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4 min
Suicidio
Reales |
02.06.16
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Sinopsis

Historia de un intento de suicidio.

Hace unos pocos días fue mi cumpleaños. Han sido días tranquilos, a pesar de un concierto el sábado por la noche, a pesar de unos días de trabajo intensos, a pesar de estar tentado en ir a ver a Sarah de nuevo, a pesar de que mi mente cayó en la cuenta que este año iba a ser el primero después de 7 años que no iba a recibir su felicitación.

Al día siguiente, en el trabajo, me enteré que alguien que iba a colaborar con nosotros se había suicidado. Se quebró mi mente y me quedé absorto en silencio mientras la gente decía las típicas banalidades para no herir a nadie y desnudarse ante los otros. Pasó el día sin más y me acordé de la chica francesa que compartía piso con Lucia cuando ella se abrió la mente con un cuchillo y un frasco de pastillas.

Todo pasó como un huracán, al llegar a su casa, la encontré tumbada en su cama con cortes superficiales en las muñecas. Llorando me pedía que no la dejase, “yo te quiero” balbuceó varias veces. Mientras yo pensaba que había podido pasar, entre nosotros todo iba bien, quizás una discusión con su padre, con su antigua pareja, algo relacionado con su gato… Intentando averiguar que sucedía, se fue a la cocina a por una tarta que había preparado para mi. Aprovechó para tomarse un frasco lleno de ansiolíticos, de ahí fue al cuarto de baño y se encerró. Al tardar en salir, me acerqué a la puerta y le llamé varias veces por su nombre. No me contestó y decidí abrir de un golpe. Estaba frente al espejo, con un cuchillo en una mano y la otra medio ensangrentada. Haciendo caso omiso a mi presencia intentó realizarse un nuevo corte. De un manotazo le quité el cuchillo y ella empezó a llorar mientras me abrazaba agresivamente. De camino al sofa empezó a convulsionar y se desplomó sin poder remediar su caída. En ese momento apareció una compañera de piso.

Sus ojos verdes claros, su pelo largo y liso de color rojizo tierra, su diminuta nariz, y los centenares de pecas que saltaban por su cara. Su expresión de desconcierto y valentía estaban a partes iguales. Me ayudó a llevar a mi ex-pareja del pasillo donde yacía inconsciente al salón. Una vez vino la ambulancia y se la llevo al hospital, nos quedamos solos. Me preguntó si necesitaba algo, me senté un momento en el sofa, ella estaba justo delante. La miré a los ojos y de forma irónica le pedí un vodka. Luego salí en dirección al hospital y nunca más la volví a ver.

En el hospital, solamente me dijeron que estaba estable y que esperase. En un primer momento fui a la sala de espera más próxima pero el teléfono empezó a sonar cada poco tiempo. Eran familiares, amigos, gente cercana que llamaba para felicitarme mi 27 cumpleaños. Entonces salía angustiado a la calle para evitar que escucharán los sonidos de la zona de Urgencias, y empezaba mi función. “Aquí estoy con Lucia, tomando una cerveza en una terraza, muy bien la verdad”. Y todos se alegraban mucho. Al colgar, mi rostro se tensionaba al volver a entrar a Urgencias pensando que me habían llamado. Fue cayendo el tiempo y los nervios aumentaban. Veía que la mentira se venía abajo cuando mis padres me llamasen. Así que decidí anticiparme para decirles que me quedaba a cenar. Hasta pasadas 5 horas no tuve noticias de nada. Vinieron dos psiquiatras y me empezaron a preguntar. Entre todas las preguntas, una me marcó: “¿Sabes que ella tiene TLP?” Respondiendo con la voz apagada y temblorosa respondí: “Si pero…. pero no había pasado nunca esto. No sabía que podía llegar tan lejos”.

Después de otras 2 horas llegué a mi casa, ella estaba en observación y a la mañana siguiente le darían el alta. Me fui tras confirmarme los médicos que no me dejaban verla. Sin cenar, tras mentir a mi madre sobre la cena y lo bien que había cenado, subí a mi habitación, me senté en la cama y empecé a llorar durante 1 hora sin parar. Nunca se me olvidará ese llanto, no era rabia, ni desconsuelo, ni emoción, ni amor, ni odio, era un sabor a vacío. Me sentía totalmente vacío.

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  • Muy buen relato Marlow, me deja las emociones tocadas, supiste relatarlo muy bien y esa última frase me ha encantado. Gracias por compartirlo!
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