a Julito verificar si el muerto está muerto o se resiste a estarlo: según él, la peor parte del trabajito consiste en agarrarlo de la pernera del pantalón y darle un buen par de jalones para ver si nada pasa o lanza un grito y hace falta remate. Desde la relativa comodidad del banco, infantil caballo de madera, Julito decide que no anda con ganas de batirle los pies al difunto (la lengua le cuelga gorda en un close-up de angustia final sin regreso) y que lo mejor es acomodarse en el asiento y sacar la de brandy: un rato de paz Búdica y meditación. Luego de dos tragos largos y la mitad del tabaco es inevitable que se le venga la Coja de memoria: negrita bella de nariz perfilada y ojotes como caramelo. Pezones desnudos y en punta bajo la blusa. Culito redondo y estrecho que se proyecta abrupto al finalizar la espalda. Risa de ángel desafiando miradas y condones. Se la imagina junto a él, caminando abrazados por el malecón de Macuto, las olas rompiendo en sus tres pies de carne y uno de madera hecho en Tokyo.  A Julito le importa un carajo que la Coja sea coja. Más bien lo de coja le viene al pelo: se pueden pasar por alto la insoportable rutina del perreo simiesco brinca y brinca, salta y suda. En cuanto a los meneos bailables de altura no hay problema: es más que improbable que la coja le salga fina bailadora de tangos o flamencos. En ese mundillo mental se entretiene hasta llegar la tarde. Tiene que dejar a la coja y poner al Lúcido en tierra firme (Colón arribando bandera en mano bocarriba) así que no hay otra que buscarse una pinza para la nariz (gracias Dios mío por el tendedero) y acercarse al amigo extinto, exblanco, exrosé para postres, ensaladas y consumo ritual de señoritas. Se sacude la pereza, coloca la banqueta delante del inerte, y se trepa con la intención de alcanzar el nudo para desatarlo. De repente (los de repente suelen ser epifanías) baja los brazos y mira al muertito cara a cara: Lúcido de porquería, te agarré la mala sombra justo en la raya. Casi que piso y resbalo. Si te hago el favorcito ¿quién coño se cree lo del suicidio? Tremendo amigo me saliste, ya me ibas a dejar sin negocio: ¿y entonces qué?, ¿cómo vivo?, ¿cómo le compro una casa a la coja? Ahí te pudres mierdota, yo voy agarrando vía y que te baje tu padre. Julito le da la espalda al Lúcido y coge camino directo a la parada del bus. Tiene que tomar dos para llegar al trabajo de la Lucy. Primero hasta Chacaíto y de Chacaíto a Prados del Este, cruzar por la pasarela y caerle a la torre Humboldt. Piso tres, oficina 3-3-3, “Señores y Cía”, despacho de hijos de tal: Desahucios y afines. La Lucy es una secretaria muy puta y recontra buenota que recién le puso los cuernos al marido. La pobre anda full arrepentida, pero el macho hizo las maletas y se le fue al carajo. Ayer tarde, Julito le dio ánimos, la raspó en cuatro sin cremita, y le alquiló una 38 que tiene en reserva para estos casos. Lo único malo es que  le toca arrimar el hombro. La gran cagona no se atreve a soltar el tiro. Lo llamó llorando para que le sacara las patas del barro: véndame los ojos y échame una mano para la salida. Al verlo llegar la zorrita hace una fiesta. El rímel corrido hasta la boca de tanto llorar. La minifalda hecha un guiñapo, la punta de las nalgas saltando al descubierto. De un jalón se llevó al Julito para el desconocido Ladysroom prívate inaccesible. Lo empujó hasta dejarlo junto al primer lavamanos, se dio la vuelta y le puso botón y pasador a la puerta. Ciérrate eso cabrón. Julito se sube el zipper y murmura un yo creía. No creas tanto: viniste a matar no a tirar. Seguro, siéntate en la poceta. ¿Levanto la tapa? No se trata de un pis, linda, solo bajar los párpados y chao. Buen punto. Dale, coño, que no tengo todo el día. La Lucy. de puro terca, levanta la tapa antes de poner las poderosas en la posición al uso. ¿Dónde va el plomo? ¿Eres durita o pura pose? Ya me hice a la idea.  Bien por ti: abre la boca. ¿La boca? Directo al cerebelo vía paladar. ¿Y si duele? Ni lo vas a sentir. ¿Me lo juras? Umjú. ¿Voy a quedar fea? ¿Y qué te importa? El velorio, la familia, esas cosas. Por el frente no se nota. ¿Y por detrás? No queda rastro: un agujero de ni te lo pienses. Canalla. O abres o me largo. No empujes, ni que fuera tu boca. Lo fue. ¿Te acuerdas? De vez en vez. Nos besamos rico. In other time. Burguesito gringoso. Jazz, vodka, y tu culo. Una foto del Che sobre la cama. Y una 357 debajo. Pero de mentiritas. Mete la coba. Embaucador de idiotas. Si se dejan no es mi peo. Jugando a la revuelta para chingarte a las nenitas del partido. Nunca milité. ¿No? Me negaron la inscripción. ¿En serio? Por anarquista. De puta madre la paradoja. Ya no jodas. No te sulfures. Abre esa boquita baby labios de fresa. ¿Anjii? Eso: ya llega el cañón, no lo muerdas. Julito introduce el arma en la boca de la Lucy. Un breve desvío para que la bala salga por el lugar adecuado. Locación ritual que pretende la muerte por cortocircuito y a otra cosa. Un pequeño As que conjuga tres ventajas: rapidez, certeza, y compasión. La Lucy cierra los ojos y le agarra el paquete a Julito: uno, le oye decir, y luego dos, y luego nada. Julito se mueve como los buenos. Le urge lavarse los salpicones de sangre y salir pitando antes de que la gente regrese de almorzar. La muy boba se voló dientes y labios mordiendo fuerte a última hora. Le dejó trocitos de encía bailando en los anteojos, y un pedazo de lengua besándome el zapato. Casi que se va de rabo cuando pisó los sesos al dar la vuelta para verificar el boquete. Eso le pasa por hacer del trabajo un arte. Mejor me largo -piensa-  y si te vi ya fue quien sabe. Julito sale a la carrera y no topa con nadie hasta los ascensores. Casi llegando medio se frena y da una curva cerrada para tomar las escaleras. Baja los peldaños de dos en dos. Sale a la calle. Enciende un cigarrillo, respira hondo y relaja el paso. Lamenta haber perdido el guante, no le quedó otra que botarlo en un cesto del parque. La cacha del arma solo retuvo las huellas de la Lucy, como debe ser para todo suicida que se respete y elija pólvora. Ella la empuñó y él puso mano sobre mano para empujar el dulce gatillo sin piedad de última hora ni dudas atenuantes. Por allí le giraban las neuronas cuando tuvo que apresurar los pies para no perder la buseta y subirse. Pidió parada en Montepiedad frente al bloque de la coja. Se mandó los seis pisos a pata y llegó jadeando a la puerta. El gato le fregó las piernas y regresó a su plato. Hola cojita bella. No me digas cojita. ¿Y bella? Bella sí. Te quedó cafecito. Solo negro. Vente y ponme uno. ¿De dónde vienes? Del trabajo. Si que tú, vago. Nada de vago, guárdate eso ahí. Par de sobres bien gordos. Cuenta. Es mucho. Para la casita. Llevas quince días trayendo un realero. ¿Te molesta? Me da mala espina. Ni que fuera ladrón. ¿Andas traficando? No. ¿Chuleando putitas? No. ¿Y entonces cómo? Me doblaron el sueldo. Que me veas la cuca no quiere decir que me veas la cara. Me pone a mil cuando hablas sucio. Vamos al cuarto mala sangre. Voy que quemo. Lo mejor de la Coja es que le doy de vueltas y revueltas  y no me niega ningún agujero, eso que era virgencita cuando me la encontré. Tú corrompes me dijo la china un día de aquellos. La muy perra terminó en un bar y me echó la culpa. Sí, claro, la paga siempre el más güevón. Pero además quién sabe. Igual y tenía razón la chinita de mierda. ¿Otra vez fumando en la ventana? Regrésate a la cama cojita bella. Que no me digas coja. ¿Y bella? Bella sí. Regrésate a la cama bellísima. No tardes. Lo que dure el cigarro. No sé si la coja lo entienda. A la final lo que hago es prestarle un servicio a los dubitativos. Cobro caro porque el riesgo es grande.  Por si no lo capta ya compré la heroína: suicidio en dos mayor a lo Shakespeare. Romeo y Julieta se quedarán pendejos. Cojita de mi amor, no tienes ni idea de lo delgadito que es el borde: perlas a los cerdos, mentiras y promesas, pecadores y santos, ventanas abiertas esperando cuerpos. De momento a dormir pegando el palo a tu culito lindo. Buenas noches cojita. Hoy todavía te amo: mañana ya veremos.                                  

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta